EL DEBER – PAUL ELUARD

 

 

 

Durante la Primera Guerra Mundial, marbete historiográfico de nula exactitud – Las Cruzada , por ejemplo, fueron guerras de alcance multinacional- destinado en la unidad de sanidad del Hospital Ordinario de Evacuación en Pierrepont-Hargicourt, durante los meses estivales de Julio y Agosto de 1916. Paul Éluard muy afectado por la muerte de su amigo y poeta Fernand Fontaine, escribió en memoria suy un cuaderno con tinta de color violeta estos diez cortos fragmentos “Le devoir” en su memoria.

Es el primer escrito que publica con el seudónimo que le acompañará para siempre.

 

                                               EL DEBER

                                                         a Fernand Fontaine, muerto el 20 de Junio de 1915

¡Son tantas cosas!,
¡Debería poner más atención!
¡Son ustedes execrables!
Esto decían los salvajes.
Tú no les perdonabas
Cuando estábamos juntos.
La ciudad se esclarece una noche …
Vas a tocar el violín.
En la Bastilla nos separamos:
“¿Pensarás en tus deberes?”
La Independencia es para los muchachos.
Nosotros la buscábamos
Cuando estábamos juntos.
Por toda la tierra, el hombre sufre
¡Y tu sangre calcina el sol! …
¡Te han abandonado al borde del abismo!
Ahora, están muy solos.
Se pierden en el silencio,
Prodigiosamente ebrios.
El equilibrio de su balanceo
Tronaría al romperse.
Si tuviese un interés
En el rumor del cielo en llamas
El aviador alumbraría
Y nos abandonaría.
La tropa que ríe vive completamente en la sombra
Por una noche puede beber sin ganas …
A la vela que los cuartos son bonitos
Y también las canciones que terminan.
Todo el día unos gritos innumerables
Por una fiesta muy amena y deseable
Saltaron por todos los lados
Porque fue de las fiestas preferidas…
Colgando de los muros los colores que lo embellecen
Mañana cada cual sabrá que la adorable alegría
Se ha perdido para siempre. Y todos los gestos vacíos
Serán acompañados por palabras de bienvenida
Semejantes a la piedad que despierta un miserable.
El mar con todos los navíos
No es mayor que el sitio
Donde bailaban, al son de una caña,
Los hombres de un país menos frío
Que éste, país de agua y lodo.
La plaza nos parecía tan enorme,
Teníamos tantas ganas de estar agarrados
Que sin algunos -¡Que se les prohiba!-
Los bailarines estaban desechos
Y nos calentamos a su alrededor,
¡Muy cerca de ellos!
Acostémonos, mi viejo, es tarde.
Es nuestra labor ser diurnos,
¡Es nuestra labor!
y la desgracia
De los demás estar atentos por la noche
Nos enternece – ¡pero ellos durmieron!
Nadie debe ya cruzar
Por la carretera y los escaramujos
Solos adornan la cuneta
Sus palmas luminosas o muy rosáceas
Que ninguna espina rasguña.
Acostémonos, mi viejo, es tarde.
Suficiente jolgorio, suficiente bebida.
Dejemos el arma y el cinto
Despleguemos las mantas
Donde duermen los animales tristes.
Los soldados se van con los grandes aviones
Cantando un estribillo al aire …
El sol de justicia sobre sus capotes
Los soldados se van con los grandes aviones
Gráciles de la mejor manera.
Mirad en la lejanía el verde trébol
Cosido con grueso hilo rosado
Y las canteras
Que son como nubes en el fondo de un valle.
Gráciles de la mejor manera,
Ignorantes del petate quieto
Y del fusil que pinta en rojo
Van muy deprisa, sin esperar ….
¡Oh! Vivir exilio menos terrible que fragilísimo cielo!
Soldados con casco, floridos, cantando y destruyendo.
Siempre, muy lentos.
Camiones, cañones, orugas de nuevo por los trigos.
Tensa espera.
Por la noche, el sol que declina
como una carga desliza por un hombro.
Trabajo- por completo,
Cavo fosas
Para unos esqueletos de nada en absoluto.
Lugar de tumbas en los bosques
Esperaba la sombra a estos huidos
Que todos juntos reclutábamos hacia la luz
Al quebrar las ramas.
Los troncos que en reposo se les tatúa
No conocerán nuestros cuchillos.
“Si quieres, detente un poco,
y, eso es todo.”
¿Alguien sabe adónde nos dirigimos?
¿Vamos a rescatar la alegría
que reside en nosotros, que ocultamos
como un árbol oculta sus raíces?
¿O bien seguiremos siempre este camino?
Llevaré a mi hijo
Por todos los sitios donde no estuve.
Con él sobre el mármol blanco
En los palacios de Oriente
Me reiré con las gentes de color.
Y también bajo el sol luminoso
Que alumbra toda la tierra
Para aquellos que nunca pudieron hacer
Todo lo que yo hice,
Para aquellos que no vieron
Todo lo que yo vi.

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