TZARA -PERSONAJE CON INSOMNIO (Final)

Despacho de Tristan Tzara en su casa de Avenue Junot 15, diseñada por Adolf Loos

Ya queda menos, otra obra inédita de de Tristan Tzara, terminada de traducir-incorporada-pervertida al acerbo acervo castellano. Será casualidad pero el título del fragmento final de personaje con insomnio, coincide con un error involuntario en dos trocitos del capítulo,( no soy experto cibernético), para leerlos hay que ir a la flechita y hacerlo horizontalmente, lo siento.

ERRORES Y CONFUSIONES

   La vida de las mariposas es notable. ¿Quién no se complacería en la más aguda complejidad de ver volar por encima de él, en los meandros mismos de su cabeza, unas piernas de  mujer de aterciopelada suavidad, con reflejos de venas y carnes emocionantes, estas mariposas derrochando a pares fortunas improvisadas y llenando el espacio vacío de los ramajes con su bullir lunar de fresas del bosque? Uno de esos melocotones milagrosos de los que hablamos a propósito de barcos voladores, pesca de fantasmas, bailará el último quien ría primero, una locura de peces que se desencadena instantáneamente, un torbellino de bofetadas y hojas en el umbral de un sol para enanos. Debemos estar ciegos para no aplaudir la aparición del olor a otoño de las Dolescalia que por un desafío de simpatía toman prestado el color moribundo de tus hojas de figuras de ballet, de las Ornitópteras de Malasia con la opalescencia iridiscente de las farolas de de cadmio, de las  Macroploea de terciopelos de sarcófagos, de las Satíridas y de las Catagramas, esas apóstoles de la civilización precolombina, de mil otras pruebas exuberantes de la relatividad del tiempo y de la antigüedad de las culturas lácteas, de las alfombras y de los palacios voladores, de charlas de lentejuelas que los enamorados de zinc se arrojan en pleno rostro como sueños proféticos de viajes nupciales. 
   En el aire, los cabellos se enredan entonces dentro de la música húmeda. A través de los prismas, la arquitectura se vuelve cucurbitácea. Solo allí te sientes en casa,  ojo encargado de la conservación de los bosques. El crudo peine de la poesía y lo que aún piensas de mí, ojo asistente de la cabeza de jade. ¡Hacer el amor con toda evidencia cuestionada por la mirada de hombre de guisante, pequeña circunstancia, pequeña circunspección y esos largos pasos para correr, esa prodigiosa tinta para verter por múltiples salidas, cuchillas de lágrimas, anclas en las llagas! Y los golpes de las buhardillas por la acción aterradora de ratas blancas y lámparas.

Hay una ciudad borrada por el mar, un hombre inteligible y, mientras cavan, sus normas volcadas. Hay una sombra ofensiva que rodea los rieles de un tren de campaña. Joyas desfiguradas cuelgan del pecho de una criatura obtenida mediante el negativo de las imágenes ideadas. Y de todos los deseos expresados ​​para que las donaciones en especie puedan, a fin de cuentas, si no eliminar sus facultades fantasmales, al menos reducir su alcance, solo quedan sonidos desilusionados. Sería inútil querer rociarlos con la realidad de las cosas, se niegan a cualquier restricción y aterrizan con equilibrio en las paredes destrozadas. Nada en el bolsillo, nada en las manos. El trajín de cadáveres caballeros hace crecer el trigo. Ni visto ni conocido. Así pasa el ignorante, así cae el viento.

Hay una ciudad errante que recorre los campos, pero es hueca, su envoltorio es aire, es rígida y sin dientes, construida en las tinieblas cuyas fronteras descansan en la intensa iluminación acumulada sobre ella. Es un desierto andante, una respiración giratoria. Se disuelve cuando cantamos, los pasos del hombre la persiguen, pero de jirones dispares, de paneles cortados, se reconstruye aún más en forma de niebla. Asume la apariencia de un hermoso perro, pero no ladra ni muerde. Es un terrón de azúcar, la profanación de un sistema geométrico. Tal es la fuerza ruinosa de los callejones sin salida elaborados por este filtro urbano, nuevamente desaparecido en el balanceo de las calderas, que el hombre se convierte a su vez en toda clase de cetáceos y boyas, en un complemento que se adapta estrictamente a las frase de la punta de los labios invitada a integrarse. Un grano de arena inventa en el humo un argumento que le permite dejarse llevar por el océano sobre la placa de mármol del mundo. Cuando habiendo pasado por todas las fases de deformación posibles, el hombre se convierte en un charco de luz, aire o una mirada perdida en el camino, sucede que todavía está oculto bajo el ala de una máxima hecha trizas, de una de esas gaviotas rotas en palabras amargas y golpeadas en el yunque de las olas. Está disperso en el ganado de los tejados. Lleva al matadero recuerdos lechosos, ópalos, bebés, anillos de novios. Nada es más difícil que abrir el desprecio por un reloj y la vuelta de memoria comprobada en la mano Hay tijeras y cárceles en alguna parte; se trata de esquilar al oso del sueño para encontrar completamente fresco el cuero, la caricia de los lóbulos de las orejas y los polos de los objetos, calientes como dagas. Hay una mujer suspendida entre los estados líquido y sólido en un punto del universo como una gota altiva desde la cual irradia un halo rodeado de prudencia, una luz indómita y dolorosa que os atraviesa de lado a lado.

   Entramos en la ciudad del árbol a lo largo de las caminillos (caminos de orugas) hechos sentimiento de vida pública mediante augurios de tintero. Así, el corazón, donde la tinta de la sangre sella el pacto de los leñadores, a veces se quita los calzones ondulantes que le servían como velos para tiempos de angustia, en el mar,  a merced de los excesos de exhibicionismo, y se entrega a la ternura de una ansiedad bien comprendida y templada. Hay una reunión al aire libre en la que participan las rosas silvestres arrancadas en la pared de los caracoles. En filas concéntricas, los espectadores esperan los ojos fijos y la magnífica sombra. Una rata penetra en cada boca y la cierra automáticamente. Solo entonces aparece, en el resquicio de la corteza, el encantador tamarisco y la fiesta comienza con vibraciones de mosquiteras. Al hablar, camina burdamente como un gran  semental en la pesca, rigurosamente controlado por las insidiosas reflexiones de los lutos pegados al viento. Las ratoneras de patas cortas como setas desaparecen por el agujero reservado para las hojas secas y las suelas de los ahorcados. Es un excelente pasto para los rebaños de sueño acumulados por hileras de ubres en la plácida meseta frontal con el fin de domesticar y habituar a la disciplina de las nubes. 

Estos acontecimientos deben ser tomados como lo que son: escarificaciones en la superficie consciente de la tentación.

Acumulamos los peores delirios debajo de los ojos. La sexualidad, exagerada en formas desorganizadas donde se encuentran los propósitos prohibidos de las horas de vigilia, en una mezcla de invención y experiencia adquirida, aumenta considerablemente el volumen psíquico de las toperas humanas. Este panteísmo sexual basado en el principio de ósmosis y de aleación representa la capa inmediatamente organizada debajo de la piel de la plaza visible a través de la claraboya terrestre.

Al perseguir hasta el final los datos del sueño y la carrera de los tigres, de la abreviatura a la abreviatura, se llega a un conocimiento atenuado del universo, y porque al incluir en su conjunto los casos particulares de conciencia, es ahí precisamente donde tratamos situar lo que podríamos saber sobre el hombre. Como el método no carece de efectividad, es inútil recordar a aquellos que, acostumbrados a las renuncias del crecimiento de los higos, se encuentran cada día abrumados por la indignación cuyos abandonos se estrangulan antes de su fecha de vencimiento.

De esta manera termina, a través del reconocimiento de las falsas pistas para la búsqueda de la verdad, oh verdad, querida verdad, verdad de pescado de abril, así acaba, en verdad en cola de pescado, un movimiento que comienza como un mecanismo de relojería, pero que, en el curso del camino, compromete las posibilidades descriptivas y constructivas del relato sobre unas pendientes desacreditadas, hasta el punto de arrastrar al lector a las peores inconsecuencias. El paisaje de insomnio, al ayudar su naturaleza acuática, solo puede encontrar confirmación en la contaminación de la realidad terrestre por la fauna y la flora submarinas y en su disolución. Porque el hombre es un arrepentimiento eterno y su nostalgia solo se confirma en la expresión mineral de los sentimientos y en la investigación de sus pompas. Necesita piedras para enmascarar el curso de agua. La luna se las proporciona. Para describir la vida de las mariposas, ha recurrido al mundo de los peces. Y este mundo es nocturno, como el de las cunas que flotan a la deriva, con la piedra alrededor del cuello, solo se preocupa por las inmensidades de la muerte y la vida en la medida en que las sustancias mucilaginosas de las membranas mucosas y de los cartílagos se coagulan en los recuerdos de la primera juventud. Así asistimos a la reproducción de las formas cómodas del ataúd y el huevo que un pez intenta en vano mordisquear permitiendo totalmente que las noches se sucedan una tras otra, como una cancelación constante, una prescripción continua.

Los hombres-bosque salieron en desbandada, los signos de hielo dispersaron sus facultades en el viento, en virtud de este principio de descomposición de que un telón que cae hace alzarse otro y de que la vida human solo podía ser tan válida como una amplia errata escrita en los idiomas de sus diversos territorios, y pudiendo servir de colchón profundo, de tregua de broma y de almohadón para personajes tangibles de insomnio que somos nosotros mismos, en busca de un despertar definitivo o de un retorno inconmensurable a las oscuras fuentes del mundo prenatal.

Y, desde el sueño proyectado en la realidad a través de los pasos a nivel y las compensaciones necesarias, después de los errores de la vida vegetal que ocultaban, para que se destaque mejor, el predominio del agua, el hombre reconstruye el proceso de retorno, no hacia atrás, sino en el futuro, en un plano más alto que aquel en el que se mueve, con nociones de poder del nivel de esta sed. De muerte en muerte, para satisfacer su sed de esplendor y luz, el hombre logra reconquistar el objeto de su regreso, modificado de acuerdo con los aspectos recién maduros, más allá de la fusión y la aniquilación de los fenómenos naturales. Este es el camino de su sed de esplendor y luz del que extrae su frescura secreta.

Y ya en la mañana barre la calle, los traperos huyen con soles bajo el brazo y los lecheros tragan apresurados sus primeros tragos de escaleras.


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