TZARA -La poesía la transparencia…(Nota V de Granos y Salvado)

Hace bastantes años ya ofrecí a uno de los más importantes editores de poesía españoles el publicar textos de Tristan Tzara, tras varios meses me contestó que eran ensayos muy conocidos, me quedé estupefacto ante tamaña mendacidad. Aun así y todo continué en mis trece, catorce y veinte…ya terminadas de traducir sus obras completas y ante el más absoluto desprecio por parte de los editores voy poco a poco incorporandolas en este blog.

Hoy propongo saborear uno de estos «anacrónicos y obsoletos» textos. Reflexión fundamental sobre el sueño y la poesía, explicación teórica de la evolución poética y de la transición y diferencias entre dadaismo y surrealismo. La NOTA V de Granos y Salvado :»LA POESÍA, LA TRASPARENCIA DE LAS COSAS Y DE LOS SERES»

LA POESÍA, LA TRANSPARENCIA DE LAS COSAS Y DE LOS SERES

La identidad entre sueño y poesía es una de las simplificaciones a las que con frecuencia se ha recurrido para caracterizar a ésta última, ante la ausencia de una rigurosa verificación de sus relaciones. Se ha podido deducir una cierta naturaleza de parentesco en sus respectivas manifestaciones, reduciendo uno y otra a meros fenómenos de automatismo síquico, cuyos mecanismos, por supuesto, se tocan y se influyen recíprocamente si se consiente en confundir su teórica parcelación con la realidad inmediata de sus particularidades. Pero, al representar el automatismo síquico uno sólo de los aspectos de la cuestión, tanto por lo que respecta a la alienación mental como a la poesía, en relación con el sueño, demuestra netamente la insuficiencia de este método. Nos vemos obligados, para mayor verosimilitud, a reducir la poesía, tal comodebería ser, a un mecanismo objetivamente automático. Sin negar a éste una virtud funcional y estimulante, útil en más de un aspecto, no se puede dudar en ver, en la exclusión de los modos de pensar del conjunto de los elementos de investigación (únicos modos a los que la poesía está vinculada), el insignificante valor de los resultados conseguidos.

Para obtener un análisis más exacto de la similitud substancial entre sueño y poesía, es necesario remontarse a épocas donde -debido al pensar no-drigido que impregnaba (y en el que se bañaba) el conjunto de conocimientos que la hacían consciente al hombre- aún no constituían el ámbito hermético que actualmente ocupan. A partir del objeto de conocimiento que era, el sueño se ha convertido en objeto de deseo y de rechazo. El pensar dirigido (lógico, productivo) de la época moderna, que ha tomado la función preponderante que conocemos por el desarrollo de las ciencias en las sociedades individualistas, sólo contiene el pensar no-dirigido (asociativo, improductivo) en estado de germen rechazado, que sin embargo prevalece en las sociedades primitivas. Y el mismo pensar dirigido no era sino un rudimento (cuya forma nos es desconocida) en el pensar anterior. Este brusco salto, este brutal cambio de valores, al coincidir con la transformación de las sociedades colectivistas en sociedades individualistas, es visible en el desarrollo de las civilizaciones prehistóricas, mediante el estudio de las excavaciones emprendidas en diversos países. Ha dado origen a algo más que la simple amplificación del germen del pensar dirigido, y que es el significado, el alcance y el tono, cuyo crecimiento acelerado se necesita. Un punto de saturaciónconstitutiva es previsible en la civilización material que ha engendrado y su desbordamiento, según el principio del cambio de la cantidad en cualidad, tendrá el carácter totalque esperamos de la revolución. El pensar dirigido está sin embargo muy alejado de alcanzar en estado puro lo que se le querría atribuir, y se trata, para nosotros, de limitar el desorden permanente que interviene en cada una de sus operaciones. Gracias a la fuerza de expansión que mantiene en reserva el germen del pensar no-dirigido, es susceptible que en el futuro ocurra un movimiento similar a éste que ya se había producido, basado en los perfeccionamientos adquiridos y en los conocimientos inhibidos, consecutivamente con las transformaciones de la sociedad. El sueño es la concentración extrema de este desorden denominado pensar fantástico, imaginativo, ensoñación diurna, etc. Sirve, desde el otro lado de la barricada que separa los dos mundos subjetivo y objetivo, como instrumento de señalización para toda una serie de neurosis y enfermedades mentales. Y en razón de la manera imprecisa en la que el sueño alcanza nuestra conciencia, la inteligencia fragmentaria que tenemos de él, ¿acaso permitirá, al igual que las deducciones paleontológicas, reconstruir el modo de pensar genésico, no solamente tal como ya existió, sino sobre todo, en conformidad con la ley del devenir, tal como se extenderá en un medio propicio futuro? La participación inherente del pensar dirigido en la elaboración de sus propias condiciones futuras está quizás en condiciones de dejarnos entrever su destino probable, y nos obliga a limitarnos al ámbito de las necesidades objetivas y de los deseos subjetivos que este pensar representa en su estado vivo, para nosotros.

Para definir las relaciones entre la poesía y el sueño (y consecuentemente el modo de pensar que lo contiene), no hago más que esbozar aquí algunas propuestas que me parecen dignas de ser tomadas en consideración.

Consistirían en demostrar que el símbolo onírico, al concentrarse en un punto sobre una linea determinada por el límite entre el consciente y el inconsciente, extrae su sustancia de los hechos reprimidos, de la profundidad del subconsciente, de su conjunto, haciéndoles converger hacia ese punto cuyo proceso de eclosión a la plena consciencia (en regiones limítrofes) constituye el símbolo perceptible, mientras que el símbolo poético, que nace en la misma frontera, y representado también por un punto (que sería el proceso de su toma de conciencia a través de imágenes, metáforas, etc.), proyecta sobre el mundo exterior, por divergencia y en una forma superior, unos hechos que se corresponden con aquellos que yacen en estado latente en los confines del mundo interior. Lo que es relativamente estático se transforma en relativamente dinámico y las facultades inhibitorias del sueño se transmutan en facultades exhibitorias de la poesía. El sueño y la poesía serían, en planos diferentes, un mismo pivote alrededor del cual las represiones llegarían a ser objetivadas.

A continuación se procederá a acercar la acción del poeta a un fenómeno de mimetismo mediante su asimilación a un objeto exterior, o mediante la absorción de las facultades de un objeto por las de otro, fenómeno que forma parte del acto de transferencia y que, mediante la concentración de las funciones de los sentidos sobre uno solo de ellos, encuentra en la biología y en el reino de los animales un funcionamiento similar. Este método panteísta nos conduciría a considerar como miméticas algunas analogías de los pasos o de los rumbos generales del sueño y de la poesía, como actitud ante el mundo exterior. El sueño y la poesía serían, en este caso, los moldes de una misma y única representación. La intervención de los síntomas de la histeria, del delirio de interpretación, etc., suavizados en el funcionamiento de la simulación, de las obsesiones, desempeñaría en la poesía el papel de un intento simbólico de identificación del poeta con el mundo interior y exterior.

Esto nos llevaría a establecer en qué medida el estado síquico donde se sumerge el poeta, con ciertas condiciones, responde a un fuerte deseo de regreso intra-uterino -estado provocado o cultivado por medio de procesos obsesivos, por la especialización de los factores en una dosis menor, propios de todos los individuos- y en qué medida la ensoñación diurna, el sueño, etc., facilitan el trabajo del mismo deseo de placidez pre-natal, o la formación de un medio paradisíaco carente de consciencia, medio que sirve de selector o de aparato regulador para esta angustia de vivir que deriva del traumatismo del nacimiento. La poesía objeto-sujeto de deseo, extraería del sueño sujeto-objeto de deseo, materia suficiente para una compensación por sublimación y obtendría, de una manera análoga a la del sueño, un papel orgánico en el comportamiento humano.

Éste contribuiría a situar la poesía en el marco de las funciones humanas, pero no bastaría para afrontarla en la totalidad de sus facetas. Como máximo se conseguiría indicar que, unida al acto del pensar, la poesía está sujeta a unas transformaciones, y que, comprendida como un estado orgánico, es insustituible entre las preocupaciones del espíritu. Es necesario alzarse contra aquellos que, no tomando de su significado sino la parte designada como medio de expresión, intentan hacerla desviar hacia una actividad mediadora y documental, de descripción alegórica, con un fin moralizador de fabulación y propaganda. (He demostrado en otros sitios como la poesía-actividad del espíritu se contrapone a la poesía-medio de expresión y cómo la primera tiende a integrar la segunda, al deshacerse de los atributos de las palabras, de los colores, etc., y a superarla). Este desconocimiento de la naturaleza de la poesía instituye, con el apoyo de una teoría de la inmutabilidad del acontecimiento en la historia, un constante error, y predispone a aquellos que sólo han intentado ver en la poesía un fenómeno social de traductora de sentimientos, a buscarle de antemano el lugar que tendrá en su forma previamente determinada.

En relación con esta supervivencia idealista del concepto histórico que, cada vez más, está surgiendo cuando algunas actividades artísticas son reducidas a buscar retrospectivamente la confirmación de su validez, me parece necesario insistir sobre uno de sus caracteres que las conduce, en línea recta, a ese camino de regresión. Quiero hablar de la pérdida progresiva de la noción de riesgo en el arte moderno que, inicialmente, se produce como momento por excelencia revolucionario en su constitución. La obra de arte considerada, de alguna manera, como una temeridad, como un acto espontáneo e irreflexivo, como una protesta displicente, no solamente hacia la opinión corriente y hacia su capacidad temporal de comprensión, sino también hacia el conjunto de los postulados del artista mismo, tiende a desaparecer por la formación en la esencia misma de sus medios de expresión, de una postura más o menos inconsciente de seguridad. No es la relación objetiva provocada al margen de sus marcos, ni la acostumbrada resistencia de los partisanos de la rigidez de las formas de arte, lo que importa discernir en esta oposición de principio, sino la relación intrínseca de peligro real que comporta, o hace posible, la obra con respecto al artista, peligro experimentado hasta el punto de comprometerse con ella sin restricciones. Esta relativa estabilización de valores, esta tendencia a la limitación de los medios de expresión que, como consecuencia de su vulgarización (con ayuda las escuelas, la moda, etc.,) como el lenguaje, es susceptible de transformarse en estilo (en un medio favorable y un espacio determinado), deriva de la alternancia oscilatoria de las maniobras generacionales y representa el camino dialéctico del principio de germinación, que a una mayor escala, hace que las épocas de arte se superen y mueran, para renacer en una forma superior, en un punto culminante determinado por nuevas adaptaciones.

Una defensa del inmovilismo del fenómeno artístico sería la negación de su relación con el fenómeno económico-social que está continuamente en movimiento. Por esta razón cualquier actividad artística coordinada (al estar asimilado el carácter de colaboración propio de un grupo), llegada a un término máximo de preocupación hacia su seguridad esencial, debe ser conscientemente abandonada o transformada desde sus fundamentos.

Los deplorables tics que son las obsesiones deliberadas, profusamente extendidos, como juegos de estetas, sobre facetas precarias del mundo que nos rodea, además no sin influenciarlo, y que en vísperas de una renovación se encarga de la decadencia de la época condenada, estarán ausentes cuando se trate de valorar en la poesía, al margen de la forma exterior adoptada por ella en palabras, la profunda orientación de su sentido latente. Sería presuntuoso, partiendo del descubrimiento de algunos métodos destinados a estimular la imaginación, querer proceder a la construcción de un sistema del mundo. No podría contestarse el ascendente que estos métodos y esta simulación, hayan podido, en último extremo, tomar sobre la obra de arte que deriva de ellos y los contiene, pero ello no quiere decir que la noción de arte y de poesía, en todas las acepciones temporales y permanentes que están unidas a ellos, notablemente como acto y medio de conocimiento a la vez, apenas ha aflorado mediante investigaciones reales.

Existe un abismo entre las actividades concentradas sobre un mínimo de acuerdo, con tendencias restrictivas, de las asociaciones artísticas, actividades dirigidas e interesadas, y el posopropio de la poesía que está lejos de ser definido. Sin embargo, se ha constituido una especie de unanimidad de tipo práctico alrededor de lo que se considera como poesía, actividad desenfadada y desinteresada, tanto en lo que respecta a los valores de varias clases que se le atribuyen (al manifestarse en forma escrita, pintada e incluso al margen de cualquier realización empíricamente controlable) como en lo que se refiere a su comportamiento rel en el mundo o el del individuo hacia ella. El poso de la poesía no se ha liberado todavía, es verdad, de escorias, de perezosas reminiscencias, de circunstancias inconexas, por medio de una técnica de eliminación rigurosa y coherente. Pero, por una parte la poesía participa de un número considerable de fenómenos aún mal conocidos, y por otra parte, aunque llegásemos a objetivar su naturaleza, su estado puro, sería vano recomendar este poso como la única forma relevante para comprender su reproducción. Estos desechos individuales, constituyen, para la mayoría, parte integrante de ella cuando no determinantes de su trama. La misma fugaz materia de la poesía deberá estar incluida en la definición de su poso. Por este hecho, la importancia de la poesía es mayor que la de una actividad experimental de tipo espiritual, porque abarca, en su compleja totalidad, los destinos del pensamiento. Su suerte va íntimamente unida a las perfecciones que tenemos derecho a esperar de ella. Ahí reside la dificultad que existe para aislar un proceso orgánico de carácter humano mediante un método de coordenadas. Ya que es verdad que la idea misma de poesía gravita alrededor de la poesía, mientras ésta se alza sobre la idea, la supera y la niega en su proceso. La reabsorción de una por la otra será consecuencia de una profunda revolución. La pérdida de los caracteres individuales de la poesía, como la rápida transformación de las condiciones sociales, a la espera de ese impacto definitivo, parece corroborar, demuestra, aún más claramente, el camino necesario de transición del pensamiento dirigido al pensamiento no dirigido en el plano dialéctico.

Tal se me aparece, limpia de su ganga, la noción de poesía en ciernes y su permanencia a través de las formas históricas : subordinada al pensar, pero superando, como actividad del espíritu, los modos de este pensar, podrá, a su vez, liderarlo sin invocar la ayuda cómoda y típica de palabras, colores, superficies y volúmenes, cuando las nuevas condiciones del hombre hayan hecho propicio, no el regreso hacia atrás, sino, en el porvenir, la superposición de un modo de pensar acrecentado al actual habrá concluido perfectamente su circuito y su maduración, como una superestructura que, procedente de la más profunda antigüedad, será llevada por el sueño y la poesía a los fermentos y principios activos que constituyen nuestra actualidad.

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