TZARA -LAUTREAUMONT O EL GRITO –

 

Leopoldo María Panero escribió su Teoria lautreaumoniana del plagio. El poeta franco-uruguayo Isidore Ducasse,  enigmático ser y falso conde (de Lautréaumoint) afirmó, “el plagio es necesario”  de hecho sus poemas son un giro de sentido a aforismos y pensamientos de Pascal y Vauvenargues, e incluso parece ser que en Los cantos de Maldoror hay fragmentos extraídos del diario Le Figaro, sea como fuere, es unos de sus logros el uso de la intertextualidad.

Aquí un texto que Tzara le dedicó.

                                           NOTA SOBRE EL CONDE LAUTRÉAMONT

                                                                 O EL GRITO

Ahora sabemos que Lautréaumont será

el Rimbaud de la poesía actual. La dic-

tadura del espíritu, presentación sin pre-

ocupación de mejora ni de miramiento

es la afirmación de la intensidad, dirige

todas las preocupaciones hacia el noble

poder, preciso, fastuoso, único digno de

interés, la destrucción.

Mal de oro de dolor.

Mal de oro el oro destruyó la muerte.

No fue bella su locura, porque vive aún.

¿Quién se atreve a combatir una realidad porque la usamos en forma de reproche?

VER : necesidad de un disparador cerebral.

Aquellos cuya incertidumbre se dispersa en pretensiones y el orgullo asciende en forma de saliva cerebral, aquellos para quienes los lodazales y los excrementos determinaron la norma de piedad filosófica, verán un día u otro a la maldición inconmensurable desgarrar sus débiles y sucios músculos. El Conde de Lautréaumont superó el punto tangente que separa creación y locura. Para él la creación es ya mediocridad. Por otro lado esto es la solemnidad inarticulable. Las fronteras de la sabiduría están por explorar. El éxtasis las devora sin jerarquía ni crueldad.

El dolor que congela las meninges, tritura el cristal de su sangre, conduce sobre un extraño canal de patéticos arrepentimientos el desorden de los forros de los viejos barcos, de los viejos abrigos. Imaginaria o exagerada, la dulzura bebe el silencio, acompaña la energía sobreaguda que constantemente intenta concluir en el delirium tremens mágico y universal.

La libertad de sus facultades, que nadie ata, que él da vueltas por todos los lados y sobre todo hacia él mismo, el poder de humillarse, de demoler, de aferrarse a todas las taras, con una sinceridad demasiado íntima para suscitar nuestro interés, son la más alta actitud humana, porque, transformadas en acciones, deberían desembocar en la negación de esta extraña mezcla de huesos, harina y vegetaciones : la humanidad. El espíritu de este hombre negativo, dispuesto en cada momento a dejarse matar por el carrusel del viento y a dejarse pisotear por la lluvia de meteoros, supera la histeria dulzona de Jesus y de otros incansables molinos de viento, instalados en suntuosos apartamentos de la historia.

No améis si queréis vivir tranquilamente.

Mal de oro oro de dolor.

Mal de oro el oro destruyó la muerte

por su brillo y la música de las ranas del céfiro.

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