EL ANTICABEZA – TZARA

,

TRISTAN TZARA

EL ANTICABEZA

(1933)

Versión en castellano : Manuel Puertas Fuertes Huesca 2019

JOAN MIRO

INTRODUCCIÓN

El Anticabeza apareció en una primera edición en 1933 con un aguafuerte de Pablo Picasso. Posteriormente hubo una reedición de lujo en 1949 con aguafuertes de Ernst, Tanguy y Miró editada en tres volúmenes uno para cada parte de la obra. Estos textos en prosa fueron largamente elaborados, como por otra parte era típico en Tzara, durante dieciséis años, entre 1916 y 1932. Como obra en evolución, abarca por lo tanto desde época dada hasta el surrealismo, pasando por los años de transición.

Sueño y acción aparecen íntimamente unidos. Aa el antifilósofo – la doble a de dada – es, pues, pensamiento en continuo movimiento, expresado como una sola torrencial metáfora que se precipita en cascadas de un deshielo o como ardiente lava de un volcán en erupción. Esta primera parte se puede identificar con el período dadaista de Zúrich, algunos poemas fueron ya compuestos en el Cabaret Voltaire,

La segunda parte Medias noches para gigantes es un modelo de transición pacífica desde el absurdo destructor dadaista al juego de libre ensoñación surrealista, que incluye un amplio poema-homenaje al poder evocador del pensamiento nocturno (Antes que la noche).

Por último en El Desesperanto confluyen el esplendor, ya en cierta decadencia del surrealismo, recordemos el fundamental ensayo sobre éste del 15 de Mayo de 1933 y, el período convulso en España, anterior al golpe de Estado de Franco, que derivó en la etapa de concienciación política y la militancia comunista de Tristan Tzara.

SEÑOR AA EL ANTIFILÓSOFO

I

¡Capitán!

Los bólidos, las fuerzas abiertas de la cascada nos amenazan, el nudo de las serpientes, el látigo de las cadenas, avanzan triunfalmente en los países contaminados por ira eterna;

¡Capitán!

todas las acusaciones de los animales vejados, a mordiscos encima de la cama, bostezan en rosetones de sangre, la lluvia de dientes de piedra y las manchas de excremento en las jaulas nos entierran en capas interminables como la nieve;

¡Capitán!

las luces del carbón que se convierten en foco, relámpago, insecto bajo tu mirada, escuadrones de alucinados, monstruos con ruedas, gritos de sonámbulos mecánicos, estómagos líquidos sobre unas repisas de plata, crueldades de flores carnívoras invadirán el día sencillo y rural y la película de tu sueño;

¡Capitán!

ten cuidado de los ojos azules.

II

PROSÉLITO CON PRECIO FIJO

Dada deja desplumar sus alas en forma de D – era su impulso literario y caluroso – y contrata por minúsculas cascadas stacatto el escenario del célebre Señor; según su petición : cómo podría multiplicar su vida en unas pocas páginas de un libro, solo existen dos géneros, dice él, el poema y el panfleto, por eso o prohibición de entrar en el fuego fatuo; terminados los registros con exactitud, o mejor :

Para desperdicios (resedas). Para desperdicios del apéndice cromo, que resiste a cualquier distancia, donde cada cual se convertiría en arrastracueros, esto es demasiado y los restos no me seducen en absoluto, en cuanto a la cuestión cualitativa, y esto es demasiado, realmente demasiado, ante la petición del célebre Señor Aa, cómo podría multiplicar su vida en unas pocas páginas de un libro.

Después de la solución del problema, el comienza a vivir en dos cestos, su piano a pedales de poeta que sonó y anunció el avance, comienza a vivir familiarmente la geografía de su construcción nerviosa.

Según su petición cómo podría multiplicar su aliento esquivo en unas cuantas páginas

el pálido ojo del segundo guacamayo

Dada habiendo sobrevivido al concepto vocal, inmensa y comprometedora señal de debilidad

tras la digna protesta

sesenta camellos

cuatrocientos caballos

trescientas pieles de cibelina

cinco pieles de armiño

tres pieles de gamo

cien pieles de zorros blanquigualdos

veinte pieles de zorro amarillo

cinco pieles de buey doradas

un pájaro enorme llamado en vida Tayo

cuatro hermosos fusiles.

III

AZÚCAR EN POLVO SABIO

Sonaba amarillo, revoltijo, de instrumentos quirúrgicos, rompía los hilos, la sangre del barco comercial fluía por canales especialmente construidos, almacenaje, olor a café (sur). Aa sale de su cama es profunda, hueco caja fuerte, perforado completamente por los mástiles de las pesadillas, párpados trémulos, mudo aplauso en el espectáculo de las llamas arrojadas entre líneas paralelas, estrechas, realmente afirmación demasiado ardiente desde arriba por simple coincidencia sulfurosa del choque exacto de las nubes (aquí las montañas se reflejan en el lago), el emparejamiento de las orillas no sería imposible en la aurora religión telefonía se resbala (esta guardería sirve de cenicero – Aa fue bautizado escarabajo de metal) entre cigarrillos y plumas de pitecántropo.

No avanza y no retrocede ante la súbita transformación del violoncelo en barca, sube al tranvía planetario, cristal desnudo en la taza, espera este azúcar precioso para las alegrías de las avalanchas a gran altitud, en el compartimento de los placeres privados que solo percibe por unos ligeros gestos que recuerdan al abanico, tos repetitiva, vapor puesto en su motor de gasolina de sangre humana (hace tanto frío) y se tapa doblemente abrigo de alas de insecto mimogrito en el bosque un bosque en marcha le deja en los aires una gran hoja de otoño del mayor cucurucho de la mecánica de las pirámides.

Aa solo tiene la cifra emoción – sus flores (emparejadas a 4), amores metálicos (cálculo infinitesimal), perro, densidad, nadando por encima de las velas de cera y de la química, construye su lenguaje en la mesa de multiplicación, también las canciones – juega al billar, colgado, fijos los pies linterna reloj múltiple a la fuga insectos horno, grito de un ojo verdecido por el polvo, caída de petróleo de sus arterias por la garganta la cabeza rueda en apariencia sobre la mesa de billar, gira en semi-círculos. los brazos son meros hilillos, los restos de Aa se agarran al techo – ya no queda nada en la sala de juego de un hotel equilibrio.

Astro – motor del calentador de verano, haz el luto cuadrado, tipográfico, suculentas sensaciones de la T.S.F. comunicando con el alma los insectos espiraloides con este fin – no solamente trágico,¡vaya! -hemisferio trópico de pájaro boreal plantado bajo la tierra maravillosa, farmacéutica, ¡vaya! La incomodidad de los entierros furtivos en coche, – final inimitable- en descanso vacacional, ¡vaya! – relámpago en el cristal,- alma compacta.

Por el objetivo de la boca del volcán me divierto destilando todo tipo de películas arqueológicas y las raíces de las aventuras astrales del futuro.

En la penumbra sin título, en la larga espera de viscosa menstruación del cráneo – algunas veces cúpula con sección de horizonte – clara porcelana, ¡Oh casto desequilibrio! – Aa cuenta ces

TRES CUENTOS

Yo vivía en el hotel, Hacía tres semanas. Pagué religiosamente las facturas. El lunes se cambian las sábanas de la cama. El martes pedí la factura. Pagada, hago las maletas. A las 11, me marché. Regreso a las 3 y 2o con otro equipaje. Tomo la misma habitación, pero en adelante me llamo únicamente Señor Paul Bourget.

Cuando abrí la colcha después de tres años, nos dimos cuenta de que había muerto por sugestión, porque no hay nada mas auténticamente irreparable que el cine en el manicomio. Digo esto para el instante de virilidad y para el eucalipto de la boca del revólver.

La altura termómetro-poética mayor que el espejismo cuando el calor nos pone pantalones de aureola probablemente.

IV

ALTA COSTURA

Enorme luz ilegítima que hunde el sol vientre bajo escaleras laterales – detective intracelular- me ahogo bajo la avalancha de los apocalipsis matutinos y el candor de los amplios abrigos cubre la colina sorda y abejorros grito grafito.

Inútil paseo por los congresos de las perfecciones – dónde están los buenos padres de afirmaciones constantes – en su mano colectiva pondré la pesadez de mis tópicos para encender lo superfluo de brazos y piernas.

Nómina de ingreso toda mi sangre e inteligencia gratis no quiero nada no quiero nada dejadme en paz ni gritar ni callarme ni desesperado ni química vulgaridad del absoluto pega la medicina de los felices cerca de los carteles frente al urinario que sea para hombres o para ratas es igual y yo os doy a cada uno veinte céntimos de propina.

A mí o a otro me absorbe el lenguaje sin adornos si es demasiado claro te comeré como sabes el hígado los pulmones en marcha jamás estuve enfermo porque cada palabra es mentira hasta dode presentaré célula a célula esta petaca si eso huele a petróleo es el domicilio de la eternidad y nunca iré allá abajo porque está demasiado limpia.

Los maxilares de las frases bien construidas sentido común en cualquier aspecto stop el color elástico o no soy libre puesto que soy el problema stop si soy simple no hay problema entonces stop entonces ¿reinicio si esto me divierte? me gusta el chocolate.

Del matraz uno analiza la boca de las ciudades y de aquí soy dentista de las estrellas poema simultáneo es muy fácil aclarar la goma debajo de la lengua cito un poema de 1915 :

“y todos los niños que hacen caca

allí donde en nuestra casa otros alojan amor y honor”

en dos cifras puedo ver el mundo incluso en una sola y puedo también verlo sin cifras por ejemplo cartucho.

Ver hace mala impresión a causa de los sonidos pero comprender es incómodo y el maniquí de cera no está rizado para comprender hay consecuencias está siempre limpio rizado estoy verdaderamente para conferencias daré conferencias escucharé todas las conferencias iré por todos los sitios de conferencias conferencias.

Agarrar las fibras de un insecto en el frasco tinta sin humanidad es pretencioso yo os agarro la mano atención sexual os da las gracias por vuestros deseos expectantes

contabilizo sociedad de cartílagos contra reembolso se cuentan secretos de vida en el fondo es muy agradable o desagradable y concreto.

La mecánica del juego ardiente que quema arrastra sombras cuestión de estadística me da la razón peces del sur no saben nada esta bien o mal 17 de septiembre era el día y el rascacielos para soportar los gritos de anilina.

Frío pez frío pez la rueda de las ciudades la ruleta trozos de oro y de circunflejo flexible encontré el camino tu eres mi camino y la realidad two-step.

V

ATROCIDADES DE ARTURO TROMPETA

Y HOMBRE RANA

En el lago de hidrógeno recogido en el sexo del sueño los cigarrillos chillan pajaritos corren tras el ritmo de los motores es decir ondulación aflautada.

Decorado : Bote de salvamento amarrado encima de la cama,

Palmeras,

Canapé rojo de estilo antiguo,

Maniquí de mimbre con disco de gramófono en la cabeza.

Aquí me muero, en el tercer estrato como digno hombre rana, toco el espejo y miro por principio o lánguidamente la boca del gramófono mudo.

Cada colega su broma y la totalidad de las bromas : literatura.

Cilindros sospechosos con sordina, superpuestos, visitan el mar – al menos tu mirada gran guardián de antílopes en el garaje repara la desgana en la cola, piano con vaselina pìanolina de peces con sencillo sistema antepecho.

Me gusta la sencillez por encima de todo. El esqueleto de las máquinas es inferior o superior al de los pitecántropos. Una idea puede encenderse como la luz eléctrica, secar como una venda y saltar como un determinado color verde que antaño mezclé con la sangre del colibrí y el caucho de las bicicletas a horcajadas sobre un hilo telegráfico. Series de postales sobre las ramas del nuevo sistema hombre o canción entre cuatro ojos.

La interrupción aquí del lenguaje de Aa que quería linchar, libar, abandonar y arrancar la filosofía, Mississipi, y la erupción de las vocales de una rosa situada en la nuca de Napoleón fijó la solapa grifo de los diafragmas, durante algunos instantes, sobre el final bien situado de la frase que nunca acabará.

VI

MASACRE PORTENTOSA

Levantarse bajo la manivela del acordeón, orquestación, fluctuación, cálculo de los desperdicios lentos, enfermos – cual garganta rígida, garaje de látigos sabios y paralelos y la estampida cerrada por paréntesis.

Novela policíaca, nariz artificial para iluminación rosa de día de fiesta, carteristas, impermeable, globos en las orillas de los lagos, biberones, tarde primaveral, las máquinas funcionan para el gran despertar que alaba el choque en cadena dios.

De Camboya llegado con su dogo, salido a 5 h 05, muerto a medianoche exacta.

La antena tiembla bajo la pantalla, cocina de los sábados meteorológicos, equipaje, sopa estelar en el huracán solemne resplandor.

Iluminación estridente DO mayor, proyecciones de hélices y polvo blanco en la botella llave de primer orden garantía para todas las maletas me divierto en el triángulo de hierro.

Etiqueta en la farmacia y confesión de la joven enamorada :

Amargura de las máquinas de coser nubes y estrellas apagadas en un vaso de agua

ángeles de carrusel azul grifo para los instintos

y la batuta suena sobre las mentiras de collares cascabeles y candados.

VII

ARENA

Bueno, bueno, dice el caramelo, de la boca de niño que era para él el caramelo. El silencio de la pequeña habitación era un grito para el gran silencio. El silencio me expresa su falta de confianza. Bueno, bueno dice mi silencio y huyó para siempre. Todo esto regresa a la punta de mi lengua. Con un poco de carbón. El acordeón se colocó encima de la mesa. Bueno, bueno, dije yo.

Fábula.

VIII

COMO UN HOMBRE

“Corroe los huesos de la lámpara eléctrica, engancha los caballos al sistema sideral, pesca con anzuelo ;

dice Aa, breviario de hipótesis vivas.

El prepara en el complot del color Venecia el audaz cese de la lógica siglo.

¡Viento! ¡Viento!

La edad del primer personaje, calcinad al pueblo en azufre lentamente, calmadamente, consumid la flor de suelo, la llave de la risa del carburador, el viento subleva mar y tierra, viento de raza canina.

¡Viento! ¡Viento!

Todos los cerebros llevan aceite, olvidad tragad impurezas y necesidades, la llama oculta será vuestro alimento, cuerpos y fuego están entre sus manos.

¡Viento! ¡Viento!

El color fértil, el mar espacioso, ¡quién perseguirá la jerarquía de su producción? Estrelladas las cristalerías sobre el basalto de los tumores, en la boca del volcán se ha escondido un largo cometa. Lluvia de langostas, los salmos crecen en largas barbas de la boca del bárbaro, en otoño, otoño que ahoga los pozos, testigo indiscutible del temblor solar y en nuestros pies :

Cal, polvo, ceniza.

IX

MÍSTICO DOMÉSTICO

Tétrico coagulado es un medicamento como la conclusión holandesa de las lámparas eléctricas muro derrumbado sobre la cuerda madura interrumpe el carril y el toro es aquella evasión del ojo de la red conjuntivitis le sirvió de ejemplo conyugal ni serpiente ni peluquero puso todo su bien sobre el cochecito infantil y eso es todo es decir colocó su capital en torbellinos inversos iniciando la época de la bronquitis del exilio y del fonógrafo capaz y macabro.

X

ENCERRADO

Derramar la fina arena en el paréntesis abierto hacia el ojo lleno de negro el insecto verde duerme tiene un alma pequeña en el saco la cometa ve.

De perfil y de frente a la vez cortado por el cristal los animales la fábrica ¿qué idea matará mi cabeza mi general?

Cerillas papel donde ir iglesias cigarrillos por las noches noche gran sillón de lana sorda trompeta de cascada roja aporta luz en mi espalda suenan las 7 corredor estrecho ciérrate vibrar en escalas delgados insectos de agua blanca siempre luminosa pesada en los harapos silbar la antigua alegría grita la pirámide ¿de dónde sale el humo? – eléctrica muda estalla al fin sueño de porcelana y de madera.

Matraz transformado en vaso roto simetría y como el medicamento se convierte en plegaria con los bordes en zig zag el lago derramará en la torre de hierro cielo sus metales en pequeños organismos transparentes.

Muerdes la piedra desgarra el vientre los caminos traga la ceniza azul de los cereales.

Sopla sopla en tus ojos arena pegajosa y sonora.

XI

DOMADOR AMABLE

En la cacerola hirviendo de fox-trot : leve locura, – me inclino sobre el borde y soplo en el ventilador. Del yate surge el heliotropo a través de la sección trópica que cosquillea el lastre y las arrugas que quedan y se arrastran se alegran en el agua como Margot bajo los brazos.

En el violín se desarrolla cólera cuyo sentimiento en amplias huellas engrasadas con pez griega teme el crujido de las leyes de gravitación. Entonces escupo. Y mi grandeza llena de zumo azúcar la sala. Legatario universal de Marcel Prévost, tú tenías otro perfil. El resumía sus miradas en la petaca y recogía las etiquetas de cacao Van Hooten. Os reservo, visitantes, en tazas de Nyon, ruedas de minúsculos relojes, desmontados y sus resortes. La cita con la Gran- Rueda (4,15). Embriones colocados en vasos con cucharillas. Sacrilegio meteorológico. Pantalón. Huesos otoñales. Esto es lo que él esperaba para silbar en octavas la incandescencia logarítmica de la segunda aguja del voltímetro o la probabilidad del grito pensado en la aurora. Orinó frio por el grifo olímpico y los caramelos abiertos en el telescopio. Aa da vueltas en los cojines – pan en fabricación – sale con forma de huevo y se planta.

Planta roja que cosquillea con su nombre mi meninge. Planta en la planta útil. En el pliegue del diafragma oigo 100 sonidos, Y la luminosidad de los sentidos plantaciones de notas de arcilla con decorado fijo es cuestión de costumbre, ayer pequé, cuestión de oficio. En la pesca de zapatos de suicidados, Aa busca su jornada por encima de la locura precisa y neta y constata la banalidad matemática del hastío que le gusta.

Del hastío que le gusta matemática banalidad. Belleza.

Salpicaduras de pedos en la corola – su ojo ve en el interior del ventrílocuo, qué felicidad, Aa se mete bajo los puños de la prestidigitadora Primavera.

Eso es.

Y se purifica totalmente en el depósito general a granel.

Aquí las antenas queman la impaciencia de las oficinas telegr, los arañazos llaman a los escorpiones que regulan el lavado automático de los urinarios, envía gratuitamente cigarrillos a los que lo desean antes del suicidio, Brandy de Melocotón halo de tu mirada. Los escorpiones hundidos en los órganos se mueven allí libremente, los relojes anuncian la intoxicación, aquí están los santos que juegan al corro entre las cadenas y el salto que se prepara entre las modelos de los pintores, en los pabellones – ése es el hierro que amenaza con su caída líquida, granizo, dientes. Aquí está el remedio. Extra-fino.

Aquí está.

XII

BARCAS AL AMANECER

Nos maceramos en el circo relleno de ruedas dentadas y dónde solo existen ruedas dentadas, como el olor a yodo debajo de la epidermis de las tapicerías de taberna. Si el circo es pequeño y ácido despertador (recoger las cavatinas excesivas) y la carpa es transparente (mi tía se acuclilla en el trapecio), el salto vital se denomina Pensamiento.

Cada rueda presume de sus rasgos faciales, su expansión giratoria, la regularidad o la coquetería lúcidas cantan la forma en que asombran a la velocidad, etc. Los deseos de las ruedas, las especialidades de los centros, desgarran el cerebro y rompen sistemáticamente los espejos, penetran en los pasillos y provocan en la mayoría de las ocasiones y por la sangre mala característica, el constipado cuyas desagradables consecuencias conocemos.

Los colegiales evitan las enfermedades de este tipo (elegía, oda) que proceden de la dilatación de alguna rueda que me ruboriza citar aquí.

Es necesario no solamente que la máquina funcione correctamente, sino sobre todo que los finales de las palabras se unan unos a otros en los pasajes desapercibidos y que la aclimatación de las horas llegue a ser, en los frágiles oídos, enfermedad de altura gramatical, mazurka de colibrís en pilas eléctricas, prepara la mezcla permanente y regresará el mastodonte a vuestro mundo con los aullidos aromáticos de zorros intangibles.

XIII

IMPUESTOS Y OCASIONES

El invento desde que la iglesia sin siervo tiene miedo y las ratas llevan también sable candelabro y casco los esqueletos se mecen cuando el ventrílocuo recita la marsellesa y el rico monseñor posee el rebaño de elefantes la traducción y la velada impasible el compraba caballos verdes muy necesarios para la amargura que sabemos no es transportable sino dañina para la concentración bordado y natural como los crujidos de los peces eléctricos en el agua cuando los caballos pasan las palabras crepitan con placeres de caballo verde y cloroformo.

XIV

VELÓDROMO CON CEBOLLAS

El matrimonio ⅓ es también un resultado de la vida marítima como el final de frase aquí y opaca la flor meneada la cola se le ponen ventosas con luces eléctricas él cree en la inviolabilidad de las negaciones válidas para un mes y es pues muy amable (*)

El teléfono nos permanece fiel como un perro impecable dice el dadaísta él bala bala las cortinas tragan la luz de las calles Aa envía express todo esto para la exposición de las colonias el mundo normal el mío fosfato el tribunal es un ataque conyugal entre la polvareda la manivela la manifestación y los equipajes de granos de migraña jabón lunar y aperitivos beneficio adoptaron un nuevo hijo virgen y lo escondieron en el piano garaje.

Aún queda el cáncer de la luz roja del pasillo.

Y la mandíbula con guirnaldas de uñas espera al enano al tren y al conejo

El señor Aa espera el correo el aplauso civil del atentado criminal y perpetuo.

(*) y extremadamente simpático.

XV

EL SEÑOR AA SOMETIDO AL IMPUESTO

Debido a que es paralelo y gira, dice el fotógrafo tan pronto como las promesas botánicas asumieron los yo me suicido e infame tú me traicionaste porque el siempre resolvió mediante mi cuenta y mi cerebro la comida húmeda y la hora inodora de la partida pero nosotros solo éramos un órgano extraño llamado azul azul y la torre limpia de carteles como el avestruz se envolvía con cojines de aire esto no era ya un secreto que ella se acostaba con una mujer gorda en una caja doble con inscripción cristalería y dos minaretes dijo como el péndulo y el reglamento con doble efectivo dice tragándose el revestimiento de este gran pájaro cómo se llama dice hospital de nuestras noches pero he aquí al final de los colores vi a nuestro señor y de repente el jardín zoológico se introdujo de contrabando en el boletín bursátil sin pagar las contribuciones al consolador.

XVI

PASTILLAS DE ACERO

I

los pies desnudos dijeron a la neurastenia : falsos bigotes de avestruz marca americana

el pájaro frío dice al monóculo : boca sin labios me suicido

y el cubista dice al cubista : yo inventé el rasca-misnistro y soy el jefe

el jefe llama al jefe : jefe.

XVII

PASTILLAS DE ACERO

2

sin yo yo os vendo el 1

2 habla de 3 viento

tu arrastras píldoras de joyas 4

igual que 5 el oso viejo baila sobre 7 la playa

cómo 6 compresa maniobra

señor 8 perdón princesa compresa 9

pero a las 10 razón hace falta un estilista

dice saliendo de su por qué quien 11 les cargó 12 13 14

en aduana 15

XVIII

PASTILLAS DE ACERO

3

el ángel dice al viento reptil : precipítate

y los testigos de las volteretas del whisky por episodios

y el aficionada a ángeles concienzudo al compositor :

sí sí

XIX

PASTILLAS DE ACERO

4

Alrededor del lago los sapos juegan a las cartas en la serrería hay un instrumento de silencio que produce aureolas y una anemia atmosférica dos cerillas resplandecen y sirven a los lobos de ojos chocolate fresco y bromuro para las industrias discretas el atardecer convaleciente de la noche dispone de una enorme decoración de emperador colgada en el puente prostituida de alarma de los sábados mecánicos qué pide la serpiente por su forma y avanza y se derrumba y no grita exige el precio.

XX

PASTILLAS DE ACERO

5

amor pequeña estación en una pequeña oreja

felicidad en la cáscara

quiero mi certificado

convertirse azote del observatorio

quién estimula al antifilósofo

quién es incendiario

el pecado de precio no se fija

la verdad de repetición y el gran corazón no se captan

la boca en otoño lento de intenciones sospechosas

yo esperaba yo nadaba

XXI

LA VIRGINIDAD BENEFICIOSA Y LA RECOMPENSA DEL SEÑOR

Se abre la maleta, las inutilidades del último año, las últimas juventudes, sobre los transportines de las jaulas, la primavera sin edad regresa en el mercado mirándose dentro de la boca con los mismos dientes, el mismo cristal de iniciales llenas.

De repente, los dos caballeros se detuvieron, uno frente al otro, el otro de perfil al primero, miradas furtivas.

Melena en circuito cerrado de virgen, glóbulo de nervio tímido, felicidad de los encerrados. Y en los patios de internados lo que nos queda por saber.

Los dos caballeros llevaban la barba acicalada.

En la cerradura, dientes preparados para morder. La muerte en el bolsillo, la llave en el bolsillo, la llave tenía un ojo vivo y ágil, Señor Aa comenzó a sospechar le acababa de terminar el suyo, qué pesada intoxicación en nuestra botella.

Los dos caballeros intercambiaron palabras amargas sobre la humanidad y sus hipótesis. La reja alrededor de su lenguaje era estrecha, la amargura pobre. No se tensó ni un músculo. No hizo ruido porque las hojas, los árboles, la hierba y los granos llevaban guantes de lana.

– «Costumbre y pulcritud. El hombre siembra el grito entre hombres. Cualquier frase presentada con «esto es» al final se emplea con afán de lucro. La vida se muerde los labios, se usa alfombra. Las manicuras preparan las uñas para la muerte.”

El Sr. Aa continuaba dictando. Los dos caballeros no sabían nada al respecto. Y continuaban su paseo como el mismo sabor a azúcar que nunca cambia su lenta vibración en el nervio de la lengua – agradecimiento por los cara a cara anulados.

Los dos señores regresaban a sus casas porque vivían en el mismo hotel.

XXII

CADA AMPOLLA CONTIENE MI SISTEMA NERVIOSO

Levántate la falda y muerde la sierra la sierra de vinagre recuerdo y película de hueso martillado con desesperación llega el lobo que robó el cordero asado su esqueleto todavía decora el pecho harto de oro de las dos aldeas y el cerebro permaneció como corazón del lago que nadie come ni come ni come ni abraza ni abraza ni abraza ni cree ni cree ni juzga ni juzga ni juzga ni roba ni bebe ni bebe ni diseca ni diseca ni diseca.

XXIII

EL ENANO EN SU CUCURUCHO

Quién me llama en el agujero acolchado por granos de tela, yo contesto tierra abierta, capas endurecidas de paciencia inquebrantable, mandíbula del suelo.

La mano que nos tiende la nube alcanza al ojo con todos mis respetuosos sentimientos. Quién me llama eres tú si soy yo eres tú sí eres tú, el llevaba cascabeles de baile en la solapa. Yo soy entonces el milímetro piensa él porque no soy el viajante de los tubos con frases piensa él porque no soy el ojo del tren de la bruja de papel piensa él porque no soy el milímetro de caballo árabe piensa él y algunas ramas de carbón me balanceo simétrico y toco con la aguja el sonido de las paredes de la pagoda.

Ante estas palabras, la Inglesa se puso a gritar : al violador, al violador, El árbol viajaba de incógnito. Se sentó a la mesa con un aspecto muy avergonzado. La Inglesa acababa su jornada con espasmos exagerados, flautas indignadas, ultimatums a la vida, vivisecciones de voces. Nadie frunció el ceño sobre su placer. El otro, el que mencioné en el capítulo anterior que tenía un paraguas en vez de cabeza y se parecía por su estructura a un sillón, (un hombre auténtico, poned dentro cualquier cosa) cantaba :

XXIV

LAS COMPUERTAS DEL PENSAMIENTO

Un aterrador grito de cristal se precipita sobre el tablero de ajedrez como el otoño. No molestéis os ruego la redondez de mi medio-lenguaje. Invertebrado.

Una tarde de calma la belleza. Una muchacha joven como el riego transformó el oculto camino del pantano.

Tratado de lenguaje.

Cuando el lobo no teme a la hoja yo languidezco.

Y en cuanto al vuelo de negligencia en cuclillas.

Yo me, descomponiendo el horror, muy tarde.

El cansancio se acuerda de haber depositado el paquete sobre la blancura de la hora.

Tal vez el diente privado. Comprender el paseo de los adjetivos en la boca de trabajo.

Los Espartanos colocaban sus palabras sobre la colina para que los zorros comieran y arrancaran sus entrañas. Pasó un fotógrafo. Me dijo ¿cómo os atrevéis a galopar sobre los campos reservados a la sintaxis? La palabra, le digo, tiene cincuenta pisos, es un rasca-dios. Era verdad, porque el fotógrafo era solo un parásito de la compañía general de picores.

XXV

RAYO TÁRTARO

Hagan juego silbad la aguja por los cuernos del buey ceniza la lluvia a lo largo de hierbas secas bigotes de qué transporte de materias combustibles cosquillean al final de la estación, preguntó X con la amplitud de las fibras para comunicación. Devora el trueno hinchado de sobresaltos de rueda mal engrasada.

La perra sabe la hora que es en la dentadura de su perro exceptuado el acto de debilidad preciosa para los cuidados del crecimiento de caballo y de clavo

esto se llama rayo.

XXVI

PETARDOS EN CAJA

El cascabel de un perro se entretiene sobre una puñeta, corta la nariz de los que huelen la comida en masturbación.

Se come a los hombres cuando tienen en sus cabezas caramelos pelados, microbios y golosinas rascan la piel de sus cerebros, llaman idea al esperma obtenido mediante métodos sencillos.

Cuando se frotan sus cabezas, un timbre melancólico tiene diarrea en el cráneo del Señor Saturno.

El caníbal llega en una línea reciente con un enorme machete de hierro en las manos, con dientes con ruedas, con una escoba, con dos piedras de molino, con ácidos oscuros y fuertes para destruir todo lo que digiere. Todo lo que continúa la palabra, el color, la felicidad, es una digestión mortuoria y científica : la discusión, la masturbación, la explicación, la exasperación.

El envía submarinistas hinchados en el vientre del Señor Cormon (encontramos ahí propaganda para el color de ojos azul, la palidez de las tulipas en las orillas del mar cubista y la materia grisácea de las pútridas miradas, peces ennegrecidos, piedras de la locura),

atajos

adversario

disponible

régimen

costumbre

diputado

pronósticos

profundamente

mercados.

El baño con ácido gástrico se come el papel, no busquéis nada en un cuadro : tema y medio son lo mismo. El cuadro dada es una ducha universal con agua roja. La naturaleza es lo que sale de los dedos y de la mirada, libremente, tiene un número de teléfono y un apartamento en el Campo de Marzo como la amistad y la conversación filtrada por la red del tejido cerebral.

El arte es un poeta con las costillas rotas, destroza todos los huesos y las rosas de cristal, el arte es una venda y un libro de Oscar Wilde, el arte es el arte de los artistas, el arte de ser educado con los acontecimientos cotidianos, susceptible en sociedad, un cerdo dentro de su cocina.

En todas las cajas craneales hay líneas puras y y una expresión de geografía al sol, no existe ningún secreto para notarlas, la sencillez se llama Dada, sus movimientos destruyen y matan instantáneamente, abre la luz para algunos hombres que mirarán y sabrán que no encontrarán nada. En una bombilla – un fragmento de vidrio desinfectado – se os ofrece como maldad y bondad como una declaración en la aduana sobre un abeto de solapa sabiduría eterna.

XXVII

HUNDIMIENTO

Boum, boum, boum, desnudó su carne cuando las ranas mojadas comenzaron a arder, puse el caballo con piel de la serpiente en la fuente ahora dependeremos de mis amigos y es muy interesante las jirafas de los mordiscos sobre el mármol vals macabro.

Domingo : dos elefantes periódico de Ginebra en el restaurante el telegrafista asesina el retrato del emperador.

La conserje me engañó vendió el apartamento que yo había alquilado en la iglesia después de misa el pecador dijo a la condesa : adiós Matilde.

El tren arrastra el humo como la huida de un animal herido con las tripas aplastadas pobre animal.

Alrededor del faro gira la aureola de pájaros azulados a medias luces que atornillan la distancia de los barcos mientras los arcángeles se purgan y los pájaros aceleran la menstruación por medios artificiales y ocultos.

Oh querido es tan difícil la calle se escapa con mi equipaje a través de la ciudad el metro mezcla su cine con Jamaica la proa de os adoro amarra en el casino del sicomoro.

En los nervios de los peces existe la vibración dada, da, da, repite el instrumento inexacto catarata e inodoro.

XXVIII

NUBES CONTRABANDISTAS

La melena exuberante de la imaginación rodea su cabeza magníficamente, bajo el peso y la amenaza, unas ideas en turnos de barajas. La suerte es ingeniosa, la cucharilla da vueltas incansablemente en la taza. Perchero del Evangelio y su diminuta cabeza deja crecer la barba en fermentos de cocodrilos olvidados : la memoria.

Torreones torreones y sus trazados calcáreos.

La hierba de los ojos de lluvia.

Abriéndose con demasiada frecuencia, trompeta y tambor, a las crisis de lo desconocido. El tren que sale lleva medias de seda, y filigranas de los andamiajes. Antes antes está disponible para combinaciones de la memoria. Cortando transversalmente el luto de los labios, él. La siguiente parada es una bonita boda. El matrimonio ha sellado el amor el amor ha descarrilado fácilmente, eso es todo.

El alma es necesaria, el acento de la cabeza, cuando la opinión impermeable juega con el éxito de las naciones. Incansable y habiendo acariciado las sinuosas plantaciones de la palma de su mano. «No sé leer, no sé escribir, no sé pensar. En la silla ojo de raya. No sé hacer el amor no sé respirar. Pero yo yo. Yo sé yo. En cuanto al tenso ronroneo de tu excitación verbal. No sé decir la verdad. No sé digerir. Deseable perdiste el miedo, camisa de tu vista, miopía fresca y descosida en superfino. Baile en las gradas. Bailo sobre el graderío. No conozco grandeza. Proyectados en la sombra del rostro, damos sombra a los pájaros.» ¿Quién no se volvería loco al comer sombra de pájaros?

XXIX

ÁRBOL CON FUSILES

Bajo la lupa de aumento estrella un insecto higiénico sirve de tapón en la boca del metro. Sentado en un tubo de hiero fundido pájaro noche invita a los transeúntes al Dada. Así se explica este paisaje que aún no tenía título. Una cinta transportadora lo llevó a su acuarium de campaña salubre donde hizo todo lo que se oye, toca, ve.

Con una película de hormiga automóvil y una planta alpina que sirve de metrónomo para la fuente, puso en movimiento el reloj de pared.

Ha disecado un depósito de materia nerviosa y ha vertido al canal, una tras otra, las medidas del fox-trot cascada sable granizo.

Dada es tan inteligente tan poco inteligente como los animales domésticos, los microbios calientes necesarios para el organismo, la agricultura cardíaca y la cría razonada de muebles cómodos.

Las delicias químicas de los fertilizantes estéticos, las fatigas de los automóviles que amplían la voz, los árboles que crecen en la frente de los cíclopes mareados y los fosfatos hinchan nuestra pelota cerebral.

Nos volvemos cada vez más nocturnos y hacemos una reja de tijeras a nuestro alrededor.

Unos dibujos y unas palabras, solo se filtra el viento en relaciones cotidianas : pastillas ligeras de menta colocadas en cada articulación, unidas a la retina, perforan una página de materia gris, nacional y pesada, para qué y por qué.

El dice en este momento de pensamiento ridículo, en este momento de acción absurda, solo hay diversión. Una cascada presupuesto monopolio se llama vida y nos empuja a escucharla, nos oímos mercancía rueda que anda sobre el sitio desde la impresión de la primera célula. Empleamos la cirugía crítica para la rueda a saltos de antílope, las orejas arden bajo el roce de intrigas.

El continúa divirtiéndose.

Dada se va con las agrupaciones matemáticas y forma cuarteles en cilindros cejas y bigotes.

Dada se se alimenta de pegamento, de flores de sellos de correos, de guijarros, de hojas de afeitar, de zozobra y de cebollas.

Un monstruo con lengua de pelos en un cuerpo de gramófono inteligente y una regadera en lugar del sexo fecunda hombres y campos que la ven pasar.

El poema es la respuesta al por qué de la lluvia en jaula y el dibujo el porqué del crimen.

Cuando los nervios salen por las uñas y dejan rastros, el ojo alcanza el zinc y el porqué ve.

El Sr. Aa, el antifilósofo, tiene un taller de alta costura, dice :

Un motor pasó lo llevó dentro de las nubes

una planta carnívora rasca la espalda de Dada que nada

Dada es la felicidad con cáscara

y nosotros los dadaistas hemos salido cocidos de sus huevos.

XXX

TIJERAS DE MODOS DE ACTUAR

Cuando el pan, un loro, el peine en la cabeza, aprende a caminar sobre los platos de un oso polar, la nieve ya no cubre las montañas cubiertas de nieve y de malas acciones trepadoras, peces de nubes en las plantas.

La sierra enmarca los retratos de los santos y los guijarros son más pesados sobre los sentimientos de nuestra mirada agresiva. Qué horror, exclama el Sr. Aa, se extiende y escasea entre las horas en que el candor de los animales estampa sellos de grisú mediante disparos audaces pero seguros de los héroes de calendarios. Los pelos magnéticos de las tijeras cosquillean las uñas de mis dedos flecos. Existe oscuridad en todo consentimiento, el objeto en el hombre es más fuerte que el hombre, en la botella que se vacía, la manipulación inexplicable nos saca los ojos con la estrella de piedra y de aceitoso cerebro. Este vendaje siempre me ha parecido perfectamente inútil. Si doy vacío al vacío, avellanas a las cigarras normales, niebla a los cohetes iguales y tranquilizados por el deporte, ventanas a las catástrofes legales, los juegos colgados de las fortificaciones al destino, la grandeza únicamente puede crecer, exploro la aglomeración que precedió a la geografía, la uva de la posibilidad cuando el cerebro era tan sólo gas.

Así tritura la llave unos dientes y el cuerpo en el centro. La viva corbata del camino. Solo podría ser una familia próspera que buscara un cadáver temprano. Algunas balas perdidas se multiplican en los espejos, reproducen recuerdos atávicos de habilidades nupciales. En el barco anuncio, el servicio de cuidados paternos está regulado con la ayuda de postes indicadores. Las vacas lamen fósiles que se vuelven preciosos – ¿no creéis que esto circula por la sangre ¿Y que cada glóbulo es un huevo vivo con cola, fuerza e instinto?

Sin cejas, la boca no podría funcionar; lejos de aquí pasan pechos de méritos galantes, crisis agrícolas, saludos vagabundos, bolardos, embrollos y conquistas.

XXXI

TELARES DE JUNCOS

   En el autobús de ruedas difíciles, la música incrementa el aburrimiento de los corazones de goma. Envuelto con el ruido del humo. Amor - narices abiertas al azar. ¿Quién hubiese creído que en la blancura de la colada, una gota de sello de correos significase el abrazo emocionante no controlado por la memoria? Experta lavandera, la memoria une las épocas. ¿Quién hace latir las sienes con toque de retirada de trompeta? El marinero. Cristal con cabellos alborotados, la amargura oxida nuestros mayores placeres, insecto. Cristal con ojos demacrados, cabellos alborotados, la amargura, oxida nuestros mayores placeres. Cristal con ojos demacrados, la amargura de los cabellos alborotados oxida nuestros placeres, insectos. Cristal de cabellos demacrados - la amargura oxida nuestros placeres - los insectos también tienen  corazones, sienes y ruidos. Cristal de los más bellos placeres, amargura en los cabellos cansados (enmohecidos). Cristal con ojos demacrados, cabellos demacrados por el viento, amargura con latidos de insecto oxidado, su tambor. Cristal de corazones, sienes y ruidos, la amargura oxida el tambor de los insectos. Cristal de insecto con ojos demacrados, la amargura en los cabellos enredados oxida la amargura en los ojos demacrados de nuestros más bellos deseos de corazón, sien y ruido. Cristal con los deseos más bellos, la amargura oxida corazones, sienes y ruidos. Cristal demacrado, la amargura oxida el más hermoso insecto : el ángel. Cristal de amor y amargura, el blanco de ángel es exacto. Aquí hay amor, amargura, cristal, blanco, ángel y exactitud.                                           

                                                       XXXII

   - Estimado Señor,
   La cobardía conoce su orden, es el peso del miedo que todos llevamos en los  tuétanos de los huesos. Los nervios del océano son los raíles del viento y del calor. Sus luchas dejan las huellas digitales de las islas y los dientes solitarios de las rocas. Alrededor de la casa de heno, unas gotas de insectos caen al brillo de seda y la fosforescencia de las frutas atrae granos de nube. Las nubes traen pájaros a los grifos.

– Estimado Señor,

No sin intención el Señor Aa había descubierto la feliz complicidad del estómago. El inventario de su depósito cerebral dura desde su adolescencia, el resultado es nulo, sin aleación. Es mate mediante juego de luces.

Ahora abre su tienda de campaña – un paraguas encima del pulmón – y la abundante melena del aire que aspira.

-Estimado Señor,

Los miriñaques se llenan de medusas hechas de copos de noche. Los miriñaques atormentan a los niños. Estos yacen en la hierba. Los geranios siguen en pie. Suspendidas de las ramas de los árboles, vemos sillas y un ave de rapiña. Este pájaro no extiende sus alas, silba. El más pequeño de los niños, acostado sobre una alfombra persa, sostiene un mapamundi del tamaño de un huevo encima de la frente de su vecino de la derecha. Este vecino es su propio hermano. Todos están asombrados y cariñosos.

-Estimado Señor,

Al acercarse la última hora de la vida cotidiana, noté, durante mucho tiempo, la incomodidad fijada por la colectividad anónima en una palabra, y el significado sentimental que oculta, tierra y olores bajo el nido y el huevo.

Unas palabras se convierten en conclusiones enemigas, inmediatamente pronunciadas, adquieren una existencia que actúa directamente sobre la célula y la circulación de la sangre. Aparte de su insondable sonoridad, establecida como base de una lógica de mercado y compromiso, nada puede dar fe de su verdadera virtud como el gozo que tengo al hacerlas manipular. Y aún más. La realidad solo es una conclusión explícita.

Nada puede ser efectivo. Siempre debemos desviarnos. Anudando palabras a una frase, llego fácilmente al final. Siempre encuentro allí un resultado. Tras no importa qué frase. El resultado y la frase son transportados por la menor objeción animal. Otorgarles un valor es un signo de vulgaridad; habría que atenuar el resultado antes de acabar la frase y no poner puntos siguiendo las necesidades gramaticales. La sintaxis es algebráica y nos servimos de logaritmos para calcular su sutileza.

-Estimado Señor,

Ante la invasión líquida, un día de violento verano, ente su luminosidad, el gas color de momia desarrolla su daño. Yo viví sobre unos zancos entre las hojas muertas y el ronroneo de sus pasos. ¿Existen mayores voces que los caminos en el balanceo de las ramas? El extraño gorjeo de una nueva sangre nos acompaña en estos trámites que los incrédulos denominan muerte, dulces ocupaciones de libertad y arroyuelos.

XXXIII

MAGO CURTIDO

Catarata pulcritud el metal corta trozos de carne viva en mi ojo y si tengo un teléfono en las vías respiratorias es para hablar familiarmente de amor con el amor.

La electricidad del color en una garganta de lámpara constante

se constata por su propia dirección y ve

bebe la renovación de la atmósfera

sin esfuerzo se forma un alfabeto nuevo : lo inmediato.

Buscamos amigos y otras cosas tan criticadas en las vocaciones gramaticales de los equilibristas en frascos.

XXXIV

MUCHA POLVAREDA PARA NADA

La habitación estaba llena de muebles disparatados. Un día que había salido por la tarde, me extrañó que se me hiciera esperar dos o tres minutos en la puerta. El Señor Aa estaba sentado encima de una caja. Ella me rogó, riendo, permanecer sin preocuparme. La caja estaba repleta de objetos preciosos. Ella me contestó que no me había oído llamar a la puerta. Entró el juez de instrucción. Oh, Dios exclamé, lloras, mi querido Aa, estás angustiado hasta el punto de llorar y no me cuentas una sola palabra de tus problemas. Las personas que seguían al juez vigilaban la puerta de entrada. Este pensamiento también me inspiró. El juez de instrucción era joven. Yo no podía distinguir si era amor o compasión, aunque me pareció que era un sentimiento suave y lánguido que funcionaba en su rostro como un gusano de fuego. El juez tocó todos los objetos y comprobó su estabilidad. Me senté a la mesa con un aire muy alegre, pero a la luz de una vela que estaba entre mí y él, creí ver la tristeza en su rostro y en los ojos de mi querido amigo el juez de instrucción. Se inclinaba muy a menudo pero no hablaba. La ayuda del cielo se unió a mis satisfacciones. Jalonaba el lugar de polvo silencioso y circunscribió así el peligro. El juez daba órdenes. Estas órdenes me parecían lúgubres como los brillos inversos de la galantería festiva. Me dijo que después de descubrir que lo había engañado, y que me había ido con el Señor Aa, el se había montado a caballo para seguirme, que había llegado a Saint-Denis media hora más tarde de mi partida, que estando muy seguro de que me había detenido en París, había pasado seis semanas buscándome inútilmente y que al fin un día había reconocido al Señor Aa en la Comedia petulante, que estaba allí con un vestido tan espléndido que había imaginado que debía esta fortuna a un nuevo golpe de chatarra extinguida cuyo extracto habría llenado el capazo de fuego paliativo. Tiró de los cuerdas. Cada dos días. Formé allí arriba un sistema de vida pacífica y portátil. Sabemos que el juez era severo. Caballero infeliz vas entonces a perder todo lo que aún amas. Tres veces al día. Perdonad si termino en pocas palabras una historia que me mata. Un gato olvidado por la compañía de mudanzas surge de un jarrón de porcelana y sale la justicia solemnemente. Perdonad nuevamente si termino en pocas palabras una historia que me mata. Pero el acuario pancreático de los riñones y las vocales emprende la travesía del desierto en veleros; ¿quién satisfará entonces las botellas de saludos comprimidos, los conservatorios, las destilerías de asco gástrico y los bolsillos abiertos diseminados a lo largo, completamente a lo largo del Missouri con flores?

XXXV

LA PETRIFICACIÓN DEL PAN

Frotar su piel y dilatar los poros hasta que veamos allí grietas de lágrimas y restos de comida. Ampliadas en el sueño de la infancia, veo muy de cerca las migajas secas de pan y el polvo entre las fibras de madera dura al sol. Para el beso del cumpleaños, el viento envía a su prometida, un tierno saludo de fufandas que palpan su carne bien nutrida. Y ante la iglesia nevada, el anciano se va oblicuamente dilatado a la medida de su mancha negra e intensa. El drama está escrito en un pergamino que sirve como nube y de saco a estos tipos de acontecimientos con encaje. Quien no ha sentido, cuando la alegría lo hace ligero, a su amada que viene de lejos, posarse en la palma de su mano, no conoce las sutilezas de las sílabas del tiempo que se derriten en la boca. Cubierto con todo el polvo del oscuro destino, el violín se va, llevándose a su músico, el violín se va, llevándose a su músico, el violín se va, llevándose a su músico, el sabor a caramelo en el ojo del perro, la canción se va por los raíles del tren, el violín cubierto con el polvo del destino oscuro en el ojo del tren, en los raíles de la canción, en el caramelo del ojo.

Así él recoge, con manos enormes, la historia atormentada del mundo, en la mesa redonda del mundo, mientras de su boca vuelan unos pájaros silbando y los acentos circunflejos tapan las botellas en la tienda de las vocales donde agitamos pañuelos entre cálculos de probabilidades y sueños.

XXXVI

Con el gesto de milenarias declamaciones, la sombra se soltó de la sombra, desde allá donde el corazón se protege a la sombra de los años. Una calle pasaba ante su ventana abierta, una calle madrugadora que iba a la ciudad a hacer las compras, arrastrando tras ella mil ruidos de vajilla dentro de las tripas de los vehículos, los comerciantes de ropa, pájaros, de ensalada y de cuatro estaciones. Yo también vendo temporadas. Vendo frío, calor, frío-calor y calor-frío. Pero no se trata de eso. Esto es : la sombra al soltarse de la sombra provocó una declaración, cuyas más mínimas inflexiones podrían haber alcanzado muchos haces de nervios sensibles que con unos delicados dedos, atados a una cuerda, llevamos al interior de uno mismo. Unas influencias ocultas se sienten entre unos haces diferentes que comienzan a oscilar y, a pesar de la terquedad de cada individuo para seguir siendo lo que es, insuperable, insoluble, duro, rígido, lúgubre, unas atracciones de naturaleza subversiva han ocurrido varias veces entre diferentes sexos, resultando la mezcla por el canal de la boca del contenido de sus cráneos galantes.

Frente a los escaparates de los almacenes, desfilan las carnes gastadas. Sus ancianos propietarios examinan con interés los últimos avances en la ciencia que serían capaces de retenerlos en su lugar aproximado al lado de los huesos correspondientes. Ha pasado mucho tiempo desde que algunos predominios de sus cuerpos han perdido su razón de existir. Pero los anuncios ensalzan la belleza del lenguaje en unas frases tan correctas que las experiencias más frías se agitan con ademanes de arañas.

XXXVII

ALETEO DE NARICES

Cuando los ojos se desorbitan, la corbata de las ramas estrangula el follaje inglés que lleva sombrero alto, guantes blancos y zapatos acharolados de clorofila cordial.

Cómo, dijo mi amigo, no crees en la vida de los paralelos aunque se prolonguen y renueven. El final de sinfonía es difícil, la música solo puede terminar entrecortada por pequeñas piezas y volviendo a empezar con trozos dulces.

– Es una pena, dijo nuevamente, nunca sabremos si es el viento quien mueve la hoja de hierba o si es la hierba la que mueve el viento. Poner la hierba en un lugar sin viento, yo no creo ni en el buen sentido ni en la paradoja. Mi llanura no tiene viento, no tiene hierba, no hay lugares, no hay moscas. Vivir sin sobresaltos, sin avanzar y de buen humor sin tormentas falsas. Mi llanura ama el aburrimiento y los colores equívocos, los caminos bisexuales; mi llanura se parece a todas las llanuras y los hombres a todos los hombres, en nombre de dios, no hay felicidad, la vida continúa como sucede, la única felicidad es conocer el aburrimiento, los falsos insectos poéticos están encerrados en la torre de chocolate en la montaña de Zaratustra, son genios con sus secretarias, bajan dos veces diarias a la ciudad para telefonear al impresor y medir el resultado de su política en la escala del orgullo animal. Mi querido Tzara, abandonemos pureza e impureza, inteligencia y espíritu parisino, el Instituto y España, así como a todos los españoles muertos, vivos, anarquistas o pieles rojas, todas esas tonterías frías o cínicas que existen o solo existen en los grandes cerebros en función del estómago. El cerebro acaparador no es más que un langostino que ha quedado en la bullabesa y pretende ser un emperador. Era una magnífica bullabesa con orquesta e impresiones de viaje.

Cómo estás como yo ya voy bien resucito al viento no importa donde cómo estás me dijo mi amigo yo voy bien quieres fuego dijo el pájaro rizado sirve como entrecejo al crepúsculo florecido por tan bella música dijo cómo estás como ya voy bien resucito al viento no importa donde cómo estás me dijo mi amigo yo voy bien quieres fuego dijo.

XXXVIII

VI AL HOMBRE DESINCHABLE

En el patio lleno de cansancio, dos hombres duermen, unas pastillas de horas difíciles en el reloj de la literatura humana. Un carro, unas tablas, unos muebles, huelen a madera joven y resina. ¿Por qué estamos sentados en un sillón observando cómo desciende del sueño a la muerte? Siempre salimos por la escalera de servicio. La muerte tiene el color del plomo, sus bigotes caen como alas de pájaros mundanos. Caen los brazos. El pecho pesa. Los músculos de las piernas son de gelatina. Todo está hinchado con un aliento condenado. Y esta masa de tela y carne habitual se atornilla en espiral hacia el centro de gravedad que la llama. Su compañero es fuerte. El no entiende. Intenta colocarlo en una silla. Para no estar al lado de un cadáver. El no entiende nada. El otro cae siempre. El es terco. Se pone furioso. Solo ve la tranquilidad del equilibrio. Esto dura como el curso normal de una enfermedad. Están sentados uno al lado del otro en unas sillas y duermen. El sol. Se despiertan. Primero el hombre desinchable. Y se rasca la cabeza donde pululan nerviosismos animales.

XXXIX

ESTIMADO AMIGO

A pesar de la chacona con radios de las orquídeas llagas sin palabras, cómo es posible que de nuestros días de armiño el resto de nuestros tragaluces con que iluminamos a dios basados en unas esposas de tierra abrazar los colores y que del jugo de las frentes fruncidas nazcan redes rizadas en veraneos en la noche de fresas arrugadas y la extirpación de las sandalias de los caminos viscosos qué pregunta el qué pregunta el incorporado el qué pregunta el qué no te dije entonces el niñito pegajoso repleto de maniquíes con crines de obscenas manipulaciones obscenas y de maniquíes cada hora sale de un tren desde el origen de la hora donde está el origen del delito patente está en el origen de la hora es inodoro incoloro se pone puñetazos en lugar de corbatas y unos pabellones secos le sirven de alimento ella tiene vivas congelaciones solares cuando hace frío es un hermoso combate en la ratonera de de la cama deshecha es así como paja la marsopa y la fe no tiene más escama más carburador si así os gusta apresurad el chillido el juicio final está en la puerta maldita ya sea la bahía desde donde la salvación se derrama sobre los frutos dispersos de los satélites en el umbral de las frentes el infierno se dedica a la lucha y el último último el pecho se resquebraja y la noche se derrumba sobre nuestro fin sobre nuestra oscuridad la liberada y luego es el silencio de goma que comienza y que en sí mismo ya lleva otro ruido por más silencioso.

XL

Sentada en un confortable sillón, la palabra se fuma enormes insinuaciones. Durante mucho tiempo agitada en la lavadora del cráneo, su sabor se extinguió y la cálida dureza de sus vértebras se disolvió dentro del peso de la neblina diaria. La fatiga inconsolable empaña el resplandor de sus dientes en los múltiples bolsillos del desorden. Y enganchada por los tentáculos habituales a los hastíos gramaticales, su aliento agonizante no podría impedir a las horas abrigarse con el abrigo del moho y del aburrimiento.

En ausencia de la frescura del lenguaje, el inventa una taquigrafía del sentimiento. Su alfabeto solo tiene, del espejismo, la fuerza milagrosa que empuja las nubes hacia los contornos galantes, saca las lenguas con fuegos distintos, da vueltas en extrañas circunferencias dentro de las piedras. Y desciframos la historia nuclear que en cada variación contiene la inmensa imagen del mundo tan fácilmente como su espíritu señala las rastros de su paso por la página.

En la cuerda extendida de proa a popa, el arco del viento se ejercita con chácharas innumerables. De estas solfas gimnásticas se componen fábulas misteriosas que solo pueden concebirse con la ayuda de los ombligos de pájaros

XLI

CRECER A LA SOMBRA

Algunos señoritos blanqueados con cal, trotando con los pobres cuidados de cascabeles tragados con avidez, se dan a conocer al crepúsculo parricida mediante la rápida marcha con la que cortan las sábanas de las carreteras del rayo de verdor que arroja sus números sobre la extrañeza de los corazones que resisten. Pero ahora que bruscamente detenidos por cualquier relámpago insecticida que cruza el pensamiento de un solo golpe, y lo mata, sus exiguos pantalones los abandonan, como un par de senderos la autopista, con toda la dulzura del aire y, movidos por un único secreto, estos atrevidos pantalones individualistas, se dedican a continuar el camino por su propio deber y por su dura iniciativa. Estos son los caballeros cuyas nalgas de la cara no conocen las noches reservadas para las mujeres solteras, compartimentos donde las miradas se apoltronan en los prados; independientemente de lo que piensen los pensadores, las maletas olisquean el bienestar de las personas y se alejan desdeñosamente, prefiriendo las dificultades de las montañas a las avalanchas de sonidos precipitados, mucho más peligrosos que los que envuelven nieves eternas y van a colocarse en la sala donde los pasos han perdido su razón y su tren de vida que es también el de la desilusión.

Pero, volvamos a los dos caballeros : se llaman al Sr. Cahin y Sr. Çaha.

– Me alegro mucho, dice el primero.

– Así las estériles regiones alpinas solo producirán alpinistas, dice el primero.

– Me halagáis, dice el primero.

– No os disgustéis, dice el primero.

– Entonces, las razones de ser de las nubes se han movido, dice el primero, y aunque el bordado no se mueve menos, dice el primero, quien alimenta a su hombre bien se conoce, dice el primero, y yo me conozco allí, allí huyo de mi mismo nombre, dice el segundo, que se haga cortar la cabeza en el aserradero de cabezas si no sabe analizar cuerda y sonido, el reloj salvaje muestra sus dientes, dice el primero.

Luego, estos dos caballeros, que en realidad eran tres, si hemos de contar los pantalones del primero que ya mencionamos anteriormente y que, mientras tanto, habían crecido y alcanzado la altura de un alma de bien, sumándose a varias escuelas gastroliterarias mediante el hilo del pensamiento a través del oído de la bodega, entrechocando vasos de sueños vacíos, vasos siameses, infinitas hermanas de su propia y sincera bola de aire, el estómago carnoso, se desenroscaron, fémur a fémur, falange a falange y, sacando los últimos candados, se fueron con total seguridad, con todos los ángeles, dedicados a la quincallería, al paraíso de los entre-melómanos.

XLII

A LOS JUGADORES DE VIENTO

   Una cura de origen del mundo, un vértigo de confesión que come la lepra geográfica del muro, un flotador de amor que sirve de neumático en estos malos caminos del mundo y el disparador de la boca del volcán que registra la tos celestial 
- sobre nosotros experimentamos los pinchazos subcutáneos de esta luz de India llena de gárgaras, mimosas y cabezas invisibles. Cara o cruz. Se arraiga un viejo rostro femenino complicado como una tetera. No quise arrancarme de los dedos la ilusión que se dedicaban. Yo le digo. Pero el cerco nublado de los cristales, su vacuna doble a escala contra el verano y el hierro, el disfraz de los crustáceos en hortensias lavables, los dolores mensuales de estas flores falsas que navegan solo sobre decepciones con hélices, sobre decepciones de velas con espuma roja, sobre orejas de árboles, sobre rojos desahogos de palabras, sobre omóplatos de cristal, las filas de bombines que determinan las fronteras de los países sólidos, el crescendo del rojo en los raíles donde se descarga en veneno y explota la excesivamente rápida combustión, el corte vertical en un pastel con capas de pisos llenas de camisería geológicas, donde está la sal que se eleva en la innumerable cabeza alada, flor mofletuda y de fruición envuelta bajo  la funda estival, preservada como los muslos de las monjas durante las grandes vacaciones larvarias, donde la estrella,  absceso de candado, sirve de silbato al agente celestial de la brigada de circulación y a pesar del embotellamiento en el corazón de la llamada que nos arrastra muy lejos al centro de los nudos y las disputas, al corazón del agua, orgulloso es el ojo que nos sostiene y, algodonoso, el humo que se escapa bostezando.
   Y esto es.
   En el depósito de las confidencias donde los cefalópodos y los guantes de crines se debaten amargamente, girando guirnaldas y albornoces al aire líquido de alguna variante esponjosa de nostalgia – grito húmedo – discreta contracción de tierra en el borde de una arruga campestre, qué crisis navegable hace funcionar el relincho en el mapa del capullo, qué anónima rabia mueve las bicicletas en los cubiletes, qué calvicie del alma destruye las demoníacas regiones de nuestras juventudes y qué queréis queréis que por ejemplo queréis mejor vale pasarme el ejemplo o no queréis vale mejor queréis y sois completamente amable no más que queréis tanto va la ternera por ejemplo al agua queréis por ejemplo ir al agua o la ternera queréis queréis dormiros o morir o queréis dormir por ejemplo dormir.                                       

                                                       XLIII

   La oscuridad corta. A la pajita más corta. Desnudo como paja. ¿No os he visto ya en algún sitio?

   Por haber querido ver demasiado, Olvidado en él mismo. Un paraguas cuando llueve, Por haber querido llover. Por haber querido. Risa mítica. Cordero. En el cruce del contrapunto. ¿No os he visto ya en algún sitio?

La última palabra incurable. La última palabra va en cabeza. Sobre la cabeza. De la cabeza a los pies. ¡Oh! ¡salarios! ¡Oh! ¡despeinados! Y el miedo a. Con los pies en la cabeza. Culos con plomo. Cabezas de pedestal. ¡Los incógnitos! Dejadnos reír. Risa en paquetes. En júbilo. Montones de idilios. Asiento de risa. Donde rezan las camellas orinan las serpientes.

No durará mucho. Los corazones dicen alegría. Darse tiempo. Y hará feliz tu corazón. No, no y no. ¿No os he visto ya en algún sitio?

Primero fue el no. ¿No os he visto ya en algún sitio? Fue un no lleno de árboles, De extravíos. De certificados. Un no espeso e inquieto. Al principio fue un problema de no. Un profeta cotorreando. Un pequeñito profeta de nada. Para nada. Un dolor de cabeza Casi un problema mental. Una verdadero problema. Un problema más. Un problema de familia. Seamos buenos con los problemas mentales. ¡Seamos justos! No concentrarse en los problemas. Los problemas se encargan de su propia policía. Y el ejército de problemas, ¡qué ejército! Toda una mitología. Todo cabeza y nada más que cabeza. Un problema sin pies. Y el problema del problema. De cuerpo entero, tamaño natural. Los problemas y sus necesidades naturales. Así es como hacemos un problema. De la nada. Tanto en una cosa como en otra existe problema y problema. El problema libera, procedencia mejor. Podemos recomendarlo en cualquier tesitura. Prosperidad, seguridad. problema por aquí, problema por allá. ¡Oh! ¡las alegrías del amor! ¡Qué placer tan excesivo! Los clientes son terroríficos. Incluso bajo la piel de locomotora. Los problemas son grandes. Son bonitos. Su sabor no tiene ni ni no tiene. ¿No hay otros problemas para juzgar los problemas? Inmolemos los sinsabores. Al carenado. Las mujeres más obesas del mundo, por ejemplo, también problemas. ¡Oh! hombre como te amo, criminal en las horas perdidas, insignificante por demasiadas circunstancias, dueño de la locura y de la calma, todopoderoso en la cabeza y los músculos, no creas en una emoción vana, todo puede servir, nada se pierde, que nadie abandone este corredor donde se abolió el pensamiento y el éxtasis sobreexcitado acompaña muy de cerca a la tormenta, todavía mira una vez antes de acostarte en tu sueño o de lavar el pensamiento de tus manos, como un pensamiento lava a otro y los dos juntos sacan a la pajita más corta a la enamorada en el estiércol, mira, digo, antes de creer, porque entonces tu cabeza también será certificada como tantas otras, mira, son los problemas de papa que vienen con tambor y estilográficas en hordas indestructibles, con terquedad de pulgas en la cabeza de colonia y charanga, como plagas y lluvias, toda la indecencia, toda la indiferencia, toda tristeza, nada como la tierra, ¡y el laberinto se pone en marcha con sus bisagras de pústulas en gavillas de máscaras y de gases de marchas militares! ¿Quién está preparado para los problemas? Muramos por los pajarillos.

XLIV

OBRERO DE JIRAFAS

Cuando él se hizo escarbar en sí mismo, al pie de una pared desnuda, entre gritos de pastores y cuando se recubrió con una tierra espumosa al mejor postor, a la más dulce y lúcida embriaguez, en una cuna de estaño, una fruta de invierno bajo su pelusa incandescente, el sol levantó una vez más uno de sus innumerables párpados, apenas perceptible a simple vista, ya que era materia desnuda y viuda de cualquier esperanza, el párpado de este día entre los demás, de este día único como los demás, en la cadena de canguilones, cuya peldaño rodante de tambores trepamos, de escalera sin fin, donde no se trampea la orden a seguir ni se puede regresar ya, la decrépita marcha del tambor, huyeron tan rápidamente los fantasmas anteriores que, tenso como el arco en la salpicadura de los riesgos, muchas veces, él avanzó unas fibras musculares alrededor del poste imaginario para quedarse allí, un día más o un minuto, un segundo, gritando con toda la insatisfacción, de este instante que no se llegaba a saciar, y cuantas deudas quedaron en el universo fugaz, ruidoso, enredadas en fracasos impredecibles, diseminadas entre los audaces, invisibles a cualquier sufrimiento, porque el devorador de harapos y recuerdos no tiene ni conocimiento ni fracasos, ni competencia para saber y ver; cuando él se hizo escarbar en sí mismo, ese día malabarista de espejos y de loros incansables para burlar la clara apariencia de voz y conocimiento, aquel incluso que se encarna en la cabaña del desarrollo para su propia lucha y bajo cada techo encuentra la confianza y la jarra de agua fresca, fresca de vidrio, o, más lejos de su frontera, el sable vengador, la risa estruendosa como una tormenta, las pesadas barras y las pérfidas lanzas traicioneras, las calumnias, los desvanecimientos de luces para siempre insuficientes, ese día de cuerno de la abundancia se hizo un gran silencio de ofrenda a algún rico simulador de gestos y las cañas doblaron la columna vertebral como promesa de servidumbre, y la luz siempre era lúcida y sólido su toque de diana – ¿no había ya escuchado tantas veces de relevo en relevo, de campamento de tambores en la jungla a campamento de estrellas en lo invisible? – ese día fue fácil para los silbidos agudos tan contaminado estaba el aire que caminamos sobre oráculos y ojos plantados en las piedras, salía una confesión quejumbrosa, pero irónica al mismo tiempo, flamantemente nueva, como la sangre se inscribía al principio de la lista y los áloes llevaban enormes arañas en su copa en cuya altitud habían soñado consumirse otras voluptuosidades, entre apareamientos de brisas, a la vista de tantas nubes indecentes, estériles y de aspecto perfectamente metálico, ese día de confusión, de virus diurno, de niño jugando de día con el pulso, ese día tan hermético y viperino como tañido de campana, al siguiente, envidiaba la piel del oso y jugaba con sus palabras como una motocicleta, ese día incansable de reversos de medallas, una adivina en el origen de la mandolina, ese día de obesa clientela que relinchaba y maldecía en la palma de la estepa, extraño gong para este cáliz, tan pronto como vio el agrupamiento de todas las buenas conciencias, se metió el césped en su bolsillo y el sollozo de la debilidad pululaba como una motocicleta epidémica, ese día malabarista de muchas religiosas, perturbador de taxis en la adversidad cósmica, flagelando el orden alcalino, avivando las nubes de águilas que se habían coagulado después de una noche peligrosamente profunda, ese día de bicicletas peinado con corales, tapado tras el escenario, alegre, como ese globo que hizo asomar de su éxtasis toda una primavera de senos, hierba cruel para la crisis de amor, ahora famosa, ¡oh velocidad! ese día, cuando él se hizo enterrar en sí mismo al pie sutil de una pared lúcida donde las plantas simulaban crecimientos de dinero y los cuernos de antílope ya no conocían barrera, tanto va la sepultura al bálsamo que al final pasa desapercibida, ese día de conejos acostándose, de sol aficionado, de ovejas frioleras,, se hizo un gran mar de absenta en una frente desconocida. Protector de letras y artes. La torre era asesinada y el día representado. La frioleras ovejas con sarna se aislaban en parcelas de mar.

MEDIAS NOCHES PARA GIGANTES

                                                        I 

La marcha más ligera debido al atractivo de los nuevos pasos, el aire sin aliento, entre las hileras de dientes que roen las carreteras, las hojas arrugadas. Entre las miles de piedras que se apresuran hacia tierra de para en par abierta, cogí una al azar, un fruto del hierro y de la goma subterránea. Ahora está encima de mi mesa. La toco con la punta de los dedos, como una descarga eléctrica en la periferia de un corazón. Una franja de impasibilidad sólida, una boca de cabeza de muerto. El ojo no pudo cerrar sus párpados en las venas metálicas. Hay plantas e historias en el interior. Un campesino adinerado que iba al mercado un día se dio cuenta en su trayecto repentinamente pesado que el aire negro y vigoroso de la muerte se adueñaba de su hálito oscurecido. Se creyó acosado por bandidos y ocultó su bolsa bajo una piedra del camino. Unos pasos más allá, tenso y fulminado, arrastrado por el viento verdoso, cayó al precipicio. El olvido y su raíz se incrustaron en la piedra. Ésta creció en la caída.

¿Es la piedra con la que el niño cazó a los pájaros? Los pájaros picotean la hierba con sus colas desnudas.

Quizás se la lanzó al idiota del pueblo. Tal vez la recogió.

El huevo de un animal con entrañas de hierro, fibras de carbón, un cordón de nervios muertos, lavado por una memoria de colores imprecisos, pequeñas chispas percibidas en los raros rayos adecuados.

Cuando la arteria se frota contra la arteria, cuando los ríos se desbordan y se unen con otros ríos, cuando el hombre se confía a otro hombre por la senda de las virtudes y la moderación, cuando un disparo de pistola abandona el puerto por la conclusión de un pacto recíproco y decisivo, el cielo repentinamente inmovilizado por nubes paralíticas se cubre el rostro con desprecio – desaparece su maquillaje y fluye con las desgraciadas muchachas de los bulevares. El cielo transcurre sobre los bulevares con ese gran sombrero que llamamos llorona, como una muchacha desgraciada gotea y fluye a lo largo de los bulevares, esas calles que llamamos lloronas como muchachas desgraciadas.

¿Pero hacia qué verdad química nos empuja de golpe el tambor del cielo redoblando, como granos de sal arrojados en los reversos de los vestidos de vegetales que florecen admirablemente?

II

El diminuto equilibrista en el fondo de mi habitación cuyo cuerpo está retenido por un surco de aire fugaz me recuerda la historia de la muñeca desnuda a través del pudor del tiempo. Era una noche gris en el campo. Era un día gris en el campo. La diferencia entre un gris y otro señalaba el día y la semana. El color se agitaba como una cometa de pájaros en un guante de piel sueca – que era niña empapada en otoño, niña delgada y acabada por el otoño – vida envuelta en una capa pesada e inestable por cansancio.

Fija tras el cristal de una ventana y los ojos regulados por la pequeña geometría del horizonte, así fluye la sombra del asesino, a lo largo de la pared, a través del filtro del follaje. Inmóvil, la cabeza encierra una rueda de lotería vertiginosa. El látigo acosa a los animales. Las sondas dolorosas. Las ondas de frescura, a veces. El abismo con episodios, el pedernal que rasca la piel, la velocidad de la fiebre que empuja el juego de bolos, la pelota que sube a la garganta, angustiosa, las garras que se incrustan en el pecho, el crucero que se separa ligeramente y se aleja en un espejo donde todavía querría mirarse con pesar y alivio. Todos los días, día humilde y noche humilde comienzan y terminan día pobre y noche pobre. El día se mezcla con la noche, ya no nos devoramos, ya no nos rompemos, ya no nos rasgamos, nos hemos mezclado con la palidez. Los ojos rapaces, la voz comprimida en un abrigo de caricias, los pilares del pasillo provocan en abanico la frialdad de una antigua tragedia. Levantado en pequeños destellos secretos, con labios temblorosos y vacilantes de llamas de velas para bendecir el agua fresca con un resplandor anónimo.

III

El ciclón había puesto el anzuelo en el ojo del jorobado; el jorobado en la colina, la joroba era el ojo del paisaje. El tren pasaba delante de la casa, plancha de la lencería de lujo de las grandes vegetaciones; el viento azotaba la vegetación en fichas de biblioteca con ruidos del aparato Morse. ¿Qué se veía en la cortina de enfrente extendida como un hermoso horizonte de encajes y cúmulos? Una cabra rápida abriendo el túnel del vacío que respira sus zigzags de buena voluntad. No exageremos nada. Tu tienes miedo. La tormenta pasará. Las vibraciones eléctricas que tus senos en relieve comunican con sinceras miradas de la piel, hermosa chica del acuario, nunca iluminarán lo que piensas en la tarde de verano, el aburrimiento zumbando en tus oídos. Tengo casilleros, botellas vacías, páginas en blanco en mi cerebro trastienda de imprenta que puedes llenar con postes indicadores. Si quieres colocar unas conchas, vivo en monograma abrazado dentro de mi cerebro. Variaciones de fiebre para cubrir, con palabras e imágenes, el ruido que nos supera.

Pensad, mis queridos niños, lo que os espera: ni fortuna, ni ahorros, ni bienes inmobiliarios.

El tenedor del relámpago ahora vagaba encima de la pequeña ciudad y buscaba su casa. Ella la levantará, se aniquilará; nosotros perdimos nuestras cabezas con tanto ruido. La indecisión nos golpeó con chispas angustiosas. Pensaba en arterias, única palabra que podía formular claramente en la visión fugaz de una placa anatómica colgada en jirones en cualquier clavo abandonado por mi fantasía. En las ventanas, la luz hacía señales cabalísticas para restaurar el significado fallido de mi estado desenfrenado.

Envueltos en la sombra de la habitación, poníamos en funcionamiento los juguetes de nuestros sentimientos. Entre tú y yo, nuestra seguridad. Voy a desnudarte con calma. Es la temporada de emigraciones lentas, el ojo blanco, la melena de cintas al viento. Pero el viento soplaba muy fuerte, era joven y los árboles atravesaban su fuerza. El embudo de la memoria, los viajes y las vacaciones

IV

Mi agotamiento nervioso y arbóreo se desarrolló en procesos de refinamiento haciendo brillar sus ramas a la luz refrescante y animada de las cosas. Adornada de respiraciones refinadas, la bailarina se perdía entre la bruma. Otro yo mismo la seguía de cerca. Ahora estábamos en los muelles, donde extrañas espontaneidades nos hacían estremecer con el olor a sardinas, alcanfor, vainilla, jabón y farmacia. El recuerdo a veces nos representa curiosas mazurcas mecánicas.. Pero los viajes son solo agradables por la probable materia que contienen para sostener la vida del futuro. La vida es una mujer mantenida en la exactitud de expresión.

Esa noche, por la costumbre que había tomado de sentirme como un guante del revés ante la proximidad de estos puntos de partida o llegada, yo era incapaz de captar el orden natural de una comarca sin embargo sólida e inmutable. ¿Era éste el efecto de la bruma esquiva y creciente? Estaba inundado de sutilezas volantes, oficina de registro de visiones perpetuas y lejanas, pero totalmente insensible al tacto de su cuerpo – pequeña cápsula refinada por telas y luces muy suaves. El mal tiempo ablanda las piedras. Pequeña bailarina, el dolor que respiras siembra unas piedrecitas dando vueltas con destreza y equilibrio en la vida cotidiana.

Un disparo de fusil, una señal de la cabeza, el destino, una sala de espectáculos, una ropa de ciudad, la profesión, un hombre de guerra, un acto de venta, el asunto, una mesa de mármol, el contenido, de cerca, de lejos, más o menos : comprendí tu desorden, es limitado y circular, se dispara y se contrae en el puerto. Por eso un corazón ajeno, visible a la luz de las lámparas de gas, aparecía de vez en cuando en la palma de su mano

V

   La opulencia de unas vacaciones ilimitadas me trasladó dentro de países de lentitud. Para manifestar un grupo de sentimientos, diez veces mayor por la desorganización de los medios de transporte, las soleadas playas de riqueza, los grandes pueblos cazados en sus dilemas y las colinas recompensadas por vegetación de colores – sangre derramada fuera de una arteria herida - viajé con el esplendor de las dentaduras de oro bordadas en el sol de los puertos y de las grietas de viento roto. Los transbordadores,  rasguños del muelle y las pequeñas embarcaciones vergonzosas de su número, son los músculos que regulan nuestro placer, los fletes de mercancías y las lágrimas por llegar de los pañuelos que agitamos.
   Hoy apenas puedo comprender la alegría tatuada en la mano del recuerdo que me hizo ver el futuro de una visita y de una ciudad en las líneas de la vida grabadas en el plano de las calles. 
   Los domingos hacen sufrir por todas partes porque ha terminado el trabajo a vuestro alrededor y porque una luz dolorosa comparte la duda que tenéis por vuestra inactividad. Las orquestas en terrazas ponen manchas de calor en la multitud endurecida y crispada. Los gestos suscitados por esta música constante permanecen escritos en una pose de cortesía. 
   El ajedrez también ha ocupado mi tiempo mediante contorsiones de espíritu que demuestran que los pensamientos más profundos pululan con la inutilidad de su virtud. Los peones se mueven, pero están atados por el hilo de las miradas. La reina está activa, uno debe saber cómo usar su eficiencia desde el comienzo del juego. Pero ella se emplea rápido como en todas las tiranías. La del amor es su primera prueba. Las partidas son siempre imprevistas. El intercambio de reinas las hace uniformes y pobres. Cada juego lleva las huellas digitales del carácter del jugador. Hay juegos lentos e inofensivos, borrados y previsibles, preocupados y caprichosos; hay jugadores que quieren llevarse todo, otros que dan, otros que usan trucos para ganar una pieza y los hace tan odiosos como en la vida cotidiana. Hay juegos apresurados que arrastran al adversario a responder rápidamente y sin reflexionar. Me gusta arriesgar; mis combinaciones mantienen un corte peligroso, siempre las empujo hacia un cuerpo a cuerpo brillante al comparar los resúmenes de las posiciones - el equilibrio mental de las constelaciones a menudo da saltos desesperados. Las demostraciones arrojan miradas fugaces sobre mi aburrimiento. No me gustan los contrarios que me inducen a error mediante comentarios espirituales o tendenciosos. Me gusta la distribución del inconsciente, en diferentes ocasiones de una partida; su dosificación decide actos importantes; la lógica que los determina se oculta rápidamente bajo los dones de habilidad, pontitud y claridad. El control obvio de una partida nula, ganada o perdida, hace que el final del juego sea más agradable que leer un poema o la marcha natural de una aventura amorosa. Una señora a la que amaba me escribió, hace mucho tiempo, que yo perdía las partidas porque hacía trampas. Debo protestar aquí, con la esperanza de que estas pocas líneas caigan un día ante sus ojos. Hago trampas porque vivo entre las relaciones de aburrimiento, satisfacciones, pretensiones, obligaciones humanas. Me gusta la desidia que cuelga de una pasión, de un acto, de una idea a otra. El propósito de la vida es morir, me lo confieso, y la cobardía misma de la confesión me impide alcanzar este fin que carece de imprevistos.  La deseo por otra parte con toda la fuerza de mi fatiga en libertad que se alimenta de autosuficiencia.

VI

La hora se escapaba entre mis dedos. El sol pegaba – un beso de luz – el sello de rigor en estas postales que circulan por el mundo : peatones secretos. Su anonimato es un caparazón sólido, su vida es una visita oficial o de incógnito – la columna indefinida y ondulante, vertebrada y negra, se mueve lentamente sobre la espalda de arena de un amplio terreno apto para serpientes. Que eso se repita de generación en generación, ¿quién tendría palabras suficientemente definitivas para admitir la vanidad?

Yo perseguía con la mirada a un transeúnte. No le conocía. Cruza la calle. Si él me dijera las razones que lo impulsan e incluso si el cálculo que hacía era correcto, yo no podría creer ni en la utilidad ni la estabilidad de su combinación ficticia. Ella está constituida de hábiles excusas en el olvido del tiempo.

Así corren en cada ciudad miles de hombres, rechinando los dientes, gesticulando, riendo o empujándose alrededor de un centro de preocupación al que ellos prestan, como los usureros, la importancia suprema.

La hora se escapaba entre mis dedos. Era rico en sol y conocía el placer de gastar cómodamente. Desde una ventana abierta, arrojábamos como calderilla a los transeúntes, unas nítidas notas de música alegre y gratuita. Los empleados que regresaban al trabajo por la tarde se llenaban covenientement los bolsillos de recuerdos. Yo ponderaba desde mi balcón su arrepentimiento lírico. Una mujer entró por el camino del sol.

VII

Bajo la lenta sombra, las piedras viven con un reflejo familiar y la expresión que toman sus contusiones está vinculada a la sonrisa de las playas, a los letargos de blancura.

Bajo la lenta sombra, los amigos se cuentan los placeres que suenan en la billetera del corazón, allí donde las buenas experiencias lamen los encantos de una estúpida animalidad en un puerto acogedor.

Bajo la sombra lenta, desayunamos frescor, saltamos de ciudad en ciudad con las noticias de los periódicos y, entre los anuncios penetrantes de la carne que regresa, estamos seguros de discernir la forma más amplia y adecuada de satisfacción.

Bajo la sombra lenta, miro la vid y su fruto de lenta oscuridad.

La vid se alarga y se arrastra; sus tentáculos dobles implantan sus uñas en la madera fresca del árbol, se encuentran con otros tentáculos y, entretejiéndose, se atan a la rama. Otras manos se envían en la misma dirección. El viento que sopla a través de las velas extendidas de las hojas, a menudo les ayuda a encontrar en sus titubeos la rama complicada y sólida donde la planta madura su atadura. Cuando el tallo se ha vuelto sólido, la savia abandona lo que fue hilo flexible, se oxida y se endurece como un alambre. La vid crece y continúa su camino. Porque si quieres llevarla por otro camino, sus crampones solo se atan a él durante poco tiempo y abandonan la dirección que no eligieron. Intenté colgar en unos tentáculos un pequeño trozo de madera que sostenían con sus uñas durante unos minutos y enseguida dejaban. Pero, cuando la planta se hubo impacientado, sus dos pares de tentáculos, aunque frescos y verdes, se quedaron en mi mano. Intenta cortar uno de estos lazos fuertes para desviarlo de su camino: la planta se enoja y se niega a usar las facultades de sus apéndices.

Así se arrastra y desarrolla la vid según un mínimo de instinto, aferrándose de paso al infinito de las ramas, con un único propósito, colmar el sordo deseo de su dirección, aquella que le fue dada por la bahía de tierra luminosa, hinchado en el pecho del sol en el que ella mama un poco de indiscutible e insaciable vida.

Al igual que las abejas y los remos que golpean el agua, las mujeres trabajan el aire con gestos ágiles y agresivos, poniendo el desorden en los hombres y el orden en las casas : este alfabeto sólido de ciudades con el que se graba el amor en el frontispicio de su valor.

VIII

ANTES DE LA NOCHE

I

Antes de que caiga la noche, en este minuto inquietante como el aire suspendido entre los estados líquido y sólido, cuando todo piensa en ocultarse el rostro de vergüenza, que incluso los ruidos se alejan sin valor durante algunos instanes, cuando la sensación de que un vaso va a desbordarse se asienta con angustia en el pecho de alguien como si un nuevo anuncio de muerte, de un atroz suicidio, nos fuese a golpear en pleno pecho en la persona de un ser querido, cuando este odio a la vida puede convertir el dolor en una inmensa gratitud. que montones de cadáveres que calientan en nosotros el duro invierno, medio putrefactos, de hombres que conocimos en la constante amargura de un inquieta alegría (es necesario que la tristeza sea potente entre signos tan obvios que ella toma prestados de aspectos tan extraños) se han mutilado, desgarrado, estrangulado con una feroz alegría de destrucción, en un delirio de odio, un delirio de odio, un tal frenesí que la alegría sola y la más viva, única, puede elevar la pureza de un alma hasta tan tiernas alturas – antes de que caiga la noche, en ese minuto que tiembla en la voz de cada uno, sin que lo sepamos, en ese minuto solo perceptible por muy pocos seres experimentados para quienes lo invisible cuenta al menos tanto como la materia degradante – y saberse esclavo del dolor os hiere en el orgullo humano, cuando el destino se divierte en enseñaros sus colmillos de acero, listos para morder, como en la feria, en el engranaje de sus ruedas de lotería, tragafuegos, su propia creación repleta de malentendidos, tema sobre el que volveré, sobre el cual tantos otros regresaron sin darse la vuelta como en la canción; finalmente para no dejarme llevar por la amarga pendiente, antes de que caiga la noche, digo, en este minuto que es una larga bocanada de aire, que parece más larga en un pecho hueco, una larga bocanada para lanzar un grito que tal vez nunca salga, tanta inutilidad de las cosas se ha anclado incluso en las intenciones de la naturaleza, pensé en llamarte, asco, tú que vives escondido detrás del sentido de las cosas y las personas, siempre presente, inundando este mundo con tu imprecación pegajosa, tú que nunca cambiaste, enterrado bajo las capas inmemoriales de las desesperaciones humanas, estallando a veces con la fuerza de las tormentas y extendiéndote con orgullo frente a nuestros pasos vacilantes, asco, pensé llamarte con una voz sin brillo y sin insulto, con una voz que hubiese recogido las voces de todos los hombres en el infinito recorrido que tienen de dolor, amargo lamento y dolor sin vuelta atrás, para acordarse de ello, con todas las voces unidas en un manojo de odio, yo te llamo, asco, en mi ayuda, para que tu horroroso rostro, surgido en medio de este mundo, pueda enumerar tus inmundos amantes y los que se esconden en él, para que tu horroroso rostro pueda compartir en campamentos apretados la multitud híbrida e indecisa, te llamo, pérfido asco, a ti que frenas nuestros movimientos, a ti que recortas el duro resacate al menos a la mitad de lo que nuestras miradas recogieron, de lo que nuestras manos alcanzaron, de lo que el pensamiento trató sustituir o cantar, a ti que reduces nuestro odio y desalientas al asesino que nació con nosotros, que creció en nosotros y lucha en una mazmorra entre el amor y el sol, en nosotros, asco, cuando tu cara será incremento de monstruosas perversidades y cuando haya escondido completamente una mitad del cielo con su fétida sustancia, la respuesta tal vez se abrirá en la palabra de cada uno, como la luz que solo brillará del lado de su invencible odio.

                                                       IX
                                      
                                        ANTES DE LA NOCHE
                                                          2
    

Hombre turbulento – oh hombre tal como te veo crecer a partir de la suave palma de arcilla, brotando de raicillas profundas y delgadas, apenas atado al suelo de piel, apenas huyendo por el viento levantado, apenas sumergido por las aguas que fluyen, apenas superviviente en el juego profundo, recogiéndote con agilidad aérea – hombre turbulento que la edad sedimenta, hombre de dramas y silencios irremediables, inclina su cabeza de sol moribundo, inclina su mirada donde se bañaron crímenes, impulsos, miradas escrutadoras de destornilladores, origen lento de tristezas, de ternuras – oh momentos que caen sutiles como perlas en una placa de vidrio, la memoria, la que entra por los ojos y también se proyecta en los montones inmundos que alimentan las decepciones – hombre doblado, jarra fresca y beneficiosa en la mano del mendigo, del mendigo sonoro y lleno que viene de llamar a las puertas del ser como un árbol, como una campana, como un camino más fuerte que tú, hombre, hombre que conoció el camino más imperioso que la voz de una mujer y que de una voz hizo su alimento y la fortuna cotidiana y el sueño y la razón, el hombre abrumado por las ausencias (es necesario que una pared absorba tantos ecos que aún resuena en él la presencia, tanto tiempo cruel o tierna, infinitamente tierna), el hombre se inclina sobre un mundo difunto y ve amor, pobreza, toda un hambre forjada de vida y hombres, y la pasión que el hombre creía tan fuerte por hacer madurar la cara fría, lo que ella alcanzaba a su paso, burlándola frecuentemente con una voz vacía y paralela, hombre que alcanzó en su delirio la mentira suprema que acompaña a la pureza, mientras que el se dedica a mentirse a sí mismo en su poder y la duda – cae, cae en el lodo – y desde la altura de su fervor, ciego ebrio de nieves – las nieves se derriten y, en cada lugar donde cae, delimita el lugar de una tumba – el hombre vive de la impotencia frente a la emoción que le atrae como un precipicio, hombre hecho para caer más bajo, cada día más bajo, sin darse cuenta, como el agua, como su frescura, y como la pasión no tiene precio, no más precio que una hoja que vuela es un pájaro que canta violentamente mientras que debajo hay fuertes dolores, fauces de ira intensa, grandes recuerdos que se sumergen en nuestras inmortalidades, tantos otros que no supieron perecer, hombre que recurrió a las esperanzas cardinales y en cada animal descubrió el llanto de un niño y el pensamiento, como el amor, lo llevó más allá de la hora de los muertos, el hombre se inclina sobre la palabra y se funde en la leyenda como una boca en el deseo y el porvenir en la hilera de las tumbas infinitas a través de las cuales fraguó una frente de rey y un sol para pobres, soberana amargura y agotamiento.

                                                   X

                                 ANTES DE LA NOCHE 
                                                    3

   Y cuando el hombre hubo acabado de desplegar en sí mismo la obsesión por el infinito, comenzó el ciclo irracional de bancarrotas perpetuas. Los dramas agitaron unas alas vanas y locas. El amor brilló en él como un profundo secreto de mina. El sueño no fue su amigo. Pero el viento le aportó nuevas palabras y, debajo de cada palabra, encontró la hierba fresca. Y unos nidos desconocidos. Y creció lo desconocido en él hasta alcanzar la altura de la cabeza. Allí, tenía la soledad; allí, se veían los inefables. Allí, construyó su casa, unos escombros. ¡Que sus deseos despierten, que la piedra eche raíces! Pero eso no podía ser y se fue. Sobre mar, sobre lpárpados. Sobre tierra con el fuego.
                                                

                                                    XI
   El agua excavaba hilos largos y preciosos en la sombra de arena. 
   Nos incrustamos en la noche. Ninguna tristeza resistió las virulencias ocultas. Lejos de las piedras, en su centro. Las espinas no supieron mejores razones para destruirse. Un fruto, el remordimiento, como una cápsula de luz. Y la corona en el centro con la corona de espinas. Inmensa luz que arroja sobre la playa frutos frustrados, harapientos, jugosos precursores de la muerte. Es toda la pobreza del campo. Los hechos frustrados

La ausencia de sueño, ni serio ni triste. Pero para siempre rocoso y veteado desde antiguas épocas, recuerdos de vino y carreras hacia la muerte. Melancolía inmutable de las mantas de agua que un dormilón de carbón saca hasta el cuello. Y, cogidas del brazo, las olas se alejaron del pensamiento y solo dejaron al sabor salado como su frío recuerdo del sol.

Horroso, el rostro intercambió luces con el faro. Y los monstruosos animales encontraron su plácida postura en el hueco del olvido. Toda la desolación inmensamente fosforescente de una mano tendida en un giro del mar.

XII

La escasa melancolía de un paisaje desértico. La escasa melancolía de algunos habitantes de negro. El pequeño ruido erizado que se repite. ¿Quién nos dirá la pulsación oculta en un grito voluntariamente distante y continuo? Vaga insensible.

Todavía es de día y aún no comprendemos la noche, Que llamemos a la puerta y no se abra. Pero, ¿quién tendría la idea singular de llamar en este país acobardado en el terror con un soplo de mar? Todo abierto y claro. Seca es la queja cuyos candados muertos ocultamos.. Roca y arena de abejorros. Duro como el increíble martilleo y sin preguntas a continuación. El viento también la eludió; la caja está vacía, y las murallas siempre amenazan con desmoronarse; ninguna ventana vio en la verja a la oculta, ansiosa de terquedad imposible, formular su confusa y cerrada llamada detrás de un águila muda por el terror, no vio la enamorada nada más hermoso que cualquier carne y gesto, al dolor de toda la fabulosa tierra, fijar la mirada en un desierto poblado de tiernos degollados y, en cada muerto, sus manos llorosas listas para derretirse en la dulzura – ese paraíso de tramperos de vacío e indiferencia – dueña todopoderosa de la defensa de vivir en otro lugar que no sea en las cuevas de hierro y la dulzura de vivir sin movilidad, cada uno en su persona termita y cada persona en el refugio de la tierra, en sangre fresca, en el centro del desierto poblado por tiernos seres unidos con la sangre de los degollados por un secreto dormido en lo más profundo de sí mismo como la primera mujer amada en un olvido siempre presente.

Inexpresable tibieza. La mirada de juventud en juventud más intensa. Tuve también alas para acariciar en un lenguaje transparente que apenas me rozó. Era una prisión formada por largas infancias, el tormento de días de verano demasiado hermosos. Y sus risas retorcidas, vestidas de negro, como la única ternura que se me dio a conocer al cabo de mis muchos años de investigaciones, para retorcer las gargantas en su leche, los fugitivos, finalmente sujetos, con las piernas de sal, con los ojos de definitivas aclaraciones en la venerable melancolía de este juego de chispas. Cuando se apaguen en la sangre sofocada con un grito de estrella fugaz. Como nadie vivió.

XIII

   De todas las alegrías, exluí las más brillantes. Escondí los senderos frescos. Llamé el tiempo ciego y a la tierra equivocada Con traqueteos en el extremo de las pestañas, unos pasos ladrones maduraba al margen. Las manos sigilosas en los cajones del sol removían recuerdos. Eran unos ojos. 
   Las noches de esclavitud bajo tu brazo del mar se doblan a la perfección. Los peces mismos palidecían en los frascos de los ojos. Agitemos los ampos soñadores, para ver. Hay una espuma irisada, hay una rueda. Debajo de cada cráneo descansa el amado, bajo la losa. Ganglios peludos y lentas incineraciones. Salidas sin causa. Metas sin retroceder. Tregua de sangre, cristales, maquis, degüellos de tormentas, de olvidos, de inspiración, superiores y variopintos. De un solo salto, como un único hombre. Cuando el reino del relámpago comienza a aparecer, se levanta el toro, con todo el sol en la cabeza. Todo fuego desgarrador, fuego desgarrado en los cuernos como una risa devoradora de fuego puro. Una llama que salta, que lleva risas y equívocos y unos brazos arqueados que no miden la forma ni la quemadura ni la puerta para hundirse en el ser aterrado, aferrados a la tierra. Víctima de la felicidad. Rodeado por  miedos ocultos, por sus múltiples retozos, surge un acero lívido y límpido chorro de tristeza. ¿Dónde navega ella? Ella está callada. Debería precipitarse, desde cualquier parte del sueño, una dulce presa : el recuerdo. Es un país que aún no ha dicho su última palabra. Y el aire hambriento de viento, los ojos desorbitados, las manos febriles, ¿qué ser inhumano espera la ansiedad de las nuevas olas? Un toro inmensamente negro y ágil se apoderó de su vigor cristalino. Bajo la espuma se entrechocaban cristales líquidos. La pasión aún enmudecía en el hueco de una mano suplicante. Tumbadas en la esquina de una calle, las bocas morían. El ruido se entrenaba en la madera partida, las velas golpeaban áspero en la alegría matutina y, ola tras ola, se hacinaban, con los brazos extendidos, hacia qué veneno, maldito espejo, oh dulce ilusión de ardiente comprensión, más fuerte que su propio conocimiento de las cosas, de viento y de ser. Superé mi desazón. Antigua imagen, el solitario rompió su mundo. En el dintel de la torre, todos los hechizos se rompieron y el viento silbó mareas altas en el arco tenso de las orillas sombrías. Perseguimos a un absurdo fugitivo. Aunque nadie lo había visto, su entorno estaba impregnado de encantos dolorosos. Dulce y maldito, en su confianza, el viento cambiaba la fuerza de su vida. Entre los cuernos del toro se iluminaba la más hermosa para la más hermosa de las luces. El viento hacía girar la rueda de grandes  resplandores. Las piedras mismas levantaban sus frentes abiertas. Nada más que unos crujidos de sequía en la cabeza y el sol. Y tanto viento estallaba bajo las pesadas y movedizas masas de sol, que los abismos enmudecían en su profunda fiebre y se detenía el desconcierto vertiginoso de la oveja, solo quedan zarzas enredadas en la cabecera de la cama de una noche enferma extendida sin fuerzas en mis brazos;  yo era toda la tierra en el brazo de la tierra y con unos ojos que miraban a la tierra yo podía contemplar el  antiguo horror amasando con sus manos pegajosas, la odiosa tranquilidad, la conciencia tenebrosa que yace en el barro de la carne y más arriba, la fealdad y más abajo, la traición y en todas partes la desidia, terneros, dioses, carroñas, inmundos traficantes de frescura. ¡Que yo pueda despertarme en la luz correcta de la despreocupación y del insomnio eterno!

                                                           XIV

   Volad, pájaros, por el aire saturado de sonrisas. Mi sonrisa se fue de la soleada playa. Ahora el otoño sucumbe en los sonajeros de los cardos. Todos los naufragios pasan por allí. Las quillas de rodillas y las algas deshechas al viento - ferretería de la muerte - y la sombra se aferra alrededor de la cintura. La jovencita se une a la tierra huidiza. Y, detrás de las olas, otra angustia se levanta con el viento. 
   ¿Cuándo van a detenerse estas huidas a cuyo través me agarro? Nada más que rechazo, ningún descubrimiento. Ningún ser en el puerto roza las brillantes posibilidades. Los barcos se esconden debajo del cadáver ya frío. Todavía hay algunas ondas leves, y los árboles caerán en la  rigidez y la simplicidad. Nadie vió jamás pobreza parecida un día ya desolado en esta fusión compacta de barcos deshuesados. Ignoro lo que ella desnudó. El lejano saludo del último sol, la mano levantada detrás de las últimas casas, su última salida quizás y ni pañuelos agitados, ni ventanas abiertas, ni los disparos de fusil en la corriente de la fatalidad en marcha.

                                                             XV

Noche resbaladiza como la respiración de un cazador agazapado bajo la presión de una mano áspera. La tierra bostezaba, la tierra tosía en algunos lugares. El mal aún no había dominado la consistencia frágil. Cazador de estrellas fugaces, te inundan las promesas y sigues ciegamente el arrastre de lodo de los ríos animados. La noche podía deslizar ojeadas sobre el agua memorable, en las grietas de cristal, los caminos inmolaban su sonrisa en las superficies de negra melodía. Y yo levaba grandes arpegios que no coincidían, en silencio.

La soledad incompleta te abruma, las ramas muertas se endurecen con la frescura de tu joven voluntad, las hojas bailan encima de tu cabeza y se pierden en ella, los miedos falsifican sus noticias.

De noche acribillada en los amarres de hielo, las larvas brotan en tu seno. Sin testimonio. Sacude en tu boca las estrellas, cabeza invertida meditando infinitos crímenes. Ahí se encuentra el hombre. Con la cabeza embarazada de deslumbrantes pañales de mundos. Desgarra su orden y el vino aflorará en tu sangre crédula. Hora a hora el camino se ablanda, pero su mirada nos congela; ha abandonado los crujidos furtivos por los que su mirada nos hiela; no podríamos decir lo mismo sobre un ser querido y un amor floreciente. Al igual que la carne, las miradas se extienden en las entrañas y las raíces que están listos para recibirlas. Que solo haya un ligero rocío, la humedad de los labios lo dirá; dirá muebles que crujen, ladridos de perros, mala

sangre, angustia de esperanzas cuando nadie debe venir y nunca felicidad para los que están en sus casas. en sus cabezas, los muebles crujen y los que nunca encuentran hogar solo allí donde los perros ladran sin cesar como precipicios y grietas en una cabeza en armas, las ráfagas producidas por una sola flor cuando nunca hay nadie en la casa en su cabeza los perros ladran y los malas señales la atraviesan y las flechas se mueren en los precipicios por verse esperar y esperarse.

Aquel que comprendió. Nada más, nunca nada más, nada más que estragos.

                                              
                                               XVI  

   Existe una felicidad tal que espera encerrada en mí, que todo lo que me rodea cierra el párpado por miedo a no despertarla. Conocimos el vicio porque el amor se consume por amor. ¿Qué estrellas se rompieron en nuestros caminos ribeteados de senos? Siempre hacia adelante, hacia viejas llamadas. Con la cabeza bien alta, no nos molestamos con los escombros que el viento degradaba. Y sin embargo eran estrellas que todavía nos miraban con un ojo moribundo, perdido de muerte, lleno y  húmedo como el amanecer. Fue un apogeo de gritos y de tantas miradas que descomponían el contenido de los campos. Los pájaros mismos estaban atónitos. Unas flores quedaban colgadas de las alas y la paja también después de la trilla de las noches. ¿Qué palabras eran más altas y qué gestos más canoros? Fue una época más suave que los párpados y los niños sentían que la sangre de los animales brillaba más fuerte que el sueño. Allí, el pecho se llenaba con toda la espuma nerviosa de los insectos dorados. El oleaje nos atenazaba mediante las garras de la roca. Aún no habíamos visto nubes tan resplandecientes. El mundo entero descansaba y los días nos parecían quietos para siempre. ¿No habríamos nunca conocido ningunos más traicionero? Y la roca brillaba con su propio significado multiplicado. Y el cerebro estaba abrumado por el silencio en movimiento. La sangre se despertaba en el árbol, el árbol en el pecho, el fuego crecía y sin un solo amago de tristeza en el horizonte. Fervor del amanecer, pleno mediodía de fruta opaca por tanta incandescencia que los ojos eran el centro de una nueva llama, en la que vivíamos, ligeros como la frescura de la tarde y despreocupados por la noche. Y cada uno de nosotros era una llama deslizándose ingrávida por senderos. No más arrugas, no más olas, solo la fina hierba y la vegetación de las duras palabras del pasado. Ardiendo en un silencio.
   Y fue solo un corto tiempo de agonía. El viento azotó la puerta y los gritos inmundos resonaron en la sequedad, la sangre ya no regaba los profundos ojos mirada y sus pozos estaban secos y las chapas oxidadas, las escamas en la montaña, los cardos de esos días en bodega seca, las dunas ardientes inscribían con signos de muerto sus grietas en las laderas de la muerte, como un día cualquiera en la bahía de su destino que zozobra cuando hacemos el gesto de escoger el pecio y el pan.                                          
                                                
                                                        

                                                            
                                                             
                                               XVII

Al principio fue una piedra. ¿Se rompe? Los altos valles se pierde en cuanto tu mirada se acuesta sobre banquetes fugitivos. Ninguna ayuda escapa de allí. Todo se rompe, todo se destroza, tan pronto como alcanzo la ternura de una noche. Yo hubiera pedido mucho más a la vida, si el deseo de vivir no pareciese tan fuerte en la nostalgia de la muerte, en mí cautiva y abrasadora. ¿Hay algún recuerdo de plenitud de una muerte previa que me ate, incapaz de querer, incertidumbre del presente, a las dudas que me invaden, el regreso?

Amplios paisajes se extienden en mí sin asombro. Los alerces borrados por el limón de las sílabas que bajase elevan desde los altos pastos hacia valles quiméricos, doman las líneas demasiado abruptas. Y el olvido es dueño donde encontramos la intimidad humeante, los escombros austeros de una meditación de bosque bajo. Nada es incómodo en estas precipitadas pendientes. La torpeza de los gestos de un árbol enclenque, acechado por los vientos, levanta reminiscencias penetrantes en la extensión adormecida. Y unas palabras enterradas hace mucho tiempo suenan sin sentido a través del profundo dolor.

Por la noche, vemos estrellas sobre las montañas que no están allí. Las esposas del mar se alzan en la voz perdida y mi voz busca pistas desconocidas: el desbordamiento desmesurado de los elementos. Todo se rompe para detectar a los fustigadores; ¿no sería el aire que sopla al borde del mar, que daría razón al sol ausente en el silencio de los gatos, para el regreso que adivinamos difícil y cubierto de maleza, a nuevas expectativas?

Sangre culpable de alguna fechoría prolongada en unas venas aturdidas, hasta una edad avanzada, a punto de morir.

Persiguiendo la amistad de las antorchas. Apoderándose mediante tragos enérgicos de la oscuridad progresiva. Y los aires, remeros densos y demacrados, a través de la ira, atraen a las mesanas.

Debajo de la piel delgada de las cárceles, delgada y ardiente, se retuerce un cielo más puro donde los destellos de los rostros risueños y ventosos descubren todas las seducciones. Las camas vigilantes, ricas en escritos indescifrables, pusieron una mano de hierro en la garganta ansiosa. Las mareas de sangre martillean las sienes de piedra hasta en la cima de las ciudades. La vida agitada del sueño, el hombre de cielo saca su leche nociva en secreto. El salvado de la vida cae sobre nosotros. Sellamos lo mejor que podemos, la discordia a la cabeza y el terrible zumbido de un recuerdo infernal en el cálido seno de lana, como un odio que se vuelve precioso, regresa para amamantarse en el dolor desconocido.

Así se introdujo en el alma ya llena – como el sol purulento de alegrías y el ansiado abrevadero de los espectros de abruptas calas como la muerte se hizo amiga fiel de los compañeros de ruta, con los puños atados a las carreteras – el crimen radiante que debió liberarla de los grilletes de la tierra, temblando de ondas jóvenes, el crimen irrevocable del agua de manantial y de victoria que decanta el sueño de sangre en el hueco de las montañas con la fluidez de montones de nubes y de gestos infantiles. Es el vencedor de las horas vacuas, el único escape de las redes de volutas domesticadas hacia las praderas vírgenes de una existencia sin memoria, el regreso.

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                                                  XVIII

El gesto alocado y la mente caótica, indiscreción temerosa, te vi completamente desnuda. Echaste la cabeza hacia delante contra las sensaciones del fin del mundo, esas paredes que se alzaban floración repentina del agua agitada, con espinas en la espalda, una frente obstinada, el pecho redondeado. Toda vida se destrozaba la cabeza en su entramado con su ingrata apariencia.

El dolor se refugiaba en ti, burlándose de su propio futuro. La esperanza se mofaba, mientras quedaba atrapada en la arena la desoladora, la insumisa. Las ruedas y el lodo apestoso, las bisagras magulladas, marcaban la pauta para los estallidos de risa dolorosos, enterrando al ser en frases quebradas. Oscuros jadeos de jabalí herido tras la batida en la que los elementos se enredaban en un adorno de insomnio. Borrachos, borrachos de vida difícil. Los escondites de logaritmos insolubles eran su terreno y su pan. Se elevaban con el valor de una roca. Nunca tronaba más fuerte que nunca en un corazón rechazando el mundo. Prefería modelar la ráfaga antes que entregarse a la desidia. Se esforzaba por encontrar la mueca de la tierra bajo sus pasos. Y toda sonrisa se le ocultó bajo la riqueza o la pobreza de la comida.

La inmensa maldición a su alrededor, en la que vivía, ya no necesitaba hablar. Le obedecía y, salvaje, no podía contener la vida tórrida que estaba cautiva en él. Estaba acorralado por un temblor masivo. Las compuertas cedían ante la memoria invasora; éste es el espectro que ya se levanta, timón al frente, en la estampida, corazón aplastado, a la deriva, sin reír, sin arruga, puños clavados en las rocas. La inundación de muerte, la cara impenetrable huyendo del marchitamiento.

Cegué las vías fluviales.

Aunque en la locura de los gestos, es más fácil, al tormento desesperanzado como al dolor expresado, aprovecharse de la rebelión, existe toda la amarga resignación, una amenaza mucho más irrevocable y fértil en el consuelo de un amor que se entrega a su destino con la serenidad aparente del extravío.

Cegué las vías sensibles.

Pero la rebelión se exacerba más áspera y tensa bajo el pasto claro y no se puede juzgar la serenidad del volcán. Los cohetes indomables en su pecho impiden cualquier escapatoria; aguardan el estruendo y la brecha y el resplandor de la señal que los vivos nunca podrán arrebatar a la muerte que vive y se perpetúa y se magnifica en el seno mágico de la poesía, invisible entre los salarios, inagotable en su poder, siempre presente.

Cegué las vías reales para que la muerte pudiese fertilizar las respiraciones y desilusionar al sufrimiento.

                                               


                                                            


                                                        XIX

Es dulce saber, en un lecho de dunas y subterfugios, que una juventud rebelde arrojó desde los primeros pasos los trapos de las soledades primitivas en el barro. Es dulce, ahora que el párpado pesa, saber que quien luchó en la botella estrecha ridiculizó el amor y a sí mismo por haber creído demasiado y a la esclavitud y fue odiado por aquellos que todavía tenían el deseo y la fuerza para amar, para alcanzar en el delirio, el frenético jaleo del desorden, para alcanzar el olvido – aunque la muerte aún no le fuese propicia, oh la tierna, juvenil prometida de la que nos ruborizábamos al pronunciar el nombre duramente incrustado en un alma cálida y lujosa – que él mismo hizo destruir, pieza por pieza, fragmentar la parte de hombre que le retornaba sobre la pureza alpina de un sentimiento celeste. En qué exceso, irisado de falsa gloria y traición, lo has relegado, púdico por demasiado pudor, duro por demasiada ternura, insensible y frío, por desprecio de lo que está estancado y cuya apariencia nos engaña, misteriosas asonancias, ¡oh respiraciones prohibidas! Nada más que dolores y sufrimiento a lo largo de una expectativa de arrepentimientos podridos, de metas perseguidas, condenados durante mucho tiempo en la estancia de los cardos. Espejos, espejos estériles donde no se recoge imagen. Risa tras la que solo percibimos la tormenta, juventud indefensa en un mar de miradas, la brillante diadema sobre un pico inaccesible. Y allí, la coronación, la masacre,

Pero se nos ofreció un valle enorme – un cuerpo de mujer dividido por la mitad en todo el sentido del hambre, y allí buscamos el refugio soñado, de adolescencia, de sonrisa.

Solo la sangre podía aún abrir los ojos de la amargura donde zozobrábamos. Es dulce pensar en crímenes vergonzosos. Oh dulzura de un merecido descanso cuando la conciencia saturada se deja acunar tiernamente en la palma de la mano.

Es dulce pensar que, por desprecio del conocimiento humano, hemos podido ofrecer el baile como sospechoso de locura y que, disgustados por las comprensiones a medias, hemos derretido el significado y el verbo en un estallido de gesto excesivo, por mantenerse completamente solo entre las cabezas pesadas e impermeables, orgulloso de sí mismo y mejor que la roca, afilada como el pecado inagotable, huyendo de las caras grasientas con corazón de granito, la cabeza zumbando con heno cortado. Por auto-intoxicación. Por la eterna maltratada sin sacar provecho de la risa. Por inutilidad voluptuosa. Por los que mueren de demasiada vida, entre los que viven. La acción ferviente que solo ocurre en la altura mediante la desintegración y el sufrimiento, burlándose y marchitándose y culpándose por no poder vivir y no saber morir.

Pero es más tierno para el solitario encontrar la salida – el valle agrietado en plena carne fresca – donde puede dejar fermentar y su espíritu y lo que aún le rodea de vida, si no está ya al final de sus vacaciones entre los huesos de caminos, roídos, por la lepra.

EL DESESPERANTO

I

TIERRA BLANDA

Unas mujeres vestidas con muslos repugnantes atiborrados de senos se amontonan sobre los campos muertos de piel. Sonó otra aureola en el ser enérgico. La resistencia se organiza en todos los frentes puros. Acabadas las ilusiones en el entorno del pobre.

Las miradas flotan en el aire sin que se vean los ojos. Hay allí uno que se ha llevado el mío a remolque, pero ahora ya desaparece en un trineo aéreo. El volquete es tan blanco que el ruido que siembra se desvanece en polvo de nieve. Y el esqueleto arrastrado por caballos de sangre peina el aire del camino y todo corre tras él, cuerpo a tierra, sin acabar nunca, hasta las próximas, hasta más blancas, hasta las ciudades habitadas por grandes diablos de árboles blancos.

Los fantasmas de hierba se enredaban y en bolsas y bolas cubrían el camino de aire como cojines y bancos. En tinas verdosas, los cachorros de león no más grandes que los sapos jugaban con copos blancos. Tantos rayos de una luz que no era la luz conocida lanzaban a través de leves plumajes, que apenas alcanzaba el viento a sacudir la sordera de los muros, con infinitas precauciones de estilo. Y, sin embargo, el espacio era inmaterial aunque lleno de cierta solidez; pero que una ligereza tal pueda soportar tan grandes masas de blancura, tal montón esponjoso de vida apenas orgánica, eso era difícil de pensar. Tomábamos un puñado y el vacío se rehacía como una circulación lenta pero precisa y lo que agarrabais con la mano erar una vez más la nada como todo lo demás no era nada y sin embargo siempre era algo.

El aire no era libre y cada pensamiento vaciaba el espacio. Avanzábamos de densidad en densidad – los cuerpos hacían el amanecer. Un nuevo tipo de cálculo sordo comenzaba la muralla mediante su todopoderosa arma, el silencio. Las palabras para hacer todo estaban desterradas de esta erosión. Y todos los movimientos se agrupaban según su orden de nacimiento. Los retruécanos aéreos se yuxtaponían a los pañales invasores de las olas. Una prolongación fría de la materia cerebral en el mundo y el mundo se dislocaba a lo largo de este nuevo modo de interferencia. Unas letras descoloridas cañoneaban las relaciones del lenguaje, de las más salvajes en los ilimitados cuestionarios y el sueño se callaba, las olas se espesaban, el sueño se callaba, las palabras morían de hambre y el sueño se desmoronaba en la pendiente inadmisible. Una sola crisálida dominaba la vista, su núcleo era incandescente y unas radiografías cada vez más imprecisas lo invadían desde la capa externa hacia el centro, con objeto de ocultarle el espectáculo impuro de esta primavera con nervios rápidos y provisionales. La eterna víspera dominaba las tramas del tiempo y de las chispas, extraños y fosforescentes botánicos, veían un nuevo día de algodón y colmena.

                                                
                                                         II

                                  HARINERA DE MEDIANOCHE 

Una vez más escapamos de los asaltos de los acordes finales. Estaban furiosos después de un minuto de silencio que no llegaban a atrapar. Y corríamos tras ellos en manadas compactas, a menos que se indique lo contrario o en estampidas inesperadas a las puertas de las salidas de socorro.

    La cabeza coronada por una cúpula hace reflexionar. Cuando dábamos pan a las palomas, eramos sus tristes engarzadores de diademas. Subrayados con carmín, explorábamos los restos de labios. Y en el lugar del estribo una única nariz aguileña llevaba la mano a la altura de los senos. Y el mar enrollaba en tuberías plumas y huellas. Unos labios rotos aparecían a veces a lo largo de su cuerpo. El mar cruzado, las manos sentadas y duras. Feroces dientes se escapaban de las rodillas y los hombros aguileños reverdecían bajo la mata de muerte. Marañas y ramas se desnudaban de su materia y de su color y así disfrazadas de aire, adoptaban equívocas apariencias de nubes. Y como buey con tres cuernos. Todo podía encerrarse en un caparazón mediante un tapón de madera con una ancha barbilla, las orejas eran de plumas, una ausente y con tres puntas. La pala de la cabeza con perilla de cestería. El peinado coqueteaba, el hombre era un adorno nasal, en su cara habíamos plantado alas abiertas.
   Dices "nosotros", pero sabemos que es la reina y aún así no siempre dejaba pasar su lengua por el ojo entreabierto. Sería sin esto reina de un tipo análogo al anterior, ya que, perforado en el piso superior, el pecho transparente ya no hacía negocios con las estrellas. 
   Ella no retrocede ante nadie.. 
   Los extremos de los senos eran labios para besar, labios que no podían hablar y que sabían disimular convulsiones variadas y ocultas. Su deseo era hacerles confesar a cámara lenta lo que captaban a la velocidad del nuevo pensamiento o memoria. Unas dulces huellas como de paredes desconchadas. Gestos carnosos como ya no quedan. Cosquilleos de cigarrillos y guantes reversibles con inundaciones encantadoras durante la temporada de mudas. ¡Cuánto dura la primavera, con el aire de sabor a limón, en el trayecto sin arrepentimiento de la mujer!
   Hay incluso mucha más libertad más allá de los mundos donde los puentes están bloqueados. Ella tiene el sentido de la luz de gas y del pífano.

                                                   


                                                       


                                                             III

                 REFLOTE DE UNA NOCHE DE MÚLTIPLE USO

La sabiduría de los peces persigue las huellas de un claro forestal en un mundo de gramófonos. Tierras momificadas en el tarro de silencio, los ojos de vitriolo adoptaron las decisiones que esperábamos. Las jóvenes dunas con hojas estaban adornadas con pálidos tesoros en honor del pez de los mendigos. Y sueños de manos invadían las cálidas gargantas de nuestros paisajes, allí donde pasábamos las estaciones puras de nuestros pájaros nocturnos, la tinta frágil de los admirables reflejos de los suplicios.

Así transcurre la vida, desde la interrupción del sueño hasta la espera del próximo sueño y, a lo largo de la guirlanda formada por inútiles burbujas, donde nuestros cuerpos irrazonables se desmigan, que son diurnos, una nueva mujer que sucede a otra, indica mediante suaves martillazos lo tangible al ritmo de perlas engarzadas en la serie ilimitada de las escalas acuáticas. La esperanza del sol conlleva una responsabilidad aterradora.

Los monstruos ruedan cuesta abajo por las montañas de asbesto de nuestras noches. Los días los arrollan, son palomas. Y en este recorrido desnudándose hay que volver a subir a la crin de los manantiales para sentir la frescura de los senos recogerse precipitadamente.

Se trata de los reglamentos definitivos con miras a una nueva realidad de la que se excluirán las monstruosas necesidades de sinceridad de los neumáticos para mojado, las calles de abrigo estival y los baños de hierro a medianoche de grandes vírgenes. Los cerebros se lacrarán con nieve para responder, ninguna amígdala quedará libre sobre la línea de flotación, los cascabeles de las tortugas harán un ruido insoportable de paisaje de prostitución, de mandíbulas con plataformas, de desgarros de cárceles con brotes y, de tibiezas de sueños ociosos, se levantará una inhóspita niebla tan densa, tan vívida como la sombra que constituye a los perseguidores+ de bellas imágenes por la calle.

IV

DEMANDAS JUDICIALES DE LAS SOMBRAS

El roble, ese día, se alimentaba de obstinaciones fraternales. Las aves, se alimentaban de porcelana. La sombra del haya daba a la costa mientras las cadenas vivían un sueño tan pesado que la serpiente de cascabel ya se había limpiado las botas de estos mares.

El pájaro estaba posado en el violín y las costillas que sobresalían de este instrumento a saltos hablaban largamente sobre la miseria del violín como humana incluso a toda costa. El babor estaba lleno de ellos, ningún bigote se adaptaba a su tamaño de nafta. No nos bastaban ya tantos babores y mentiras. Las cadenas llevaban un tren de vida refrigerada.

Los bardos llevaban largas barbas en sus servilletas, no las toquemos. Los papeles con flores insecticidas prevalecen. Ya no veremos su final.

Se metió en la cabeza todo un montón de delicadas protestas. Y aun así era inútil, tanto se cubría la noche de ridículo. Luego se puso en marcha con ayuda de poderosas bielas, pero ninguna calle se detuvo para mirar. Las cerraduras estaban felices y, en un santiamén, comenzaron a hablar como las manos. Así fue solo el remo desprevenido. Mientras tanto, las flores comenzaron su coloquio. He aquí que pedían la distribución gratuita de medias de alegría, otras, las tramas incondicionales de los dientes de león gigantes y las últimas, el hechizo a disposición de todos los furiosos. Así se desvelaban las terrazas llenas de flores hipócritas entre plumas de vacaciones.

Vocales, vocales, ¡habéis hecho historias! ¡Y vosotros, hijos de gasómetros, os costó rupturas de azulejos! Por uno hundido, aparecen mil cabezas de azulejos y las campanas dejan la tarifa completa. Desmesuradamente negra la velocidad de las tasas. A los fragmentos se añaden otras risas y aquí están salidas por todas las ramas de la lluvia, esta fantasía oratoria que exige fantasmas a todas clases de la sociedad ferroviaria. La locomotora está adornada con velos de novia, lleva a su esposo en el pecho, poderosos ríos de árboles, delegados por tortugas estanzadas, le ofrecen el brazo y de suspiro en suspiro la luna se desvanece, como giro de un baile en bahía de chupetes, el viajero se enjuga una lágrima majestuosa. Así es la vida de un nuevo hombre de cuero e irresponsabilidad.

V

PLENO DE MIRADAS

El sabor de las palomas se compone de rulos de río y fresas de arrastre. Los motores de estos deliciosos seres se llenan de ropa interior de amanecer en amanecer donde el aire rizado de los pozos se demora en las asperezas de las losas y da lugar a unos labios de césped y a estas bellezas misteriosas de aproximaciones de cumbres.

Dos grandes reinos luchan por la presencia clorótica de estas aves de baños de mar – separadas por un mar de petróleo, los faroles de los barcos extienden unos brazos de aire de color sin poder alcanzarse, y desde las profundidades de los sótanos submarinos se elevan los ungüentos de consignas como cueros para suelas para obsequios de paz. Los niños están allí corren de un campo a otro y arrancan las pieles calientes de las paredes de cuervos.

A pesar de los corazones de ladrillo superpuestos en el paraíso de las cabezas, la sombra roe los plazos del alquiler del mar. Ya habíamos notado a los casamenteros de mares jóvenes persiguiendo con sus ácidas asiduidades a los vientos pródigos, en fracciones y protuberancias de carácter, pero nunca habíamos visto tales malversaciones producirse en el corazón mismo del foco de luz.

Descubierto por llevar chispas al entrar por allanamiento en la nube, el gran perturbador de salud instaló los abigarrados andamiajes de su lotería atmosférica a la medida de los fondos marinos. Atrapadas en el acto, las hojas se despojaron del hipódromo. Se les pidió que usaran, durante la ceremonia, vestidos del revés y blancos alquitranados. Pero en estas condiciones, prefirieron escabullirse, lo que por otra parte hicieron con una gran desenvoltura como verdaderas damas de honor. El

damero permaneció vacío mientras el bosque estaba en pleno apogeo en un suntuoso parque protegido de la memoria. Se había servido agua en la caída de los órganos, bajo los entusiastas clamores de cálaos, grullas y pelícanos y los últimos argumentos, los mejores, se unieron a los malhechores de sonidos graves. Que la raza de los grandes días de bombardeo pueda continuar llevando, benevolencias en tics sensoriales, a las docenas de fiestas con solapas de cabezas con cajones y al rescate estival de podredumbres en los campos cubiertos de mediodías gigantes.

VI

PROTEGIDO DEL PAISAJE

Hacemos conversar a la colada al borde de la sospecha. No, esto no es agua, ni leche de cenizas. A grandes puñados arrojamos pájaros a los ojos de los países productores de vino. Un polvo de emblemas cubre la flotilla de ricos hechizos de pilones.

Los grilletes se devoran recíprocamente. En el vientre de la vieja torre, un gran señor desfilando pedalea con ahínco, pero no avanza nada ni sube porque las ruedas de la bicicleta están hechas de relojes planos. El hombre con balancín hace detener la circulación de las provisiones de sueño con un lápiz blanco. En el seno de la naturaleza, se instala el desorden y anotamos la hora de las luciérnagas con tinta simpática en las ramas domesticadas. Ninguna hora es más grave que el vino. Efectuamos lentas mudanzas en el fondo del lago. Los peces enarbolan barbas lluviosas de las que cuelgan fresas.

Los enfados de los viñedos desenfrenados incitan al día a correr más rápido que el color de los frutos en traje de domingo. Completamente enguantados de seda entran en el frescor marino del atardecer. Las campanas de las estaciones abren unos paraguas y los andenes están vacíos como la mirada de la reina. Los niños tendrán que jugar en el jardín, no dejen que los niños jueguen con el jardín, el ojal es la cerradura del ojo y las verjas del cielo se cierran cuando los carros han regresado después de la pleamar de las estrellas, cuando tratamos la desolación de la noche, cuando no podemos cerrar bastante las ventanas de su casa, cuando todavía estamos abiertos a las veleidades externas y cuando las camas enemigas falsifican el piar de las cosas antes de librar batalla contra las meditaciones singulares de árbol que se estremecen a la hora de los monstruos.

Solo una mujer vive entre paréntesis. Cuando duerme, la noche se acuesta a su lado. Cuando se levanta, no hay vida para nadie y el humo te prime la garganta. Una luz de contrabando os hace olvidar las ganas de dormir.

VII

SABER POR QUÉ

Cuando ella sale, la ventana se ciega y los techos de las montañas se inclinan hacia el lado del poniente. Cuando ella lee, las hojas solitarias siguen en cordones de alfabetos mudos, de olores dulces de camas en el aire.

Un jabalí cruza la noche en diagonal, un hombre se tuerce los brazos de ríos de montañas. Un tren corre campo a través y ya no sabe unir el final de la luz con la raíz de los cabellos. Unas hierbas locas, las cejas del valle – todavía una luz levantándose hará huir las luces tenues de la caja de música.

Como soy, como quiero, como ya no respondo de mí, como gano, en los silencios de los topos grises, al final de los días incrustados en las gargantas, la veo eludir el trabajo de la vegetación, pinta el color del sueño.

VIII

CEPILLOS PARA MÚSICA MILITAR

1

   Viejas vigas tejen niños. Los niños suenan huecos como el juego de cartas y se retuercen con la esperanza de obtener ganancias en un nuevo sueño. Sin escrúpulos, el ruido se acumula en el barril colectivo de pensiones y chalets. Las barbas jadeantes se funden con el mismo catarro del cerebro y se mojan en la sopera que sirve como cabeza de familia al origen del bienestar. 
   Las babosas engordan exageradamente, está claro que es temporada de humos. Unos gritos de nariz mal sonada brotan del suelo debajo de las balaustradas llenas de desperdicios de truchas. Unos silbidos cortados a trozos por risas descubren la existencia de un ramo de mujeres carnívoras, clavado con arte en un arbusto de humor irresoluble. Y de estos tipos valientes devoradores de llaves. Masticadores de puentes o de filetes de saltamontes, todavía no habéis alcanzado el fondo de la vida de los campos. Un gran honor os espera al borde del bosque de clavos. El director de apoltronamiento internacional de animales vendrá personalmente a leer en los pies de las ovejas las últimas conclusiones morales del punto de vista de las reses. Mediante un gesto grasiento se ganará la simpatía de los huevos de automóvil y sus elogios prodigados por barriles insinuarán algunos regresos pellizcados de enorme belleza. Una nueva gloria nacerá implícita por alusión de vitriolo. Llevará franelas aglutinadas con ramitas de paja y estiércol. Los trenes se tomarán al asalto, mandíbulas en cabeza. Nos divertiremos hasta que se revienten ruedas y ratas. Ni coronas, ni buzos. Nada más que chapa y palabras para víveres, calaveras, alcancías y mosquitos. Y sin darnos cuenta, la tripa de la montaña se hinchará poco a poco y alcanzada la cumbre del hambre, se vaciará repentinamente, barriendo las sucias supervivencias de los sapos con crines de Pegaso, llevándo los últimos alientos en zapatillas, apartando de su camino las lamentables deficiencias de los ojos con forma de botones a presión y en el prado limpio colocaremos, como monumento, una botella de vino tinto de 12 metros de altura para conmemorar la vida de quienes maduran en ellos  montañas y se alimentan de viento violento y seco.

IX

CEPILLOS PARA MÚSICA MILITAR

2

Ahora que la carretera está abrochada al suelo con grandes amapolas con escamas de salamandras, daremos lectura a la gran e inteligible noche. La arena movediza de las razones para actuar envuelve el busto de una mujer inacabada. El cansancio de las arenas movedizas pesa mucho en el reloj del glaciar donde otros bustos de mujeres quedan atrapados por la luz que preludia la lluvia. Sus brazos emergen de la masa de nubes antes de desaparecer para siempre. Algunos glóbulos de aire deambulan sobre la superficie del agua sin reconocerse y en lo sucesivo unos troncos de árboles pasarán desapercibidos en la absoluta desolación donde el fracaso del águila se unió con los que quedan, visitantes de lo increíble.

Son saltamontes, letras de vainas, no existe esperanza en la tierra que pueda unirlas. El bosque de cabezas móviles sube por los peldaños duros de las máquinas agrícolas hasta el hogar y las mandíbulas de los turistas vacacionales son presa del delirio lunático. Los impuestos sobre masticación realmente alcanzan el máximo de agua abundante en cascadas. Afortunadamente, todavía hay algo de tristeza para saldar los muros de la indiferencia a cualquier hora de la noche, donde hay pecios hay intrigas tormentosas.

X

BÚHOS SIN CÁSCARA

Presionamos la válvula de resorte hacia adelante sobre la sustancia viscosa y colocamos la rana sobre la mesa. Para aumentar el efecto, especialmente en sociedad, haremos un breve discurso sobre el hipnotismo durante la preparación. Ante el asombro general y el pavor parcial de los espectadores la reminiscencia salta hacia adelante después de un corto tiempo, causando así estallidos de risa entre los asistentes. Si la sustancia viscosa es demasiado dura, debe calentarse un poco con el aliento o tocándola con el dedo.

El amor austero, desde la edad de las cavernas puede tratarse de la misma manera invencible, cosido con oro, silencio e hilo blanco, se adorna con la intimidad maliciosa de los valles o de los lujosos porches con cuervos, se injerta sobre la llanta del sueño y genera heno cortado en sílabas que caen de los finales de almuerzos. El exceso en materia de ondulación no debe marchitarse ya que la efervescencia dentro del vivero es tal que convierte en enclenques e irisados los cerebros destinados a inmersiones más arriesgadas.

El ciervo atraviesa con mucho gusto el peso del hielo, por eso no es necesario sino lo que le es necesario, el amor lento ha superado al pálido, ¿es necesario otra vez atribuir al tul el destino rural? No debe dejarse a las camas el encargo de abrir los ojos oxidados, ni a los escalofríos irrevocables el sabor del suicidio en la lengua y en público. A medida que fabricamos mujeres con lámparas suavemente dosificadas en la paleta del nimbo, nosotros, los seguidores de los bulevares, solo somos sombra y surge la pregunta de saber si realmente nunca hemos existido, porque deslizándose sin cansancio sobre adoquines de terciopelo se abren las compuertas de la confusión y de la noche. Bandadas de pájaros transparentes y suaves al tacto, se escapan de nuestras bocas cuando silbamos un nombre levemente. Es hora de acostarse, antes de que los animales salvajes hayan comenzado a saquear la morada, de esta tristeza amada con dulzura.

XI

RESIDUOS QUIMÉRICOS

Intercambiamos las aventuras de las cataratas por la luz adolescente y desordenada del acero en fusión. Los días por aquí son extrañas ventosas que se aferran al cuerpo indefenso y la risa siempre permanece presa de ecos indecentes. Hermosas de luz artificial, hermosas de montañas, hermosas con la piel de manto de agua, hermosas con ojos brillantes de movimientos rápidos, sus silencios me persiguen desde su oscuridad de nido. Las brújulas de vuestros ojos no tienen secretos para mí, pero la impaciencia de vuestros gestos me confunde gratamente. Colgado de los cabrestantes de las horas, el relámpago golpea contra las paredes de cristal y el fuego que aviva vuestras largas camisas, hermosas en los despertares de pluma, escarda la soledad con la que formas la borra.

Lo que queda de la mañana en un rastro de polvo de platino es invadido por migajas de pan y pequeños cristales para gafas. A duras penas la cabaña a su manera resiste ver la realidad por encima del hombro de cibelina. No hay mejor humo para rodear de muerte la jarra donde laten los corazones inaccesibles. Hermosas de época amarga y extraña y de juegos de luces salvajes, sus líneas de la mano llevan al niño al juego de hielos húmedos que percibimos en la profundidad del peligro.

Con infinitas precauciones, el fuego se lamenta en la mano derecha. Dirige a los ciegos, calienta a los mudos, pero no se le perdona ningún castigo. En los picos del orgullo avanza sin temblar y, de nube en nube, consolida su vuelo parecido al grito del pastor. A partir de ahí solo queda un mordisco de paso de barranco por cruzar para alcanzar el silencio, Y las hermosas con todos los colores del mundo se derrumbarán sobre la paja de la duda.

XII

AHORA O NUNCA

   El cocodrilo va a la misa de los bosques. Los nombres de animales ya no se usan en el mercado de la madera. Sin tener en cuenta a la novia, la cascada áspera, el viento estrangula en su franqueza al hastial con buena apariencia. Agarrando por el mango el difícil paso de las mariquitas a través de las telarañas, el vidente mastica lo sólido de la realidad del hierro. 
   ¿Qué le importa la viuda ultrajada al camino de paja? En los valles con hermosas peladillas, el campanario de la iglesia absorbe todo el placer de las zambullidas. Ronca, ronca, frío riachuelo, hay que dejar al descubierto los límites, esos peatones del silencio agusanado. A la hierba no le importa la soledad permanente – la trucha remonta el beneficio de la soledad. La carretera enmudece hasta en la boca del follaje mecánico - hombre que sabe callarse. Medias de lana - peluqueros de ballenas. 
   El dedo autoritario de las razones más convincentes para vivir, toca en la fuente la frente de la panadería de nubes. Al voltear las campanas cada día un poco más fuerte  ensalada de sonidos, el gran albaricoquero de corazones puros se abre camino hacia la rotura del sueño de yeso. El granizo pervirtió de tal manera la duda nómada de la escuadra que sucedió un largo aplazamiento de sombras en el pantano de la visión, sobre los materiales de construcción del silencio y fue solo después de la larga discusión de las ráfagas de dados, cuando el volantazo hubo establecido la ceremonia del drama a plena luz, en presencia del oponente, que pudimos ver aquí y allá, por escaleras que susurraban unas vestimentas de luz, unos pájaros recién salidos de su molde dispersándose en bandada entre las ortigas de los días y de calles enteras, empedradas de amor o de la caza de recuerdos, asediando el ojo tranquilo en vano como un torrente aharrotado. El luchador abordado en la niebla había aceptado el reto del sol. Nada podrá hacerle olvidar las quemaduras frías y los adornos de mentiras, el paseo espectral de tiempos variables sobre remedios angustiados, en el fondo del mundo visible, la impura melena de nieves primaverales.

                                                    XIII

                                SUEÑOS DOMESTICADOS

Hay que creer que desde la muerte del acróbata sabéis que las cerraduras con carcasas ideales el prestamista de fondos marinos sufrió pérdidas abismales. No hay solución debajo de la meninge de la buhardilla. Por olas intermitentes,la oscuridad consigue ser conocida en los huecos de escalera de la cabeza. De una antena a otra, la ventaja pura de su recuerdo se propaga con el gesto de elegantes ondas. Dejemos que la razón se desborde y derrame la miel por el suelo. Se mezclará con el sargazo, tiene su edad. Un ojo siempre permanecerá fijo al final de la calle y regulará la circulación de la sustancia triste, la distribución de los suspiros. Un grito escapado de la casa vecina se está preparando para la vuelta al mundo. ¿Qué dirán los vecinos? ¿Habrá visiones en la casa de los vecinos? Aprovecharán su oportunidad para descargar las

piedras del vocabulario mantenidas durante mucho tiempo al margen del arroyo. Solo quedan góndolas a las que les gusta romper los récords del silencio en los trámites del sueño mientras están tibios. Mi vida, por mi parte, es un libro abierto. Me abro a la vida abierta, me entrego a la abertura de la vida, ebrio de vida veloz y verde.

XIV

ESTADIO

Buscadora de oro morena, la oruga se hizo un vestido veraniego de barro de la crispación de las ruedas, del malestar gráfico propio de los bosques madereros y de los muy numerosos chivos expiatorios en la región chispeante de los vientos con guirnaldas. donde la ortiga se estaciona y la cría de gamo salta sobre la seda en desbandada. Antes de haber bebido la leche de los rumores y cambiado el significado de los forrajes de sueño, el incesante maullido de las multitudes peludas sobre la montaña ya había sido proclamado por los árboles, rey de las corolas y los caminos.

¿Qué habéis aprendido de las grandes cacerías, pilotos, honderos de la era del diamante, en las tierras aplastadas bajo las promesas de los pastores, en los disgustos de los niños de madera, en las espinosas aventuras de estatuas esbozadas por las llamas? No espero de vosotros, termómetros indecisos al mando agrario, el recuento de los votos ni la satisfacción de los hogares pulidos por el invierno. Cazadores de felinas ternuras, viajeros sobre risas gratuitas, odiosos devanadores de horas en tormentos de nieves, el tedio os aplasta como moscas cuando el reloj marca el armamento defensivo de la sangre en peligro.

Nadie piensa dar la alarma y sin embargo el fuego ya ha conquistado la autonomía de las elevaciones ascéticas. Oscura fiesta, tejida de paja, como este alambique de cabezas de helechos con los miedos inimitables de arroyos muertos en medio de campos de avena – sobre sus zancos de rayos matutinos agonizan los balbuceos de los últimos quince minutos, murciélagos pastosos. Aún un ruido de chatarra para desencajar en la garganta resistente del marco y podremos invitar a los cosechadores a desperezarse en la luz hasta la garganta donde el sol se alzó bajo el vapor dulce de los vinos blanco y tinto, mezclados a partes iguales, antes de que el sudor acre de los abetos se haya ganado un merecido descanso en los numerosos granjas de presa.

XV

TEMPORADAS PERDIDAS

Las inspiraciones de las persianas con imágenes, cuando abrimos las compuertas de los admirables forjadores de cráteres, se disponen a reír en los troncos vacíos enrollados sobre las trampas con piedras. Los carros cargados por buena temporada mordisquean a la sombra los lunares; – sonó el mediodía en las líneas de los tejados. Mil caballos se dedican con chirridos de acero en ejercicios de nubes, aprenden fácilmente a segar los personajes en ciernes y el piano de los juncos no por ello se

encuentra peor. El arrozal sembrado de búfalos lanudos en los abrevaderos de la tormenta, la hermosa nube desempleada vestida con banderas y la mampostería inestable de la lluvia, buscan en los astros domésticos, cuyas predicciones en abanico nos atenazan, las razones para creer y envejecer. Un cielo de arbusto opaco, un cielo de petróleo. Los autobuses circulan libremente entre los vestidos de noche destripados y los pobres bancos de trabajo de las mariposas. Incluso la amenaza inminente, la rociaremos con eventos lúcidos de disimulación. El que se ría a la primera alerta huirá mejor, cuando la erosión de los corazones haya alcanzado los párpados bien enraizados.

El gorjeo de la lluvia trata de nivelar los defectos de las tejas – poco estímulo para los tejados enemigos con casco de carcaj y desprecio por las leyes. Los secretos ya no tienen relaciones sexuales – debemos apresurarnos para garantizar su desarme del que menos han hablado los ojos tan obstinadamente cerrados al encender el interruptor de la luz.

¿No te he odiado lo suficiente, máquina cepilladora de épocas envenenadas por el contrabando, para que tu rostro tentacular vuelva otra vez, cuando el día se desvanece por sí mismo, a mendigar a las piedras los acentos de un acto que ya no puede legitimarse? ¿No has sentido hasta qué extremo de absurda cólera consiste el poder del mensajero en olvidar las tiranías?

Los viajeros tenaces sin cerebro se dejan atracar por los burlones compases del tango repetido hasta el infinito bajo las ruedas del vagón. Tantas gotas de lluvia perdidas en el inmenso funcionamiento de la red del viento, que las nubes llevan tímidamente. Acumulé la piedra sobre la miseria de las coacciones y me defendí contra la comprensión de los establos. No me conformé con lo básico. Me tropecé con las evidencias, y fuera de ellas, las cosas me parecían tensas entre unas mandíbulas de muerte, en unos túneles hundidos.

En la carretilla del cuerpo humano sostenida por pies descoloridos, llevamos piedras, desde su tumulto sin forma hasta las cajas fuertes de los retiros inviolables, alimento despiadado de fuegos internos.

Interpreté mi destino en el clarinete y el sueño se encargó de encontrarle su camino. ¿Qué zahorí será responsable de vacunar ligeramente la terracota contra la imaginación de las lluvias? El viento encerrado en mis ojos agita las estrellas, y de una mujer a otra todos los barrancos se abren el pecho. Suenan pasos furiosos sobre pechos estimulados. Y el mundo pronto se hundirá por el resquicio de los pechos en tumultuosa desesperación y los barrancos asfaltados de muerte.

XVI

GUARDIANES DE LA OBEDIENCIA

A pesar del caracol del inmundo camino con el que envolvemos la adolescencia de las confusiones, el huevo estalla como una casa embrujada en las entrañas del cojín esponjoso. No es fácil para el buen caminante abrirse a la luz a espaldas de la borrasca. El perdedor afortunado levanta una sincera frente hacia el ausente y una vez más se jugó el turno bajo las crines alambradas de las nieves. El cielo sin embargo es regordete. Funciona a vapor. Su ojo se ríe estúpidamente. Se lamenta mientras unas bocanadas de mañana se derivan de manifestaciones incestuosas del azar. Como las hojas sean blancas y de formas alargadas con la palidez agresiva de fábricas abandonadas lamerán la sal de las ventanas crujientes. Con tristeza aterrizarán en el suelo y permanecerán allí entre las glándulas fijas o móviles de los países de origen. Este producto tiene su precio de elección entre los pocos que no lo tienen. Produce cabello sagrado que, de generación en generación, los lecheros encargados de recolectarlo avisan, con el poder de curar cualquier bomba juvenil, con alarmas la epidemia y el delito. Pero los peces siempre bordean el río sin pestañear ni preocuparse por las cuchillas de afeitar ni por las colillas de cigarros, cambiando por ello incluso el curso hipócrita del sol. Aquí, los sillones paternos están cómodamente instalados en las cabezas de los hijos. Son responsables de perfeccionar el sistema suavizando los pensamientos honorables bajo el peso de la seguridad. Los bomberos también continuarán extrayendo de la cadena de fuego los suspiros confundidos, largas alfombras para avivar el desgaste del fervor y los juegos.

Al disiparse las playas alcanzamos la barrera. Los campos en barbecho tienen buen aspecto y fuertes brazos para indicar la inutilidad del tiempo. Este es el hospital de las margaritas, el puente sombrío que juega al burro-va con la peladura de las tardes. Es el cerezo del sueño que hace que los botones de cobre brillen al sol no sé que el sol sepa de memoria el sabor de sus labios. ¿Qué otro no supo nunca donde el hormiguero está comprometido por el miedo a lo ya visto en sí mismo fumado con grandes guijarros de nubes a saber de habitante por cabeza. Acaso sabes que yo no conocía el camino ni la expresión tan bien conquistados con trucos astutos que ferias ajadas anidan en las paradas obligatorias en los árboles con brazos – hay tres de ellas: la primera no se cuenta, la segunda es el Tour de Francia y la tercera no lo sabe, engaña el elefante lo mismo que su manera de mirar por encima de la cabeza.

XVII

CAVAR EN SILENCIO TOTAL

Hay una gran casa abandonada. Un miedo difuso escapa ya por las persianas bajadas y un parpadeo deslumbrado por expresiones dispuestas a morir borra poco a poco del campo de visión los muebles tensos por el terror. Los campos de trigo han invadido feraces pasillos. En cada pomo de puerta hay un ojo que no claudica Los lavabos del sueño están agrietados, las horas dispares esparcidas por el suelo se adaptan a las vértebras del collar muerto durante el trayecto. Ocurrió un misterioso en estas profundidades, cuyos autores, diestros vientos, han permanecido desconocidos a la luz de nuestros viajes. Unos cajones boca arriba como consecuencia del hurto muestran sus opulentos senos en el primer altillo con una ojeada y una palmada en la espalda del investigador. La vasija donde reside el sueño, como un precinto de lacre en el fondo del estanque, puesto por equivocación para salvaguardar nuestros paisajes de cualquier ofensa excepto al honor, bajo palabra, otorga el contrabajo de piel aterciopelada, al primero que llega al trote o al galope, mediante un cajón en la cabeza donde se vierte la cera residual de las flores fabricadas a gusto del comprador, un precinto de lacre en cada mejilla en llamas demuestra que el honor es intangible, asistente de aduanas de cobre troquelado, no hay mejor solución de bolsillo de revólver, no hay mejor honor de bolsillo sin consentimiento del comprador, él no sabe la hora que es ni el relámpago lo sabría como el pobre recién llegado de rica mina de plomo no hablaría hablaría cambiando el sentido frente al barómetro que habla a la cara, sí, autoriza el cortaplumas del cortejo y se escapa en la incomprensible excepción transportado por un centenario alado y una larga audiencia de escalera de honor inscrita con alas en el frontón de las montañas de piel.

Tanta oscuridad se eterniza en la casa abandonada sobre los cuerpos de vigas, que la memoria está plagada de hechos inaceptables. ¿Deberíamos considerarlos desde el ángulo de la deformación de los rostros humanos cuando el chisporroteo de las pizarras nos transmite señales solares? La indiferencia ha conquistado los rostros más bellos de las mujeres cuyas luces se interpretarán jugarán según su nivel amoroso. Enamoradas por etapas sucesivas, las ansiedades os sustituyen a plena luz del día y nuevas oscuridades compactas, como linotipias vírgenes, crujen en las articulaciones de los muebles frágiles, dejando relucir los pólenes en los zumbidos de los oídos de las conchas. Los gemidos de la pintura, ayudados por la putrefacción creciente, ofrecen a las abejas los cálices inagotables de cifras licuadas. Acaso seguiría habiendo una primavera importante, que el capitán no abandonaría su trabajo ni su destrucción; se limitaría a designar el desfile de recursos para seguir a las mariposas que azotan los mares.

XVIII

ARÁNDANOS SONOROS

Los niños lloran solos en el hogar, lloran lágrimas de leche y comienzan la decepción de la edad adulta. Si las chozas con cabeza de paja pudieran mantenerse a la altura de las imágenes en polvo, ya no necesitaríamos cabras. Los niños lloran solos en la casa de las mariposas dislocadas, un collar hecho de tiburones de río, las formaciones de esquisto de los hangares en retirada entre las montañas caídas de espaldas en la desgracia de los cebos. Los gusanos ahora comienzan a escabullirse alrededor de las camas una noche de total solidez. Las picaduras de las lámparas se hacen notar entre las flores de las calles y la soledad resuena con el placer del entrechocar de platos.

Empotrado en las paredes, el trote de misterios al asalto del mendigo tuerto, corta la esfera del reloj en rodajas de eclipses ácidos y de sueño. Las moscas hacen sonar más fuerte la alarma de los párpados y la luz se quita sus medias de seda. Nunca podremos escapar de la ratonera, conocemos la trampa familiar de las estrellas para miopes.

Una asombrosa penumbra de dedos ahorra el hormiguero de las mentiras despellejadas vivas por los arándanos. Las horquillas de la reflexión evitan que el sueño vaya más rápido que la hormiga recogiendo los trabajos de imagen en las piedras de molino y después en el granero existe el sueño lleno los bolsillos de los graneros, aserraderos de grillos, es especialmente importante no decir la verdad, sino serrarla en tablones pequeños y hacerla andar al lado del conductor. Hay escaleras para escarabajos fotógrafos que trepan por su propia fuerza con la ayuda de muletas apoyadas en los sobacos.

Aquí está la tristeza de los manzanos de sueño, tal como aparece cuando protege a unas sábanas de la luna en alquiler para el paseo a caballo con vestido de tilo.

XIX

PARA HERMOSOS OJOS

Un sol hermoso que a veces echa hacia atrás una sombra – unas crines de zarza sobre un campanario de iglesia – un hermoso sol de día en baldío, cuando el caracol que acecha bajo la claraboya de hojas palpa el aire envenenado por polillas, un hermoso sol de celuloide se esconde en el brazalete del vicio y elimina la luz gastada de la cama de la tormenta como si fuera solo una cuchilla de océano en la linde de la vejez, Solo vemos allí la araña del mediodía, la que camina entre dos aguas opuestas y no puede avanzar ni retroceder, pero siempre camina por amor a la corriente entre la tristeza y la esperanza, como un plácido mediodía en el valle humano. La mano del azar se erizaba en la olla con números y sacaba pájaros ganadores entre gotas de leche que caían desde lo alto de la conciencia tranquila, como la baba de las linternas. Pero la era de los osos aún no debía comenzar, existe lejos de la flor con codornices. Un disparo de fusil basta para que el tren una sus manos en el borde de la arena brillante de la juventud, en los bulliciosos pechos de las sirenas resinosas. Allí, aún no acaba el pestañeo del huevo.

El mar arroja muecas detrás de él. Le veo conquistar campos con ayuda de llaves falsas. Gana la partida de pasarelas en rostros cargados de hierba con gran asombro de los jueces de bambú que son los tristes residuos de los pontones. Después de haber saqueado una bahía llena adecuadamente de construcciones con forma de insectos, de rejillas y escarolas de jade, el último contrafuerte de la nobleza silícea, todavía emite un sonido agudo, el anatema que lanza su suficiencia maligna contra nuevas lágrimas y se retira con el traqueteo de sus cadenas cotidianas. Son infinitos los titubeos del camino y para reconocerlos rompí mi recuerdo de asaltante de trenes de vida.

Los intrusos de luz se vuelven raros en esta época de equipajes incómodos y malos recuerdos con trampas. No hace mucho tiempo que todavía corría a velocidades vertiginosas de estadística, de ciudad en ciudad, en busca de una orilla. Frenesí de almas herméticamente profundas, de masas de oscuridad se empujan entre sí con roces de moho en sus momentos más presentes, mientras el ser lujoso difunde el resplandor alucinante de su espejo y se aleja. Se marcha hacia islas desiertas y las islas desiertas no conocen descanso. Matamos, aquí y allá, durante una hora o dos, pero ¿no se parecen todas por el dolor que se detiene en el título de las figuras inanimadas en cuanto las salvamos del recuerdo cutre – es allí a donde queríamos llegar?

Parece que la paz se ha roto en el basalto de la indiferencia con gemidos de marea y dimensiones de avispa en señal de reflujo. Ni venir, ni volver, tal es la queja del topógrafo de gestos, cuando baja su mirada hacia tierra y se encuentra allí solo astros y vestidos de arterias. En el fondo del mar vegeta un palmeral, todas las ventanas se abren sobre un terreno de piedras calientes. Vive del día a día sin mendigar al sol la belleza ficticia de mejillas heladas; los peces le aportan suficientes luces para que en cada axila de sus ramas se descubra, por la noche, una nueva aldea en fiestas. La fragilidad de las mujeres rodeadas de sonrisas en trajes de baño cogidas de las manos, pone manchas de nimbo en el nacimiento de las olas y un círculo alrededor de cada árbol. Unas banderas ligeras abastecen a las algas con ganado de nubes y pequeñas avellanas crepitantes como las estrellas. Cualquiera que sea el peso del sueño, ¿habremos acabado pronto de desplazar unas melodías en la órbita azucarada del faro usando un casco colonial? Sueño mágico y arborescente en el que yace la exquisita fidelidad de los ojos de la noche, el mar. Los artificieros de la muerte pasaron por allí, vaciando repentinamente las bolsas de sus sueños y guiando su invencible fertilidad en los destinos de ensueño de los clanes de frutas radiactivas.

XX

FERIANTES DE BREZO

Hay un cielo de fin de fiesta, unos trozos de papel son arrastrados por el riachuelo musical y, en jirones, la fortuna se engancha en las redes de los pescadores con algas bordadas al vacío sobre graderíos de cúmulos. Llega el final de una fiesta en el salón de los ojos donde unas familias sin resonancia se engranan en el hilo de muebles dispares. Brillan aún algunos farolillos como sandalias, pero las muñecas estallan ya y su sangre frena la vida de los gramófonos.

Bajo la corteza de los pueblos pequeños hay tabaco de liar para murciélagos. Detrás de las claraboyas de estos árboles, se encienden frecuentemente candelabros de ojos ansiosos al paso de mujeres maravillosas y algunos por el resplandor de su paz. Sus voces, tan hermosas como sus manos, acarrean paquetes de olas hacia el corazón imaginario. Sin duda, recuerdan las frágiles barcas de deseos risueños coronados de espuma. Bastaría una lágrima para que la ola se hundiera en el chillido de la melancolía y entonces aún tendría que reanudarse todo desde el origen sonriente de las ventanas de palmera datilera.

Una vez más, hay vegetación en sobre mi tristeza y grandes árboles llenos de alborotos de luz. Por la noche llega para lavar el polvo de las laderas y se va con el ruido de chatarra de los rodillos de la apisonadora. Pero la paz aún no ha atravesado las suaves colinas tras las que, durmiente oscuro bajo párpados demasiado secos para cerrarse, yo aguardo la luminosa dormilona de antaño. El vino aún no destila de la prensa sobrecargado por preocupaciones, las nubes inflamables sobre el descaro de una cabeza, la dispersión de los miedos. Se producen extrañas petrificaciones en las diferentes capas del sueño, comenzando por las modulaciones que duplican las capas encantadas de la palabra. Con una tumba en cada mano, el ciego tantea y alarga la rampa de aire enrarecido. En su camino, leves llamas se iluminan a su paso y, poco a poco, se desvanecen y se disuelven en el aire, succionadas por una boca lúcida. Aparecerán más adelante en el mástil de un velero de cristal y nadie sabrá el tesoro sometido a las demoras de los ciegos. ¿Esperarán el resplandor de una fruta luminosa en el brocal de la tarde, el desplome de la torre donde se rompen las cuchillas del espejismo o el regreso de los pescadores cargados de adverbios rígidos y de arbustos con escamas? Aquel que rastrea las altas esferas de profanaciones, aquel que se deshoja hasta los huesos Aquel que sabe decir lo que no se puede comprender, aquel que se controla sin traicionar la verdad de las flores.

XXI

CONSCIENCIAS REPRIMIDAS

En el fondo marino tanto más llano cuanto los submarinistas tejieron redes para ir con la justicia de las mariposas, aún respiran pulmones en filas de cebollas; arrojan colores deslumbrantes en la amorfa tristeza cubierta de faroles todavía vivos. Cuando realicé este viaje por última vez, que debía dejar huellas profundas en las salinas extendidas en la superficie del cuerpo del mar, en forma de absceso de memoria y de surcos de pensamientos con navajas automáticas, los pacíficos cómplices de la fantasía todavía estaban aturdidos por títeres con penacho de jarras de alcohol. Aunque los ojos estén colocados en la comisura de los labios y aunque éstos palpiten entre un sueño y un despertar efímero, ningún viento está mejor situado para avivar sus llamas preservadas bajo el globo que el poder de atracción de los sueños y de las orillas. Las nasas de lluvia filtran los pensamientos asesinos y las magnolias llevan peluca y medias de seda mientras parten el pan fresco encima del río de carne humana. La hormiga se convierte en hierba, la hierba se convierte en ojo, el ojo se convierte en pulpo, el pulpo sube a la superficie, se apagan los candelabros y el frío penetra en la habitación a través de las culebras, la habitación vuelve a ser hormiga y nosotros caminamos hacia paredes quebradizas arrebatando rifles a la eternidad, guirnaldas de papel donde están inscritas la insuficiencia de la historia de las rosas y los números de hierro de los que se alimentan los pasos miopes al salir de la cuna.

¿Dónde se han perdido las mujeres, orígenes de extensas sabanas sobre el terror de cazadores indiscretos, los clarividentes de antaño? Sus ojos en los que alternan el éxtasis codicioso y la brasa en el fondo de los frascos sin embargo frescos, frustran las trampas de las impetuosas lianas que se elevan con sufrimiento y arden y se consumen por la incipiente vida en los crisoles aletargados por el pánico. Desde que los proverbios de sus existencias posibles se apilaron desordenadamente sobre mi cabeza, un amplio claro se ha abierto en las ansiedades que me sirven como días. Ninguna melodía había forzado aún las peleas de obstáculos estalladas en sus puertas y ningún alegato de traición se enterró más allá en las capas de lava que se suceden al timón torpemente. Las mimosas de vacaciones en los altiplanos ofrecen pensamientos transparentes que no llegan a provocar ningún desasosiego en las horas largamente incubadas y cuidadosamente depositadas en el cesto. Para una que se rompe, otras miles corren hacia la puerta y solicitan su admisión en la fila de fallecidos. Solo debemos ver la espuma al final de los pensamientos – se debe oler solo el fin de los pensamientos. Es necesario revolver la espuma inconsistente aun a riesgo de sufrir el peso de nuevos pensamientos engendrados por la miseria. Igual que el dedo requiere la mano, ésta el brazo y el brazo todo el cuerpo, es peligroso seguir al extraño que coloca un caramelo al final de la cola, solo hay niños que nunca han comprendido este principio sin embargo conocido por todos los babosos, ogros y reumáticos.

Son los devoradores de niños y de mañanas sospechosas, los bellos durmientes a la sombra del roble. La bicicleta aún no arranca, ligeramente apoyada contra el tronco, algunos restos de comida en un papel arrugado, la curva de la carretera está a la vuelta de la esquina. Con la espalda doblada, el campo busca en alguna profundidad invisible un escaso alimento de rencor. Al rascar el suelo, el perro sigue el camino del amo y la hoja vibra bajo la acción del viento como si acabara de nacer a la alegría y la plenitud. Solo existe una noche que huye del mundo y debajo de su pesado casco se agita un fugitivo empujado por demonios de algodón negro. Huye de las carreteras y de las plantaciones, seguido por un gran diablo de viento fuerte y monótono. En las bodegas de la flor de plomo, se encuentra, entre dunas de desidia, un esqueleto humano largo y fluorescente acostado sobre un montón de botellas vacías. Los bosques de encinas vinieron desde las más remotas épocas a inclinarse ante la tumba y muchos vestigios dan testimonio de las formas lánguidas en que lo hicieron. De un extremo a otro de adoración, sobre pistilos vestidos con ropas de alcanfor, una sola voz empujaba miradas desesperadas hacia el taciturno. Unas etiquetas multicolores estaban pegadas en el esqueleto como en esos arrendajos que han viajado mucho. Las palomas también vinieron por delegaciones alegres para verter una gota de vida en el envase vacío. Sus alas albergaban mensajes de senos femeninos. Se había acumulado tanta ternura en la cúpula celeste que oscurecía y la tormenta no tardó en soltar sus amarras. Huían los niños, se inclinaban las flores. Entonces ocurrió un fenómeno extraño. Pero nadie lo había visto y nadie lo había notado. Así es una lástima tanto dolor perdido y tanto sol malgastado en vano. Detrás de los muros centenarios, el hechizo terminó y la princesa se despertó de su sueño aterciopelado de cenizas, las estrellas ya no cerraron los ojos desde ese momento de feliz sonrisa y una gran carcajada coronó la escena que estalló inmediatamente como una burbuja de jabón entre miles de palacios construidos río arriba del arco iris.

El sabor de la risa es más profundo que las raíces del plátanero; sólo es razonable para aquel que vive en las raíces, indiferente al tronco donde crecen las risas – aquí está la sabiduría de lana de las ovejas que siguen a su amo con demasiada fidelidad. Habría muchas otras lecciones que aprender de las mazmorras húmedas, si la bella prisionera no se hubiera dedicado a las llamas del silencio. Un día en la picota, un día de primavera, indeciso y contenido como la ira irracional, un hombre de gran apariencia de haya vino a plantarse en la pendiente sur de un pueblecito limpio, aunque pobre y sabio. Muchas industrias se establecieron a su sombra omnipotente. En nombre de la curiosidad de las mujeres, nietas y abuelas a menudo venían a levantar una alfombra o un colchón, un mantel o un tapiz, con el deseo secreto de descubrir un tesoro del que nadie había oído hablar. Por esto mismo, al igual que el contrapeso del reloj de cuco, no había siquiera una oportunidad de existir. Se llegó a un acuerdo extraño entre la sombra y la presa fácil, cuyo tema, una nueva alma, constituía la apuesta demoníaca. Largas palabrerías precedieron a la firma del contrato y las aves aprovecharon para abrir su congreso donde llamas parpadeantes ya se pronunciaban por una salida brusca y colorida. Mientras que los viejos no querían saber nada de un capricho del ala izquierda, los pintalabios aplaudieron con las patas levantadas la separación de bienes del verano. Hubo otros incidentes de avispas y simulacros de nieve montados con todas las piezas por algunas flores de costumbres más bien ligeras, pero en última instancia, fue la música la que más se equivocó y los miembros del jurado de las nubes se pronunciaron unánimemente por una sequía de varias semanas que sufriría el territorio, siendo considerados los demás miembros de la sociedad en parte recelosos, en parte como perjudicados. Los testigos no podían contener su indignación. Una petición de revisión circuló entre los sapos-carpinteros, pero cuando se respaldó con firmas indescifrables, se hizo evidente en las altas esferas que era imposible comenzar nuevamente el asunto con el pretexto de que los dignatarios de la hermandad habían sido culpables de falso testimonio. Incluso fueron amenazados con la expulsión y omito los escándalos de viento subsiguientes que terminaron trágicamente con las demandas de los caracoles-grandes- propietarios. El silencio es por otra parte una de las fuerzas de la pequeña humanidad de insinuaciones y a él sumo ahora un minuto de la existencia de perro que me llevé, en pago por los servicios prestados en campos no cultivados, como un hueso arrojado bajo la mesa al destino, a pesar de las protestas en papel timbrado, debidamente registradas, que hice llover sobre la cabeza de la región. Ella lo necesitaba, según las opiniones de los agricultores en apuros que, durante la noche, colgaban su lencería personal afuera para recoger unas gotas de rocío, al estar el vino destinado exclusivamente a regar la avaricia de las vides. Estas personas eran demasiado viejas para correr de flor en flor, años de privación los redujeron a la expresión más simple de paja. Hombres de paja se interponían regularmente entre ellos y las autoridades en camino para cambiar las caballerías carcomidas por las contribuciones del mar en sal y oro. Los actorzuelos submarinos rechinaban los dientes al presentar el precioso polvo en petacas de plata. Abotonados con ojos de peces, sus túnicas hinchadas de asterias y violetas les llevaban con paracaídas al revés o parasubidas, a la superficie de odres donde tomaban contacto con el aire como unos besos entre los cuerpos astrales. Pero la incandescencia que les recubría, se borraba con el roce de luz, las escenas de amor perdieron su sentido trágico bajo la influencia del tibio sol. Al igual que los artificieros, sacrificaban su vida, tan corta como llena de fenómenos misteriosos, a las alegrías de la luz artificial. Las tumbas estaban construidas con forma de manos informativas que apuntaban con el índice hacia el cielo, pero unos armarios con espejo las sustituían junto a las adoradas tortugas, madres esposas e hijas que olían a lavanda por los cuidados de buena ama de casa. ¡Feliz país donde la igualdad de los muertos hacía posible una existencia sin aprietos, digna como portar armas y al alcance de todos los presupuestos! ¡Pienso en ustedes, halcones nobles que lleváis un reloj bordado en el pecho, halcones de cuatro horas que degustáis el oporto de las estrellas en los cráneos de nuestros antepasados! En asuntos cerebrales, los elfos juegan mejor a quien pierde gana victorias como los ahorcados colgados en los percheros de las antesalas de la muerte. Sin embargo, nada que destacar en la frente del pensador. Entre los prisioneros hubo un ternero, ya no tenemos en cuenta a los valientes talladores de diamantes. Avenida, avenida absorbente. ¿Se abolirán las reglas del juego de canicas? Antes de alcanzar el fondo del saco de la noche, fue necesario vaciar todos las habladurías en la calle entre las inmundicias, pero cuando pudimos subir hacia la la luz, respiramos de nuevo, el aire estaba más maduro que los dientes y el pan seco a salvo de cualquier sospecha En el billar, los detectives pastaban, inclinados sobre constelaciones imprevistas, formaciones de campanas en los posos de café. Parecería, desde lejos, unos saltamontes a flor de piel, sobre un fondo de timidez, compartiendo un precioso botín. En la barra, el dueño limpiaba de sudor unos vasos y el vino fluía a borbotones, sobre su cabello, de un barril montado a horcajadas por un Baco en dificultades. La hora tardía golpeaba a mayores y pequeños con un martillo de subastador. Llovían fabulosas subastas de oxígeno. Una hermosa escarlata metía los codos, pero los ojos no se enardecían al pasar las palabras. Mejor dar vueltas en círculos que ser engañado por el pantano. ¡Cuántas vacaciones perdidas por un destello de magnesio! ¡Cuántos sueños rotos en la espalda del ganador! ¡Se acabaron las provisiones de ojos azules para farmacias portátiles de primavera! ¡Se acabaron los juegos, se acabó la infancia del arte! Unos bosques canosos fuman la pipa de la ira. Se hunden en otros bosques y súbitamente descubrimos el arbusto bajo el que late un corazón celoso de reloj de osezno en el campo. Un murmullo frío del clavicordio cruzó el camino y el cazador al acecho perdió su calma habitual. Una bellota avanza seguida de una procesión de frutas, viene a pedir la mano de la extraviada, una joven de su edad envuelta en su cabello de medianoche sedoso y distante. El entusiasmo fue general, los niños de las piñas llevaban la cola de cristal del vestido de novia, se disparaban revólveres en la soledad inmemorial, los lechones tomaron parte en la fiesta y cuando los grandes robles se descontrolaron por turno, supimos que las libaciones habían alcanzado el punto culminante de la curva de los placeres. A algunos abedules que estaban perdiendo la cabeza, hubo que ponerles a regañadientes la camisa de fuerza, pero el mar de alegría de donde solo el sol podía extraer las piedras preciosas de las pesadas miradas del pasado y del aguardiente, no cesaba de batir su alfabeto dentro de los límites convenientes. Ahí, no se detiene la clarividencia de la lechuza tan frecuente y erróneamente maldita. Preguntó por una herencia de duendes, los cazadores furtivos y los anticuarios eran muy conscientes de sus entresijos. Camas de hierro, mesitas de noche, candelabros mareados, sillones chistosos y mil trastos entraron solemnemente en la casa de los recién casados. La vajilla estaba suministrada por una casa de confianza, mientras que con la lencería, la confianza provenía de un castillo de los alrededores, abandonado por una familia antaño gloriosa. Al mismo tiempo que su apellido rimbombante, tuvo que abandonar, hace mucho tiempo de esto, por la escalera de servicio, como un vulgar tropel de durmientes despiertos, de proveedores expulsados y actores itinerantes, la maceta familiar con rosas. Una ancianita un poco inconexa trotaba en cabeza llevando un candelabro de tres brazos en la mano mal engrasada, cuyos huesos crujían ante el más leve movimiento y arrastraba tras ella una muchedumbre de criados que se lamían entre sí de arriba a abajo. Los actorzuelos continuaban y la más joven que también era la más bella de la chicas cerraba el cortejo con un gesto cuidadora de ocas, la mirada tristemente atenta al menor signo de dispersión. El fuego prendió en el torreón más alto y el drama fue declarado como un suicidio incomprensible, una hora después expiró y aunque los daños aún no hayan podido ser evaluados con exactitud, el venado se entregaba ya a los placeres de la mesa sin temor de accidente ni de fisura en la tubería de plomo del gas. ¿Quién es el hombre al que no se molestaría por las grandes festividades forestales? Las innumerables uniones entre la hierba que ilumina el polvo y los caminos verdes, celebradas como medidas de emergencia por el notario de lirones, le valdrán su peso en oro. Después de su muerte, se levantará un monumento de bolsillo en el corazón de cada enamorado y, entre las grandes cuerdas de las palmeras con leche y los pechos con armadura de hierro, tendrá lugar la caza voladora de la que está preñada la oscuridad.

Igual que los cordones de un corsé se cruzan y se multiplican, las muchachas y los muchachos se buscan de una a otra orilla del impetuoso torrente, a menudo arriesgando sus vidas al pie del voladizo, sin importarles mucho el objeto a domar. Tal es la fuerza del amor incipiente, que sin escalar paredes inconfesables, la serpiente se traga la cola y se da la vuelta como un guante. En los sombreros que cubren los glaciares, el buen clima puede tamborilear y rechinar los dientes, las horas desaparecen detrás de la cortina. Los enanos armados con guadañas y palos salen por la puerta de hierro y las manos de la bruja que engrana el collar del infierno, serán utilizadas como fagots por el domador de leones, el justiciero. Hay que tener en cuenta la revolución el amor del que se enorgullece la casa de fieras cuando da pobres actuaciones en los campos dañados. Un inmenso incendio se declara entonces en el pecho de los niños. Es otoño, plumas de perdiz cubren los bosques. Abundan gritos y gemidos en la colina desnuda, solo podemos presentirlos, nadie los escucha. Los libros yacen esparcidos en los pasillos de color cadavérico, las chimeneas siguen a las cigüeñas sobre estrellas palmeadas y los deshollinadores llegan en alegres grupos de manzanos y de sueños y recorren la ciudad crujiendo con ruidos falsos. Mil canciones se arrastran definitivamente por las calles y las cortinas se abren en las mil ventanas de la ciudad. La felicidad de los gestos invade las miles de carcajadas que asoman por las ventanas de la ciudad. Eso ocurre porque es la ciudad de las manzanas. Un mundo repleto de señales y sombreros, trenes y charangas que se derraman sobre el temblor de las hojas. Pronto caerá la nieve en forma de abanicos de plumas de avestruz sin que las multitudes trémulas tengan que refugiarse debajo de los hangares. ¿Estaremos más avanzados cuando sepamos la beneficencia lluviosa para merecer fines de fiesta tranquilos? ¡Tristeza, tristeza, eres tú sin embargo la que se desliza a hurtadillas en la cama de las bellas pecadoras! Ligeras como el fuego a plena luz del día en un parque de vidrio hilado, las vi desfilar frente al cristal, con las capuchas rojas, hijas de reyes y reinas, profundos sueños de los bosques, las antaño luminosas. Pedicelos y pedúnculos se levantaban de puntillas para mirarlas a los ojos donde brillaba ya el vino de bodas encantadas, mientras el mildiu se debatía entre los ciervos y las pantomimas en las vides de la mañana. La mitad del mi reino para Salomé, dijo el rey miserable, pero esa noche no hubo sesión de baile y no se pudo cortar la cabeza del temible moho. Cargada de venenos y perfumes que los adivinos habían depositado al pie del trono, la noche navegaba hacia otros juegos que debía esconder ante los ojos del mundo, pero las largas barbas blancas de los sabios estaban atadas juntas y en grupos de cinco, los dignatarios se desplazaban, ocupándose de sus asuntos de estado. como manos abiertas sobre telas de las arañas. A la luz de un perro de caza, pude de alguna manera reunir las bestias de carga de la palabra. Había llegado el momento de la destilación, ya solo esperábamos a que los bandidos encendieran los fuegos gordianos. Hay que mantener las palabras húmedas. Hay que proporcionarles una desnudez de alambre y procurarles una jubilación decente. Hay que empezar la casa por las palabras. Debajo de cada piedra, hay un nido de palabras y de su impetuoso torbellino se constituyó la sustancia del mundo. No tenemos que preocuparnos por los caminos venenosos que se pierden en el camino hacia los ecos. Unos valles profundos nos separan de la irrealidad de las principales razones. Nada más que movimiento en el hormiguero inestable. El hombre fue enterrado bajo la piedra de molino de las palabras (no podía tratarse de buscar la aguja mientras el hierro estuviera caliente), pero la lluvia y el miedo lo harán surgir crecido en la violenta conmoción de las estrellas aturdidas. La amada viga, de esta manera, se unirá al ojo negro que había perdido de vista, y así es como habrán acabado sus largas vacaciones pasadas en la tierra de las joyas, los grillos y la nuez moscada, toda la tierra virulenta sobre sus pasos.

*

Con toda la fuerza, los albornoces rayados azotan las conchas de aire, los fragmentos de comprensión se miran en el espejo en el agua calma, el aire y la desesperación concentrados en la palma de este sueño ofrecido para todos, el calmo golfo. Las furtivas cabalgadas de la sangre sobre el asfalto sonoro despliegan los chasquidos secos de sus aletas y se emboscan. Aquí está el hombre nuevamente colocado ante el camino de la oscuridad, su espejo significa para él la vanidad de la calma absoluta. Que quien lance la primera palabra en la batalla, se dé a conocer. Solo hay un despertar más hermoso que en los brazos de una nueva palabra, de una mujer hasta entonces desconocida – la magia voluptuosa del silencio antes de que aparezca el sol. Pero solo más allá de la palabra que pulula, obstinadamente presente, esta ingenua forma de olvido, existe el pensamiento. A través del tamiz hacemos cosquillas con mucho gusto al candor del árnica con la mirada clara dónde se ahogan los fantasmas; así se ahoga la frase sin puntuación, la que resalta la triste o alegre continuidad en el fracaso que es el significado de mi vida. La realidad borrosa, antes de ser conquistada por el sueño, es el reino donde me encuentro en mi casa. El aburrimiento antes de que muera, cuando me atasco allí por completo, es mi estado de vigilia más delicioso. La expectativa de algo de brillo, la aguda intensidad de la conciencia. ¿Qué me importa la conclusión del acto, la voluntad o el deseo que han conseguido su cumplimiento? El encanto se desvanece en estas gloriosas cumbres. Allí, comienza la sucesión irrevocable de crueldades y de luz. A las tres cuartas partes del camino encontramos el orden y la lucidez maravillosa que propagan el descuido de los duendes y la rebelión de los números establecidos – el fuego que está en pleno apogeo antes de abordar el principio de destrucción – y palpitan y se elevan.

Joan Miró

,

TRISTAN TZARA

EL ANTICABEZA

(1933)

Versión en castellano : Manuel Puertas Fuertes Huesca 2019

Pablo Picasso

INTRODUCCIÓN

El Anticabeza apareció en una primera edición en 1933 con un aguafuerte de Pablo Picasso. Posteriormente hubo una reedición de lujo en 1949 con aguafuertes de Ernst, Tanguy y Miró editada en tres volúmenes uno para cada parte de la obra. Estos textos en prosa fueron largamente elaborados, como por otra parte era típico en Tzara, durante dieciséis años, entre 1916 y 1932. Como obra en evolución, abarca por lo tanto desde época dada hasta el surrealismo, pasando por los años de transición.

Sueño y acción aparecen íntimamente unidos. Aa el antifilósofo – la doble a de dada – es, pues, pensamiento en continuo movimiento, expresado como una sola torrencial metáfora que se precipita en cascadas de un deshielo o como ardiente lava de un volcán en erupción. Esta primera parte se puede identificar con el período dadaista de Zúrich, algunos poemas fueron ya compuestos en el Cabaret Voltaire,

La segunda parte Medias noches para gigantes es un modelo de transición pacífica desde el absurdo destructor dadaista al juego de libre ensoñación surrealista, que incluye un amplio poema-homenaje al poder evocador del pensamiento nocturno (Antes que la noche).

Por último en El Desesperanto confluyen el esplendor, ya en cierta decadencia del surrealismo, recordemos el fundamental ensayo sobre éste del 15 de Mayo de 1933 y, el período convulso en España, anterior al golpe de Estado de Franco, que derivó en la etapa de concienciación política y la militancia comunista de Tristan Tzara.

Max ernst

SEÑOR AA EL ANTIFILÓSOFO

I

¡Capitán!

Los bólidos, las fuerzas abiertas de la cascada nos amenazan, el nudo de las serpientes, el látigo de las cadenas, avanzan triunfalmente en los países contaminados por ira eterna;

¡Capitán!

todas las acusaciones de los animales vejados, a mordiscos encima de la cama, bostezan en rosetones de sangre, la lluvia de dientes de piedra y las manchas de excremento en las jaulas nos entierran en capas interminables como la nieve;

¡Capitán!

las luces del carbón que se convierten en foco, relámpago, insecto bajo tu mirada, escuadrones de alucinados, monstruos con ruedas, gritos de sonámbulos mecánicos, estómagos líquidos sobre unas repisas de plata, crueldades de flores carnívoras invadirán el día sencillo y rural y la película de tu sueño;

¡Capitán!

ten cuidado de los ojos azules.

II

PROSÉLITO CON PRECIO FIJO

Dada deja desplumar sus alas en forma de D – era su impulso literario y caluroso – y contrata por minúsculas cascadas stacatto el escenario del célebre Señor; según su petición : cómo podría multiplicar su vida en unas pocas páginas de un libro, solo existen dos géneros, dice él, el poema y el panfleto, por eso o prohibición de entrar en el fuego fatuo; terminados los registros con exactitud, o mejor :

Para desperdicios (resedas). Para desperdicios del apéndice cromo, que resiste a cualquier distancia, donde cada cual se convertiría en arrastracueros, esto es demasiado y los restos no me seducen en absoluto, en cuanto a la cuestión cualitativa, y esto es demasiado, realmente demasiado, ante la petición del célebre Señor Aa, cómo podría multiplicar su vida en unas pocas páginas de un libro.

Después de la solución del problema, el comienza a vivir en dos cestos, su piano a pedales de poeta que sonó y anunció el avance, comienza a vivir familiarmente la geografía de su construcción nerviosa.

Según su petición cómo podría multiplicar su aliento esquivo en unas cuantas páginas

el pálido ojo del segundo guacamayo

Dada habiendo sobrevivido al concepto vocal, inmensa y comprometedora señal de debilidad

tras la digna protesta

sesenta camellos

cuatrocientos caballos

trescientas pieles de cibelina

cinco pieles de armiño

tres pieles de gamo

cien pieles de zorros blanquigualdos

veinte pieles de zorro amarillo

cinco pieles de buey doradas

un pájaro enorme llamado en vida Tayo

cuatro hermosos fusiles.

III

AZÚCAR EN POLVO SABIO

Sonaba amarillo, revoltijo, de instrumentos quirúrgicos, rompía los hilos, la sangre del barco comercial fluía por canales especialmente construidos, almacenaje, olor a café (sur). Aa sale de su cama es profunda, hueco caja fuerte, perforado completamente por los mástiles de las pesadillas, párpados trémulos, mudo aplauso en el espectáculo de las llamas arrojadas entre líneas paralelas, estrechas, realmente afirmación demasiado ardiente desde arriba por simple coincidencia sulfurosa del choque exacto de las nubes (aquí las montañas se reflejan en el lago), el emparejamiento de las orillas no sería imposible en la aurora religión telefonía se resbala (esta guardería sirve de cenicero – Aa fue bautizado escarabajo de metal) entre cigarrillos y plumas de pitecántropo.

No avanza y no retrocede ante la súbita transformación del violoncelo en barca, sube al tranvía planetario, cristal desnudo en la taza, espera este azúcar precioso para las alegrías de las avalanchas a gran altitud, en el compartimento de los placeres privados que solo percibe por unos ligeros gestos que recuerdan al abanico, tos repetitiva, vapor puesto en su motor de gasolina de sangre humana (hace tanto frío) y se tapa doblemente abrigo de alas de insecto mimogrito en el bosque un bosque en marcha le deja en los aires una gran hoja de otoño del mayor cucurucho de la mecánica de las pirámides.

Aa solo tiene la cifra emoción – sus flores (emparejadas a 4), amores metálicos (cálculo infinitesimal), perro, densidad, nadando por encima de las velas de cera y de la química, construye su lenguaje en la mesa de multiplicación, también las canciones – juega al billar, colgado, fijos los pies linterna reloj múltiple a la fuga insectos horno, grito de un ojo verdecido por el polvo, caída de petróleo de sus arterias por la garganta la cabeza rueda en apariencia sobre la mesa de billar, gira en semi-círculos. los brazos son meros hilillos, los restos de Aa se agarran al techo – ya no queda nada en la sala de juego de un hotel equilibrio.

Astro – motor del calentador de verano, haz el luto cuadrado, tipográfico, suculentas sensaciones de la T.S.F. comunicando con el alma los insectos espiraloides con este fin – no solamente trágico,¡vaya! -hemisferio trópico de pájaro boreal plantado bajo la tierra maravillosa, farmacéutica, ¡vaya! La incomodidad de los entierros furtivos en coche, – final inimitable- en descanso vacacional, ¡vaya! – relámpago en el cristal,- alma compacta.

Por el objetivo de la boca del volcán me divierto destilando todo tipo de películas arqueológicas y las raíces de las aventuras astrales del futuro.

En la penumbra sin título, en la larga espera de viscosa menstruación del cráneo – algunas veces cúpula con sección de horizonte – clara porcelana, ¡Oh casto desequilibrio! – Aa cuenta ces

TRES CUENTOS

Yo vivía en el hotel, Hacía tres semanas. Pagué religiosamente las facturas. El lunes se cambian las sábanas de la cama. El martes pedí la factura. Pagada, hago las maletas. A las 11, me marché. Regreso a las 3 y 2o con otro equipaje. Tomo la misma habitación, pero en adelante me llamo únicamente Señor Paul Bourget.

Cuando abrí la colcha después de tres años, nos dimos cuenta de que había muerto por sugestión, porque no hay nada mas auténticamente irreparable que el cine en el manicomio. Digo esto para el instante de virilidad y para el eucalipto de la boca del revólver.

La altura termómetro-poética mayor que el espejismo cuando el calor nos pone pantalones de aureola probablemente.

IV

ALTA COSTURA

Enorme luz ilegítima que hunde el sol vientre bajo escaleras laterales – detective intracelular- me ahogo bajo la avalancha de los apocalipsis matutinos y el candor de los amplios abrigos cubre la colina sorda y abejorros grito grafito.

Inútil paseo por los congresos de las perfecciones – dónde están los buenos padres de afirmaciones constantes – en su mano colectiva pondré la pesadez de mis tópicos para encender lo superfluo de brazos y piernas.

Nómina de ingreso toda mi sangre e inteligencia gratis no quiero nada no quiero nada dejadme en paz ni gritar ni callarme ni desesperado ni química vulgaridad del absoluto pega la medicina de los felices cerca de los carteles frente al urinario que sea para hombres o para ratas es igual y yo os doy a cada uno veinte céntimos de propina.

A mí o a otro me absorbe el lenguaje sin adornos si es demasiado claro te comeré como sabes el hígado los pulmones en marcha jamás estuve enfermo porque cada palabra es mentira hasta dode presentaré célula a célula esta petaca si eso huele a petróleo es el domicilio de la eternidad y nunca iré allá abajo porque está demasiado limpia.

Los maxilares de las frases bien construidas sentido común en cualquier aspecto stop el color elástico o no soy libre puesto que soy el problema stop si soy simple no hay problema entonces stop entonces ¿reinicio si esto me divierte? me gusta el chocolate.

Del matraz uno analiza la boca de las ciudades y de aquí soy dentista de las estrellas poema simultáneo es muy fácil aclarar la goma debajo de la lengua cito un poema de 1915 :

“y todos los niños que hacen caca

allí donde en nuestra casa otros alojan amor y honor”

en dos cifras puedo ver el mundo incluso en una sola y puedo también verlo sin cifras por ejemplo cartucho.

Ver hace mala impresión a causa de los sonidos pero comprender es incómodo y el maniquí de cera no está rizado para comprender hay consecuencias está siempre limpio rizado estoy verdaderamente para conferencias daré conferencias escucharé todas las conferencias iré por todos los sitios de conferencias conferencias.

Agarrar las fibras de un insecto en el frasco tinta sin humanidad es pretencioso yo os agarro la mano atención sexual os da las gracias por vuestros deseos expectantes

contabilizo sociedad de cartílagos contra reembolso se cuentan secretos de vida en el fondo es muy agradable o desagradable y concreto.

La mecánica del juego ardiente que quema arrastra sombras cuestión de estadística me da la razón peces del sur no saben nada esta bien o mal 17 de septiembre era el día y el rascacielos para soportar los gritos de anilina.

Frío pez frío pez la rueda de las ciudades la ruleta trozos de oro y de circunflejo flexible encontré el camino tu eres mi camino y la realidad two-step.

V

ATROCIDADES DE ARTURO TROMPETA

Y HOMBRE RANA

En el lago de hidrógeno recogido en el sexo del sueño los cigarrillos chillan pajaritos corren tras el ritmo de los motores es decir ondulación aflautada.

Decorado : Bote de salvamento amarrado encima de la cama,

Palmeras,

Canapé rojo de estilo antiguo,

Maniquí de mimbre con disco de gramófono en la cabeza.

Aquí me muero, en el tercer estrato como digno hombre rana, toco el espejo y miro por principio o lánguidamente la boca del gramófono mudo.

Cada colega su broma y la totalidad de las bromas : literatura.

Cilindros sospechosos con sordina, superpuestos, visitan el mar – al menos tu mirada gran guardián de antílopes en el garaje repara la desgana en la cola, piano con vaselina pìanolina de peces con sencillo sistema antepecho.

Me gusta la sencillez por encima de todo. El esqueleto de las máquinas es inferior o superior al de los pitecántropos. Una idea puede encenderse como la luz eléctrica, secar como una venda y saltar como un determinado color verde que antaño mezclé con la sangre del colibrí y el caucho de las bicicletas a horcajadas sobre un hilo telegráfico. Series de postales sobre las ramas del nuevo sistema hombre o canción entre cuatro ojos.

La interrupción aquí del lenguaje de Aa que quería linchar, libar, abandonar y arrancar la filosofía, Mississipi, y la erupción de las vocales de una rosa situada en la nuca de Napoleón fijó la solapa grifo de los diafragmas, durante algunos instantes, sobre el final bien situado de la frase que nunca acabará.

VI

MASACRE PORTENTOSA

Levantarse bajo la manivela del acordeón, orquestación, fluctuación, cálculo de los desperdicios lentos, enfermos – cual garganta rígida, garaje de látigos sabios y paralelos y la estampida cerrada por paréntesis.

Novela policíaca, nariz artificial para iluminación rosa de día de fiesta, carteristas, impermeable, globos en las orillas de los lagos, biberones, tarde primaveral, las máquinas funcionan para el gran despertar que alaba el choque en cadena dios.

De Camboya llegado con su dogo, salido a 5 h 05, muerto a medianoche exacta.

La antena tiembla bajo la pantalla, cocina de los sábados meteorológicos, equipaje, sopa estelar en el huracán solemne resplandor.

Iluminación estridente DO mayor, proyecciones de hélices y polvo blanco en la botella llave de primer orden garantía para todas las maletas me divierto en el triángulo de hierro.

Etiqueta en la farmacia y confesión de la joven enamorada :

Amargura de las máquinas de coser nubes y estrellas apagadas en un vaso de agua

ángeles de carrusel azul grifo para los instintos

y la batuta suena sobre las mentiras de collares cascabeles y candados.

VII

ARENA

Bueno, bueno, dice el caramelo, de la boca de niño que era para él el caramelo. El silencio de la pequeña habitación era un grito para el gran silencio. El silencio me expresa su falta de confianza. Bueno, bueno dice mi silencio y huyó para siempre. Todo esto regresa a la punta de mi lengua. Con un poco de carbón. El acordeón se colocó encima de la mesa. Bueno, bueno, dije yo.

Fábula.

VIII

COMO UN HOMBRE

“Corroe los huesos de la lámpara eléctrica, engancha los caballos al sistema sideral, pesca con anzuelo ;

dice Aa, breviario de hipótesis vivas.

El prepara en el complot del color Venecia el audaz cese de la lógica siglo.

¡Viento! ¡Viento!

La edad del primer personaje, calcinad al pueblo en azufre lentamente, calmadamente, consumid la flor de suelo, la llave de la risa del carburador, el viento subleva mar y tierra, viento de raza canina.

¡Viento! ¡Viento!

Todos los cerebros llevan aceite, olvidad tragad impurezas y necesidades, la llama oculta será vuestro alimento, cuerpos y fuego están entre sus manos.

¡Viento! ¡Viento!

El color fértil, el mar espacioso, ¡quién perseguirá la jerarquía de su producción? Estrelladas las cristalerías sobre el basalto de los tumores, en la boca del volcán se ha escondido un largo cometa. Lluvia de langostas, los salmos crecen en largas barbas de la boca del bárbaro, en otoño, otoño que ahoga los pozos, testigo indiscutible del temblor solar y en nuestros pies :

Cal, polvo, ceniza.

IX

MÍSTICO DOMÉSTICO

Tétrico coagulado es un medicamento como la conclusión holandesa de las lámparas eléctricas muro derrumbado sobre la cuerda madura interrumpe el carril y el toro es aquella evasión del ojo de la red conjuntivitis le sirvió de ejemplo conyugal ni serpiente ni peluquero puso todo su bien sobre el cochecito infantil y eso es todo es decir colocó su capital en torbellinos inversos iniciando la época de la bronquitis del exilio y del fonógrafo capaz y macabro.

X

ENCERRADO

Derramar la fina arena en el paréntesis abierto hacia el ojo lleno de negro el insecto verde duerme tiene un alma pequeña en el saco la cometa ve.

De perfil y de frente a la vez cortado por el cristal los animales la fábrica ¿qué idea matará mi cabeza mi general?

Cerillas papel donde ir iglesias cigarrillos por las noches noche gran sillón de lana sorda trompeta de cascada roja aporta luz en mi espalda suenan las 7 corredor estrecho ciérrate vibrar en escalas delgados insectos de agua blanca siempre luminosa pesada en los harapos silbar la antigua alegría grita la pirámide ¿de dónde sale el humo? – eléctrica muda estalla al fin sueño de porcelana y de madera.

Matraz transformado en vaso roto simetría y como el medicamento se convierte en plegaria con los bordes en zig zag el lago derramará en la torre de hierro cielo sus metales en pequeños organismos transparentes.

Muerdes la piedra desgarra el vientre los caminos traga la ceniza azul de los cereales.

Sopla sopla en tus ojos arena pegajosa y sonora.

XI

DOMADOR AMABLE

En la cacerola hirviendo de fox-trot : leve locura, – me inclino sobre el borde y soplo en el ventilador. Del yate surge el heliotropo a través de la sección trópica que cosquillea el lastre y las arrugas que quedan y se arrastran se alegran en el agua como Margot bajo los brazos.

En el violín se desarrolla cólera cuyo sentimiento en amplias huellas engrasadas con pez griega teme el crujido de las leyes de gravitación. Entonces escupo. Y mi grandeza llena de zumo azúcar la sala. Legatario universal de Marcel Prévost, tú tenías otro perfil. El resumía sus miradas en la petaca y recogía las etiquetas de cacao Van Hooten. Os reservo, visitantes, en tazas de Nyon, ruedas de minúsculos relojes, desmontados y sus resortes. La cita con la Gran- Rueda (4,15). Embriones colocados en vasos con cucharillas. Sacrilegio meteorológico. Pantalón. Huesos otoñales. Esto es lo que él esperaba para silbar en octavas la incandescencia logarítmica de la segunda aguja del voltímetro o la probabilidad del grito pensado en la aurora. Orinó frio por el grifo olímpico y los caramelos abiertos en el telescopio. Aa da vueltas en los cojines – pan en fabricación – sale con forma de huevo y se planta.

Planta roja que cosquillea con su nombre mi meninge. Planta en la planta útil. En el pliegue del diafragma oigo 100 sonidos, Y la luminosidad de los sentidos plantaciones de notas de arcilla con decorado fijo es cuestión de costumbre, ayer pequé, cuestión de oficio. En la pesca de zapatos de suicidados, Aa busca su jornada por encima de la locura precisa y neta y constata la banalidad matemática del hastío que le gusta.

Del hastío que le gusta matemática banalidad. Belleza.

Salpicaduras de pedos en la corola – su ojo ve en el interior del ventrílocuo, qué felicidad, Aa se mete bajo los puños de la prestidigitadora Primavera.

Eso es.

Y se purifica totalmente en el depósito general a granel.

Aquí las antenas queman la impaciencia de las oficinas telegr, los arañazos llaman a los escorpiones que regulan el lavado automático de los urinarios, envía gratuitamente cigarrillos a los que lo desean antes del suicidio, Brandy de Melocotón halo de tu mirada. Los escorpiones hundidos en los órganos se mueven allí libremente, los relojes anuncian la intoxicación, aquí están los santos que juegan al corro entre las cadenas y el salto que se prepara entre las modelos de los pintores, en los pabellones – ése es el hierro que amenaza con su caída líquida, granizo, dientes. Aquí está el remedio. Extra-fino.

Aquí está.

XII

BARCAS AL AMANECER

Nos maceramos en el circo relleno de ruedas dentadas y dónde solo existen ruedas dentadas, como el olor a yodo debajo de la epidermis de las tapicerías de taberna. Si el circo es pequeño y ácido despertador (recoger las cavatinas excesivas) y la carpa es transparente (mi tía se acuclilla en el trapecio), el salto vital se denomina Pensamiento.

Cada rueda presume de sus rasgos faciales, su expansión giratoria, la regularidad o la coquetería lúcidas cantan la forma en que asombran a la velocidad, etc. Los deseos de las ruedas, las especialidades de los centros, desgarran el cerebro y rompen sistemáticamente los espejos, penetran en los pasillos y provocan en la mayoría de las ocasiones y por la sangre mala característica, el constipado cuyas desagradables consecuencias conocemos.

Los colegiales evitan las enfermedades de este tipo (elegía, oda) que proceden de la dilatación de alguna rueda que me ruboriza citar aquí.

Es necesario no solamente que la máquina funcione correctamente, sino sobre todo que los finales de las palabras se unan unos a otros en los pasajes desapercibidos y que la aclimatación de las horas llegue a ser, en los frágiles oídos, enfermedad de altura gramatical, mazurka de colibrís en pilas eléctricas, prepara la mezcla permanente y regresará el mastodonte a vuestro mundo con los aullidos aromáticos de zorros intangibles.

XIII

IMPUESTOS Y OCASIONES

El invento desde que la iglesia sin siervo tiene miedo y las ratas llevan también sable candelabro y casco los esqueletos se mecen cuando el ventrílocuo recita la marsellesa y el rico monseñor posee el rebaño de elefantes la traducción y la velada impasible el compraba caballos verdes muy necesarios para la amargura que sabemos no es transportable sino dañina para la concentración bordado y natural como los crujidos de los peces eléctricos en el agua cuando los caballos pasan las palabras crepitan con placeres de caballo verde y cloroformo.

XIV

VELÓDROMO CON CEBOLLAS

El matrimonio ⅓ es también un resultado de la vida marítima como el final de frase aquí y opaca la flor meneada la cola se le ponen ventosas con luces eléctricas él cree en la inviolabilidad de las negaciones válidas para un mes y es pues muy amable (*)

El teléfono nos permanece fiel como un perro impecable dice el dadaísta él bala bala las cortinas tragan la luz de las calles Aa envía express todo esto para la exposición de las colonias el mundo normal el mío fosfato el tribunal es un ataque conyugal entre la polvareda la manivela la manifestación y los equipajes de granos de migraña jabón lunar y aperitivos beneficio adoptaron un nuevo hijo virgen y lo escondieron en el piano garaje.

Aún queda el cáncer de la luz roja del pasillo.

Y la mandíbula con guirnaldas de uñas espera al enano al tren y al conejo

El señor Aa espera el correo el aplauso civil del atentado criminal y perpetuo.

(*) y extremadamente simpático.

XV

EL SEÑOR AA SOMETIDO AL IMPUESTO

Debido a que es paralelo y gira, dice el fotógrafo tan pronto como las promesas botánicas asumieron los yo me suicido e infame tú me traicionaste porque el siempre resolvió mediante mi cuenta y mi cerebro la comida húmeda y la hora inodora de la partida pero nosotros solo éramos un órgano extraño llamado azul azul y la torre limpia de carteles como el avestruz se envolvía con cojines de aire esto no era ya un secreto que ella se acostaba con una mujer gorda en una caja doble con inscripción cristalería y dos minaretes dijo como el péndulo y el reglamento con doble efectivo dice tragándose el revestimiento de este gran pájaro cómo se llama dice hospital de nuestras noches pero he aquí al final de los colores vi a nuestro señor y de repente el jardín zoológico se introdujo de contrabando en el boletín bursátil sin pagar las contribuciones al consolador.

XVI

PASTILLAS DE ACERO

I

los pies desnudos dijeron a la neurastenia : falsos bigotes de avestruz marca americana

el pájaro frío dice al monóculo : boca sin labios me suicido

y el cubista dice al cubista : yo inventé el rasca-misnistro y soy el jefe

el jefe llama al jefe : jefe.

XVII

PASTILLAS DE ACERO

2

sin yo yo os vendo el 1

2 habla de 3 viento

tu arrastras píldoras de joyas 4

igual que 5 el oso viejo baila sobre 7 la playa

cómo 6 compresa maniobra

señor 8 perdón princesa compresa 9

pero a las 10 razón hace falta un estilista

dice saliendo de su por qué quien 11 les cargó 12 13 14

en aduana 15

XVIII

PASTILLAS DE ACERO

3

el ángel dice al viento reptil : precipítate

y los testigos de las volteretas del whisky por episodios

y el aficionada a ángeles concienzudo al compositor :

sí sí

XIX

PASTILLAS DE ACERO

4

Alrededor del lago los sapos juegan a las cartas en la serrería hay un instrumento de silencio que produce aureolas y una anemia atmosférica dos cerillas resplandecen y sirven a los lobos de ojos chocolate fresco y bromuro para las industrias discretas el atardecer convaleciente de la noche dispone de una enorme decoración de emperador colgada en el puente prostituida de alarma de los sábados mecánicos qué pide la serpiente por su forma y avanza y se derrumba y no grita exige el precio.

XX

PASTILLAS DE ACERO

5

amor pequeña estación en una pequeña oreja

felicidad en la cáscara

quiero mi certificado

convertirse azote del observatorio

quién estimula al antifilósofo

quién es incendiario

el pecado de precio no se fija

la verdad de repetición y el gran corazón no se captan

la boca en otoño lento de intenciones sospechosas

yo esperaba yo nadaba

XXI

LA VIRGINIDAD BENEFICIOSA Y LA RECOMPENSA DEL SEÑOR

Se abre la maleta, las inutilidades del último año, las últimas juventudes, sobre los transportines de las jaulas, la primavera sin edad regresa en el mercado mirándose dentro de la boca con los mismos dientes, el mismo cristal de iniciales llenas.

De repente, los dos caballeros se detuvieron, uno frente al otro, el otro de perfil al primero, miradas furtivas.

Melena en circuito cerrado de virgen, glóbulo de nervio tímido, felicidad de los encerrados. Y en los patios de internados lo que nos queda por saber.

Los dos caballeros llevaban la barba acicalada.

En la cerradura, dientes preparados para morder. La muerte en el bolsillo, la llave en el bolsillo, la llave tenía un ojo vivo y ágil, Señor Aa comenzó a sospechar le acababa de terminar el suyo, qué pesada intoxicación en nuestra botella.

Los dos caballeros intercambiaron palabras amargas sobre la humanidad y sus hipótesis. La reja alrededor de su lenguaje era estrecha, la amargura pobre. No se tensó ni un músculo. No hizo ruido porque las hojas, los árboles, la hierba y los granos llevaban guantes de lana.

– «Costumbre y pulcritud. El hombre siembra el grito entre hombres. Cualquier frase presentada con «esto es» al final se emplea con afán de lucro. La vida se muerde los labios, se usa alfombra. Las manicuras preparan las uñas para la muerte.”

El Sr. Aa continuaba dictando. Los dos caballeros no sabían nada al respecto. Y continuaban su paseo como el mismo sabor a azúcar que nunca cambia su lenta vibración en el nervio de la lengua – agradecimiento por los cara a cara anulados.

Los dos señores regresaban a sus casas porque vivían en el mismo hotel.

XXII

CADA AMPOLLA CONTIENE MI SISTEMA NERVIOSO

Levántate la falda y muerde la sierra la sierra de vinagre recuerdo y película de hueso martillado con desesperación llega el lobo que robó el cordero asado su esqueleto todavía decora el pecho harto de oro de las dos aldeas y el cerebro permaneció como corazón del lago que nadie come ni come ni come ni abraza ni abraza ni abraza ni cree ni cree ni juzga ni juzga ni juzga ni roba ni bebe ni bebe ni diseca ni diseca ni diseca.

XXIII

EL ENANO EN SU CUCURUCHO

Quién me llama en el agujero acolchado por granos de tela, yo contesto tierra abierta, capas endurecidas de paciencia inquebrantable, mandíbula del suelo.

La mano que nos tiende la nube alcanza al ojo con todos mis respetuosos sentimientos. Quién me llama eres tú si soy yo eres tú sí eres tú, el llevaba cascabeles de baile en la solapa. Yo soy entonces el milímetro piensa él porque no soy el viajante de los tubos con frases piensa él porque no soy el ojo del tren de la bruja de papel piensa él porque no soy el milímetro de caballo árabe piensa él y algunas ramas de carbón me balanceo simétrico y toco con la aguja el sonido de las paredes de la pagoda.

Ante estas palabras, la Inglesa se puso a gritar : al violador, al violador, El árbol viajaba de incógnito. Se sentó a la mesa con un aspecto muy avergonzado. La Inglesa acababa su jornada con espasmos exagerados, flautas indignadas, ultimatums a la vida, vivisecciones de voces. Nadie frunció el ceño sobre su placer. El otro, el que mencioné en el capítulo anterior que tenía un paraguas en vez de cabeza y se parecía por su estructura a un sillón, (un hombre auténtico, poned dentro cualquier cosa) cantaba :

XXIV

LAS COMPUERTAS DEL PENSAMIENTO

Un aterrador grito de cristal se precipita sobre el tablero de ajedrez como el otoño. No molestéis os ruego la redondez de mi medio-lenguaje. Invertebrado.

Una tarde de calma la belleza. Una muchacha joven como el riego transformó el oculto camino del pantano.

Tratado de lenguaje.

Cuando el lobo no teme a la hoja yo languidezco.

Y en cuanto al vuelo de negligencia en cuclillas.

Yo me, descomponiendo el horror, muy tarde.

El cansancio se acuerda de haber depositado el paquete sobre la blancura de la hora.

Tal vez el diente privado. Comprender el paseo de los adjetivos en la boca de trabajo.

Los Espartanos colocaban sus palabras sobre la colina para que los zorros comieran y arrancaran sus entrañas. Pasó un fotógrafo. Me dijo ¿cómo os atrevéis a galopar sobre los campos reservados a la sintaxis? La palabra, le digo, tiene cincuenta pisos, es un rasca-dios. Era verdad, porque el fotógrafo era solo un parásito de la compañía general de picores.

XXV

RAYO TÁRTARO

Hagan juego silbad la aguja por los cuernos del buey ceniza la lluvia a lo largo de hierbas secas bigotes de qué transporte de materias combustibles cosquillean al final de la estación, preguntó X con la amplitud de las fibras para comunicación. Devora el trueno hinchado de sobresaltos de rueda mal engrasada.

La perra sabe la hora que es en la dentadura de su perro exceptuado el acto de debilidad preciosa para los cuidados del crecimiento de caballo y de clavo

esto se llama rayo.

XXVI

PETARDOS EN CAJA

El cascabel de un perro se entretiene sobre una puñeta, corta la nariz de los que huelen la comida en masturbación.

Se come a los hombres cuando tienen en sus cabezas caramelos pelados, microbios y golosinas rascan la piel de sus cerebros, llaman idea al esperma obtenido mediante métodos sencillos.

Cuando se frotan sus cabezas, un timbre melancólico tiene diarrea en el cráneo del Señor Saturno.

El caníbal llega en una línea reciente con un enorme machete de hierro en las manos, con dientes con ruedas, con una escoba, con dos piedras de molino, con ácidos oscuros y fuertes para destruir todo lo que digiere. Todo lo que continúa la palabra, el color, la felicidad, es una digestión mortuoria y científica : la discusión, la masturbación, la explicación, la exasperación.

El envía submarinistas hinchados en el vientre del Señor Cormon (encontramos ahí propaganda para el color de ojos azul, la palidez de las tulipas en las orillas del mar cubista y la materia grisácea de las pútridas miradas, peces ennegrecidos, piedras de la locura),

atajos

adversario

disponible

régimen

costumbre

diputado

pronósticos

profundamente

mercados.

El baño con ácido gástrico se come el papel, no busquéis nada en un cuadro : tema y medio son lo mismo. El cuadro dada es una ducha universal con agua roja. La naturaleza es lo que sale de los dedos y de la mirada, libremente, tiene un número de teléfono y un apartamento en el Campo de Marzo como la amistad y la conversación filtrada por la red del tejido cerebral.

El arte es un poeta con las costillas rotas, destroza todos los huesos y las rosas de cristal, el arte es una venda y un libro de Oscar Wilde, el arte es el arte de los artistas, el arte de ser educado con los acontecimientos cotidianos, susceptible en sociedad, un cerdo dentro de su cocina.

En todas las cajas craneales hay líneas puras y y una expresión de geografía al sol, no existe ningún secreto para notarlas, la sencillez se llama Dada, sus movimientos destruyen y matan instantáneamente, abre la luz para algunos hombres que mirarán y sabrán que no encontrarán nada. En una bombilla – un fragmento de vidrio desinfectado – se os ofrece como maldad y bondad como una declaración en la aduana sobre un abeto de solapa sabiduría eterna.

XXVII

HUNDIMIENTO

Boum, boum, boum, desnudó su carne cuando las ranas mojadas comenzaron a arder, puse el caballo con piel de la serpiente en la fuente ahora dependeremos de mis amigos y es muy interesante las jirafas de los mordiscos sobre el mármol vals macabro.

Domingo : dos elefantes periódico de Ginebra en el restaurante el telegrafista asesina el retrato del emperador.

La conserje me engañó vendió el apartamento que yo había alquilado en la iglesia después de misa el pecador dijo a la condesa : adiós Matilde.

El tren arrastra el humo como la huida de un animal herido con las tripas aplastadas pobre animal.

Alrededor del faro gira la aureola de pájaros azulados a medias luces que atornillan la distancia de los barcos mientras los arcángeles se purgan y los pájaros aceleran la menstruación por medios artificiales y ocultos.

Oh querido es tan difícil la calle se escapa con mi equipaje a través de la ciudad el metro mezcla su cine con Jamaica la proa de os adoro amarra en el casino del sicomoro.

En los nervios de los peces existe la vibración dada, da, da, repite el instrumento inexacto catarata e inodoro.

XXVIII

NUBES CONTRABANDISTAS

La melena exuberante de la imaginación rodea su cabeza magníficamente, bajo el peso y la amenaza, unas ideas en turnos de barajas. La suerte es ingeniosa, la cucharilla da vueltas incansablemente en la taza. Perchero del Evangelio y su diminuta cabeza deja crecer la barba en fermentos de cocodrilos olvidados : la memoria.

Torreones torreones y sus trazados calcáreos.

La hierba de los ojos de lluvia.

Abriéndose con demasiada frecuencia, trompeta y tambor, a las crisis de lo desconocido. El tren que sale lleva medias de seda, y filigranas de los andamiajes. Antes antes está disponible para combinaciones de la memoria. Cortando transversalmente el luto de los labios, él. La siguiente parada es una bonita boda. El matrimonio ha sellado el amor el amor ha descarrilado fácilmente, eso es todo.

El alma es necesaria, el acento de la cabeza, cuando la opinión impermeable juega con el éxito de las naciones. Incansable y habiendo acariciado las sinuosas plantaciones de la palma de su mano. «No sé leer, no sé escribir, no sé pensar. En la silla ojo de raya. No sé hacer el amor no sé respirar. Pero yo yo. Yo sé yo. En cuanto al tenso ronroneo de tu excitación verbal. No sé decir la verdad. No sé digerir. Deseable perdiste el miedo, camisa de tu vista, miopía fresca y descosida en superfino. Baile en las gradas. Bailo sobre el graderío. No conozco grandeza. Proyectados en la sombra del rostro, damos sombra a los pájaros.» ¿Quién no se volvería loco al comer sombra de pájaros?

XXIX

ÁRBOL CON FUSILES

Bajo la lupa de aumento estrella un insecto higiénico sirve de tapón en la boca del metro. Sentado en un tubo de hiero fundido pájaro noche invita a los transeúntes al Dada. Así se explica este paisaje que aún no tenía título. Una cinta transportadora lo llevó a su acuarium de campaña salubre donde hizo todo lo que se oye, toca, ve.

Con una película de hormiga automóvil y una planta alpina que sirve de metrónomo para la fuente, puso en movimiento el reloj de pared.

Ha disecado un depósito de materia nerviosa y ha vertido al canal, una tras otra, las medidas del fox-trot cascada sable granizo.

Dada es tan inteligente tan poco inteligente como los animales domésticos, los microbios calientes necesarios para el organismo, la agricultura cardíaca y la cría razonada de muebles cómodos.

Las delicias químicas de los fertilizantes estéticos, las fatigas de los automóviles que amplían la voz, los árboles que crecen en la frente de los cíclopes mareados y los fosfatos hinchan nuestra pelota cerebral.

Nos volvemos cada vez más nocturnos y hacemos una reja de tijeras a nuestro alrededor.

Unos dibujos y unas palabras, solo se filtra el viento en relaciones cotidianas : pastillas ligeras de menta colocadas en cada articulación, unidas a la retina, perforan una página de materia gris, nacional y pesada, para qué y por qué.

El dice en este momento de pensamiento ridículo, en este momento de acción absurda, solo hay diversión. Una cascada presupuesto monopolio se llama vida y nos empuja a escucharla, nos oímos mercancía rueda que anda sobre el sitio desde la impresión de la primera célula. Empleamos la cirugía crítica para la rueda a saltos de antílope, las orejas arden bajo el roce de intrigas.

El continúa divirtiéndose.

Dada se va con las agrupaciones matemáticas y forma cuarteles en cilindros cejas y bigotes.

Dada se se alimenta de pegamento, de flores de sellos de correos, de guijarros, de hojas de afeitar, de zozobra y de cebollas.

Un monstruo con lengua de pelos en un cuerpo de gramófono inteligente y una regadera en lugar del sexo fecunda hombres y campos que la ven pasar.

El poema es la respuesta al por qué de la lluvia en jaula y el dibujo el porqué del crimen.

Cuando los nervios salen por las uñas y dejan rastros, el ojo alcanza el zinc y el porqué ve.

El Sr. Aa, el antifilósofo, tiene un taller de alta costura, dice :

Un motor pasó lo llevó dentro de las nubes

una planta carnívora rasca la espalda de Dada que nada

Dada es la felicidad con cáscara

y nosotros los dadaistas hemos salido cocidos de sus huevos.

XXX

TIJERAS DE MODOS DE ACTUAR

Cuando el pan, un loro, el peine en la cabeza, aprende a caminar sobre los platos de un oso polar, la nieve ya no cubre las montañas cubiertas de nieve y de malas acciones trepadoras, peces de nubes en las plantas.

La sierra enmarca los retratos de los santos y los guijarros son más pesados sobre los sentimientos de nuestra mirada agresiva. Qué horror, exclama el Sr. Aa, se extiende y escasea entre las horas en que el candor de los animales estampa sellos de grisú mediante disparos audaces pero seguros de los héroes de calendarios. Los pelos magnéticos de las tijeras cosquillean las uñas de mis dedos flecos. Existe oscuridad en todo consentimiento, el objeto en el hombre es más fuerte que el hombre, en la botella que se vacía, la manipulación inexplicable nos saca los ojos con la estrella de piedra y de aceitoso cerebro. Este vendaje siempre me ha parecido perfectamente inútil. Si doy vacío al vacío, avellanas a las cigarras normales, niebla a los cohetes iguales y tranquilizados por el deporte, ventanas a las catástrofes legales, los juegos colgados de las fortificaciones al destino, la grandeza únicamente puede crecer, exploro la aglomeración que precedió a la geografía, la uva de la posibilidad cuando el cerebro era tan sólo gas.

Así tritura la llave unos dientes y el cuerpo en el centro. La viva corbata del camino. Solo podría ser una familia próspera que buscara un cadáver temprano. Algunas balas perdidas se multiplican en los espejos, reproducen recuerdos atávicos de habilidades nupciales. En el barco anuncio, el servicio de cuidados paternos está regulado con la ayuda de postes indicadores. Las vacas lamen fósiles que se vuelven preciosos – ¿no creéis que esto circula por la sangre ¿Y que cada glóbulo es un huevo vivo con cola, fuerza e instinto?

Sin cejas, la boca no podría funcionar; lejos de aquí pasan pechos de méritos galantes, crisis agrícolas, saludos vagabundos, bolardos, embrollos y conquistas.

XXXI

TELARES DE JUNCOS

   En el autobús de ruedas difíciles, la música incrementa el aburrimiento de los corazones de goma. Envuelto con el ruido del humo. Amor - narices abiertas al azar. ¿Quién hubiese creído que en la blancura de la colada, una gota de sello de correos significase el abrazo emocionante no controlado por la memoria? Experta lavandera, la memoria une las épocas. ¿Quién hace latir las sienes con toque de retirada de trompeta? El marinero. Cristal con cabellos alborotados, la amargura oxida nuestros mayores placeres, insecto. Cristal con ojos demacrados, cabellos alborotados, la amargura, oxida nuestros mayores placeres. Cristal con ojos demacrados, la amargura de los cabellos alborotados oxida nuestros placeres, insectos. Cristal de cabellos demacrados - la amargura oxida nuestros placeres - los insectos también tienen  corazones, sienes y ruidos. Cristal de los más bellos placeres, amargura en los cabellos cansados (enmohecidos). Cristal con ojos demacrados, cabellos demacrados por el viento, amargura con latidos de insecto oxidado, su tambor. Cristal de corazones, sienes y ruidos, la amargura oxida el tambor de los insectos. Cristal de insecto con ojos demacrados, la amargura en los cabellos enredados oxida la amargura en los ojos demacrados de nuestros más bellos deseos de corazón, sien y ruido. Cristal con los deseos más bellos, la amargura oxida corazones, sienes y ruidos. Cristal demacrado, la amargura oxida el más hermoso insecto : el ángel. Cristal de amor y amargura, el blanco de ángel es exacto. Aquí hay amor, amargura, cristal, blanco, ángel y exactitud.                                           

                                                       XXXII

   - Estimado Señor,
   La cobardía conoce su orden, es el peso del miedo que todos llevamos en los  tuétanos de los huesos. Los nervios del océano son los raíles del viento y del calor. Sus luchas dejan las huellas digitales de las islas y los dientes solitarios de las rocas. Alrededor de la casa de heno, unas gotas de insectos caen al brillo de seda y la fosforescencia de las frutas atrae granos de nube. Las nubes traen pájaros a los grifos.

– Estimado Señor,

No sin intención el Señor Aa había descubierto la feliz complicidad del estómago. El inventario de su depósito cerebral dura desde su adolescencia, el resultado es nulo, sin aleación. Es mate mediante juego de luces.

Ahora abre su tienda de campaña – un paraguas encima del pulmón – y la abundante melena del aire que aspira.

-Estimado Señor,

Los miriñaques se llenan de medusas hechas de copos de noche. Los miriñaques atormentan a los niños. Estos yacen en la hierba. Los geranios siguen en pie. Suspendidas de las ramas de los árboles, vemos sillas y un ave de rapiña. Este pájaro no extiende sus alas, silba. El más pequeño de los niños, acostado sobre una alfombra persa, sostiene un mapamundi del tamaño de un huevo encima de la frente de su vecino de la derecha. Este vecino es su propio hermano. Todos están asombrados y cariñosos.

-Estimado Señor,

Al acercarse la última hora de la vida cotidiana, noté, durante mucho tiempo, la incomodidad fijada por la colectividad anónima en una palabra, y el significado sentimental que oculta, tierra y olores bajo el nido y el huevo.

Unas palabras se convierten en conclusiones enemigas, inmediatamente pronunciadas, adquieren una existencia que actúa directamente sobre la célula y la circulación de la sangre. Aparte de su insondable sonoridad, establecida como base de una lógica de mercado y compromiso, nada puede dar fe de su verdadera virtud como el gozo que tengo al hacerlas manipular. Y aún más. La realidad solo es una conclusión explícita.

Nada puede ser efectivo. Siempre debemos desviarnos. Anudando palabras a una frase, llego fácilmente al final. Siempre encuentro allí un resultado. Tras no importa qué frase. El resultado y la frase son transportados por la menor objeción animal. Otorgarles un valor es un signo de vulgaridad; habría que atenuar el resultado antes de acabar la frase y no poner puntos siguiendo las necesidades gramaticales. La sintaxis es algebráica y nos servimos de logaritmos para calcular su sutileza.

-Estimado Señor,

Ante la invasión líquida, un día de violento verano, ente su luminosidad, el gas color de momia desarrolla su daño. Yo viví sobre unos zancos entre las hojas muertas y el ronroneo de sus pasos. ¿Existen mayores voces que los caminos en el balanceo de las ramas? El extraño gorjeo de una nueva sangre nos acompaña en estos trámites que los incrédulos denominan muerte, dulces ocupaciones de libertad y arroyuelos.

XXXIII

MAGO CURTIDO

Catarata pulcritud el metal corta trozos de carne viva en mi ojo y si tengo un teléfono en las vías respiratorias es para hablar familiarmente de amor con el amor.

La electricidad del color en una garganta de lámpara constante

se constata por su propia dirección y ve

bebe la renovación de la atmósfera

sin esfuerzo se forma un alfabeto nuevo : lo inmediato.

Buscamos amigos y otras cosas tan criticadas en las vocaciones gramaticales de los equilibristas en frascos.

XXXIV

MUCHA POLVAREDA PARA NADA

La habitación estaba llena de muebles disparatados. Un día que había salido por la tarde, me extrañó que se me hiciera esperar dos o tres minutos en la puerta. El Señor Aa estaba sentado encima de una caja. Ella me rogó, riendo, permanecer sin preocuparme. La caja estaba repleta de objetos preciosos. Ella me contestó que no me había oído llamar a la puerta. Entró el juez de instrucción. Oh, Dios exclamé, lloras, mi querido Aa, estás angustiado hasta el punto de llorar y no me cuentas una sola palabra de tus problemas. Las personas que seguían al juez vigilaban la puerta de entrada. Este pensamiento también me inspiró. El juez de instrucción era joven. Yo no podía distinguir si era amor o compasión, aunque me pareció que era un sentimiento suave y lánguido que funcionaba en su rostro como un gusano de fuego. El juez tocó todos los objetos y comprobó su estabilidad. Me senté a la mesa con un aire muy alegre, pero a la luz de una vela que estaba entre mí y él, creí ver la tristeza en su rostro y en los ojos de mi querido amigo el juez de instrucción. Se inclinaba muy a menudo pero no hablaba. La ayuda del cielo se unió a mis satisfacciones. Jalonaba el lugar de polvo silencioso y circunscribió así el peligro. El juez daba órdenes. Estas órdenes me parecían lúgubres como los brillos inversos de la galantería festiva. Me dijo que después de descubrir que lo había engañado, y que me había ido con el Señor Aa, el se había montado a caballo para seguirme, que había llegado a Saint-Denis media hora más tarde de mi partida, que estando muy seguro de que me había detenido en París, había pasado seis semanas buscándome inútilmente y que al fin un día había reconocido al Señor Aa en la Comedia petulante, que estaba allí con un vestido tan espléndido que había imaginado que debía esta fortuna a un nuevo golpe de chatarra extinguida cuyo extracto habría llenado el capazo de fuego paliativo. Tiró de los cuerdas. Cada dos días. Formé allí arriba un sistema de vida pacífica y portátil. Sabemos que el juez era severo. Caballero infeliz vas entonces a perder todo lo que aún amas. Tres veces al día. Perdonad si termino en pocas palabras una historia que me mata. Un gato olvidado por la compañía de mudanzas surge de un jarrón de porcelana y sale la justicia solemnemente. Perdonad nuevamente si termino en pocas palabras una historia que me mata. Pero el acuario pancreático de los riñones y las vocales emprende la travesía del desierto en veleros; ¿quién satisfará entonces las botellas de saludos comprimidos, los conservatorios, las destilerías de asco gástrico y los bolsillos abiertos diseminados a lo largo, completamente a lo largo del Missouri con flores?

XXXV

LA PETRIFICACIÓN DEL PAN

Frotar su piel y dilatar los poros hasta que veamos allí grietas de lágrimas y restos de comida. Ampliadas en el sueño de la infancia, veo muy de cerca las migajas secas de pan y el polvo entre las fibras de madera dura al sol. Para el beso del cumpleaños, el viento envía a su prometida, un tierno saludo de fufandas que palpan su carne bien nutrida. Y ante la iglesia nevada, el anciano se va oblicuamente dilatado a la medida de su mancha negra e intensa. El drama está escrito en un pergamino que sirve como nube y de saco a estos tipos de acontecimientos con encaje. Quien no ha sentido, cuando la alegría lo hace ligero, a su amada que viene de lejos, posarse en la palma de su mano, no conoce las sutilezas de las sílabas del tiempo que se derriten en la boca. Cubierto con todo el polvo del oscuro destino, el violín se va, llevándose a su músico, el violín se va, llevándose a su músico, el violín se va, llevándose a su músico, el sabor a caramelo en el ojo del perro, la canción se va por los raíles del tren, el violín cubierto con el polvo del destino oscuro en el ojo del tren, en los raíles de la canción, en el caramelo del ojo.

Así él recoge, con manos enormes, la historia atormentada del mundo, en la mesa redonda del mundo, mientras de su boca vuelan unos pájaros silbando y los acentos circunflejos tapan las botellas en la tienda de las vocales donde agitamos pañuelos entre cálculos de probabilidades y sueños.

XXXVI

Con el gesto de milenarias declamaciones, la sombra se soltó de la sombra, desde allá donde el corazón se protege a la sombra de los años. Una calle pasaba ante su ventana abierta, una calle madrugadora que iba a la ciudad a hacer las compras, arrastrando tras ella mil ruidos de vajilla dentro de las tripas de los vehículos, los comerciantes de ropa, pájaros, de ensalada y de cuatro estaciones. Yo también vendo temporadas. Vendo frío, calor, frío-calor y calor-frío. Pero no se trata de eso. Esto es : la sombra al soltarse de la sombra provocó una declaración, cuyas más mínimas inflexiones podrían haber alcanzado muchos haces de nervios sensibles que con unos delicados dedos, atados a una cuerda, llevamos al interior de uno mismo. Unas influencias ocultas se sienten entre unos haces diferentes que comienzan a oscilar y, a pesar de la terquedad de cada individuo para seguir siendo lo que es, insuperable, insoluble, duro, rígido, lúgubre, unas atracciones de naturaleza subversiva han ocurrido varias veces entre diferentes sexos, resultando la mezcla por el canal de la boca del contenido de sus cráneos galantes.

Frente a los escaparates de los almacenes, desfilan las carnes gastadas. Sus ancianos propietarios examinan con interés los últimos avances en la ciencia que serían capaces de retenerlos en su lugar aproximado al lado de los huesos correspondientes. Ha pasado mucho tiempo desde que algunos predominios de sus cuerpos han perdido su razón de existir. Pero los anuncios ensalzan la belleza del lenguaje en unas frases tan correctas que las experiencias más frías se agitan con ademanes de arañas.

XXXVII

ALETEO DE NARICES

Cuando los ojos se desorbitan, la corbata de las ramas estrangula el follaje inglés que lleva sombrero alto, guantes blancos y zapatos acharolados de clorofila cordial.

Cómo, dijo mi amigo, no crees en la vida de los paralelos aunque se prolonguen y renueven. El final de sinfonía es difícil, la música solo puede terminar entrecortada por pequeñas piezas y volviendo a empezar con trozos dulces.

– Es una pena, dijo nuevamente, nunca sabremos si es el viento quien mueve la hoja de hierba o si es la hierba la que mueve el viento. Poner la hierba en un lugar sin viento, yo no creo ni en el buen sentido ni en la paradoja. Mi llanura no tiene viento, no tiene hierba, no hay lugares, no hay moscas. Vivir sin sobresaltos, sin avanzar y de buen humor sin tormentas falsas. Mi llanura ama el aburrimiento y los colores equívocos, los caminos bisexuales; mi llanura se parece a todas las llanuras y los hombres a todos los hombres, en nombre de dios, no hay felicidad, la vida continúa como sucede, la única felicidad es conocer el aburrimiento, los falsos insectos poéticos están encerrados en la torre de chocolate en la montaña de Zaratustra, son genios con sus secretarias, bajan dos veces diarias a la ciudad para telefonear al impresor y medir el resultado de su política en la escala del orgullo animal. Mi querido Tzara, abandonemos pureza e impureza, inteligencia y espíritu parisino, el Instituto y España, así como a todos los españoles muertos, vivos, anarquistas o pieles rojas, todas esas tonterías frías o cínicas que existen o solo existen en los grandes cerebros en función del estómago. El cerebro acaparador no es más que un langostino que ha quedado en la bullabesa y pretende ser un emperador. Era una magnífica bullabesa con orquesta e impresiones de viaje.

Cómo estás como yo ya voy bien resucito al viento no importa donde cómo estás me dijo mi amigo yo voy bien quieres fuego dijo el pájaro rizado sirve como entrecejo al crepúsculo florecido por tan bella música dijo cómo estás como ya voy bien resucito al viento no importa donde cómo estás me dijo mi amigo yo voy bien quieres fuego dijo.

XXXVIII

VI AL HOMBRE DESINCHABLE

En el patio lleno de cansancio, dos hombres duermen, unas pastillas de horas difíciles en el reloj de la literatura humana. Un carro, unas tablas, unos muebles, huelen a madera joven y resina. ¿Por qué estamos sentados en un sillón observando cómo desciende del sueño a la muerte? Siempre salimos por la escalera de servicio. La muerte tiene el color del plomo, sus bigotes caen como alas de pájaros mundanos. Caen los brazos. El pecho pesa. Los músculos de las piernas son de gelatina. Todo está hinchado con un aliento condenado. Y esta masa de tela y carne habitual se atornilla en espiral hacia el centro de gravedad que la llama. Su compañero es fuerte. El no entiende. Intenta colocarlo en una silla. Para no estar al lado de un cadáver. El no entiende nada. El otro cae siempre. El es terco. Se pone furioso. Solo ve la tranquilidad del equilibrio. Esto dura como el curso normal de una enfermedad. Están sentados uno al lado del otro en unas sillas y duermen. El sol. Se despiertan. Primero el hombre desinchable. Y se rasca la cabeza donde pululan nerviosismos animales.

XXXIX

ESTIMADO AMIGO

A pesar de la chacona con radios de las orquídeas llagas sin palabras, cómo es posible que de nuestros días de armiño el resto de nuestros tragaluces con que iluminamos a dios basados en unas esposas de tierra abrazar los colores y que del jugo de las frentes fruncidas nazcan redes rizadas en veraneos en la noche de fresas arrugadas y la extirpación de las sandalias de los caminos viscosos qué pregunta el qué pregunta el incorporado el qué pregunta el qué no te dije entonces el niñito pegajoso repleto de maniquíes con crines de obscenas manipulaciones obscenas y de maniquíes cada hora sale de un tren desde el origen de la hora donde está el origen del delito patente está en el origen de la hora es inodoro incoloro se pone puñetazos en lugar de corbatas y unos pabellones secos le sirven de alimento ella tiene vivas congelaciones solares cuando hace frío es un hermoso combate en la ratonera de de la cama deshecha es así como paja la marsopa y la fe no tiene más escama más carburador si así os gusta apresurad el chillido el juicio final está en la puerta maldita ya sea la bahía desde donde la salvación se derrama sobre los frutos dispersos de los satélites en el umbral de las frentes el infierno se dedica a la lucha y el último último el pecho se resquebraja y la noche se derrumba sobre nuestro fin sobre nuestra oscuridad la liberada y luego es el silencio de goma que comienza y que en sí mismo ya lleva otro ruido por más silencioso.

XL

Sentada en un confortable sillón, la palabra se fuma enormes insinuaciones. Durante mucho tiempo agitada en la lavadora del cráneo, su sabor se extinguió y la cálida dureza de sus vértebras se disolvió dentro del peso de la neblina diaria. La fatiga inconsolable empaña el resplandor de sus dientes en los múltiples bolsillos del desorden. Y enganchada por los tentáculos habituales a los hastíos gramaticales, su aliento agonizante no podría impedir a las horas abrigarse con el abrigo del moho y del aburrimiento.

En ausencia de la frescura del lenguaje, el inventa una taquigrafía del sentimiento. Su alfabeto solo tiene, del espejismo, la fuerza milagrosa que empuja las nubes hacia los contornos galantes, saca las lenguas con fuegos distintos, da vueltas en extrañas circunferencias dentro de las piedras. Y desciframos la historia nuclear que en cada variación contiene la inmensa imagen del mundo tan fácilmente como su espíritu señala las rastros de su paso por la página.

En la cuerda extendida de proa a popa, el arco del viento se ejercita con chácharas innumerables. De estas solfas gimnásticas se componen fábulas misteriosas que solo pueden concebirse con la ayuda de los ombligos de pájaros

XLI

CRECER A LA SOMBRA

Algunos señoritos blanqueados con cal, trotando con los pobres cuidados de cascabeles tragados con avidez, se dan a conocer al crepúsculo parricida mediante la rápida marcha con la que cortan las sábanas de las carreteras del rayo de verdor que arroja sus números sobre la extrañeza de los corazones que resisten. Pero ahora que bruscamente detenidos por cualquier relámpago insecticida que cruza el pensamiento de un solo golpe, y lo mata, sus exiguos pantalones los abandonan, como un par de senderos la autopista, con toda la dulzura del aire y, movidos por un único secreto, estos atrevidos pantalones individualistas, se dedican a continuar el camino por su propio deber y por su dura iniciativa. Estos son los caballeros cuyas nalgas de la cara no conocen las noches reservadas para las mujeres solteras, compartimentos donde las miradas se apoltronan en los prados; independientemente de lo que piensen los pensadores, las maletas olisquean el bienestar de las personas y se alejan desdeñosamente, prefiriendo las dificultades de las montañas a las avalanchas de sonidos precipitados, mucho más peligrosos que los que envuelven nieves eternas y van a colocarse en la sala donde los pasos han perdido su razón y su tren de vida que es también el de la desilusión.

Pero, volvamos a los dos caballeros : se llaman al Sr. Cahin y Sr. Çaha.

– Me alegro mucho, dice el primero.

– Así las estériles regiones alpinas solo producirán alpinistas, dice el primero.

– Me halagáis, dice el primero.

– No os disgustéis, dice el primero.

– Entonces, las razones de ser de las nubes se han movido, dice el primero, y aunque el bordado no se mueve menos, dice el primero, quien alimenta a su hombre bien se conoce, dice el primero, y yo me conozco allí, allí huyo de mi mismo nombre, dice el segundo, que se haga cortar la cabeza en el aserradero de cabezas si no sabe analizar cuerda y sonido, el reloj salvaje muestra sus dientes, dice el primero.

Luego, estos dos caballeros, que en realidad eran tres, si hemos de contar los pantalones del primero que ya mencionamos anteriormente y que, mientras tanto, habían crecido y alcanzado la altura de un alma de bien, sumándose a varias escuelas gastroliterarias mediante el hilo del pensamiento a través del oído de la bodega, entrechocando vasos de sueños vacíos, vasos siameses, infinitas hermanas de su propia y sincera bola de aire, el estómago carnoso, se desenroscaron, fémur a fémur, falange a falange y, sacando los últimos candados, se fueron con total seguridad, con todos los ángeles, dedicados a la quincallería, al paraíso de los entre-melómanos.

XLII

A LOS JUGADORES DE VIENTO

   Una cura de origen del mundo, un vértigo de confesión que come la lepra geográfica del muro, un flotador de amor que sirve de neumático en estos malos caminos del mundo y el disparador de la boca del volcán que registra la tos celestial 
- sobre nosotros experimentamos los pinchazos subcutáneos de esta luz de India llena de gárgaras, mimosas y cabezas invisibles. Cara o cruz. Se arraiga un viejo rostro femenino complicado como una tetera. No quise arrancarme de los dedos la ilusión que se dedicaban. Yo le digo. Pero el cerco nublado de los cristales, su vacuna doble a escala contra el verano y el hierro, el disfraz de los crustáceos en hortensias lavables, los dolores mensuales de estas flores falsas que navegan solo sobre decepciones con hélices, sobre decepciones de velas con espuma roja, sobre orejas de árboles, sobre rojos desahogos de palabras, sobre omóplatos de cristal, las filas de bombines que determinan las fronteras de los países sólidos, el crescendo del rojo en los raíles donde se descarga en veneno y explota la excesivamente rápida combustión, el corte vertical en un pastel con capas de pisos llenas de camisería geológicas, donde está la sal que se eleva en la innumerable cabeza alada, flor mofletuda y de fruición envuelta bajo  la funda estival, preservada como los muslos de las monjas durante las grandes vacaciones larvarias, donde la estrella,  absceso de candado, sirve de silbato al agente celestial de la brigada de circulación y a pesar del embotellamiento en el corazón de la llamada que nos arrastra muy lejos al centro de los nudos y las disputas, al corazón del agua, orgulloso es el ojo que nos sostiene y, algodonoso, el humo que se escapa bostezando.
   Y esto es.
   En el depósito de las confidencias donde los cefalópodos y los guantes de crines se debaten amargamente, girando guirnaldas y albornoces al aire líquido de alguna variante esponjosa de nostalgia – grito húmedo – discreta contracción de tierra en el borde de una arruga campestre, qué crisis navegable hace funcionar el relincho en el mapa del capullo, qué anónima rabia mueve las bicicletas en los cubiletes, qué calvicie del alma destruye las demoníacas regiones de nuestras juventudes y qué queréis queréis que por ejemplo queréis mejor vale pasarme el ejemplo o no queréis vale mejor queréis y sois completamente amable no más que queréis tanto va la ternera por ejemplo al agua queréis por ejemplo ir al agua o la ternera queréis queréis dormiros o morir o queréis dormir por ejemplo dormir.                                       

                                                       XLIII

   La oscuridad corta. A la pajita más corta. Desnudo como paja. ¿No os he visto ya en algún sitio?

   Por haber querido ver demasiado, Olvidado en él mismo. Un paraguas cuando llueve, Por haber querido llover. Por haber querido. Risa mítica. Cordero. En el cruce del contrapunto. ¿No os he visto ya en algún sitio?

La última palabra incurable. La última palabra va en cabeza. Sobre la cabeza. De la cabeza a los pies. ¡Oh! ¡salarios! ¡Oh! ¡despeinados! Y el miedo a. Con los pies en la cabeza. Culos con plomo. Cabezas de pedestal. ¡Los incógnitos! Dejadnos reír. Risa en paquetes. En júbilo. Montones de idilios. Asiento de risa. Donde rezan las camellas orinan las serpientes.

No durará mucho. Los corazones dicen alegría. Darse tiempo. Y hará feliz tu corazón. No, no y no. ¿No os he visto ya en algún sitio?

Primero fue el no. ¿No os he visto ya en algún sitio? Fue un no lleno de árboles, De extravíos. De certificados. Un no espeso e inquieto. Al principio fue un problema de no. Un profeta cotorreando. Un pequeñito profeta de nada. Para nada. Un dolor de cabeza Casi un problema mental. Una verdadero problema. Un problema más. Un problema de familia. Seamos buenos con los problemas mentales. ¡Seamos justos! No concentrarse en los problemas. Los problemas se encargan de su propia policía. Y el ejército de problemas, ¡qué ejército! Toda una mitología. Todo cabeza y nada más que cabeza. Un problema sin pies. Y el problema del problema. De cuerpo entero, tamaño natural. Los problemas y sus necesidades naturales. Así es como hacemos un problema. De la nada. Tanto en una cosa como en otra existe problema y problema. El problema libera, procedencia mejor. Podemos recomendarlo en cualquier tesitura. Prosperidad, seguridad. problema por aquí, problema por allá. ¡Oh! ¡las alegrías del amor! ¡Qué placer tan excesivo! Los clientes son terroríficos. Incluso bajo la piel de locomotora. Los problemas son grandes. Son bonitos. Su sabor no tiene ni ni no tiene. ¿No hay otros problemas para juzgar los problemas? Inmolemos los sinsabores. Al carenado. Las mujeres más obesas del mundo, por ejemplo, también problemas. ¡Oh! hombre como te amo, criminal en las horas perdidas, insignificante por demasiadas circunstancias, dueño de la locura y de la calma, todopoderoso en la cabeza y los músculos, no creas en una emoción vana, todo puede servir, nada se pierde, que nadie abandone este corredor donde se abolió el pensamiento y el éxtasis sobreexcitado acompaña muy de cerca a la tormenta, todavía mira una vez antes de acostarte en tu sueño o de lavar el pensamiento de tus manos, como un pensamiento lava a otro y los dos juntos sacan a la pajita más corta a la enamorada en el estiércol, mira, digo, antes de creer, porque entonces tu cabeza también será certificada como tantas otras, mira, son los problemas de papa que vienen con tambor y estilográficas en hordas indestructibles, con terquedad de pulgas en la cabeza de colonia y charanga, como plagas y lluvias, toda la indecencia, toda la indiferencia, toda tristeza, nada como la tierra, ¡y el laberinto se pone en marcha con sus bisagras de pústulas en gavillas de máscaras y de gases de marchas militares! ¿Quién está preparado para los problemas? Muramos por los pajarillos.

XLIV

OBRERO DE JIRAFAS

Cuando él se hizo escarbar en sí mismo, al pie de una pared desnuda, entre gritos de pastores y cuando se recubrió con una tierra espumosa al mejor postor, a la más dulce y lúcida embriaguez, en una cuna de estaño, una fruta de invierno bajo su pelusa incandescente, el sol levantó una vez más uno de sus innumerables párpados, apenas perceptible a simple vista, ya que era materia desnuda y viuda de cualquier esperanza, el párpado de este día entre los demás, de este día único como los demás, en la cadena de canguilones, cuya peldaño rodante de tambores trepamos, de escalera sin fin, donde no se trampea la orden a seguir ni se puede regresar ya, la decrépita marcha del tambor, huyeron tan rápidamente los fantasmas anteriores que, tenso como el arco en la salpicadura de los riesgos, muchas veces, él avanzó unas fibras musculares alrededor del poste imaginario para quedarse allí, un día más o un minuto, un segundo, gritando con toda la insatisfacción, de este instante que no se llegaba a saciar, y cuantas deudas quedaron en el universo fugaz, ruidoso, enredadas en fracasos impredecibles, diseminadas entre los audaces, invisibles a cualquier sufrimiento, porque el devorador de harapos y recuerdos no tiene ni conocimiento ni fracasos, ni competencia para saber y ver; cuando él se hizo escarbar en sí mismo, ese día malabarista de espejos y de loros incansables para burlar la clara apariencia de voz y conocimiento, aquel incluso que se encarna en la cabaña del desarrollo para su propia lucha y bajo cada techo encuentra la confianza y la jarra de agua fresca, fresca de vidrio, o, más lejos de su frontera, el sable vengador, la risa estruendosa como una tormenta, las pesadas barras y las pérfidas lanzas traicioneras, las calumnias, los desvanecimientos de luces para siempre insuficientes, ese día de cuerno de la abundancia se hizo un gran silencio de ofrenda a algún rico simulador de gestos y las cañas doblaron la columna vertebral como promesa de servidumbre, y la luz siempre era lúcida y sólido su toque de diana – ¿no había ya escuchado tantas veces de relevo en relevo, de campamento de tambores en la jungla a campamento de estrellas en lo invisible? – ese día fue fácil para los silbidos agudos tan contaminado estaba el aire que caminamos sobre oráculos y ojos plantados en las piedras, salía una confesión quejumbrosa, pero irónica al mismo tiempo, flamantemente nueva, como la sangre se inscribía al principio de la lista y los áloes llevaban enormes arañas en su copa en cuya altitud habían soñado consumirse otras voluptuosidades, entre apareamientos de brisas, a la vista de tantas nubes indecentes, estériles y de aspecto perfectamente metálico, ese día de confusión, de virus diurno, de niño jugando de día con el pulso, ese día tan hermético y viperino como tañido de campana, al siguiente, envidiaba la piel del oso y jugaba con sus palabras como una motocicleta, ese día incansable de reversos de medallas, una adivina en el origen de la mandolina, ese día de obesa clientela que relinchaba y maldecía en la palma de la estepa, extraño gong para este cáliz, tan pronto como vio el agrupamiento de todas las buenas conciencias, se metió el césped en su bolsillo y el sollozo de la debilidad pululaba como una motocicleta epidémica, ese día malabarista de muchas religiosas, perturbador de taxis en la adversidad cósmica, flagelando el orden alcalino, avivando las nubes de águilas que se habían coagulado después de una noche peligrosamente profunda, ese día de bicicletas peinado con corales, tapado tras el escenario, alegre, como ese globo que hizo asomar de su éxtasis toda una primavera de senos, hierba cruel para la crisis de amor, ahora famosa, ¡oh velocidad! ese día, cuando él se hizo enterrar en sí mismo al pie sutil de una pared lúcida donde las plantas simulaban crecimientos de dinero y los cuernos de antílope ya no conocían barrera, tanto va la sepultura al bálsamo que al final pasa desapercibida, ese día de conejos acostándose, de sol aficionado, de ovejas frioleras,, se hizo un gran mar de absenta en una frente desconocida. Protector de letras y artes. La torre era asesinada y el día representado. La frioleras ovejas con sarna se aislaban en parcelas de mar.

MEDIAS NOCHES PARA GIGANTES

                                                        I 

La marcha más ligera debido al atractivo de los nuevos pasos, el aire sin aliento, entre las hileras de dientes que roen las carreteras, las hojas arrugadas. Entre las miles de piedras que se apresuran hacia tierra de para en par abierta, cogí una al azar, un fruto del hierro y de la goma subterránea. Ahora está encima de mi mesa. La toco con la punta de los dedos, como una descarga eléctrica en la periferia de un corazón. Una franja de impasibilidad sólida, una boca de cabeza de muerto. El ojo no pudo cerrar sus párpados en las venas metálicas. Hay plantas e historias en el interior. Un campesino adinerado que iba al mercado un día se dio cuenta en su trayecto repentinamente pesado que el aire negro y vigoroso de la muerte se adueñaba de su hálito oscurecido. Se creyó acosado por bandidos y ocultó su bolsa bajo una piedra del camino. Unos pasos más allá, tenso y fulminado, arrastrado por el viento verdoso, cayó al precipicio. El olvido y su raíz se incrustaron en la piedra. Ésta creció en la caída.

¿Es la piedra con la que el niño cazó a los pájaros? Los pájaros picotean la hierba con sus colas desnudas.

Quizás se la lanzó al idiota del pueblo. Tal vez la recogió.

El huevo de un animal con entrañas de hierro, fibras de carbón, un cordón de nervios muertos, lavado por una memoria de colores imprecisos, pequeñas chispas percibidas en los raros rayos adecuados.

Cuando la arteria se frota contra la arteria, cuando los ríos se desbordan y se unen con otros ríos, cuando el hombre se confía a otro hombre por la senda de las virtudes y la moderación, cuando un disparo de pistola abandona el puerto por la conclusión de un pacto recíproco y decisivo, el cielo repentinamente inmovilizado por nubes paralíticas se cubre el rostro con desprecio – desaparece su maquillaje y fluye con las desgraciadas muchachas de los bulevares. El cielo transcurre sobre los bulevares con ese gran sombrero que llamamos llorona, como una muchacha desgraciada gotea y fluye a lo largo de los bulevares, esas calles que llamamos lloronas como muchachas desgraciadas.

¿Pero hacia qué verdad química nos empuja de golpe el tambor del cielo redoblando, como granos de sal arrojados en los reversos de los vestidos de vegetales que florecen admirablemente?

II

El diminuto equilibrista en el fondo de mi habitación cuyo cuerpo está retenido por un surco de aire fugaz me recuerda la historia de la muñeca desnuda a través del pudor del tiempo. Era una noche gris en el campo. Era un día gris en el campo. La diferencia entre un gris y otro señalaba el día y la semana. El color se agitaba como una cometa de pájaros en un guante de piel sueca – que era niña empapada en otoño, niña delgada y acabada por el otoño – vida envuelta en una capa pesada e inestable por cansancio.

Fija tras el cristal de una ventana y los ojos regulados por la pequeña geometría del horizonte, así fluye la sombra del asesino, a lo largo de la pared, a través del filtro del follaje. Inmóvil, la cabeza encierra una rueda de lotería vertiginosa. El látigo acosa a los animales. Las sondas dolorosas. Las ondas de frescura, a veces. El abismo con episodios, el pedernal que rasca la piel, la velocidad de la fiebre que empuja el juego de bolos, la pelota que sube a la garganta, angustiosa, las garras que se incrustan en el pecho, el crucero que se separa ligeramente y se aleja en un espejo donde todavía querría mirarse con pesar y alivio. Todos los días, día humilde y noche humilde comienzan y terminan día pobre y noche pobre. El día se mezcla con la noche, ya no nos devoramos, ya no nos rompemos, ya no nos rasgamos, nos hemos mezclado con la palidez. Los ojos rapaces, la voz comprimida en un abrigo de caricias, los pilares del pasillo provocan en abanico la frialdad de una antigua tragedia. Levantado en pequeños destellos secretos, con labios temblorosos y vacilantes de llamas de velas para bendecir el agua fresca con un resplandor anónimo.

III

El ciclón había puesto el anzuelo en el ojo del jorobado; el jorobado en la colina, la joroba era el ojo del paisaje. El tren pasaba delante de la casa, plancha de la lencería de lujo de las grandes vegetaciones; el viento azotaba la vegetación en fichas de biblioteca con ruidos del aparato Morse. ¿Qué se veía en la cortina de enfrente extendida como un hermoso horizonte de encajes y cúmulos? Una cabra rápida abriendo el túnel del vacío que respira sus zigzags de buena voluntad. No exageremos nada. Tu tienes miedo. La tormenta pasará. Las vibraciones eléctricas que tus senos en relieve comunican con sinceras miradas de la piel, hermosa chica del acuario, nunca iluminarán lo que piensas en la tarde de verano, el aburrimiento zumbando en tus oídos. Tengo casilleros, botellas vacías, páginas en blanco en mi cerebro trastienda de imprenta que puedes llenar con postes indicadores. Si quieres colocar unas conchas, vivo en monograma abrazado dentro de mi cerebro. Variaciones de fiebre para cubrir, con palabras e imágenes, el ruido que nos supera.

Pensad, mis queridos niños, lo que os espera: ni fortuna, ni ahorros, ni bienes inmobiliarios.

El tenedor del relámpago ahora vagaba encima de la pequeña ciudad y buscaba su casa. Ella la levantará, se aniquilará; nosotros perdimos nuestras cabezas con tanto ruido. La indecisión nos golpeó con chispas angustiosas. Pensaba en arterias, única palabra que podía formular claramente en la visión fugaz de una placa anatómica colgada en jirones en cualquier clavo abandonado por mi fantasía. En las ventanas, la luz hacía señales cabalísticas para restaurar el significado fallido de mi estado desenfrenado.

Envueltos en la sombra de la habitación, poníamos en funcionamiento los juguetes de nuestros sentimientos. Entre tú y yo, nuestra seguridad. Voy a desnudarte con calma. Es la temporada de emigraciones lentas, el ojo blanco, la melena de cintas al viento. Pero el viento soplaba muy fuerte, era joven y los árboles atravesaban su fuerza. El embudo de la memoria, los viajes y las vacaciones

IV

Mi agotamiento nervioso y arbóreo se desarrolló en procesos de refinamiento haciendo brillar sus ramas a la luz refrescante y animada de las cosas. Adornada de respiraciones refinadas, la bailarina se perdía entre la bruma. Otro yo mismo la seguía de cerca. Ahora estábamos en los muelles, donde extrañas espontaneidades nos hacían estremecer con el olor a sardinas, alcanfor, vainilla, jabón y farmacia. El recuerdo a veces nos representa curiosas mazurcas mecánicas.. Pero los viajes son solo agradables por la probable materia que contienen para sostener la vida del futuro. La vida es una mujer mantenida en la exactitud de expresión.

Esa noche, por la costumbre que había tomado de sentirme como un guante del revés ante la proximidad de estos puntos de partida o llegada, yo era incapaz de captar el orden natural de una comarca sin embargo sólida e inmutable. ¿Era éste el efecto de la bruma esquiva y creciente? Estaba inundado de sutilezas volantes, oficina de registro de visiones perpetuas y lejanas, pero totalmente insensible al tacto de su cuerpo – pequeña cápsula refinada por telas y luces muy suaves. El mal tiempo ablanda las piedras. Pequeña bailarina, el dolor que respiras siembra unas piedrecitas dando vueltas con destreza y equilibrio en la vida cotidiana.

Un disparo de fusil, una señal de la cabeza, el destino, una sala de espectáculos, una ropa de ciudad, la profesión, un hombre de guerra, un acto de venta, el asunto, una mesa de mármol, el contenido, de cerca, de lejos, más o menos : comprendí tu desorden, es limitado y circular, se dispara y se contrae en el puerto. Por eso un corazón ajeno, visible a la luz de las lámparas de gas, aparecía de vez en cuando en la palma de su mano

V

   La opulencia de unas vacaciones ilimitadas me trasladó dentro de países de lentitud. Para manifestar un grupo de sentimientos, diez veces mayor por la desorganización de los medios de transporte, las soleadas playas de riqueza, los grandes pueblos cazados en sus dilemas y las colinas recompensadas por vegetación de colores – sangre derramada fuera de una arteria herida - viajé con el esplendor de las dentaduras de oro bordadas en el sol de los puertos y de las grietas de viento roto. Los transbordadores,  rasguños del muelle y las pequeñas embarcaciones vergonzosas de su número, son los músculos que regulan nuestro placer, los fletes de mercancías y las lágrimas por llegar de los pañuelos que agitamos.
   Hoy apenas puedo comprender la alegría tatuada en la mano del recuerdo que me hizo ver el futuro de una visita y de una ciudad en las líneas de la vida grabadas en el plano de las calles. 
   Los domingos hacen sufrir por todas partes porque ha terminado el trabajo a vuestro alrededor y porque una luz dolorosa comparte la duda que tenéis por vuestra inactividad. Las orquestas en terrazas ponen manchas de calor en la multitud endurecida y crispada. Los gestos suscitados por esta música constante permanecen escritos en una pose de cortesía. 
   El ajedrez también ha ocupado mi tiempo mediante contorsiones de espíritu que demuestran que los pensamientos más profundos pululan con la inutilidad de su virtud. Los peones se mueven, pero están atados por el hilo de las miradas. La reina está activa, uno debe saber cómo usar su eficiencia desde el comienzo del juego. Pero ella se emplea rápido como en todas las tiranías. La del amor es su primera prueba. Las partidas son siempre imprevistas. El intercambio de reinas las hace uniformes y pobres. Cada juego lleva las huellas digitales del carácter del jugador. Hay juegos lentos e inofensivos, borrados y previsibles, preocupados y caprichosos; hay jugadores que quieren llevarse todo, otros que dan, otros que usan trucos para ganar una pieza y los hace tan odiosos como en la vida cotidiana. Hay juegos apresurados que arrastran al adversario a responder rápidamente y sin reflexionar. Me gusta arriesgar; mis combinaciones mantienen un corte peligroso, siempre las empujo hacia un cuerpo a cuerpo brillante al comparar los resúmenes de las posiciones - el equilibrio mental de las constelaciones a menudo da saltos desesperados. Las demostraciones arrojan miradas fugaces sobre mi aburrimiento. No me gustan los contrarios que me inducen a error mediante comentarios espirituales o tendenciosos. Me gusta la distribución del inconsciente, en diferentes ocasiones de una partida; su dosificación decide actos importantes; la lógica que los determina se oculta rápidamente bajo los dones de habilidad, pontitud y claridad. El control obvio de una partida nula, ganada o perdida, hace que el final del juego sea más agradable que leer un poema o la marcha natural de una aventura amorosa. Una señora a la que amaba me escribió, hace mucho tiempo, que yo perdía las partidas porque hacía trampas. Debo protestar aquí, con la esperanza de que estas pocas líneas caigan un día ante sus ojos. Hago trampas porque vivo entre las relaciones de aburrimiento, satisfacciones, pretensiones, obligaciones humanas. Me gusta la desidia que cuelga de una pasión, de un acto, de una idea a otra. El propósito de la vida es morir, me lo confieso, y la cobardía misma de la confesión me impide alcanzar este fin que carece de imprevistos.  La deseo por otra parte con toda la fuerza de mi fatiga en libertad que se alimenta de autosuficiencia.

VI

La hora se escapaba entre mis dedos. El sol pegaba – un beso de luz – el sello de rigor en estas postales que circulan por el mundo : peatones secretos. Su anonimato es un caparazón sólido, su vida es una visita oficial o de incógnito – la columna indefinida y ondulante, vertebrada y negra, se mueve lentamente sobre la espalda de arena de un amplio terreno apto para serpientes. Que eso se repita de generación en generación, ¿quién tendría palabras suficientemente definitivas para admitir la vanidad?

Yo perseguía con la mirada a un transeúnte. No le conocía. Cruza la calle. Si él me dijera las razones que lo impulsan e incluso si el cálculo que hacía era correcto, yo no podría creer ni en la utilidad ni la estabilidad de su combinación ficticia. Ella está constituida de hábiles excusas en el olvido del tiempo.

Así corren en cada ciudad miles de hombres, rechinando los dientes, gesticulando, riendo o empujándose alrededor de un centro de preocupación al que ellos prestan, como los usureros, la importancia suprema.

La hora se escapaba entre mis dedos. Era rico en sol y conocía el placer de gastar cómodamente. Desde una ventana abierta, arrojábamos como calderilla a los transeúntes, unas nítidas notas de música alegre y gratuita. Los empleados que regresaban al trabajo por la tarde se llenaban covenientement los bolsillos de recuerdos. Yo ponderaba desde mi balcón su arrepentimiento lírico. Una mujer entró por el camino del sol.

VII

Bajo la lenta sombra, las piedras viven con un reflejo familiar y la expresión que toman sus contusiones está vinculada a la sonrisa de las playas, a los letargos de blancura.

Bajo la lenta sombra, los amigos se cuentan los placeres que suenan en la billetera del corazón, allí donde las buenas experiencias lamen los encantos de una estúpida animalidad en un puerto acogedor.

Bajo la sombra lenta, desayunamos frescor, saltamos de ciudad en ciudad con las noticias de los periódicos y, entre los anuncios penetrantes de la carne que regresa, estamos seguros de discernir la forma más amplia y adecuada de satisfacción.

Bajo la sombra lenta, miro la vid y su fruto de lenta oscuridad.

La vid se alarga y se arrastra; sus tentáculos dobles implantan sus uñas en la madera fresca del árbol, se encuentran con otros tentáculos y, entretejiéndose, se atan a la rama. Otras manos se envían en la misma dirección. El viento que sopla a través de las velas extendidas de las hojas, a menudo les ayuda a encontrar en sus titubeos la rama complicada y sólida donde la planta madura su atadura. Cuando el tallo se ha vuelto sólido, la savia abandona lo que fue hilo flexible, se oxida y se endurece como un alambre. La vid crece y continúa su camino. Porque si quieres llevarla por otro camino, sus crampones solo se atan a él durante poco tiempo y abandonan la dirección que no eligieron. Intenté colgar en unos tentáculos un pequeño trozo de madera que sostenían con sus uñas durante unos minutos y enseguida dejaban. Pero, cuando la planta se hubo impacientado, sus dos pares de tentáculos, aunque frescos y verdes, se quedaron en mi mano. Intenta cortar uno de estos lazos fuertes para desviarlo de su camino: la planta se enoja y se niega a usar las facultades de sus apéndices.

Así se arrastra y desarrolla la vid según un mínimo de instinto, aferrándose de paso al infinito de las ramas, con un único propósito, colmar el sordo deseo de su dirección, aquella que le fue dada por la bahía de tierra luminosa, hinchado en el pecho del sol en el que ella mama un poco de indiscutible e insaciable vida.

Al igual que las abejas y los remos que golpean el agua, las mujeres trabajan el aire con gestos ágiles y agresivos, poniendo el desorden en los hombres y el orden en las casas : este alfabeto sólido de ciudades con el que se graba el amor en el frontispicio de su valor.

VIII

ANTES DE LA NOCHE

I

Antes de que caiga la noche, en este minuto inquietante como el aire suspendido entre los estados líquido y sólido, cuando todo piensa en ocultarse el rostro de vergüenza, que incluso los ruidos se alejan sin valor durante algunos instanes, cuando la sensación de que un vaso va a desbordarse se asienta con angustia en el pecho de alguien como si un nuevo anuncio de muerte, de un atroz suicidio, nos fuese a golpear en pleno pecho en la persona de un ser querido, cuando este odio a la vida puede convertir el dolor en una inmensa gratitud. que montones de cadáveres que calientan en nosotros el duro invierno, medio putrefactos, de hombres que conocimos en la constante amargura de un inquieta alegría (es necesario que la tristeza sea potente entre signos tan obvios que ella toma prestados de aspectos tan extraños) se han mutilado, desgarrado, estrangulado con una feroz alegría de destrucción, en un delirio de odio, un delirio de odio, un tal frenesí que la alegría sola y la más viva, única, puede elevar la pureza de un alma hasta tan tiernas alturas – antes de que caiga la noche, en ese minuto que tiembla en la voz de cada uno, sin que lo sepamos, en ese minuto solo perceptible por muy pocos seres experimentados para quienes lo invisible cuenta al menos tanto como la materia degradante – y saberse esclavo del dolor os hiere en el orgullo humano, cuando el destino se divierte en enseñaros sus colmillos de acero, listos para morder, como en la feria, en el engranaje de sus ruedas de lotería, tragafuegos, su propia creación repleta de malentendidos, tema sobre el que volveré, sobre el cual tantos otros regresaron sin darse la vuelta como en la canción; finalmente para no dejarme llevar por la amarga pendiente, antes de que caiga la noche, digo, en este minuto que es una larga bocanada de aire, que parece más larga en un pecho hueco, una larga bocanada para lanzar un grito que tal vez nunca salga, tanta inutilidad de las cosas se ha anclado incluso en las intenciones de la naturaleza, pensé en llamarte, asco, tú que vives escondido detrás del sentido de las cosas y las personas, siempre presente, inundando este mundo con tu imprecación pegajosa, tú que nunca cambiaste, enterrado bajo las capas inmemoriales de las desesperaciones humanas, estallando a veces con la fuerza de las tormentas y extendiéndote con orgullo frente a nuestros pasos vacilantes, asco, pensé llamarte con una voz sin brillo y sin insulto, con una voz que hubiese recogido las voces de todos los hombres en el infinito recorrido que tienen de dolor, amargo lamento y dolor sin vuelta atrás, para acordarse de ello, con todas las voces unidas en un manojo de odio, yo te llamo, asco, en mi ayuda, para que tu horroroso rostro, surgido en medio de este mundo, pueda enumerar tus inmundos amantes y los que se esconden en él, para que tu horroroso rostro pueda compartir en campamentos apretados la multitud híbrida e indecisa, te llamo, pérfido asco, a ti que frenas nuestros movimientos, a ti que recortas el duro resacate al menos a la mitad de lo que nuestras miradas recogieron, de lo que nuestras manos alcanzaron, de lo que el pensamiento trató sustituir o cantar, a ti que reduces nuestro odio y desalientas al asesino que nació con nosotros, que creció en nosotros y lucha en una mazmorra entre el amor y el sol, en nosotros, asco, cuando tu cara será incremento de monstruosas perversidades y cuando haya escondido completamente una mitad del cielo con su fétida sustancia, la respuesta tal vez se abrirá en la palabra de cada uno, como la luz que solo brillará del lado de su invencible odio.

                                                       IX
                                      
                                        ANTES DE LA NOCHE
                                                          2
    

Hombre turbulento – oh hombre tal como te veo crecer a partir de la suave palma de arcilla, brotando de raicillas profundas y delgadas, apenas atado al suelo de piel, apenas huyendo por el viento levantado, apenas sumergido por las aguas que fluyen, apenas superviviente en el juego profundo, recogiéndote con agilidad aérea – hombre turbulento que la edad sedimenta, hombre de dramas y silencios irremediables, inclina su cabeza de sol moribundo, inclina su mirada donde se bañaron crímenes, impulsos, miradas escrutadoras de destornilladores, origen lento de tristezas, de ternuras – oh momentos que caen sutiles como perlas en una placa de vidrio, la memoria, la que entra por los ojos y también se proyecta en los montones inmundos que alimentan las decepciones – hombre doblado, jarra fresca y beneficiosa en la mano del mendigo, del mendigo sonoro y lleno que viene de llamar a las puertas del ser como un árbol, como una campana, como un camino más fuerte que tú, hombre, hombre que conoció el camino más imperioso que la voz de una mujer y que de una voz hizo su alimento y la fortuna cotidiana y el sueño y la razón, el hombre abrumado por las ausencias (es necesario que una pared absorba tantos ecos que aún resuena en él la presencia, tanto tiempo cruel o tierna, infinitamente tierna), el hombre se inclina sobre un mundo difunto y ve amor, pobreza, toda un hambre forjada de vida y hombres, y la pasión que el hombre creía tan fuerte por hacer madurar la cara fría, lo que ella alcanzaba a su paso, burlándola frecuentemente con una voz vacía y paralela, hombre que alcanzó en su delirio la mentira suprema que acompaña a la pureza, mientras que el se dedica a mentirse a sí mismo en su poder y la duda – cae, cae en el lodo – y desde la altura de su fervor, ciego ebrio de nieves – las nieves se derriten y, en cada lugar donde cae, delimita el lugar de una tumba – el hombre vive de la impotencia frente a la emoción que le atrae como un precipicio, hombre hecho para caer más bajo, cada día más bajo, sin darse cuenta, como el agua, como su frescura, y como la pasión no tiene precio, no más precio que una hoja que vuela es un pájaro que canta violentamente mientras que debajo hay fuertes dolores, fauces de ira intensa, grandes recuerdos que se sumergen en nuestras inmortalidades, tantos otros que no supieron perecer, hombre que recurrió a las esperanzas cardinales y en cada animal descubrió el llanto de un niño y el pensamiento, como el amor, lo llevó más allá de la hora de los muertos, el hombre se inclina sobre la palabra y se funde en la leyenda como una boca en el deseo y el porvenir en la hilera de las tumbas infinitas a través de las cuales fraguó una frente de rey y un sol para pobres, soberana amargura y agotamiento.

                                                   X

                                 ANTES DE LA NOCHE 
                                                    3

   Y cuando el hombre hubo acabado de desplegar en sí mismo la obsesión por el infinito, comenzó el ciclo irracional de bancarrotas perpetuas. Los dramas agitaron unas alas vanas y locas. El amor brilló en él como un profundo secreto de mina. El sueño no fue su amigo. Pero el viento le aportó nuevas palabras y, debajo de cada palabra, encontró la hierba fresca. Y unos nidos desconocidos. Y creció lo desconocido en él hasta alcanzar la altura de la cabeza. Allí, tenía la soledad; allí, se veían los inefables. Allí, construyó su casa, unos escombros. ¡Que sus deseos despierten, que la piedra eche raíces! Pero eso no podía ser y se fue. Sobre mar, sobre lpárpados. Sobre tierra con el fuego.
                                                

                                                    XI
   El agua excavaba hilos largos y preciosos en la sombra de arena. 
   Nos incrustamos en la noche. Ninguna tristeza resistió las virulencias ocultas. Lejos de las piedras, en su centro. Las espinas no supieron mejores razones para destruirse. Un fruto, el remordimiento, como una cápsula de luz. Y la corona en el centro con la corona de espinas. Inmensa luz que arroja sobre la playa frutos frustrados, harapientos, jugosos precursores de la muerte. Es toda la pobreza del campo. Los hechos frustrados

La ausencia de sueño, ni serio ni triste. Pero para siempre rocoso y veteado desde antiguas épocas, recuerdos de vino y carreras hacia la muerte. Melancolía inmutable de las mantas de agua que un dormilón de carbón saca hasta el cuello. Y, cogidas del brazo, las olas se alejaron del pensamiento y solo dejaron al sabor salado como su frío recuerdo del sol.

Horroso, el rostro intercambió luces con el faro. Y los monstruosos animales encontraron su plácida postura en el hueco del olvido. Toda la desolación inmensamente fosforescente de una mano tendida en un giro del mar.

XII

La escasa melancolía de un paisaje desértico. La escasa melancolía de algunos habitantes de negro. El pequeño ruido erizado que se repite. ¿Quién nos dirá la pulsación oculta en un grito voluntariamente distante y continuo? Vaga insensible.

Todavía es de día y aún no comprendemos la noche, Que llamemos a la puerta y no se abra. Pero, ¿quién tendría la idea singular de llamar en este país acobardado en el terror con un soplo de mar? Todo abierto y claro. Seca es la queja cuyos candados muertos ocultamos.. Roca y arena de abejorros. Duro como el increíble martilleo y sin preguntas a continuación. El viento también la eludió; la caja está vacía, y las murallas siempre amenazan con desmoronarse; ninguna ventana vio en la verja a la oculta, ansiosa de terquedad imposible, formular su confusa y cerrada llamada detrás de un águila muda por el terror, no vio la enamorada nada más hermoso que cualquier carne y gesto, al dolor de toda la fabulosa tierra, fijar la mirada en un desierto poblado de tiernos degollados y, en cada muerto, sus manos llorosas listas para derretirse en la dulzura – ese paraíso de tramperos de vacío e indiferencia – dueña todopoderosa de la defensa de vivir en otro lugar que no sea en las cuevas de hierro y la dulzura de vivir sin movilidad, cada uno en su persona termita y cada persona en el refugio de la tierra, en sangre fresca, en el centro del desierto poblado por tiernos seres unidos con la sangre de los degollados por un secreto dormido en lo más profundo de sí mismo como la primera mujer amada en un olvido siempre presente.

Inexpresable tibieza. La mirada de juventud en juventud más intensa. Tuve también alas para acariciar en un lenguaje transparente que apenas me rozó. Era una prisión formada por largas infancias, el tormento de días de verano demasiado hermosos. Y sus risas retorcidas, vestidas de negro, como la única ternura que se me dio a conocer al cabo de mis muchos años de investigaciones, para retorcer las gargantas en su leche, los fugitivos, finalmente sujetos, con las piernas de sal, con los ojos de definitivas aclaraciones en la venerable melancolía de este juego de chispas. Cuando se apaguen en la sangre sofocada con un grito de estrella fugaz. Como nadie vivió.

XIII

   De todas las alegrías, exluí las más brillantes. Escondí los senderos frescos. Llamé el tiempo ciego y a la tierra equivocada Con traqueteos en el extremo de las pestañas, unos pasos ladrones maduraba al margen. Las manos sigilosas en los cajones del sol removían recuerdos. Eran unos ojos. 
   Las noches de esclavitud bajo tu brazo del mar se doblan a la perfección. Los peces mismos palidecían en los frascos de los ojos. Agitemos los ampos soñadores, para ver. Hay una espuma irisada, hay una rueda. Debajo de cada cráneo descansa el amado, bajo la losa. Ganglios peludos y lentas incineraciones. Salidas sin causa. Metas sin retroceder. Tregua de sangre, cristales, maquis, degüellos de tormentas, de olvidos, de inspiración, superiores y variopintos. De un solo salto, como un único hombre. Cuando el reino del relámpago comienza a aparecer, se levanta el toro, con todo el sol en la cabeza. Todo fuego desgarrador, fuego desgarrado en los cuernos como una risa devoradora de fuego puro. Una llama que salta, que lleva risas y equívocos y unos brazos arqueados que no miden la forma ni la quemadura ni la puerta para hundirse en el ser aterrado, aferrados a la tierra. Víctima de la felicidad. Rodeado por  miedos ocultos, por sus múltiples retozos, surge un acero lívido y límpido chorro de tristeza. ¿Dónde navega ella? Ella está callada. Debería precipitarse, desde cualquier parte del sueño, una dulce presa : el recuerdo. Es un país que aún no ha dicho su última palabra. Y el aire hambriento de viento, los ojos desorbitados, las manos febriles, ¿qué ser inhumano espera la ansiedad de las nuevas olas? Un toro inmensamente negro y ágil se apoderó de su vigor cristalino. Bajo la espuma se entrechocaban cristales líquidos. La pasión aún enmudecía en el hueco de una mano suplicante. Tumbadas en la esquina de una calle, las bocas morían. El ruido se entrenaba en la madera partida, las velas golpeaban áspero en la alegría matutina y, ola tras ola, se hacinaban, con los brazos extendidos, hacia qué veneno, maldito espejo, oh dulce ilusión de ardiente comprensión, más fuerte que su propio conocimiento de las cosas, de viento y de ser. Superé mi desazón. Antigua imagen, el solitario rompió su mundo. En el dintel de la torre, todos los hechizos se rompieron y el viento silbó mareas altas en el arco tenso de las orillas sombrías. Perseguimos a un absurdo fugitivo. Aunque nadie lo había visto, su entorno estaba impregnado de encantos dolorosos. Dulce y maldito, en su confianza, el viento cambiaba la fuerza de su vida. Entre los cuernos del toro se iluminaba la más hermosa para la más hermosa de las luces. El viento hacía girar la rueda de grandes  resplandores. Las piedras mismas levantaban sus frentes abiertas. Nada más que unos crujidos de sequía en la cabeza y el sol. Y tanto viento estallaba bajo las pesadas y movedizas masas de sol, que los abismos enmudecían en su profunda fiebre y se detenía el desconcierto vertiginoso de la oveja, solo quedan zarzas enredadas en la cabecera de la cama de una noche enferma extendida sin fuerzas en mis brazos;  yo era toda la tierra en el brazo de la tierra y con unos ojos que miraban a la tierra yo podía contemplar el  antiguo horror amasando con sus manos pegajosas, la odiosa tranquilidad, la conciencia tenebrosa que yace en el barro de la carne y más arriba, la fealdad y más abajo, la traición y en todas partes la desidia, terneros, dioses, carroñas, inmundos traficantes de frescura. ¡Que yo pueda despertarme en la luz correcta de la despreocupación y del insomnio eterno!

                                                           XIV

   Volad, pájaros, por el aire saturado de sonrisas. Mi sonrisa se fue de la soleada playa. Ahora el otoño sucumbe en los sonajeros de los cardos. Todos los naufragios pasan por allí. Las quillas de rodillas y las algas deshechas al viento - ferretería de la muerte - y la sombra se aferra alrededor de la cintura. La jovencita se une a la tierra huidiza. Y, detrás de las olas, otra angustia se levanta con el viento. 
   ¿Cuándo van a detenerse estas huidas a cuyo través me agarro? Nada más que rechazo, ningún descubrimiento. Ningún ser en el puerto roza las brillantes posibilidades. Los barcos se esconden debajo del cadáver ya frío. Todavía hay algunas ondas leves, y los árboles caerán en la  rigidez y la simplicidad. Nadie vió jamás pobreza parecida un día ya desolado en esta fusión compacta de barcos deshuesados. Ignoro lo que ella desnudó. El lejano saludo del último sol, la mano levantada detrás de las últimas casas, su última salida quizás y ni pañuelos agitados, ni ventanas abiertas, ni los disparos de fusil en la corriente de la fatalidad en marcha.

                                                             XV

Noche resbaladiza como la respiración de un cazador agazapado bajo la presión de una mano áspera. La tierra bostezaba, la tierra tosía en algunos lugares. El mal aún no había dominado la consistencia frágil. Cazador de estrellas fugaces, te inundan las promesas y sigues ciegamente el arrastre de lodo de los ríos animados. La noche podía deslizar ojeadas sobre el agua memorable, en las grietas de cristal, los caminos inmolaban su sonrisa en las superficies de negra melodía. Y yo levaba grandes arpegios que no coincidían, en silencio.

La soledad incompleta te abruma, las ramas muertas se endurecen con la frescura de tu joven voluntad, las hojas bailan encima de tu cabeza y se pierden en ella, los miedos falsifican sus noticias.

De noche acribillada en los amarres de hielo, las larvas brotan en tu seno. Sin testimonio. Sacude en tu boca las estrellas, cabeza invertida meditando infinitos crímenes. Ahí se encuentra el hombre. Con la cabeza embarazada de deslumbrantes pañales de mundos. Desgarra su orden y el vino aflorará en tu sangre crédula. Hora a hora el camino se ablanda, pero su mirada nos congela; ha abandonado los crujidos furtivos por los que su mirada nos hiela; no podríamos decir lo mismo sobre un ser querido y un amor floreciente. Al igual que la carne, las miradas se extienden en las entrañas y las raíces que están listos para recibirlas. Que solo haya un ligero rocío, la humedad de los labios lo dirá; dirá muebles que crujen, ladridos de perros, mala

sangre, angustia de esperanzas cuando nadie debe venir y nunca felicidad para los que están en sus casas. en sus cabezas, los muebles crujen y los que nunca encuentran hogar solo allí donde los perros ladran sin cesar como precipicios y grietas en una cabeza en armas, las ráfagas producidas por una sola flor cuando nunca hay nadie en la casa en su cabeza los perros ladran y los malas señales la atraviesan y las flechas se mueren en los precipicios por verse esperar y esperarse.

Aquel que comprendió. Nada más, nunca nada más, nada más que estragos.

                                              
                                               XVI  

   Existe una felicidad tal que espera encerrada en mí, que todo lo que me rodea cierra el párpado por miedo a no despertarla. Conocimos el vicio porque el amor se consume por amor. ¿Qué estrellas se rompieron en nuestros caminos ribeteados de senos? Siempre hacia adelante, hacia viejas llamadas. Con la cabeza bien alta, no nos molestamos con los escombros que el viento degradaba. Y sin embargo eran estrellas que todavía nos miraban con un ojo moribundo, perdido de muerte, lleno y  húmedo como el amanecer. Fue un apogeo de gritos y de tantas miradas que descomponían el contenido de los campos. Los pájaros mismos estaban atónitos. Unas flores quedaban colgadas de las alas y la paja también después de la trilla de las noches. ¿Qué palabras eran más altas y qué gestos más canoros? Fue una época más suave que los párpados y los niños sentían que la sangre de los animales brillaba más fuerte que el sueño. Allí, el pecho se llenaba con toda la espuma nerviosa de los insectos dorados. El oleaje nos atenazaba mediante las garras de la roca. Aún no habíamos visto nubes tan resplandecientes. El mundo entero descansaba y los días nos parecían quietos para siempre. ¿No habríamos nunca conocido ningunos más traicionero? Y la roca brillaba con su propio significado multiplicado. Y el cerebro estaba abrumado por el silencio en movimiento. La sangre se despertaba en el árbol, el árbol en el pecho, el fuego crecía y sin un solo amago de tristeza en el horizonte. Fervor del amanecer, pleno mediodía de fruta opaca por tanta incandescencia que los ojos eran el centro de una nueva llama, en la que vivíamos, ligeros como la frescura de la tarde y despreocupados por la noche. Y cada uno de nosotros era una llama deslizándose ingrávida por senderos. No más arrugas, no más olas, solo la fina hierba y la vegetación de las duras palabras del pasado. Ardiendo en un silencio.
   Y fue solo un corto tiempo de agonía. El viento azotó la puerta y los gritos inmundos resonaron en la sequedad, la sangre ya no regaba los profundos ojos mirada y sus pozos estaban secos y las chapas oxidadas, las escamas en la montaña, los cardos de esos días en bodega seca, las dunas ardientes inscribían con signos de muerto sus grietas en las laderas de la muerte, como un día cualquiera en la bahía de su destino que zozobra cuando hacemos el gesto de escoger el pecio y el pan.                                          
                                                
                                                        

                                                            
                                                             
                                               XVII

Al principio fue una piedra. ¿Se rompe? Los altos valles se pierde en cuanto tu mirada se acuesta sobre banquetes fugitivos. Ninguna ayuda escapa de allí. Todo se rompe, todo se destroza, tan pronto como alcanzo la ternura de una noche. Yo hubiera pedido mucho más a la vida, si el deseo de vivir no pareciese tan fuerte en la nostalgia de la muerte, en mí cautiva y abrasadora. ¿Hay algún recuerdo de plenitud de una muerte previa que me ate, incapaz de querer, incertidumbre del presente, a las dudas que me invaden, el regreso?

Amplios paisajes se extienden en mí sin asombro. Los alerces borrados por el limón de las sílabas que bajase elevan desde los altos pastos hacia valles quiméricos, doman las líneas demasiado abruptas. Y el olvido es dueño donde encontramos la intimidad humeante, los escombros austeros de una meditación de bosque bajo. Nada es incómodo en estas precipitadas pendientes. La torpeza de los gestos de un árbol enclenque, acechado por los vientos, levanta reminiscencias penetrantes en la extensión adormecida. Y unas palabras enterradas hace mucho tiempo suenan sin sentido a través del profundo dolor.

Por la noche, vemos estrellas sobre las montañas que no están allí. Las esposas del mar se alzan en la voz perdida y mi voz busca pistas desconocidas: el desbordamiento desmesurado de los elementos. Todo se rompe para detectar a los fustigadores; ¿no sería el aire que sopla al borde del mar, que daría razón al sol ausente en el silencio de los gatos, para el regreso que adivinamos difícil y cubierto de maleza, a nuevas expectativas?

Sangre culpable de alguna fechoría prolongada en unas venas aturdidas, hasta una edad avanzada, a punto de morir.

Persiguiendo la amistad de las antorchas. Apoderándose mediante tragos enérgicos de la oscuridad progresiva. Y los aires, remeros densos y demacrados, a través de la ira, atraen a las mesanas.

Debajo de la piel delgada de las cárceles, delgada y ardiente, se retuerce un cielo más puro donde los destellos de los rostros risueños y ventosos descubren todas las seducciones. Las camas vigilantes, ricas en escritos indescifrables, pusieron una mano de hierro en la garganta ansiosa. Las mareas de sangre martillean las sienes de piedra hasta en la cima de las ciudades. La vida agitada del sueño, el hombre de cielo saca su leche nociva en secreto. El salvado de la vida cae sobre nosotros. Sellamos lo mejor que podemos, la discordia a la cabeza y el terrible zumbido de un recuerdo infernal en el cálido seno de lana, como un odio que se vuelve precioso, regresa para amamantarse en el dolor desconocido.

Así se introdujo en el alma ya llena – como el sol purulento de alegrías y el ansiado abrevadero de los espectros de abruptas calas como la muerte se hizo amiga fiel de los compañeros de ruta, con los puños atados a las carreteras – el crimen radiante que debió liberarla de los grilletes de la tierra, temblando de ondas jóvenes, el crimen irrevocable del agua de manantial y de victoria que decanta el sueño de sangre en el hueco de las montañas con la fluidez de montones de nubes y de gestos infantiles. Es el vencedor de las horas vacuas, el único escape de las redes de volutas domesticadas hacia las praderas vírgenes de una existencia sin memoria, el regreso.

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                                                  XVIII

El gesto alocado y la mente caótica, indiscreción temerosa, te vi completamente desnuda. Echaste la cabeza hacia delante contra las sensaciones del fin del mundo, esas paredes que se alzaban floración repentina del agua agitada, con espinas en la espalda, una frente obstinada, el pecho redondeado. Toda vida se destrozaba la cabeza en su entramado con su ingrata apariencia.

El dolor se refugiaba en ti, burlándose de su propio futuro. La esperanza se mofaba, mientras quedaba atrapada en la arena la desoladora, la insumisa. Las ruedas y el lodo apestoso, las bisagras magulladas, marcaban la pauta para los estallidos de risa dolorosos, enterrando al ser en frases quebradas. Oscuros jadeos de jabalí herido tras la batida en la que los elementos se enredaban en un adorno de insomnio. Borrachos, borrachos de vida difícil. Los escondites de logaritmos insolubles eran su terreno y su pan. Se elevaban con el valor de una roca. Nunca tronaba más fuerte que nunca en un corazón rechazando el mundo. Prefería modelar la ráfaga antes que entregarse a la desidia. Se esforzaba por encontrar la mueca de la tierra bajo sus pasos. Y toda sonrisa se le ocultó bajo la riqueza o la pobreza de la comida.

La inmensa maldición a su alrededor, en la que vivía, ya no necesitaba hablar. Le obedecía y, salvaje, no podía contener la vida tórrida que estaba cautiva en él. Estaba acorralado por un temblor masivo. Las compuertas cedían ante la memoria invasora; éste es el espectro que ya se levanta, timón al frente, en la estampida, corazón aplastado, a la deriva, sin reír, sin arruga, puños clavados en las rocas. La inundación de muerte, la cara impenetrable huyendo del marchitamiento.

Cegué las vías fluviales.

Aunque en la locura de los gestos, es más fácil, al tormento desesperanzado como al dolor expresado, aprovecharse de la rebelión, existe toda la amarga resignación, una amenaza mucho más irrevocable y fértil en el consuelo de un amor que se entrega a su destino con la serenidad aparente del extravío.

Cegué las vías sensibles.

Pero la rebelión se exacerba más áspera y tensa bajo el pasto claro y no se puede juzgar la serenidad del volcán. Los cohetes indomables en su pecho impiden cualquier escapatoria; aguardan el estruendo y la brecha y el resplandor de la señal que los vivos nunca podrán arrebatar a la muerte que vive y se perpetúa y se magnifica en el seno mágico de la poesía, invisible entre los salarios, inagotable en su poder, siempre presente.

Cegué las vías reales para que la muerte pudiese fertilizar las respiraciones y desilusionar al sufrimiento.

                                               


                                                            


                                                        XIX

Es dulce saber, en un lecho de dunas y subterfugios, que una juventud rebelde arrojó desde los primeros pasos los trapos de las soledades primitivas en el barro. Es dulce, ahora que el párpado pesa, saber que quien luchó en la botella estrecha ridiculizó el amor y a sí mismo por haber creído demasiado y a la esclavitud y fue odiado por aquellos que todavía tenían el deseo y la fuerza para amar, para alcanzar en el delirio, el frenético jaleo del desorden, para alcanzar el olvido – aunque la muerte aún no le fuese propicia, oh la tierna, juvenil prometida de la que nos ruborizábamos al pronunciar el nombre duramente incrustado en un alma cálida y lujosa – que él mismo hizo destruir, pieza por pieza, fragmentar la parte de hombre que le retornaba sobre la pureza alpina de un sentimiento celeste. En qué exceso, irisado de falsa gloria y traición, lo has relegado, púdico por demasiado pudor, duro por demasiada ternura, insensible y frío, por desprecio de lo que está estancado y cuya apariencia nos engaña, misteriosas asonancias, ¡oh respiraciones prohibidas! Nada más que dolores y sufrimiento a lo largo de una expectativa de arrepentimientos podridos, de metas perseguidas, condenados durante mucho tiempo en la estancia de los cardos. Espejos, espejos estériles donde no se recoge imagen. Risa tras la que solo percibimos la tormenta, juventud indefensa en un mar de miradas, la brillante diadema sobre un pico inaccesible. Y allí, la coronación, la masacre,

Pero se nos ofreció un valle enorme – un cuerpo de mujer dividido por la mitad en todo el sentido del hambre, y allí buscamos el refugio soñado, de adolescencia, de sonrisa.

Solo la sangre podía aún abrir los ojos de la amargura donde zozobrábamos. Es dulce pensar en crímenes vergonzosos. Oh dulzura de un merecido descanso cuando la conciencia saturada se deja acunar tiernamente en la palma de la mano.

Es dulce pensar que, por desprecio del conocimiento humano, hemos podido ofrecer el baile como sospechoso de locura y que, disgustados por las comprensiones a medias, hemos derretido el significado y el verbo en un estallido de gesto excesivo, por mantenerse completamente solo entre las cabezas pesadas e impermeables, orgulloso de sí mismo y mejor que la roca, afilada como el pecado inagotable, huyendo de las caras grasientas con corazón de granito, la cabeza zumbando con heno cortado. Por auto-intoxicación. Por la eterna maltratada sin sacar provecho de la risa. Por inutilidad voluptuosa. Por los que mueren de demasiada vida, entre los que viven. La acción ferviente que solo ocurre en la altura mediante la desintegración y el sufrimiento, burlándose y marchitándose y culpándose por no poder vivir y no saber morir.

Pero es más tierno para el solitario encontrar la salida – el valle agrietado en plena carne fresca – donde puede dejar fermentar y su espíritu y lo que aún le rodea de vida, si no está ya al final de sus vacaciones entre los huesos de caminos, roídos, por la lepra.

EL DESESPERANTO

I

TIERRA BLANDA

Unas mujeres vestidas con muslos repugnantes atiborrados de senos se amontonan sobre los campos muertos de piel. Sonó otra aureola en el ser enérgico. La resistencia se organiza en todos los frentes puros. Acabadas las ilusiones en el entorno del pobre.

Las miradas flotan en el aire sin que se vean los ojos. Hay allí uno que se ha llevado el mío a remolque, pero ahora ya desaparece en un trineo aéreo. El volquete es tan blanco que el ruido que siembra se desvanece en polvo de nieve. Y el esqueleto arrastrado por caballos de sangre peina el aire del camino y todo corre tras él, cuerpo a tierra, sin acabar nunca, hasta las próximas, hasta más blancas, hasta las ciudades habitadas por grandes diablos de árboles blancos.

Los fantasmas de hierba se enredaban y en bolsas y bolas cubrían el camino de aire como cojines y bancos. En tinas verdosas, los cachorros de león no más grandes que los sapos jugaban con copos blancos. Tantos rayos de una luz que no era la luz conocida lanzaban a través de leves plumajes, que apenas alcanzaba el viento a sacudir la sordera de los muros, con infinitas precauciones de estilo. Y, sin embargo, el espacio era inmaterial aunque lleno de cierta solidez; pero que una ligereza tal pueda soportar tan grandes masas de blancura, tal montón esponjoso de vida apenas orgánica, eso era difícil de pensar. Tomábamos un puñado y el vacío se rehacía como una circulación lenta pero precisa y lo que agarrabais con la mano erar una vez más la nada como todo lo demás no era nada y sin embargo siempre era algo.

El aire no era libre y cada pensamiento vaciaba el espacio. Avanzábamos de densidad en densidad – los cuerpos hacían el amanecer. Un nuevo tipo de cálculo sordo comenzaba la muralla mediante su todopoderosa arma, el silencio. Las palabras para hacer todo estaban desterradas de esta erosión. Y todos los movimientos se agrupaban según su orden de nacimiento. Los retruécanos aéreos se yuxtaponían a los pañales invasores de las olas. Una prolongación fría de la materia cerebral en el mundo y el mundo se dislocaba a lo largo de este nuevo modo de interferencia. Unas letras descoloridas cañoneaban las relaciones del lenguaje, de las más salvajes en los ilimitados cuestionarios y el sueño se callaba, las olas se espesaban, el sueño se callaba, las palabras morían de hambre y el sueño se desmoronaba en la pendiente inadmisible. Una sola crisálida dominaba la vista, su núcleo era incandescente y unas radiografías cada vez más imprecisas lo invadían desde la capa externa hacia el centro, con objeto de ocultarle el espectáculo impuro de esta primavera con nervios rápidos y provisionales. La eterna víspera dominaba las tramas del tiempo y de las chispas, extraños y fosforescentes botánicos, veían un nuevo día de algodón y colmena.

                                                
                                                         II

                                  HARINERA DE MEDIANOCHE 

Una vez más escapamos de los asaltos de los acordes finales. Estaban furiosos después de un minuto de silencio que no llegaban a atrapar. Y corríamos tras ellos en manadas compactas, a menos que se indique lo contrario o en estampidas inesperadas a las puertas de las salidas de socorro.

    La cabeza coronada por una cúpula hace reflexionar. Cuando dábamos pan a las palomas, eramos sus tristes engarzadores de diademas. Subrayados con carmín, explorábamos los restos de labios. Y en el lugar del estribo una única nariz aguileña llevaba la mano a la altura de los senos. Y el mar enrollaba en tuberías plumas y huellas. Unos labios rotos aparecían a veces a lo largo de su cuerpo. El mar cruzado, las manos sentadas y duras. Feroces dientes se escapaban de las rodillas y los hombros aguileños reverdecían bajo la mata de muerte. Marañas y ramas se desnudaban de su materia y de su color y así disfrazadas de aire, adoptaban equívocas apariencias de nubes. Y como buey con tres cuernos. Todo podía encerrarse en un caparazón mediante un tapón de madera con una ancha barbilla, las orejas eran de plumas, una ausente y con tres puntas. La pala de la cabeza con perilla de cestería. El peinado coqueteaba, el hombre era un adorno nasal, en su cara habíamos plantado alas abiertas.
   Dices "nosotros", pero sabemos que es la reina y aún así no siempre dejaba pasar su lengua por el ojo entreabierto. Sería sin esto reina de un tipo análogo al anterior, ya que, perforado en el piso superior, el pecho transparente ya no hacía negocios con las estrellas. 
   Ella no retrocede ante nadie.. 
   Los extremos de los senos eran labios para besar, labios que no podían hablar y que sabían disimular convulsiones variadas y ocultas. Su deseo era hacerles confesar a cámara lenta lo que captaban a la velocidad del nuevo pensamiento o memoria. Unas dulces huellas como de paredes desconchadas. Gestos carnosos como ya no quedan. Cosquilleos de cigarrillos y guantes reversibles con inundaciones encantadoras durante la temporada de mudas. ¡Cuánto dura la primavera, con el aire de sabor a limón, en el trayecto sin arrepentimiento de la mujer!
   Hay incluso mucha más libertad más allá de los mundos donde los puentes están bloqueados. Ella tiene el sentido de la luz de gas y del pífano.

                                                   


                                                       


                                                             III

                 REFLOTE DE UNA NOCHE DE MÚLTIPLE USO

La sabiduría de los peces persigue las huellas de un claro forestal en un mundo de gramófonos. Tierras momificadas en el tarro de silencio, los ojos de vitriolo adoptaron las decisiones que esperábamos. Las jóvenes dunas con hojas estaban adornadas con pálidos tesoros en honor del pez de los mendigos. Y sueños de manos invadían las cálidas gargantas de nuestros paisajes, allí donde pasábamos las estaciones puras de nuestros pájaros nocturnos, la tinta frágil de los admirables reflejos de los suplicios.

Así transcurre la vida, desde la interrupción del sueño hasta la espera del próximo sueño y, a lo largo de la guirlanda formada por inútiles burbujas, donde nuestros cuerpos irrazonables se desmigan, que son diurnos, una nueva mujer que sucede a otra, indica mediante suaves martillazos lo tangible al ritmo de perlas engarzadas en la serie ilimitada de las escalas acuáticas. La esperanza del sol conlleva una responsabilidad aterradora.

Los monstruos ruedan cuesta abajo por las montañas de asbesto de nuestras noches. Los días los arrollan, son palomas. Y en este recorrido desnudándose hay que volver a subir a la crin de los manantiales para sentir la frescura de los senos recogerse precipitadamente.

Se trata de los reglamentos definitivos con miras a una nueva realidad de la que se excluirán las monstruosas necesidades de sinceridad de los neumáticos para mojado, las calles de abrigo estival y los baños de hierro a medianoche de grandes vírgenes. Los cerebros se lacrarán con nieve para responder, ninguna amígdala quedará libre sobre la línea de flotación, los cascabeles de las tortugas harán un ruido insoportable de paisaje de prostitución, de mandíbulas con plataformas, de desgarros de cárceles con brotes y, de tibiezas de sueños ociosos, se levantará una inhóspita niebla tan densa, tan vívida como la sombra que constituye a los perseguidores+ de bellas imágenes por la calle.

IV

DEMANDAS JUDICIALES DE LAS SOMBRAS

El roble, ese día, se alimentaba de obstinaciones fraternales. Las aves, se alimentaban de porcelana. La sombra del haya daba a la costa mientras las cadenas vivían un sueño tan pesado que la serpiente de cascabel ya se había limpiado las botas de estos mares.

El pájaro estaba posado en el violín y las costillas que sobresalían de este instrumento a saltos hablaban largamente sobre la miseria del violín como humana incluso a toda costa. El babor estaba lleno de ellos, ningún bigote se adaptaba a su tamaño de nafta. No nos bastaban ya tantos babores y mentiras. Las cadenas llevaban un tren de vida refrigerada.

Los bardos llevaban largas barbas en sus servilletas, no las toquemos. Los papeles con flores insecticidas prevalecen. Ya no veremos su final.

Se metió en la cabeza todo un montón de delicadas protestas. Y aun así era inútil, tanto se cubría la noche de ridículo. Luego se puso en marcha con ayuda de poderosas bielas, pero ninguna calle se detuvo para mirar. Las cerraduras estaban felices y, en un santiamén, comenzaron a hablar como las manos. Así fue solo el remo desprevenido. Mientras tanto, las flores comenzaron su coloquio. He aquí que pedían la distribución gratuita de medias de alegría, otras, las tramas incondicionales de los dientes de león gigantes y las últimas, el hechizo a disposición de todos los furiosos. Así se desvelaban las terrazas llenas de flores hipócritas entre plumas de vacaciones.

Vocales, vocales, ¡habéis hecho historias! ¡Y vosotros, hijos de gasómetros, os costó rupturas de azulejos! Por uno hundido, aparecen mil cabezas de azulejos y las campanas dejan la tarifa completa. Desmesuradamente negra la velocidad de las tasas. A los fragmentos se añaden otras risas y aquí están salidas por todas las ramas de la lluvia, esta fantasía oratoria que exige fantasmas a todas clases de la sociedad ferroviaria. La locomotora está adornada con velos de novia, lleva a su esposo en el pecho, poderosos ríos de árboles, delegados por tortugas estanzadas, le ofrecen el brazo y de suspiro en suspiro la luna se desvanece, como giro de un baile en bahía de chupetes, el viajero se enjuga una lágrima majestuosa. Así es la vida de un nuevo hombre de cuero e irresponsabilidad.

V

PLENO DE MIRADAS

El sabor de las palomas se compone de rulos de río y fresas de arrastre. Los motores de estos deliciosos seres se llenan de ropa interior de amanecer en amanecer donde el aire rizado de los pozos se demora en las asperezas de las losas y da lugar a unos labios de césped y a estas bellezas misteriosas de aproximaciones de cumbres.

Dos grandes reinos luchan por la presencia clorótica de estas aves de baños de mar – separadas por un mar de petróleo, los faroles de los barcos extienden unos brazos de aire de color sin poder alcanzarse, y desde las profundidades de los sótanos submarinos se elevan los ungüentos de consignas como cueros para suelas para obsequios de paz. Los niños están allí corren de un campo a otro y arrancan las pieles calientes de las paredes de cuervos.

A pesar de los corazones de ladrillo superpuestos en el paraíso de las cabezas, la sombra roe los plazos del alquiler del mar. Ya habíamos notado a los casamenteros de mares jóvenes persiguiendo con sus ácidas asiduidades a los vientos pródigos, en fracciones y protuberancias de carácter, pero nunca habíamos visto tales malversaciones producirse en el corazón mismo del foco de luz.

Descubierto por llevar chispas al entrar por allanamiento en la nube, el gran perturbador de salud instaló los abigarrados andamiajes de su lotería atmosférica a la medida de los fondos marinos. Atrapadas en el acto, las hojas se despojaron del hipódromo. Se les pidió que usaran, durante la ceremonia, vestidos del revés y blancos alquitranados. Pero en estas condiciones, prefirieron escabullirse, lo que por otra parte hicieron con una gran desenvoltura como verdaderas damas de honor. El

damero permaneció vacío mientras el bosque estaba en pleno apogeo en un suntuoso parque protegido de la memoria. Se había servido agua en la caída de los órganos, bajo los entusiastas clamores de cálaos, grullas y pelícanos y los últimos argumentos, los mejores, se unieron a los malhechores de sonidos graves. Que la raza de los grandes días de bombardeo pueda continuar llevando, benevolencias en tics sensoriales, a las docenas de fiestas con solapas de cabezas con cajones y al rescate estival de podredumbres en los campos cubiertos de mediodías gigantes.

VI

PROTEGIDO DEL PAISAJE

Hacemos conversar a la colada al borde de la sospecha. No, esto no es agua, ni leche de cenizas. A grandes puñados arrojamos pájaros a los ojos de los países productores de vino. Un polvo de emblemas cubre la flotilla de ricos hechizos de pilones.

Los grilletes se devoran recíprocamente. En el vientre de la vieja torre, un gran señor desfilando pedalea con ahínco, pero no avanza nada ni sube porque las ruedas de la bicicleta están hechas de relojes planos. El hombre con balancín hace detener la circulación de las provisiones de sueño con un lápiz blanco. En el seno de la naturaleza, se instala el desorden y anotamos la hora de las luciérnagas con tinta simpática en las ramas domesticadas. Ninguna hora es más grave que el vino. Efectuamos lentas mudanzas en el fondo del lago. Los peces enarbolan barbas lluviosas de las que cuelgan fresas.

Los enfados de los viñedos desenfrenados incitan al día a correr más rápido que el color de los frutos en traje de domingo. Completamente enguantados de seda entran en el frescor marino del atardecer. Las campanas de las estaciones abren unos paraguas y los andenes están vacíos como la mirada de la reina. Los niños tendrán que jugar en el jardín, no dejen que los niños jueguen con el jardín, el ojal es la cerradura del ojo y las verjas del cielo se cierran cuando los carros han regresado después de la pleamar de las estrellas, cuando tratamos la desolación de la noche, cuando no podemos cerrar bastante las ventanas de su casa, cuando todavía estamos abiertos a las veleidades externas y cuando las camas enemigas falsifican el piar de las cosas antes de librar batalla contra las meditaciones singulares de árbol que se estremecen a la hora de los monstruos.

Solo una mujer vive entre paréntesis. Cuando duerme, la noche se acuesta a su lado. Cuando se levanta, no hay vida para nadie y el humo te prime la garganta. Una luz de contrabando os hace olvidar las ganas de dormir.

VII

SABER POR QUÉ

Cuando ella sale, la ventana se ciega y los techos de las montañas se inclinan hacia el lado del poniente. Cuando ella lee, las hojas solitarias siguen en cordones de alfabetos mudos, de olores dulces de camas en el aire.

Un jabalí cruza la noche en diagonal, un hombre se tuerce los brazos de ríos de montañas. Un tren corre campo a través y ya no sabe unir el final de la luz con la raíz de los cabellos. Unas hierbas locas, las cejas del valle – todavía una luz levantándose hará huir las luces tenues de la caja de música.

Como soy, como quiero, como ya no respondo de mí, como gano, en los silencios de los topos grises, al final de los días incrustados en las gargantas, la veo eludir el trabajo de la vegetación, pinta el color del sueño.

VIII

CEPILLOS PARA MÚSICA MILITAR

1

   Viejas vigas tejen niños. Los niños suenan huecos como el juego de cartas y se retuercen con la esperanza de obtener ganancias en un nuevo sueño. Sin escrúpulos, el ruido se acumula en el barril colectivo de pensiones y chalets. Las barbas jadeantes se funden con el mismo catarro del cerebro y se mojan en la sopera que sirve como cabeza de familia al origen del bienestar. 
   Las babosas engordan exageradamente, está claro que es temporada de humos. Unos gritos de nariz mal sonada brotan del suelo debajo de las balaustradas llenas de desperdicios de truchas. Unos silbidos cortados a trozos por risas descubren la existencia de un ramo de mujeres carnívoras, clavado con arte en un arbusto de humor irresoluble. Y de estos tipos valientes devoradores de llaves. Masticadores de puentes o de filetes de saltamontes, todavía no habéis alcanzado el fondo de la vida de los campos. Un gran honor os espera al borde del bosque de clavos. El director de apoltronamiento internacional de animales vendrá personalmente a leer en los pies de las ovejas las últimas conclusiones morales del punto de vista de las reses. Mediante un gesto grasiento se ganará la simpatía de los huevos de automóvil y sus elogios prodigados por barriles insinuarán algunos regresos pellizcados de enorme belleza. Una nueva gloria nacerá implícita por alusión de vitriolo. Llevará franelas aglutinadas con ramitas de paja y estiércol. Los trenes se tomarán al asalto, mandíbulas en cabeza. Nos divertiremos hasta que se revienten ruedas y ratas. Ni coronas, ni buzos. Nada más que chapa y palabras para víveres, calaveras, alcancías y mosquitos. Y sin darnos cuenta, la tripa de la montaña se hinchará poco a poco y alcanzada la cumbre del hambre, se vaciará repentinamente, barriendo las sucias supervivencias de los sapos con crines de Pegaso, llevándo los últimos alientos en zapatillas, apartando de su camino las lamentables deficiencias de los ojos con forma de botones a presión y en el prado limpio colocaremos, como monumento, una botella de vino tinto de 12 metros de altura para conmemorar la vida de quienes maduran en ellos  montañas y se alimentan de viento violento y seco.

IX

CEPILLOS PARA MÚSICA MILITAR

2

Ahora que la carretera está abrochada al suelo con grandes amapolas con escamas de salamandras, daremos lectura a la gran e inteligible noche. La arena movediza de las razones para actuar envuelve el busto de una mujer inacabada. El cansancio de las arenas movedizas pesa mucho en el reloj del glaciar donde otros bustos de mujeres quedan atrapados por la luz que preludia la lluvia. Sus brazos emergen de la masa de nubes antes de desaparecer para siempre. Algunos glóbulos de aire deambulan sobre la superficie del agua sin reconocerse y en lo sucesivo unos troncos de árboles pasarán desapercibidos en la absoluta desolación donde el fracaso del águila se unió con los que quedan, visitantes de lo increíble.

Son saltamontes, letras de vainas, no existe esperanza en la tierra que pueda unirlas. El bosque de cabezas móviles sube por los peldaños duros de las máquinas agrícolas hasta el hogar y las mandíbulas de los turistas vacacionales son presa del delirio lunático. Los impuestos sobre masticación realmente alcanzan el máximo de agua abundante en cascadas. Afortunadamente, todavía hay algo de tristeza para saldar los muros de la indiferencia a cualquier hora de la noche, donde hay pecios hay intrigas tormentosas.

X

BÚHOS SIN CÁSCARA

Presionamos la válvula de resorte hacia adelante sobre la sustancia viscosa y colocamos la rana sobre la mesa. Para aumentar el efecto, especialmente en sociedad, haremos un breve discurso sobre el hipnotismo durante la preparación. Ante el asombro general y el pavor parcial de los espectadores la reminiscencia salta hacia adelante después de un corto tiempo, causando así estallidos de risa entre los asistentes. Si la sustancia viscosa es demasiado dura, debe calentarse un poco con el aliento o tocándola con el dedo.

El amor austero, desde la edad de las cavernas puede tratarse de la misma manera invencible, cosido con oro, silencio e hilo blanco, se adorna con la intimidad maliciosa de los valles o de los lujosos porches con cuervos, se injerta sobre la llanta del sueño y genera heno cortado en sílabas que caen de los finales de almuerzos. El exceso en materia de ondulación no debe marchitarse ya que la efervescencia dentro del vivero es tal que convierte en enclenques e irisados los cerebros destinados a inmersiones más arriesgadas.

El ciervo atraviesa con mucho gusto el peso del hielo, por eso no es necesario sino lo que le es necesario, el amor lento ha superado al pálido, ¿es necesario otra vez atribuir al tul el destino rural? No debe dejarse a las camas el encargo de abrir los ojos oxidados, ni a los escalofríos irrevocables el sabor del suicidio en la lengua y en público. A medida que fabricamos mujeres con lámparas suavemente dosificadas en la paleta del nimbo, nosotros, los seguidores de los bulevares, solo somos sombra y surge la pregunta de saber si realmente nunca hemos existido, porque deslizándose sin cansancio sobre adoquines de terciopelo se abren las compuertas de la confusión y de la noche. Bandadas de pájaros transparentes y suaves al tacto, se escapan de nuestras bocas cuando silbamos un nombre levemente. Es hora de acostarse, antes de que los animales salvajes hayan comenzado a saquear la morada, de esta tristeza amada con dulzura.

XI

RESIDUOS QUIMÉRICOS

Intercambiamos las aventuras de las cataratas por la luz adolescente y desordenada del acero en fusión. Los días por aquí son extrañas ventosas que se aferran al cuerpo indefenso y la risa siempre permanece presa de ecos indecentes. Hermosas de luz artificial, hermosas de montañas, hermosas con la piel de manto de agua, hermosas con ojos brillantes de movimientos rápidos, sus silencios me persiguen desde su oscuridad de nido. Las brújulas de vuestros ojos no tienen secretos para mí, pero la impaciencia de vuestros gestos me confunde gratamente. Colgado de los cabrestantes de las horas, el relámpago golpea contra las paredes de cristal y el fuego que aviva vuestras largas camisas, hermosas en los despertares de pluma, escarda la soledad con la que formas la borra.

Lo que queda de la mañana en un rastro de polvo de platino es invadido por migajas de pan y pequeños cristales para gafas. A duras penas la cabaña a su manera resiste ver la realidad por encima del hombro de cibelina. No hay mejor humo para rodear de muerte la jarra donde laten los corazones inaccesibles. Hermosas de época amarga y extraña y de juegos de luces salvajes, sus líneas de la mano llevan al niño al juego de hielos húmedos que percibimos en la profundidad del peligro.

Con infinitas precauciones, el fuego se lamenta en la mano derecha. Dirige a los ciegos, calienta a los mudos, pero no se le perdona ningún castigo. En los picos del orgullo avanza sin temblar y, de nube en nube, consolida su vuelo parecido al grito del pastor. A partir de ahí solo queda un mordisco de paso de barranco por cruzar para alcanzar el silencio, Y las hermosas con todos los colores del mundo se derrumbarán sobre la paja de la duda.

XII

AHORA O NUNCA

   El cocodrilo va a la misa de los bosques. Los nombres de animales ya no se usan en el mercado de la madera. Sin tener en cuenta a la novia, la cascada áspera, el viento estrangula en su franqueza al hastial con buena apariencia. Agarrando por el mango el difícil paso de las mariquitas a través de las telarañas, el vidente mastica lo sólido de la realidad del hierro. 
   ¿Qué le importa la viuda ultrajada al camino de paja? En los valles con hermosas peladillas, el campanario de la iglesia absorbe todo el placer de las zambullidas. Ronca, ronca, frío riachuelo, hay que dejar al descubierto los límites, esos peatones del silencio agusanado. A la hierba no le importa la soledad permanente – la trucha remonta el beneficio de la soledad. La carretera enmudece hasta en la boca del follaje mecánico - hombre que sabe callarse. Medias de lana - peluqueros de ballenas. 
   El dedo autoritario de las razones más convincentes para vivir, toca en la fuente la frente de la panadería de nubes. Al voltear las campanas cada día un poco más fuerte  ensalada de sonidos, el gran albaricoquero de corazones puros se abre camino hacia la rotura del sueño de yeso. El granizo pervirtió de tal manera la duda nómada de la escuadra que sucedió un largo aplazamiento de sombras en el pantano de la visión, sobre los materiales de construcción del silencio y fue solo después de la larga discusión de las ráfagas de dados, cuando el volantazo hubo establecido la ceremonia del drama a plena luz, en presencia del oponente, que pudimos ver aquí y allá, por escaleras que susurraban unas vestimentas de luz, unos pájaros recién salidos de su molde dispersándose en bandada entre las ortigas de los días y de calles enteras, empedradas de amor o de la caza de recuerdos, asediando el ojo tranquilo en vano como un torrente aharrotado. El luchador abordado en la niebla había aceptado el reto del sol. Nada podrá hacerle olvidar las quemaduras frías y los adornos de mentiras, el paseo espectral de tiempos variables sobre remedios angustiados, en el fondo del mundo visible, la impura melena de nieves primaverales.

                                                    XIII

                                SUEÑOS DOMESTICADOS

Hay que creer que desde la muerte del acróbata sabéis que las cerraduras con carcasas ideales el prestamista de fondos marinos sufrió pérdidas abismales. No hay solución debajo de la meninge de la buhardilla. Por olas intermitentes,la oscuridad consigue ser conocida en los huecos de escalera de la cabeza. De una antena a otra, la ventaja pura de su recuerdo se propaga con el gesto de elegantes ondas. Dejemos que la razón se desborde y derrame la miel por el suelo. Se mezclará con el sargazo, tiene su edad. Un ojo siempre permanecerá fijo al final de la calle y regulará la circulación de la sustancia triste, la distribución de los suspiros. Un grito escapado de la casa vecina se está preparando para la vuelta al mundo. ¿Qué dirán los vecinos? ¿Habrá visiones en la casa de los vecinos? Aprovecharán su oportunidad para descargar las

piedras del vocabulario mantenidas durante mucho tiempo al margen del arroyo. Solo quedan góndolas a las que les gusta romper los récords del silencio en los trámites del sueño mientras están tibios. Mi vida, por mi parte, es un libro abierto. Me abro a la vida abierta, me entrego a la abertura de la vida, ebrio de vida veloz y verde.

XIV

ESTADIO

Buscadora de oro morena, la oruga se hizo un vestido veraniego de barro de la crispación de las ruedas, del malestar gráfico propio de los bosques madereros y de los muy numerosos chivos expiatorios en la región chispeante de los vientos con guirnaldas. donde la ortiga se estaciona y la cría de gamo salta sobre la seda en desbandada. Antes de haber bebido la leche de los rumores y cambiado el significado de los forrajes de sueño, el incesante maullido de las multitudes peludas sobre la montaña ya había sido proclamado por los árboles, rey de las corolas y los caminos.

¿Qué habéis aprendido de las grandes cacerías, pilotos, honderos de la era del diamante, en las tierras aplastadas bajo las promesas de los pastores, en los disgustos de los niños de madera, en las espinosas aventuras de estatuas esbozadas por las llamas? No espero de vosotros, termómetros indecisos al mando agrario, el recuento de los votos ni la satisfacción de los hogares pulidos por el invierno. Cazadores de felinas ternuras, viajeros sobre risas gratuitas, odiosos devanadores de horas en tormentos de nieves, el tedio os aplasta como moscas cuando el reloj marca el armamento defensivo de la sangre en peligro.

Nadie piensa dar la alarma y sin embargo el fuego ya ha conquistado la autonomía de las elevaciones ascéticas. Oscura fiesta, tejida de paja, como este alambique de cabezas de helechos con los miedos inimitables de arroyos muertos en medio de campos de avena – sobre sus zancos de rayos matutinos agonizan los balbuceos de los últimos quince minutos, murciélagos pastosos. Aún un ruido de chatarra para desencajar en la garganta resistente del marco y podremos invitar a los cosechadores a desperezarse en la luz hasta la garganta donde el sol se alzó bajo el vapor dulce de los vinos blanco y tinto, mezclados a partes iguales, antes de que el sudor acre de los abetos se haya ganado un merecido descanso en los numerosos granjas de presa.

XV

TEMPORADAS PERDIDAS

Las inspiraciones de las persianas con imágenes, cuando abrimos las compuertas de los admirables forjadores de cráteres, se disponen a reír en los troncos vacíos enrollados sobre las trampas con piedras. Los carros cargados por buena temporada mordisquean a la sombra los lunares; – sonó el mediodía en las líneas de los tejados. Mil caballos se dedican con chirridos de acero en ejercicios de nubes, aprenden fácilmente a segar los personajes en ciernes y el piano de los juncos no por ello se

encuentra peor. El arrozal sembrado de búfalos lanudos en los abrevaderos de la tormenta, la hermosa nube desempleada vestida con banderas y la mampostería inestable de la lluvia, buscan en los astros domésticos, cuyas predicciones en abanico nos atenazan, las razones para creer y envejecer. Un cielo de arbusto opaco, un cielo de petróleo. Los autobuses circulan libremente entre los vestidos de noche destripados y los pobres bancos de trabajo de las mariposas. Incluso la amenaza inminente, la rociaremos con eventos lúcidos de disimulación. El que se ría a la primera alerta huirá mejor, cuando la erosión de los corazones haya alcanzado los párpados bien enraizados.

El gorjeo de la lluvia trata de nivelar los defectos de las tejas – poco estímulo para los tejados enemigos con casco de carcaj y desprecio por las leyes. Los secretos ya no tienen relaciones sexuales – debemos apresurarnos para garantizar su desarme del que menos han hablado los ojos tan obstinadamente cerrados al encender el interruptor de la luz.

¿No te he odiado lo suficiente, máquina cepilladora de épocas envenenadas por el contrabando, para que tu rostro tentacular vuelva otra vez, cuando el día se desvanece por sí mismo, a mendigar a las piedras los acentos de un acto que ya no puede legitimarse? ¿No has sentido hasta qué extremo de absurda cólera consiste el poder del mensajero en olvidar las tiranías?

Los viajeros tenaces sin cerebro se dejan atracar por los burlones compases del tango repetido hasta el infinito bajo las ruedas del vagón. Tantas gotas de lluvia perdidas en el inmenso funcionamiento de la red del viento, que las nubes llevan tímidamente. Acumulé la piedra sobre la miseria de las coacciones y me defendí contra la comprensión de los establos. No me conformé con lo básico. Me tropecé con las evidencias, y fuera de ellas, las cosas me parecían tensas entre unas mandíbulas de muerte, en unos túneles hundidos.

En la carretilla del cuerpo humano sostenida por pies descoloridos, llevamos piedras, desde su tumulto sin forma hasta las cajas fuertes de los retiros inviolables, alimento despiadado de fuegos internos.

Interpreté mi destino en el clarinete y el sueño se encargó de encontrarle su camino. ¿Qué zahorí será responsable de vacunar ligeramente la terracota contra la imaginación de las lluvias? El viento encerrado en mis ojos agita las estrellas, y de una mujer a otra todos los barrancos se abren el pecho. Suenan pasos furiosos sobre pechos estimulados. Y el mundo pronto se hundirá por el resquicio de los pechos en tumultuosa desesperación y los barrancos asfaltados de muerte.

XVI

GUARDIANES DE LA OBEDIENCIA

A pesar del caracol del inmundo camino con el que envolvemos la adolescencia de las confusiones, el huevo estalla como una casa embrujada en las entrañas del cojín esponjoso. No es fácil para el buen caminante abrirse a la luz a espaldas de la borrasca. El perdedor afortunado levanta una sincera frente hacia el ausente y una vez más se jugó el turno bajo las crines alambradas de las nieves. El cielo sin embargo es regordete. Funciona a vapor. Su ojo se ríe estúpidamente. Se lamenta mientras unas bocanadas de mañana se derivan de manifestaciones incestuosas del azar. Como las hojas sean blancas y de formas alargadas con la palidez agresiva de fábricas abandonadas lamerán la sal de las ventanas crujientes. Con tristeza aterrizarán en el suelo y permanecerán allí entre las glándulas fijas o móviles de los países de origen. Este producto tiene su precio de elección entre los pocos que no lo tienen. Produce cabello sagrado que, de generación en generación, los lecheros encargados de recolectarlo avisan, con el poder de curar cualquier bomba juvenil, con alarmas la epidemia y el delito. Pero los peces siempre bordean el río sin pestañear ni preocuparse por las cuchillas de afeitar ni por las colillas de cigarros, cambiando por ello incluso el curso hipócrita del sol. Aquí, los sillones paternos están cómodamente instalados en las cabezas de los hijos. Son responsables de perfeccionar el sistema suavizando los pensamientos honorables bajo el peso de la seguridad. Los bomberos también continuarán extrayendo de la cadena de fuego los suspiros confundidos, largas alfombras para avivar el desgaste del fervor y los juegos.

Al disiparse las playas alcanzamos la barrera. Los campos en barbecho tienen buen aspecto y fuertes brazos para indicar la inutilidad del tiempo. Este es el hospital de las margaritas, el puente sombrío que juega al burro-va con la peladura de las tardes. Es el cerezo del sueño que hace que los botones de cobre brillen al sol no sé que el sol sepa de memoria el sabor de sus labios. ¿Qué otro no supo nunca donde el hormiguero está comprometido por el miedo a lo ya visto en sí mismo fumado con grandes guijarros de nubes a saber de habitante por cabeza. Acaso sabes que yo no conocía el camino ni la expresión tan bien conquistados con trucos astutos que ferias ajadas anidan en las paradas obligatorias en los árboles con brazos – hay tres de ellas: la primera no se cuenta, la segunda es el Tour de Francia y la tercera no lo sabe, engaña el elefante lo mismo que su manera de mirar por encima de la cabeza.

XVII

CAVAR EN SILENCIO TOTAL

Hay una gran casa abandonada. Un miedo difuso escapa ya por las persianas bajadas y un parpadeo deslumbrado por expresiones dispuestas a morir borra poco a poco del campo de visión los muebles tensos por el terror. Los campos de trigo han invadido feraces pasillos. En cada pomo de puerta hay un ojo que no claudica Los lavabos del sueño están agrietados, las horas dispares esparcidas por el suelo se adaptan a las vértebras del collar muerto durante el trayecto. Ocurrió un misterioso en estas profundidades, cuyos autores, diestros vientos, han permanecido desconocidos a la luz de nuestros viajes. Unos cajones boca arriba como consecuencia del hurto muestran sus opulentos senos en el primer altillo con una ojeada y una palmada en la espalda del investigador. La vasija donde reside el sueño, como un precinto de lacre en el fondo del estanque, puesto por equivocación para salvaguardar nuestros paisajes de cualquier ofensa excepto al honor, bajo palabra, otorga el contrabajo de piel aterciopelada, al primero que llega al trote o al galope, mediante un cajón en la cabeza donde se vierte la cera residual de las flores fabricadas a gusto del comprador, un precinto de lacre en cada mejilla en llamas demuestra que el honor es intangible, asistente de aduanas de cobre troquelado, no hay mejor solución de bolsillo de revólver, no hay mejor honor de bolsillo sin consentimiento del comprador, él no sabe la hora que es ni el relámpago lo sabría como el pobre recién llegado de rica mina de plomo no hablaría hablaría cambiando el sentido frente al barómetro que habla a la cara, sí, autoriza el cortaplumas del cortejo y se escapa en la incomprensible excepción transportado por un centenario alado y una larga audiencia de escalera de honor inscrita con alas en el frontón de las montañas de piel.

Tanta oscuridad se eterniza en la casa abandonada sobre los cuerpos de vigas, que la memoria está plagada de hechos inaceptables. ¿Deberíamos considerarlos desde el ángulo de la deformación de los rostros humanos cuando el chisporroteo de las pizarras nos transmite señales solares? La indiferencia ha conquistado los rostros más bellos de las mujeres cuyas luces se interpretarán jugarán según su nivel amoroso. Enamoradas por etapas sucesivas, las ansiedades os sustituyen a plena luz del día y nuevas oscuridades compactas, como linotipias vírgenes, crujen en las articulaciones de los muebles frágiles, dejando relucir los pólenes en los zumbidos de los oídos de las conchas. Los gemidos de la pintura, ayudados por la putrefacción creciente, ofrecen a las abejas los cálices inagotables de cifras licuadas. Acaso seguiría habiendo una primavera importante, que el capitán no abandonaría su trabajo ni su destrucción; se limitaría a designar el desfile de recursos para seguir a las mariposas que azotan los mares.

XVIII

ARÁNDANOS SONOROS

Los niños lloran solos en el hogar, lloran lágrimas de leche y comienzan la decepción de la edad adulta. Si las chozas con cabeza de paja pudieran mantenerse a la altura de las imágenes en polvo, ya no necesitaríamos cabras. Los niños lloran solos en la casa de las mariposas dislocadas, un collar hecho de tiburones de río, las formaciones de esquisto de los hangares en retirada entre las montañas caídas de espaldas en la desgracia de los cebos. Los gusanos ahora comienzan a escabullirse alrededor de las camas una noche de total solidez. Las picaduras de las lámparas se hacen notar entre las flores de las calles y la soledad resuena con el placer del entrechocar de platos.

Empotrado en las paredes, el trote de misterios al asalto del mendigo tuerto, corta la esfera del reloj en rodajas de eclipses ácidos y de sueño. Las moscas hacen sonar más fuerte la alarma de los párpados y la luz se quita sus medias de seda. Nunca podremos escapar de la ratonera, conocemos la trampa familiar de las estrellas para miopes.

Una asombrosa penumbra de dedos ahorra el hormiguero de las mentiras despellejadas vivas por los arándanos. Las horquillas de la reflexión evitan que el sueño vaya más rápido que la hormiga recogiendo los trabajos de imagen en las piedras de molino y después en el granero existe el sueño lleno los bolsillos de los graneros, aserraderos de grillos, es especialmente importante no decir la verdad, sino serrarla en tablones pequeños y hacerla andar al lado del conductor. Hay escaleras para escarabajos fotógrafos que trepan por su propia fuerza con la ayuda de muletas apoyadas en los sobacos.

Aquí está la tristeza de los manzanos de sueño, tal como aparece cuando protege a unas sábanas de la luna en alquiler para el paseo a caballo con vestido de tilo.

XIX

PARA HERMOSOS OJOS

Un sol hermoso que a veces echa hacia atrás una sombra – unas crines de zarza sobre un campanario de iglesia – un hermoso sol de día en baldío, cuando el caracol que acecha bajo la claraboya de hojas palpa el aire envenenado por polillas, un hermoso sol de celuloide se esconde en el brazalete del vicio y elimina la luz gastada de la cama de la tormenta como si fuera solo una cuchilla de océano en la linde de la vejez, Solo vemos allí la araña del mediodía, la que camina entre dos aguas opuestas y no puede avanzar ni retroceder, pero siempre camina por amor a la corriente entre la tristeza y la esperanza, como un plácido mediodía en el valle humano. La mano del azar se erizaba en la olla con números y sacaba pájaros ganadores entre gotas de leche que caían desde lo alto de la conciencia tranquila, como la baba de las linternas. Pero la era de los osos aún no debía comenzar, existe lejos de la flor con codornices. Un disparo de fusil basta para que el tren una sus manos en el borde de la arena brillante de la juventud, en los bulliciosos pechos de las sirenas resinosas. Allí, aún no acaba el pestañeo del huevo.

El mar arroja muecas detrás de él. Le veo conquistar campos con ayuda de llaves falsas. Gana la partida de pasarelas en rostros cargados de hierba con gran asombro de los jueces de bambú que son los tristes residuos de los pontones. Después de haber saqueado una bahía llena adecuadamente de construcciones con forma de insectos, de rejillas y escarolas de jade, el último contrafuerte de la nobleza silícea, todavía emite un sonido agudo, el anatema que lanza su suficiencia maligna contra nuevas lágrimas y se retira con el traqueteo de sus cadenas cotidianas. Son infinitos los titubeos del camino y para reconocerlos rompí mi recuerdo de asaltante de trenes de vida.

Los intrusos de luz se vuelven raros en esta época de equipajes incómodos y malos recuerdos con trampas. No hace mucho tiempo que todavía corría a velocidades vertiginosas de estadística, de ciudad en ciudad, en busca de una orilla. Frenesí de almas herméticamente profundas, de masas de oscuridad se empujan entre sí con roces de moho en sus momentos más presentes, mientras el ser lujoso difunde el resplandor alucinante de su espejo y se aleja. Se marcha hacia islas desiertas y las islas desiertas no conocen descanso. Matamos, aquí y allá, durante una hora o dos, pero ¿no se parecen todas por el dolor que se detiene en el título de las figuras inanimadas en cuanto las salvamos del recuerdo cutre – es allí a donde queríamos llegar?

Parece que la paz se ha roto en el basalto de la indiferencia con gemidos de marea y dimensiones de avispa en señal de reflujo. Ni venir, ni volver, tal es la queja del topógrafo de gestos, cuando baja su mirada hacia tierra y se encuentra allí solo astros y vestidos de arterias. En el fondo del mar vegeta un palmeral, todas las ventanas se abren sobre un terreno de piedras calientes. Vive del día a día sin mendigar al sol la belleza ficticia de mejillas heladas; los peces le aportan suficientes luces para que en cada axila de sus ramas se descubra, por la noche, una nueva aldea en fiestas. La fragilidad de las mujeres rodeadas de sonrisas en trajes de baño cogidas de las manos, pone manchas de nimbo en el nacimiento de las olas y un círculo alrededor de cada árbol. Unas banderas ligeras abastecen a las algas con ganado de nubes y pequeñas avellanas crepitantes como las estrellas. Cualquiera que sea el peso del sueño, ¿habremos acabado pronto de desplazar unas melodías en la órbita azucarada del faro usando un casco colonial? Sueño mágico y arborescente en el que yace la exquisita fidelidad de los ojos de la noche, el mar. Los artificieros de la muerte pasaron por allí, vaciando repentinamente las bolsas de sus sueños y guiando su invencible fertilidad en los destinos de ensueño de los clanes de frutas radiactivas.

XX

FERIANTES DE BREZO

Hay un cielo de fin de fiesta, unos trozos de papel son arrastrados por el riachuelo musical y, en jirones, la fortuna se engancha en las redes de los pescadores con algas bordadas al vacío sobre graderíos de cúmulos. Llega el final de una fiesta en el salón de los ojos donde unas familias sin resonancia se engranan en el hilo de muebles dispares. Brillan aún algunos farolillos como sandalias, pero las muñecas estallan ya y su sangre frena la vida de los gramófonos.

Bajo la corteza de los pueblos pequeños hay tabaco de liar para murciélagos. Detrás de las claraboyas de estos árboles, se encienden frecuentemente candelabros de ojos ansiosos al paso de mujeres maravillosas y algunos por el resplandor de su paz. Sus voces, tan hermosas como sus manos, acarrean paquetes de olas hacia el corazón imaginario. Sin duda, recuerdan las frágiles barcas de deseos risueños coronados de espuma. Bastaría una lágrima para que la ola se hundiera en el chillido de la melancolía y entonces aún tendría que reanudarse todo desde el origen sonriente de las ventanas de palmera datilera.

Una vez más, hay vegetación en sobre mi tristeza y grandes árboles llenos de alborotos de luz. Por la noche llega para lavar el polvo de las laderas y se va con el ruido de chatarra de los rodillos de la apisonadora. Pero la paz aún no ha atravesado las suaves colinas tras las que, durmiente oscuro bajo párpados demasiado secos para cerrarse, yo aguardo la luminosa dormilona de antaño. El vino aún no destila de la prensa sobrecargado por preocupaciones, las nubes inflamables sobre el descaro de una cabeza, la dispersión de los miedos. Se producen extrañas petrificaciones en las diferentes capas del sueño, comenzando por las modulaciones que duplican las capas encantadas de la palabra. Con una tumba en cada mano, el ciego tantea y alarga la rampa de aire enrarecido. En su camino, leves llamas se iluminan a su paso y, poco a poco, se desvanecen y se disuelven en el aire, succionadas por una boca lúcida. Aparecerán más adelante en el mástil de un velero de cristal y nadie sabrá el tesoro sometido a las demoras de los ciegos. ¿Esperarán el resplandor de una fruta luminosa en el brocal de la tarde, el desplome de la torre donde se rompen las cuchillas del espejismo o el regreso de los pescadores cargados de adverbios rígidos y de arbustos con escamas? Aquel que rastrea las altas esferas de profanaciones, aquel que se deshoja hasta los huesos Aquel que sabe decir lo que no se puede comprender, aquel que se controla sin traicionar la verdad de las flores.

XXI

CONSCIENCIAS REPRIMIDAS

En el fondo marino tanto más llano cuanto los submarinistas tejieron redes para ir con la justicia de las mariposas, aún respiran pulmones en filas de cebollas; arrojan colores deslumbrantes en la amorfa tristeza cubierta de faroles todavía vivos. Cuando realicé este viaje por última vez, que debía dejar huellas profundas en las salinas extendidas en la superficie del cuerpo del mar, en forma de absceso de memoria y de surcos de pensamientos con navajas automáticas, los pacíficos cómplices de la fantasía todavía estaban aturdidos por títeres con penacho de jarras de alcohol. Aunque los ojos estén colocados en la comisura de los labios y aunque éstos palpiten entre un sueño y un despertar efímero, ningún viento está mejor situado para avivar sus llamas preservadas bajo el globo que el poder de atracción de los sueños y de las orillas. Las nasas de lluvia filtran los pensamientos asesinos y las magnolias llevan peluca y medias de seda mientras parten el pan fresco encima del río de carne humana. La hormiga se convierte en hierba, la hierba se convierte en ojo, el ojo se convierte en pulpo, el pulpo sube a la superficie, se apagan los candelabros y el frío penetra en la habitación a través de las culebras, la habitación vuelve a ser hormiga y nosotros caminamos hacia paredes quebradizas arrebatando rifles a la eternidad, guirnaldas de papel donde están inscritas la insuficiencia de la historia de las rosas y los números de hierro de los que se alimentan los pasos miopes al salir de la cuna.

¿Dónde se han perdido las mujeres, orígenes de extensas sabanas sobre el terror de cazadores indiscretos, los clarividentes de antaño? Sus ojos en los que alternan el éxtasis codicioso y la brasa en el fondo de los frascos sin embargo frescos, frustran las trampas de las impetuosas lianas que se elevan con sufrimiento y arden y se consumen por la incipiente vida en los crisoles aletargados por el pánico. Desde que los proverbios de sus existencias posibles se apilaron desordenadamente sobre mi cabeza, un amplio claro se ha abierto en las ansiedades que me sirven como días. Ninguna melodía había forzado aún las peleas de obstáculos estalladas en sus puertas y ningún alegato de traición se enterró más allá en las capas de lava que se suceden al timón torpemente. Las mimosas de vacaciones en los altiplanos ofrecen pensamientos transparentes que no llegan a provocar ningún desasosiego en las horas largamente incubadas y cuidadosamente depositadas en el cesto. Para una que se rompe, otras miles corren hacia la puerta y solicitan su admisión en la fila de fallecidos. Solo debemos ver la espuma al final de los pensamientos – se debe oler solo el fin de los pensamientos. Es necesario revolver la espuma inconsistente aun a riesgo de sufrir el peso de nuevos pensamientos engendrados por la miseria. Igual que el dedo requiere la mano, ésta el brazo y el brazo todo el cuerpo, es peligroso seguir al extraño que coloca un caramelo al final de la cola, solo hay niños que nunca han comprendido este principio sin embargo conocido por todos los babosos, ogros y reumáticos.

Son los devoradores de niños y de mañanas sospechosas, los bellos durmientes a la sombra del roble. La bicicleta aún no arranca, ligeramente apoyada contra el tronco, algunos restos de comida en un papel arrugado, la curva de la carretera está a la vuelta de la esquina. Con la espalda doblada, el campo busca en alguna profundidad invisible un escaso alimento de rencor. Al rascar el suelo, el perro sigue el camino del amo y la hoja vibra bajo la acción del viento como si acabara de nacer a la alegría y la plenitud. Solo existe una noche que huye del mundo y debajo de su pesado casco se agita un fugitivo empujado por demonios de algodón negro. Huye de las carreteras y de las plantaciones, seguido por un gran diablo de viento fuerte y monótono. En las bodegas de la flor de plomo, se encuentra, entre dunas de desidia, un esqueleto humano largo y fluorescente acostado sobre un montón de botellas vacías. Los bosques de encinas vinieron desde las más remotas épocas a inclinarse ante la tumba y muchos vestigios dan testimonio de las formas lánguidas en que lo hicieron. De un extremo a otro de adoración, sobre pistilos vestidos con ropas de alcanfor, una sola voz empujaba miradas desesperadas hacia el taciturno. Unas etiquetas multicolores estaban pegadas en el esqueleto como en esos arrendajos que han viajado mucho. Las palomas también vinieron por delegaciones alegres para verter una gota de vida en el envase vacío. Sus alas albergaban mensajes de senos femeninos. Se había acumulado tanta ternura en la cúpula celeste que oscurecía y la tormenta no tardó en soltar sus amarras. Huían los niños, se inclinaban las flores. Entonces ocurrió un fenómeno extraño. Pero nadie lo había visto y nadie lo había notado. Así es una lástima tanto dolor perdido y tanto sol malgastado en vano. Detrás de los muros centenarios, el hechizo terminó y la princesa se despertó de su sueño aterciopelado de cenizas, las estrellas ya no cerraron los ojos desde ese momento de feliz sonrisa y una gran carcajada coronó la escena que estalló inmediatamente como una burbuja de jabón entre miles de palacios construidos río arriba del arco iris.

El sabor de la risa es más profundo que las raíces del plátanero; sólo es razonable para aquel que vive en las raíces, indiferente al tronco donde crecen las risas – aquí está la sabiduría de lana de las ovejas que siguen a su amo con demasiada fidelidad. Habría muchas otras lecciones que aprender de las mazmorras húmedas, si la bella prisionera no se hubiera dedicado a las llamas del silencio. Un día en la picota, un día de primavera, indeciso y contenido como la ira irracional, un hombre de gran apariencia de haya vino a plantarse en la pendiente sur de un pueblecito limpio, aunque pobre y sabio. Muchas industrias se establecieron a su sombra omnipotente. En nombre de la curiosidad de las mujeres, nietas y abuelas a menudo venían a levantar una alfombra o un colchón, un mantel o un tapiz, con el deseo secreto de descubrir un tesoro del que nadie había oído hablar. Por esto mismo, al igual que el contrapeso del reloj de cuco, no había siquiera una oportunidad de existir. Se llegó a un acuerdo extraño entre la sombra y la presa fácil, cuyo tema, una nueva alma, constituía la apuesta demoníaca. Largas palabrerías precedieron a la firma del contrato y las aves aprovecharon para abrir su congreso donde llamas parpadeantes ya se pronunciaban por una salida brusca y colorida. Mientras que los viejos no querían saber nada de un capricho del ala izquierda, los pintalabios aplaudieron con las patas levantadas la separación de bienes del verano. Hubo otros incidentes de avispas y simulacros de nieve montados con todas las piezas por algunas flores de costumbres más bien ligeras, pero en última instancia, fue la música la que más se equivocó y los miembros del jurado de las nubes se pronunciaron unánimemente por una sequía de varias semanas que sufriría el territorio, siendo considerados los demás miembros de la sociedad en parte recelosos, en parte como perjudicados. Los testigos no podían contener su indignación. Una petición de revisión circuló entre los sapos-carpinteros, pero cuando se respaldó con firmas indescifrables, se hizo evidente en las altas esferas que era imposible comenzar nuevamente el asunto con el pretexto de que los dignatarios de la hermandad habían sido culpables de falso testimonio. Incluso fueron amenazados con la expulsión y omito los escándalos de viento subsiguientes que terminaron trágicamente con las demandas de los caracoles-grandes- propietarios. El silencio es por otra parte una de las fuerzas de la pequeña humanidad de insinuaciones y a él sumo ahora un minuto de la existencia de perro que me llevé, en pago por los servicios prestados en campos no cultivados, como un hueso arrojado bajo la mesa al destino, a pesar de las protestas en papel timbrado, debidamente registradas, que hice llover sobre la cabeza de la región. Ella lo necesitaba, según las opiniones de los agricultores en apuros que, durante la noche, colgaban su lencería personal afuera para recoger unas gotas de rocío, al estar el vino destinado exclusivamente a regar la avaricia de las vides. Estas personas eran demasiado viejas para correr de flor en flor, años de privación los redujeron a la expresión más simple de paja. Hombres de paja se interponían regularmente entre ellos y las autoridades en camino para cambiar las caballerías carcomidas por las contribuciones del mar en sal y oro. Los actorzuelos submarinos rechinaban los dientes al presentar el precioso polvo en petacas de plata. Abotonados con ojos de peces, sus túnicas hinchadas de asterias y violetas les llevaban con paracaídas al revés o parasubidas, a la superficie de odres donde tomaban contacto con el aire como unos besos entre los cuerpos astrales. Pero la incandescencia que les recubría, se borraba con el roce de luz, las escenas de amor perdieron su sentido trágico bajo la influencia del tibio sol. Al igual que los artificieros, sacrificaban su vida, tan corta como llena de fenómenos misteriosos, a las alegrías de la luz artificial. Las tumbas estaban construidas con forma de manos informativas que apuntaban con el índice hacia el cielo, pero unos armarios con espejo las sustituían junto a las adoradas tortugas, madres esposas e hijas que olían a lavanda por los cuidados de buena ama de casa. ¡Feliz país donde la igualdad de los muertos hacía posible una existencia sin aprietos, digna como portar armas y al alcance de todos los presupuestos! ¡Pienso en ustedes, halcones nobles que lleváis un reloj bordado en el pecho, halcones de cuatro horas que degustáis el oporto de las estrellas en los cráneos de nuestros antepasados! En asuntos cerebrales, los elfos juegan mejor a quien pierde gana victorias como los ahorcados colgados en los percheros de las antesalas de la muerte. Sin embargo, nada que destacar en la frente del pensador. Entre los prisioneros hubo un ternero, ya no tenemos en cuenta a los valientes talladores de diamantes. Avenida, avenida absorbente. ¿Se abolirán las reglas del juego de canicas? Antes de alcanzar el fondo del saco de la noche, fue necesario vaciar todos las habladurías en la calle entre las inmundicias, pero cuando pudimos subir hacia la la luz, respiramos de nuevo, el aire estaba más maduro que los dientes y el pan seco a salvo de cualquier sospecha En el billar, los detectives pastaban, inclinados sobre constelaciones imprevistas, formaciones de campanas en los posos de café. Parecería, desde lejos, unos saltamontes a flor de piel, sobre un fondo de timidez, compartiendo un precioso botín. En la barra, el dueño limpiaba de sudor unos vasos y el vino fluía a borbotones, sobre su cabello, de un barril montado a horcajadas por un Baco en dificultades. La hora tardía golpeaba a mayores y pequeños con un martillo de subastador. Llovían fabulosas subastas de oxígeno. Una hermosa escarlata metía los codos, pero los ojos no se enardecían al pasar las palabras. Mejor dar vueltas en círculos que ser engañado por el pantano. ¡Cuántas vacaciones perdidas por un destello de magnesio! ¡Cuántos sueños rotos en la espalda del ganador! ¡Se acabaron las provisiones de ojos azules para farmacias portátiles de primavera! ¡Se acabaron los juegos, se acabó la infancia del arte! Unos bosques canosos fuman la pipa de la ira. Se hunden en otros bosques y súbitamente descubrimos el arbusto bajo el que late un corazón celoso de reloj de osezno en el campo. Un murmullo frío del clavicordio cruzó el camino y el cazador al acecho perdió su calma habitual. Una bellota avanza seguida de una procesión de frutas, viene a pedir la mano de la extraviada, una joven de su edad envuelta en su cabello de medianoche sedoso y distante. El entusiasmo fue general, los niños de las piñas llevaban la cola de cristal del vestido de novia, se disparaban revólveres en la soledad inmemorial, los lechones tomaron parte en la fiesta y cuando los grandes robles se descontrolaron por turno, supimos que las libaciones habían alcanzado el punto culminante de la curva de los placeres. A algunos abedules que estaban perdiendo la cabeza, hubo que ponerles a regañadientes la camisa de fuerza, pero el mar de alegría de donde solo el sol podía extraer las piedras preciosas de las pesadas miradas del pasado y del aguardiente, no cesaba de batir su alfabeto dentro de los límites convenientes. Ahí, no se detiene la clarividencia de la lechuza tan frecuente y erróneamente maldita. Preguntó por una herencia de duendes, los cazadores furtivos y los anticuarios eran muy conscientes de sus entresijos. Camas de hierro, mesitas de noche, candelabros mareados, sillones chistosos y mil trastos entraron solemnemente en la casa de los recién casados. La vajilla estaba suministrada por una casa de confianza, mientras que con la lencería, la confianza provenía de un castillo de los alrededores, abandonado por una familia antaño gloriosa. Al mismo tiempo que su apellido rimbombante, tuvo que abandonar, hace mucho tiempo de esto, por la escalera de servicio, como un vulgar tropel de durmientes despiertos, de proveedores expulsados y actores itinerantes, la maceta familiar con rosas. Una ancianita un poco inconexa trotaba en cabeza llevando un candelabro de tres brazos en la mano mal engrasada, cuyos huesos crujían ante el más leve movimiento y arrastraba tras ella una muchedumbre de criados que se lamían entre sí de arriba a abajo. Los actorzuelos continuaban y la más joven que también era la más bella de la chicas cerraba el cortejo con un gesto cuidadora de ocas, la mirada tristemente atenta al menor signo de dispersión. El fuego prendió en el torreón más alto y el drama fue declarado como un suicidio incomprensible, una hora después expiró y aunque los daños aún no hayan podido ser evaluados con exactitud, el venado se entregaba ya a los placeres de la mesa sin temor de accidente ni de fisura en la tubería de plomo del gas. ¿Quién es el hombre al que no se molestaría por las grandes festividades forestales? Las innumerables uniones entre la hierba que ilumina el polvo y los caminos verdes, celebradas como medidas de emergencia por el notario de lirones, le valdrán su peso en oro. Después de su muerte, se levantará un monumento de bolsillo en el corazón de cada enamorado y, entre las grandes cuerdas de las palmeras con leche y los pechos con armadura de hierro, tendrá lugar la caza voladora de la que está preñada la oscuridad.

Igual que los cordones de un corsé se cruzan y se multiplican, las muchachas y los muchachos se buscan de una a otra orilla del impetuoso torrente, a menudo arriesgando sus vidas al pie del voladizo, sin importarles mucho el objeto a domar. Tal es la fuerza del amor incipiente, que sin escalar paredes inconfesables, la serpiente se traga la cola y se da la vuelta como un guante. En los sombreros que cubren los glaciares, el buen clima puede tamborilear y rechinar los dientes, las horas desaparecen detrás de la cortina. Los enanos armados con guadañas y palos salen por la puerta de hierro y las manos de la bruja que engrana el collar del infierno, serán utilizadas como fagots por el domador de leones, el justiciero. Hay que tener en cuenta la revolución el amor del que se enorgullece la casa de fieras cuando da pobres actuaciones en los campos dañados. Un inmenso incendio se declara entonces en el pecho de los niños. Es otoño, plumas de perdiz cubren los bosques. Abundan gritos y gemidos en la colina desnuda, solo podemos presentirlos, nadie los escucha. Los libros yacen esparcidos en los pasillos de color cadavérico, las chimeneas siguen a las cigüeñas sobre estrellas palmeadas y los deshollinadores llegan en alegres grupos de manzanos y de sueños y recorren la ciudad crujiendo con ruidos falsos. Mil canciones se arrastran definitivamente por las calles y las cortinas se abren en las mil ventanas de la ciudad. La felicidad de los gestos invade las miles de carcajadas que asoman por las ventanas de la ciudad. Eso ocurre porque es la ciudad de las manzanas. Un mundo repleto de señales y sombreros, trenes y charangas que se derraman sobre el temblor de las hojas. Pronto caerá la nieve en forma de abanicos de plumas de avestruz sin que las multitudes trémulas tengan que refugiarse debajo de los hangares. ¿Estaremos más avanzados cuando sepamos la beneficencia lluviosa para merecer fines de fiesta tranquilos? ¡Tristeza, tristeza, eres tú sin embargo la que se desliza a hurtadillas en la cama de las bellas pecadoras! Ligeras como el fuego a plena luz del día en un parque de vidrio hilado, las vi desfilar frente al cristal, con las capuchas rojas, hijas de reyes y reinas, profundos sueños de los bosques, las antaño luminosas. Pedicelos y pedúnculos se levantaban de puntillas para mirarlas a los ojos donde brillaba ya el vino de bodas encantadas, mientras el mildiu se debatía entre los ciervos y las pantomimas en las vides de la mañana. La mitad del mi reino para Salomé, dijo el rey miserable, pero esa noche no hubo sesión de baile y no se pudo cortar la cabeza del temible moho. Cargada de venenos y perfumes que los adivinos habían depositado al pie del trono, la noche navegaba hacia otros juegos que debía esconder ante los ojos del mundo, pero las largas barbas blancas de los sabios estaban atadas juntas y en grupos de cinco, los dignatarios se desplazaban, ocupándose de sus asuntos de estado. como manos abiertas sobre telas de las arañas. A la luz de un perro de caza, pude de alguna manera reunir las bestias de carga de la palabra. Había llegado el momento de la destilación, ya solo esperábamos a que los bandidos encendieran los fuegos gordianos. Hay que mantener las palabras húmedas. Hay que proporcionarles una desnudez de alambre y procurarles una jubilación decente. Hay que empezar la casa por las palabras. Debajo de cada piedra, hay un nido de palabras y de su impetuoso torbellino se constituyó la sustancia del mundo. No tenemos que preocuparnos por los caminos venenosos que se pierden en el camino hacia los ecos. Unos valles profundos nos separan de la irrealidad de las principales razones. Nada más que movimiento en el hormiguero inestable. El hombre fue enterrado bajo la piedra de molino de las palabras (no podía tratarse de buscar la aguja mientras el hierro estuviera caliente), pero la lluvia y el miedo lo harán surgir crecido en la violenta conmoción de las estrellas aturdidas. La amada viga, de esta manera, se unirá al ojo negro que había perdido de vista, y así es como habrán acabado sus largas vacaciones pasadas en la tierra de las joyas, los grillos y la nuez moscada, toda la tierra virulenta sobre sus pasos.

*

Con toda la fuerza, los albornoces rayados azotan las conchas de aire, los fragmentos de comprensión se miran en el espejo en el agua calma, el aire y la desesperación concentrados en la palma de este sueño ofrecido para todos, el calmo golfo. Las furtivas cabalgadas de la sangre sobre el asfalto sonoro despliegan los chasquidos secos de sus aletas y se emboscan. Aquí está el hombre nuevamente colocado ante el camino de la oscuridad, su espejo significa para él la vanidad de la calma absoluta. Que quien lance la primera palabra en la batalla, se dé a conocer. Solo hay un despertar más hermoso que en los brazos de una nueva palabra, de una mujer hasta entonces desconocida – la magia voluptuosa del silencio antes de que aparezca el sol. Pero solo más allá de la palabra que pulula, obstinadamente presente, esta ingenua forma de olvido, existe el pensamiento. A través del tamiz hacemos cosquillas con mucho gusto al candor del árnica con la mirada clara dónde se ahogan los fantasmas; así se ahoga la frase sin puntuación, la que resalta la triste o alegre continuidad en el fracaso que es el significado de mi vida. La realidad borrosa, antes de ser conquistada por el sueño, es el reino donde me encuentro en mi casa. El aburrimiento antes de que muera, cuando me atasco allí por completo, es mi estado de vigilia más delicioso. La expectativa de algo de brillo, la aguda intensidad de la conciencia. ¿Qué me importa la conclusión del acto, la voluntad o el deseo que han conseguido su cumplimiento? El encanto se desvanece en estas gloriosas cumbres. Allí, comienza la sucesión irrevocable de crueldades y de luz. A las tres cuartas partes del camino encontramos el orden y la lucidez maravillosa que propagan el descuido de los duendes y la rebelión de los números establecidos – el fuego que está en pleno apogeo antes de abordar el principio de destrucción – y palpitan y se elevan.

Joan Miró

Joan Miró

EL ÁRBOL DE LOS VIAJEROS-TRISTAN TZARA

grabado de miro para el arbol de los viajeros de Tzara

TRISTAN TZARA

EL ÁRBOL DE LOS VIAJEROS

(1930)

Volcado al castellano por Manuel Puertas Fuertes

INTRODUCCION

Escrita en la misma época que la magna epopeya del “Hombre aproximado” e igual que ella está dedicado a Greta. Fué publicada por Ediciones de la Montaña y se terminó de imprimir el último día del año 1930 con una tirada total de 500 ejemplares.

Obra dividida en tres partes, la primera compuesta entre 1921 y 1924 es la que le da título, el árbol como oasis, sombra y descanso que despliega sus ramas (los poemas) para sosiego del viajero (el poeta)) Las otras dos tituladas En caída de nubes y Fuego prohibido fueron compuestas unos años después, hacia el final de esa década.

Algunos poemas de las dos primeras partes fueron inicialmente publicados en revistas de la época no dedicadas en exclusividad a la literatura, asunto éste extraño. Al titular la tercera parte que es un único poema divido en fragmentos, Tzara juega con la polisemia tan grata a él y tan caracteristica de su estilo. “Le feu defendu”, puede interpretarse como protegido o prohibido, según se analicen los poemas como el amor protector y amable o miedo a la pérdida del amor.El traductor ha optado por entender la opción de un amor difícil, casi inaccesible pero sin dejar de necesitar ser protegido.

El estilo sigue siendo netamente reconocible, acumulación caótica de palabras, discordancias entre sustantivos y adjetivos, uso del collage y de los slogans publicitarios por lo que la ambigüedad tzarista deja al lector perplejo y dubitativo.

Tzara sorprende siempre, pero indiscutiblemente no es un poeta retórico, academicista ni por supuesto fácil para el lector, la ambigüedad, marca de la casa, permite diferentes lecturas y traducciones, ese es el reto.

A Greta

EL ÁRBOL DE LOS VIAJEROS

BÚHOS

avalanchas morganáticas casadas con graves ondulaciones

de milenarias sacudidas

lámparas salidas con los reflejos de la edad

pisos del ruido

olas que cabalgan el ojo triste de un lago

el oído se nutre por la caída del agua

musculosa y constante

el firmamento crece en su espectro

unos sombreros de mujer colgaban de las ramas

variaciones robadas a los juegos de azar

y lo que hería la hora tardía

un ave

se revolcaba en la fértil voz de los campanarios

que crecían con el valle

sobre la carretera de yeso leproso

tres personajes avanzaban

cada uno con un bulto a la espalda

los abetos cuchicheaban

los abanicos los clavicordios adornados

con la amplitud de un simple viento de tarde

cada uno de los personajes escuchaba la melodía de su nombre

rizado con los portátiles telegráficos

andrés enrique ovidio y ludovico

el primero

acosado por un amor superfluo

se deleitaba con las ideas que intentaban penetrar

a través de su resistente y bronceada piel

una máquina de coser células infernales

crepitaba en su sueño ambulante

iba a tomar un tren porque su familia le rechazaba

el segundo

leve sonrisa de lluvias marinas

marchó por caminos negros

encontró lagos donde dios transcurre entre placeres americanos

se seguía de cerca los perfiles de su dibujo

ahumado como un cigarro

creció una forma de escolopendra mágica

el otro es una silla

un libro abierto hecho de alas de saltamontes

por qué nos paramos

delante de la puerta de un anticuario de nubes viejas

por qué mana sangre de este ojo giroscopio

y todo es una flor de lava

no hace ni bien ni mal ni grande ni pequeño ni derecho ni izquierdo

como si de su indice mayor gotease el negro de pincel

de sus diversos instantes de su dormir despreocupado

como evasiones cerebrales durante los sueños marinos

el cordón se cierra sobre extrañas propuestas

abrigos segados sin cabeza

os preguntan si queréis pasar agradablemente la noche

no hay nada de mística

ni de la grosera y vulgar sensatez

de los profetas dramáticos

nada como un juego vital y sus distintas escrituras

alrededor de la estabilidad de las cifras

acaso existe diferencia entre lo serio y lo superficial

acaso es dios serio o pesado superficial o espiritual

el sabe

que nosotros somos emanaciones nocturnas de una fantasía siniestra

emanaciones nocturnas

¿emanaciones nocturnas?

sí emanaciones nocturnas

emanaciones nocturnas del té de las cinco

emanaciones

¿nocturnas? sí nocturnas

de disparates y sapos vulgares

del pasatiempo tronco del matrimonio

y escaparate de tiendas de dioses ocultos en los zapatos

le dije al muerto

me intimidas pálido amigo de los limpios cristales vecinos

y gira alrededor de mi ventana en una bola de agua

y se estrella en los cristales como una mosca

LA LUNA GIRÓ MAL

masticando su círculo

arrancando su sueño de la panoplia de las miradas

y nuestras miradas se fijan como ventosas sobre las cosas

chupan lo desconocido de sus raíces

auscultan los pechos cotidianos

inclinados hacia la enfermedad

cuando desnudo a lo lejos

un escuadrón de corazones de alquiler baja por el río

extrayendo tras él el murmullo de las colas de humo

¿cuántos idiomas habla la flor?

habla habla y no sabe lo que hace

me retiene para cenar

peina su melena a contrapelo

en su seno el olor placentero de catástrofes incompletas

creedme la sombra retuvo como una trompeta de amor filial

el yugo en el cuello de la flor

está hecho de cepos buceadores en la costumbre de los molinos con tanino

y si golpeo el pandero

es para los animales de cualquier ciudad

por qué agitas remordimientos singulares

sabes saber cuando papa se fue

los ratones bailan encima de la mesa

mientras que el tangara obispo hace notar su poder

mediante flexibilidades históricas

mi gran corazón de fuentes permanecerá agarrado encima de tu ojo

un tintero

no lo queréis

yo tampoco

un cebo

un perro que ladra

que hace más ruido que las mordeduras trágicas

interceptadas por la familia tranquila

padre madre sentados en el bienestar de la causalidad

se dan unos aires de tela preciosa

con frecuencia hay que cepillarlos

decolorarlos con caricias

si no os tratan con un extrema dureza

cuando árboles y cristales

se preocuparán de la responsabilidad de su nacimiento

me dispondré a reconocer da igual qué jerarquía

esperando en la vida y en la muerte

una hermosa americana de hojas afiladas

sostenía en su pico un matrimonio

pero por qué contar a las hermosas americanas

de qué manera os liberáis de deportes patrimoniales

era por mi culpa

la lámpara de un insecto que consume deseos insatisfechos

yo triturado por la máquina de escribir mentiras

y nunca nunca me hipotecaré más

sobre la aparente belleza de las mujeres

más vale arrancarse las piedras del pecho

incluso a riesgo

de hacerse distribuir en las oficinas de beneficencia

la perspectiva de los edificios

deja un espacio libre a estas lentas respiraciones del cielo

es la que hace oír las campanadas de las grandes horas

¿acaso conoces las gaviotas que se iluminan en su vuelo

caen

se acuestan

se tapan

se duermen

sueñan

se despiertan

y no preguntan siquiera ni la razón ni la entrada de la estación veraniega?

se esclareció el misterio

este es un paso desgraciado

un chucho abandonado en la guardería de la noche

junto a una sola nota

una sola

su nombre es juan

PRELIMINAR

cabellos revueltos huelen la nube de sangre

de tu frágil sangre

lenta en el anuncio del amor

lenta

por las venas hacia el temblor hospitalario

de tu sangre

lenta

fiebre baja hipótesis sin amor

duerme sin párpados junto al peso

en la escalera a ambos lados de la tos

balbucea su nimia repetición aritmética

PRECISA

en mar

trasladado todo de golpe

un disparo de pistola

acabado

quien es tu hermana y quien podría serlo

bajo la clara tela dicen las damas hay lágrimas

atlántica del tedio

qué paciencia en los crisoles modificables

ante el musulmán

bordes ardientes de la palabra

oh salidos del bosque y cabalga

absalón

la muerte papal especial y delicada

EL CONDENADO

para ocultar mejor su naufragio humano

con ojos trabajadores de comerciantes

de almas y de innumerables mentiras en ítaca

el destruyó sus instrumentos de viaje

cuando se le habla de las pieles enceradas de los atletas

de los rebaños de corderos con signos taquigráficos

que su amante dibuja en el aire con sus pestañas

su vida se encadena con los eslabones sonoros de los gritos festivos

amarga es la noche

sé por qué

es mientras el lobo

se frota contra la piedra

he aquí que la tierra chirría

y guarda los senderos como látigos

jamás risita burlona de abismo fue más pisoteada

por grandes animales reventados en el umbral de tu boca

brazos de planetas y sufrimientos brotados al fin

por dedos calcinados de llamadas saludos y raíces

constituyen la erupción prevista según las llamas

a lo largo de grietas que sólo pueden medirse en tu risa

en aliento inconmensurable que escapó el sol de tu risa

APROXIMACIÓN

vienes comes nadas sueñas lees

a veces corres tras la luz el ilimitado por qué de tus acciones

a veces te preguntas de donde vienes tan solo

vestido correctamente e ilegible según el aspecto de la canción

con la hora pesada e intempestiva en tu sueño

a veces te preguntas qué será mañana

empapado en el licor salado de los aires sujetos entre las tierras

nunca te preguntas lo que

eres

en este instante que tu respuesta no podría alcanzar y huye

no eres el engaño de atracciones sonoras

que juegan a la duda y a la nube en tu eco

sobre otros márgenes incalculables

bajarás los caminos del tiempo que perder

las graduaciones de sombras usureras en la playa cepillada de nuevo

y en los bolsillos alternativos de las aproximaciones

escarbadas en el umbral de de las olas difíciles bien nutridas

la cornamusa ya hiere al digno simulacro

de nuestras razones cargadas de la extensión sin espamos de praderas

y su lívida gravedad en los racimos de uva

se retrasa mediocremente a lo largo del crepúsculo y de la piel

PAISAJES Y ACCIDENTES

encerado de las finas avenidas

el café de la mañana de donde surgirá el proverbio de verano

otorgado en beneficio de todos los proyectos de viaje

ensartados a lo largo de galerías de flautas

el ombligo de cera se derrite

como todas las pequeñas marionetas en el furgón de cola

dónde vamos se pregunta el señor que sufrió decepciones

esa es ahora que la risa gotea

son ramas de senos de cristal

es un amor-metro

es la amenaza perfeccionada de un badajo de campana paraguas

y el pasaporte se abre hacia el piso superior del armario

hay un carámbano libre y pájaros

notamos allí el micrófono

aumentando los pasos y las palabras que ya no se atreven a sonar

se quedan por así decirlo en sus conchas

pero se les ve porque son ojos

aquí es donde lleva una hora de olvido

la pulsera de rubíes os brota en la mejilla

en caramelos azucarados de llamas

las hojas de las venas se extienden con la lentitud de la sed

es un auténtico desastre

que los latidos de los muros de los inmuebles explique y acompañe

a un auto

la joven queda tendida en el asfalto

un pañuelo húmedo

un accidente como otro diréis

aquí es donde lleva una hora de olvido

nadie pregunta vuestra participación

en las especulaciones excitadas alrededor de un pañuelo de olvido atropellado

la necesidad social no la justifica

sin embargo aquí es donde lleva una hora de olvido

con la unanimidad de las abstenciones cuando se trata de un impacto previsto

entre los huesos y los numerosos heridos en libertad

locomotora dolor que marcha velozmente en todos los sentidos

los sismógrafos auscultan la tierra

operaciones bursátiles

el pánico las corbatas se anudan y desanudan en cifras

y jamás la mecánica

registrará la congestión de una hora retorcida por los nervios

esta delicada y emocionante escritura corporal

señala los ríos en su mapa

aquí es donde lleva una hora de olvido

cómo queréis comprender lo que nadie ha comprendido aún

nos rascamos los órganos uno tras otro

un hermoso baile por la soledad cuando la lengua está pegada a palacio

un sello de museo glacial sobre el horror de las ventanas vacías y fijas

cada uno de nosotros tiene un depósito de hechos

que se cumplirán en el orden de salida de las comodidades

saldrán como los periquitos y y sus frases

sin preocuparse de la precisión de las interesantes observaciones

aquí es donde lleva una hora de olvido

en los túneles de avena negra de humo

EL PORDOSIERO

los amplios bolsillos unos avatares

profundos como el azul de las olas

donde manos siderales y frívolas

cuentan el dinero con torpes ademanes

se alojaron en todo tu cuerpo en conchas

tu cuerpo color de lluvias abundantes

sufrió al sol suplicios de óxidos y microbios

lentos amores modelados al límite de las playas

brazos rodeando la espesa espalda desvestida

raíz nocturnamente torcida alrededor del cuello

destino enmohecido por restos de algas y piojos

cuyo depósito de barro tu cuerpo es la isla perdida

una tierna edad incuba en tus oídos marinos

una rama de árbol en movimiento con sus harapos otoñales

un bloque de piedra nube caído auténtica limosna

en el luto mojado del saco donde abunda la escasez

en la sombra de tus poros crece la maleza

tus uñas hurgan la triste tierra de tu vientre

plagas y granos son las únicas flores que engalanan

tu ser marcado por esplendores botánicos y canallas

tus ojos se han acurrucado roídos por la hora impura

en el fondo de tu paquete de vida tosca y dura

que con la risa salvaje surgida del pantano

el viento echa en suertes que liben su naufragio

y desdeñando de la sombra la amarga basura

ruedan en adelante sin camino ni aventura

y sin embargo dios sujeta siempre tu saco

que anda desatado de ti a tu lado

EN CAÍDA DE NUBES

PALMERAL

qué pensarás al atardecer cuando echado en el río

el infatigable ronroneo como un último destino muele

entre las piedras de su cerrojo entre la hoja seca

muy cerca de tus oídos te hará ensordecer de este mundo

y la dulce palidez y el recuerdo vacío

qué harás al atardecer cuando colgado de un sueño

persiguiendo unas palabras ocultos revolcones

o sus sutiles huidas bajo los cerros cenicientos

llegue para tí solo la señal invisible

a abrir el camino entre los caminos de luz

te hablará al atardecer como escuchando en la puerta

impaciente por todos los inagotables pavores

ciega que llama a la puerta

puerta obcecación ante todo lo que le ve

y toca la frente sonora en el umbral de la puerta

quién te dirá al atardecer que era el atardecer la ciega

el pecho duro sordo atravesado

por vanas siembras por escandalosas

ondas de ecos perpetuos y enormes como el mar

pálida y miedosa

era un atardecer erosionado por aguas emocionantes

que inventaron tus ojos y dieron como herencia al amor

y raudos lamentos cabalgaban por la colina

donde estaba listo para atacar su dolor

la incipiente razón de odiar en secreto

era al atardecer cuando la verdad vieja

sonaba abajo en campanillas de madera

viejos de inofensivas verdades se frotaban los rebaños abajo

contra la fibra de lotos y los ojos de precipicio

paseaban sobre tan dulces palabras era de noche abajo

era ese atardecer cuando la tierra moldeada por cebús

encallecida por los golpes de tantos insaciables mediodías

y lamida por sombra de manglares- porque su luz se fue

tal grito de chacal- columna triturada

de montañas tumbadas en la arena despavorida

suave brinco de silencio en los borradores de la espera

y tras la espera silencio aún y vacío

no era ya el atardecer de luces formidables

ni la tímida boca buscando averiguar

rabel cebolla y en el matorral cejas de lavanda

no era ya la alegre pandereta de guijarros y almejas gigantes

el atardecer lánguido al estrellarse su resplandor sedoso

las salinas y el limón nocturno cubierto de búhos

son abatidos sobre nuestras ardientes saxífragas

cedros cilantros arces

no era ya el atardecer tumbado sobre la alfombra de la orilla que se retira

en lo sucesivo denso océano de almenas vivientes sujeta el horizonte

océano hirviente en los montes derribados

un pueblo de ultratumba escala tus picos de espuma

desde donde el sol derrama la sombra eternamente unida a la estrechez de

nuestras horas

ciega paciencia ciego montículo de harapos

extraído mediante el hilo que un ojo ígneo conduce

en el camino que las mendaces asterias robaron a las estrellas

en el hueco de nuestras visitas sólo conocemos el sueño

como amplia cosecha de luminosos nuncas

y cuando el corazón litófago se apodera de las volutas

donde se abren elípticas las venas de genista

nuestros cerebros se agitan con fuerza y caminan

caminan hasta la convulsión amarga del asfalto nocturno

sacudidos con fuerza en la grupa del viento

y por tantos amplios descansos agotada

toda la familia del paisaje camina temblorosa con nosotros

y por la noche camina furtivamente al paso de los vencidos

hasta el río donde la muerte se empapa

una lenta parada de luz en el entramado de silbidos

maraña de serpientes país de piedras y lágrimas

y bajo cada piedra el calor de una lágrima

muy cerca de una brizna de resplandor e incubando unos ojos el destino

que nos hablará un día mejilla con mejilla la mágica ternura

que se representa con artimañas del sol poniente

y la mano de acero en el cuello de la ensangrentada escalera

ríe al salir por no pasar nunca por la puerta

un insecto acróbata de hábiles crueldades antiguas

una amenaza al menos un fervor

ríe al entrar por no pasar nunca por la puerta

es de noche amigos noche profunda

que ríe cantando por no pasar nunca por la puerta

y la casa es su altavoz

otra venganza más lenta

dolorosa hasta que ya no lo sepa

MADUREZ

futuro burlón camino sin disculpa

la inquietante fuerza de un crepúsculo estancado

contra el frondoso falso el recuerdo herbáceo

del pezón se endurece con el error en membrete

y la campana mama en dulzuras cenicientas

la imposible exaltación donde se desmigan los reproches

lo que la juventud pudo agitar de hojas

de lo alto del palomar donde revolotea tu palidez secreta

bordeaba la fila de benditas sensaciones

que frotaban en su vida las hordas usureras

de las épocas llegadas con los enanos relinchos

y de hierbas gestos flojos que mordía la reja

la arena sonaba sobre la masa cayendo cansada

donde la sombra renunciaba a la parodia del día en blando relajo

oíamos los corazones aves acuáticas de las cigalas a través del viento

golpearse los pequeños lamentos de su plumaje a través del viento

———

lluviosa silenciosa – la noche a punto de madurar

antena de las risas difundidas en la ciudad

atentos arrepentimientos emocionantes fragmentos de intimidades

que exhiben los éxtasis con los piñones doloridos

aquellos que no son absolutamente indispensables

aquellos que no no conocieron las mareas de las épocas

aquellos que creemos pero que no existen

aun así cargados de ideas escisíparas

cosechada sobre las ramas llenas de crines

y despacio en el sueño de rebaños de aparejos

encadenada a los tempranos encantos de nieblas de besos

la esperanza de aquellos que conocemos pero que no existen

cede ante el subterfugio del pequeño valle desmaquillado

agotada emocionante suave

la balanza en la cabeza pero a cada lado castigos primaverales y decepciones

y el pájaro misterioso que lima y roe las comisuras de sus consciencias

AMARGO

burdas murmuraciones de la resaca se desatan

sobre la difícil jornada del mar esposa de tormentos

desangran la pereza de amplias calmas en la fascinación

amarrada la noche al cadáver de un lento grito errante

quién evita las lianas locuaces las pequeñas existencias fingidas

las rocas en los cuellos de los abrigos siempre levantados bajo la lluvia

los otoños que emocionan a unos pastores en nosotros mismos

entre miedos y sed – amenazas vivas

el faro labra sin cesar amenazadoras sombras

alas de angustia trabajadora arden en el juego de cuchillos

llevad siempre cantando soledades alrededor de lazos

que pasan y regresan merodeando un cráneo invisible

cuando garras de sombras se traman bajo la faena

el arrecife cerró su casco de acero descubrió sus dientes salvajes

bajo la dócil sensación – clemátide de sueño-

incuban exigencias ridículas de libertades futuras – razas de fuego

———–

cuál es el amor tan sólido

a pesar de los cascotes que vuelan por la tormenta

como pago de estaciones e intrigas

al margen del oído

al margen de la mirada sin voluntad

en las puntas de las risas invulnerables

al encuentro de un viento amigo

viejos que abren el ojo bajo la roca

al deslizarse como el invierno sobre raíles

de tanto reír de tantas aventuras

de tanto eliminar los detalles de las flores

y unos árboles sin fila donde se acumula la espuma

la de los caballos encadenados e invisibles

que remolcan sin cesar la pesada barcaza por los muelles

o la rueda con cangilones de donde cae sobre el mundo

cuál es el amor tan sólido

LAS MIRADAS REMERAS

así como lo dijiste – las persianas cerradas

por donde la seductora melodía de las cosas filtra su doble

y las nubes que rodean las cosas

desenredan la luz

así como lo dijiste – las migraciones de aves

trabajan el aire crecido al calor de las proas

su preocupado delirio separa sobre tus labios

en dos deseos contrarios la enorme corriente que nace

arrastrada remolcada sin saber por qué

marea de alas hojas de islas el caos de una noche de estío

en su palidez bailan frenéticas las cosas

bailan sobre las olas con sus miedos y sus sosias

y cuando manos anónimas se vuelven de nuevo visibles

y cuando las ví hundirse en su profunda substancia el aire viudo de estrellas

encontré bajo tus párpados matutinos el secreto familiar

que ya no amenaza con ausencias irracionales locas de estrellas

ALREDEDORES

acaso es la esperanza amplia y vibrante

quién nos reconoce en el perímetro de las ideas

sobre las pendientes se acumulan los violentos

tardíos ecos de los bosques deshojados

los fallos de los estribillos llenan la claridad

acaso no hemos mitigado sus reflejos en nuestras noches

mirada que la lluvia sobre el prado degradó

para prever crueles renacimientos

una amplia luz me siguió en tu vida

hasta el límite llevé los restos de su risa

desde ahora se pudre entre hojas y heridas

que nos cubren sobre el camino negro

y que una nueva expectativa venga a estrecharme en su pecho

magullado por el sueño de llanuras blandas e infinitas

y los lamentos serán tiernos y su llamada sin fuerza

los sueños estarán concluidos y las miradas nuevas

LOS DESCONSOLADOS

vieron tantos veranos bañarse en su sangre

amorosas esperas las orillas

no intentaban el auge cristalino de las lágrimas

inaccesible ternura en los desvíos de la esperanza

vieron primaveras bañarse en sus lágrimas

vieron ventanas abrirse en sus almas

las luces no entraban acaso esperaron

nadie llamó a la puerta del sol

abajo el río y la serena cabellera

la escritura confusa de la tierra duerme sobre la frente

el viento sumerge allí los dedos apartados

donde reviven las lejanías

promesas en cuerpo y alma lejanas promesas

niños ancianos se suceden en el timón

y su lento torbellino que se aplasta en la cabeza

agrava el temor a los inviernos que te esperan

otros nuevos seguirán al tuyo

mirada de acero en la tronera del sol

tan amplia amplia luz de lo alto de tu frío vigor

pacífico corte el entramado de la razón

EVOCACIÓN

abrí los ojos sobre amores ilimitados

y nueva sombra sobre nueva tierra

un silencio marchó sobre nuestros cuerpos fue flor de un día

y el ojo cerró el terror

dulce ausencia de palabras donde la sombra llega a confundirse

los recuerdos se hacían dolorosos mientras la primavera aún estaba lejos

y vuestras dulces carnes primaverales

perdidas amargas

no traeréis más mis ocios mis penas

sombras leves de ceniza en esta hierba que os huye

sacudí el sueño y aporreé sobre bóvedas extrañas

sin tregua -tus pasos me siguieron hasta altas horas en el alma

encontré un caos de estertores en mi camino

rechacé la gran amistad de lejanos atractivos

ya no turbo mi mirada sobre amores ilimitados

perdidos ilimitados sin límites desde ahora componiendo apagadas amistades

DESHIELO DE LAS SOMBRAS

es la lánguida sombra y el tedio de las cosas

es la lenta noche que sale de las callejuelas

embarazada de sombra acunando proyectos y sus noches

la angustia se congeló en la huella de los sometidos

tu vas enseguida vacilante

sombra vagabunda ciega ante el sol

en los trucos de la muerte en las ardientes arenas

en las muecas de las pobres cuevas

polvo polvo un sueño ígneo te mantiene

al margen de las cosas- y siempre es lo mismo

frente al sol o es la misma cosa

que rodea el recuerdo ardiendo en su seno

y cuando te abandonen las calles las amigas las plañideras

que el fuego de las palabras ya no alcance la hoguera

donde tu lecho se derritió en la aurora de las risas

otro verano te sorprende dentro del resplandor de un nuevo recuerdo

donde se apaga la sombra por sí misma

por sí misma olvidada desteñida

sólo tú conservas de este mundo

el incansable secreto que te une al sol

FECHA

tan hermosa- hermosa hasta ya no pensar-

como las oscuras palabras distantes sobre las erosiones de piel

cabeza alta de cristales canoros

riendo desde lo alto de las fuertes nevadas

las manos más blancas para trastocar los colores

cantantes fiebres etéreas

sobre las teclas sin mañana de los que se ríen

fundiendo en fuego aullador el porvenir entero

hermosa hasta ya no pensar

tal como se levanta furtiva en el umbral del sueño

labios endulzados sobre praderas futuras

donde jugarán las plumas con el viento

acaso aún se atreverán las noches

como los gritos atraen otros caminos

a ordeñar el mal en la ladera pedregosa

y dar la limosna de los desangrados a los muertos profundos

TRIBUTO

la rotura de un eje sobre el talud

el desplome de un frío muro

y tanta amarga juventud navega en el hilo de sangre

para intentar en otra parte las sospechas

en vano los caminos se alzan ante ti

en los cruces de rumores en la palma de la mano

de la gran meseta que se te abrió sin llave

ocultándose la cara secreta de sedimento

incrédula mendiga de languideces de cimas

perseguida bajo el sol madrugador de las promesas

por madurar incesantes en una cabeza sorda

donde alisados puntos muertos anidan en el olvido

que una plaga de espejos llegue todavía a apropiarse

de la víctima oculta protegida bajo tu frente

las tiernas arquitecturas regresarán allí a alojarse

con sus brotes de luces sobre las lágrimas

acaso hemos deambulado juntos por estos despertares

con duras tenazas tu noche se arrancaba del tallo de los ojos

qué fervor es éste donde se obstina extraviada

tu sed de invisible ya languidece de juegos frescos

UNA TARDE INQUIETANTE

sobre piedras maduras por el sol

tu silencio merma la hora de acostarse

de tus dedos aflora la hora arborescente

donde la sombra se enreda

de qué olores celosos se ciñe el sopor

se aturde tu salvaje poder solar

de un fruto duro que se abre

el brillo cruzó hacia las demás vertientes

acaso liberó secretas violencias

tu palidez ensimismada de donde fecundan los días

las rutas de fósforo y los senos incomprendidos

como una larga noche sin memoria

un ruido de gleba abandonada se golpea contra la puerta

los desperdicios de estrellas cubrieron tu rostro

que continua en el trabajo continuo sin consecuencias

para entretener la esperanza nocturna

como la sombra como el árbol

como el viento en la arena

vivo de duda

en no perder nada de las tácitas penas

TESTIGO

de un verano de trances- ciego baluarte

las miradas golpeadas de los senderos

hasta en lo blanco del sueño donde el arrepentimiento-

la sangre se hunde con humildes infancias

como los pájaros se paran en aire cultivable

tirando de la sombra hacia atrás sobre oscuros linajes

noche destrozada en un perfil de árbol

de donde huyen vestigios luminosos

en una cama de lagunas expira el camino

huella discreta te percibí completamente desnuda

noche de constantes halagos de memoria

frágil donde se alargan las miradas femeninas

muda devastación engordó dentro de nuestras gargantas

que una montaña plúmbea lacró a la tierra

y desde entonces debajo de las alas

acecha una canción en vivo para despedazar

es la noche reconquistada a tientas

en el silencio consternado de muecas – o es acaso angustia

brutalmente injertada en tu futuro

en el recuerdo del sueño a vela

aunque ante la muerte

como un agua ascendente

no podría ensombrecer el voluptuoso refugio

mendiga la luz su tributo de dolor

OTRA TARDE

y los aburridos garabatos que rebuscan sobre la orilla

el viento cosechador de insatisfechos tumultos

acaso no aprendiste las emociones

en los lamentos aumentados bajo la brasa de las risas

por voluntad de qué negativa la ardiente incoherencia da vueltas

alrededor de tu ser tan cargado de prudencia

es la mezcla repentina de olas doblegadas

a tus límpidos cabellos donde se prolongan las vanidades

así desafía la alta hora de los pecados

el sueño de los crueles cerca de la orilla apagada

solo existe tu orgullo cuya motivo de alarma

engaña los errores- quién no se rompe

pronto se engancha en las espinas la aureola

delante del sol voraz del abismo

perdiendo timón y polen sobre el rompeolas

parecido a un ocaso de voz que se rinde

unas dóciles energías- unos amantes

de la paz sin sueño- risueños – acaso dijo el

otros hablaran bajo los helechos de mutuo acuerdo

con unas melodías sobre su camino

————-

la brisa se retuerce sobre la capa marina

las piedras parieron hasta en el cuello del cielo

vemos allí los lamentos somnolientos

que en algunos lugares sin amor alimentó tu belleza

acaso no era esta noticia un temor armado

tu frente se adornaba siempre de soles difuntos

donde lentas infancias mudaron de un único salto

a través de la sombra que sucede y excede a hundirse más profundo

al pájaro sólo le queda un soplo en la tierra

tierra de cansancio cerrado con candado bajo los huesos

en los capullos de sueño que caen níveos

confidencias de otras juventudes agitan los faros

sobre espacios más turbulentos de malos augurios

durante el deshielo de las voces sin saber

y los que regresan del mar

cuando es noche segura la punta de los dedos

INTERRUMPIDO

abrir un ojo nuevo sobre tanta luz muerta

donde clamores sin deseos se conmueven para esperarte

resplandor de duros charcos de otoño

al pie del muro quebradizo

cuántas veces cerca de las emociones maduras

en la cabecera del sol y de voces masculinas

todas las velas desplegadas – acaso no tienes – maravillosa

de los sueños, bordeando, la razón extraviada

envejecieron tantas confesiones en la sorda pereza

sobre los cabellos flotantes de fósforo

y más lejos que los enjambres de cortantes hojas de hierro

se abrazan las magulladuras de las suntuosas carreras

sin otra alegría que aquella -al acecho de las temporadas

que del regreso carnal hace vivir las vendimias

podándose a través de luminosas ventanillas

bajo nuevas risas que quieren huir en secreto

era el viento quien rompe el bosque

y el amor no podía acordarse

ni los sollozos podían expresar todo

ni abrirse paso con ganas de lucidez – en aquel tiempo cazador de caminos

EL FUEGO PROHIBIDO

I

hacer fundir el amargo rayo

en la sombra arborescente ya no hay vencidos

los gérmenes de los límites se estrangulan en su piel

en estas regiones de basalto

con el único abrigo del viento

como atravesado por un salto de cuchillo

alzarse entre los gestos que el espacio malgastó

a través de los tumultos de azufre

bajo la grave amenaza del árbol al levantar

como el aullido de la loba echa raíces en el día

el día sea más fuerte que la copa del viento

que su soplo nos cubra de las agitaciones de fronteras

que la sombra extraviada nos mire con pena

estar sólo muriéndose completamente sólo para saber

para saber morir sólo displicente dulzura

de morir en el umbral de la duda serena

donde las alas flamígeras herraron los raros frentes

duros a prueba de marchas altaneras

cuando las sienes marchan al paso de las tormentas

maduran metálicas las cohortes de elegidos

y se retuercen a la redonda las débiles cazadoras de cabezas

en el resplandor de los ecos

abrazas el permiso nocturno que te trae el acero

se sumerge en este dulce terror que extendemos a los poderosos

espejismo floreciente de los buenos a los malos puertos sólo hay una única plaga

de eco en eco

se sumerge en este dulce terror que extendemos a los poderosos

pliegas tu cuerpo nuevo en el sudor de las hojas

guarda el oscuro permiso en unos lugares más ardientes

que la noche no podría apuntalar de tan altos

desde ahora bajo el vuelo venenoso de los cuervos

ninguna vida lleva más lejos que el viento

y el desierto en suspenso encima de nuestros inviernos investigadores

de signos y crímenes cuando la noche se extravía profundamente

yendo del sueño al sueño

el vino y el pan importan tanto como nubes bajo las lámparas

es el viento el viento

que se arroja a plenos y duros puñados en los ojos

y los inviernos conmovedores con sabor a partos de tiza

se incrustan en el corazón mismo del saber soberano

sin otra alma que un vestido delicado llevado por el viento

II

una lámpara risueña perezosa se apagó

al fondo del valle devastado existencia de terciopelo

arrugas grasientas de líquenes en la ventana

llagas encerradas en la guarida marina

lejos las laderas tumbadas las infancias en baldío

espinosas que pasan y repiten y no saben desaparecer

hay un lector apoyado en los codos no sabemos dónde

cada página que gira cae pesadamente sobre una tumba abierta

es la noche de las hermanas las conmociones o los senos los remordimientos

una noche es en la noche más pesada de infancia que de miradas

se encadenan los proyectos de dramas y frío

manos demasiado acogedoras donde terminan los labios sin miramientos

III

en el camino de intersección de las respiraciones en la cima del amor

donde terminan el vuelo y la noche y se derrumban los enanos de piedra

oblongas apariciones de luz

ojos infelices alrededor de los labios

oh regresos oh melenas de mujeres taciturnas

manos sobre polos

esperanza empapada en colores más apagados

ojos abiertos al encaje al encaje en movimiento

en qué se convirtieron las arrogantes tormentas

nos abandonan los frescores prescinden del lenguaje de los años

todo está dicho todo no ha acabado en una llanura lunar

se erigen látigos allí donde hacía claro

de tanta exaltación en todos abandonos en todos los caminos

en todas las manos abiertas el puñado de nubes

y el beso del aire en todas las mejillas nerviosas

qué hicisteis de nosotros oh mujeres tejidas de noches

tejidas en los cuerpos de viento oh pescadoras

goteando oro como rebosantes de filtraciones

IV

oh soñadores oh frágiles crecimientos oh bóvedas

ya no existe sombra seca que agriete las visiones

y de un hombre a otro tal con un paso desmedido

arraiga la hoja ardiente y se cubre de silencio

agua ligera y frentes sin pena apuntalados bajo el acero

donde se afanan voces roncas unos remeros se iluminan

un rebaño de aureolas roe la tierra baja

ningún deseo alado podría sustituir tu fría voz

por paquetes los signos se arrastran desamparados

a la conquista del oro sólo hay remolinos

de tu rostro de marejada para aturdirse sobre los pastos

y las evocaciones

sumerge el acero ártico en el más seguro de los caminos

las dudas han escapado del aire tierno de estos días

un árbol me atormenta en árida angustia

donde crecen frutos lejanos estos días escondidos

el otoño impulsa dudas

el corazón es un único grito -y alargando los puentes

como hojas muertas las orillas se alzan contra el viento

y vino el sol a verter el vino sin maquillaje

sobre la superficie mágica y tan frágil

que apenas hubiera podido no ser

vivas o muertas que importan las caras vacilantes

del espectro de hielo que dirige los errores

arde palabra fruncida sobre la frente desconocida

arde velas desplegadas raíces al viento

torcido en mi poder

torrente de cadenas y de almas rudas arde

que un nuevo crimen venga a reflorecer mi sueño

que un dolor sin lágrimas pase sobre mi cuerpo

que el búho aparezca en el lugar de la cepa vieja

que en racimos nebulosos portadores de rabia

se acumule un jugo vengativo

el amor se iluminará y en grandes silencios

plantaré el objetivo -y dejaré blanquear

la paz entre los huesos en el lejano recinto

que la noche no podrá límpida arrancar en venganza

de un pecho metálico donde se cocinaron los desastres

y lenta enterneció en mí la nieve loca

se apagó la leyenda en las lámparas de petróleo

y de todos los dolores quedaste el único

V

salida sin fin sin fin llegada

ninguna huella te cambia

niño de dramas las colmenas están llenas

de días tardes y noches enteras

oscuros hombres de infinito

la espalda encorvada el hambre acabada se van

acaso no era esta la sombra aparecida temprano

asustada sin dinero encima

otro tren nos canta otoño

y la sombra sabe no venir más

y las risas morbosas sin amor

ella se destroza en soledad

al lado del chirrido sigiloso

VI

regresarás mi muy lejana

día enriquecido por mis pasiones

leve oh color de mejillas en la sombra

sombra sin cuerpo

hermosa como ya no habrá más hermosa

y cada vez más presente

estaré – al margen de mi risa

dispuesto a saltar las manos ardiendo

pero que habrá tejido tristeza

sobre los pesados pasos de futuro

y quizás nadie tendrá el valor

de atravesar el espeso silencio de lana

sin memoria

VII

los ojos se retrasan en la claridad

de donde regresarán con el corazón mudo

los movimientos de soledad

heridos prohibidos en la caza de tu cuerpo

y tu cazas debajo de los bosques

cansancio

todavía habrá otras absurdas nieves

sobre las mentes de los países

nadir regresará de este país

y todo el sufrimiento del mundo

por qué discutiremos tanto cuando es cálido

todo el sufrimiento del mundo

VIII

ya no queda sitio en tus labios

la pregunta amarga cubrió la nieve

de dónde vienes país de nieve

para olvidar en el destino todas mis fronteras

ardo bajo tus amargas quemaduras

mi paz no cupo ocultar la sangre

salí con las salidas

ausente y los regresos a escondidas

carne ardiente llanto del regreso de caza

niño resplandor transportado a la mirada de grandes culminaciones

arrastrado en la sombra de lodo – quiero ser de viento

un sol estancado hasta el final

IX

la noche iluminaba la noche

la noche con sus trampas para lobos

las olas mendigan a los pájaros

y el agua se agota

desde entonces fue el silencio

devorador de ciudades alejado de los muertos

en silencio vigilante de lámparas

mastica los mitos luminosos

sin más tristeza sin más silencio que la luz

y que una amplia cama de melena de mujeres

se extravía la mirada ya el grito del bebe

ni alegría ni llanto -aguas mecidas

los mismos osos sienten dolor en la tierra

y yo estoy siempre allí y nunca me he movido

de nuestros ocios abundantes en caza

ni esperanza ni mentira

inventores de magias

nuevas como el mundo

no podría contradecirlo

X

iremos por las calles al encuentro de los vientos

inventar sin alaridos los fuegos fugaces

y a la sombra de las plantas que crecen de memoria

miraremos las miradas y sus ojos ardiendo

chimeneas chimeneas

reyes de los pescados podridos

volveremos todavía por estos caminos de fuego

de nuevo todo estará terminado y por empezar

como en tu agua clara no pude ver bien

por demasiada luz

chimeneas chimeneas

queridos caminos

cuando desaparezcamos todo será de verdad

porque desapareceremos con toda el alma del mundo

uno menos uno mas

sera completo siempre en las manos del vagabundo

chimeneas chimeneas

como llantos condenados

ferroviarios de ultratumba

XI

regresarás mi muy lejana

conozco la hierbas velan por ti

destruyo mi poder de esperarte

sobre el empedrado de la aldea larga

aún respiro la gran borrachera

yacía junto a ti – todas las salidas en el corazón

un cuerpo sin temor a la luz

y a la más tenebrosa por el agua más bella

qué hicimos de nuestras noches de nuestros días

que conocimos las tormentas ávidas de carne

miramos sin ver como la vista sin mirada

vimos sin vernos mentiras

representé el sueño de memoria

buen año mal año siempre vacío

acaso regresarás nieve mi muy lejana

no serán ya pan los alrededores tardíos

XII

para verte más cerca y hermosa

huí más lejos de donde se alza la angustia

de un remolino roedor de hojas

ayúdamos a recorrer

pobre soy pobre – sea mentira la oscuridad en mí

amor vertiginoso por amor

los ojos no temen usar quienes cosechan en la dura escuela

el largo enfangado del camino de sirga

aún veo aún quiero aún grito

pero que sera mañana sin entusiasmo

todavía espero muchos más golpes de viento

el amargo pájaro de los lobos solitarios y pobres

XIII

te buscaste y te encontraste

y yo me perdí y cabeza y bienes

unidos a los períodos vengativos

de los seres que deshojan las heridas de amargura

regresarás mi muy lejana

de los países curados

polvo en los ojos

todo el peso del mundo será puesto a tus pies

ciudad pacífica calma de las tinieblas aún fluirán los pájaros

sobre las barcazas de algunas penas en algunas olas doloridas

como dolores en las trémulas bocas y dolores

entre las encías de las colinas

XIV

luz decadente con indiferencia

bajo el árbol abundante de los más amplios mares

que las ramas muertas crecen en locura

de serviles certezas

invierno profundo las hojas son pesadas

por tanto negro adquirido en tu fuego

cómo no tengo en los ojos mas duros que nieve

tendida las trampas con negros silencios

las manos imprevistas son trampas de fuego

tanto van al abandono de tus dedos a los míos

las obsesiones sin fondo y las espadas de saber

los más puros aspectos y las más orgullosas aguas

cuando la fuerza se va de allí

que se fracasa que ya no hay barreras

cuando se fracasa unido a tus guías

unido al futuro por alas y sed

XV

por turnos vencedores todos nosotros hemos vencido

dichos y redichos triturados – lectores de sombras –

en las subastas de imposible qué superviviente arrepentimiento

nos hará revivir a uno por el otro

o cortar el nudo enfermo sin reproche

la perfidia de los crímenes donde la amarga blancura

se extiende sobre los senos sin reproche

de tus noches viajero de despecho

noches viajeras sólo vi luces

de frutos carnosos en el calor de uno y otro

que una nueva crueldad venga arrugada en el envoltorio

siempre me oirás venir en la sangre de la mala señal

ella se pierde al alba

a la salida se mira partir

la noche el cansancio

como mi cabeza no sabe descansarse

XVI

es un buen final del mundo y de las angustias

que produjo la imagen del espejo

y muerta te porto de puerta en puerta

lágrima humillada en la dulzura del mundo

aún desorientada por la lucha serena

como la ternura sube del pozo profundo de infancias

la garganta apretada otra sequía

se pliega bajo el jugo de los días forzados

palpitante huidiza

y nunca agarrada

está en mí como tu ves tus pecados más jóvenes

que crees conocer sin comprender

TRISTAN TZARA – CASAS

CASAS

(1920)

CASA FLAKE

haced sonar trompetas el anuncio enorme e hialino animales del

servicio marítimo

avión forestal todo lo que existe cabalga al galope de luz la vida

el ángel tiene caderas blancas (paraguas virilidad)

nieve lame el camino y el lirio virgen comprobado

3/25 de altitud un nuevo meridiano pasa por aquí

arco distendido de mi corazón máquina de escribir para las estrellas

quien te dijo “espuma picada por prodigiosas tristezas-reloj”

te ofrece una palabra que no se encuentra en el larousse

y quiere alcanzar tu grandeza

qué vapor de un tubo de rayo impulsa

en contra nuestra la eterna y multiforme vela

aquí no asesinamos hombres en las terrazas

que se colorean con la sucesión íntima de indolencias

intentamos cosas increíbles

espejos in-cuarto micrografías de almas cromáticas e imágenes

todos llevamos cascabeles-tumulto que agitamos

para las fiestas mayores sobre los viaductos y para los animales

giro de un baile en octava sobre meteoro y violín

el juego de los espejos año que transcurre

bebamos una copa soy l’hermano loco

tinta del cielo lago de hidromiel

vino opaco flake en hamaca

practica la ofrenda tranquila y fecunda

araña el cielo con sus uñas

y el rascacielos es solo su sombra

en bata doméstica

el año estará entre las palmeras y plataneros surgidos del halo en

cubos de agua simple música vasta productiva apareciendo en buen puerto

y pan carmesí en la futura y múltiple temporada

viejos grabados de reyes cazando hermosamente coloreados

pipa y pelea en el jarrón bajo el el as de picas piar con

los pájaros y los desnudos yermos un barco alerta en el pico

roca motor con chispas de buenas noticias la torre eiffel toca el rabel

aquí cada silla es suave y cómoda como un arzobispo

negocio de ascetismo monjes garantizados de todos los precios-mis

señoras aquí-casa Flake

CRYLOMINE DIEZE

arp tiene un pájaro en el telefonillo

arp es una barba de candelabro

tiene un gonococo como reloj

BOLETÍN PARA FRANCIS PICABIA

quien salta

con grandes y pequeñas ideas de nueva york a bex

a b espectáculo

para la aniquilación de la vieja belleza & co

en la cumbre de este inevitable irradiador

la noche es amarga 32 hp de sentimientos isómeros

sonidos agudos en montevideo alma desinflada oferta en los anuncios

el viento entre los telescopios sustituyó los árboles de los paseos

noche etiquetada a través de las gradaciones de vitriolo

con olor a ceniza fría vainilla sudor zoológico

crujido de arcos

empapelamos los parques con mapas

el estandarte corbata

perfora los valles de guta-percha

54 83 14 : 4 fórmula para pensar

contiene el pulso laboratorio del valor en cualquier momento

salud estilizada con sangre inanimada de cigarrillo apagado

cabalgata de milagros para superar cualquier lenguaje

desde borneo se comunica el balance de las estrellas

a tu favor

procesión triste o mecánica del calendario

donde caen las fotos sintéticas de los días

«la muñeca en la tumba» ( jon vinea ojo de clorofila)

5º crimen en el horizonte 2 accidentes canción para violín

violación bajo el agua

y los rasgos de la última creación del ser

azotan el grito

VENTILADOR DE BAILE CON BAÑO DE ACEITE

serner es el grito debajo de una puerta

cuota de suscripción

en tabaco de oriente verde y numerado

cordón flexible cable bajo plomo pianola

se franquicia en desinfección de turbina hipótesis

se ruborizó en la boca de burdel enrabietado

NOBLEZA GALVANIZADA / ANDRE BRETON

me esterilizo máscara lento limón campana

buitre se acuesta en el aire negro y rizado

si rompo el jarrón siega aves de éxtasis fijo

entre los frutos juega la velocidad ejerce la incandescencia del tridente

el calor sale se duerme la guirnalda de clavos

salgo coche pequeño

asfalto fuertemente fertilizado

por escritura de algas y venas de vampiro

y la flecha atrae la lluvia

o la guirnalda de payasos en verano y en cabeza

monstruo marino con condecoraciones de hierro de avestruz

sierras de trasatlántico cosquillean huesos de porcelana

escena de grupo de todas las sensaciones festivas

en abanico de vidrio para dulzuras expresables

RUISEÑOR CIVIL / MAYA CHRUSECZ

pliegue mississicri

el tejido irradia pánico bajo la flecha

clima elegante confitería historia libélula

convalecencia combinada cristal semi-blanco cristal

calurosa madre molesta la mandolina

alteración autoverídica y melodina microcardíaca

SHOW FICTICIO Y Y FAMILIAR / RIBEMONT-DESSAIGNES

clgr grtl gzdr

el cansancio

el

pie

cristal en el nervio

una

unida

gasómetro sacerdotal

depilatorio

y

mejor

aquí-yace

hecho

triple hueso

no tiene

a dada

ibidilivi rizididi

lámina

imitación

galvanoplastia

ra

ga

ta

ga

ribaldi

carrera

silbato de tinta amarilla

y bofetada

DESCARRILAMIENTO / SOUPAULT

maquinista de sombras boreales conocidas

la efigie del emperador nos envía flechas o instrumentos de pesca

los arcángeles también tienen necesidades escandalosas

recuerdo colectivo y parásito la fuente en la caja

vendedores de proyecciones escarabajos cabreados y cangrejos

entre el toro y la serpiente está el lirio invierno tubería y embalaje

MALOS DESEOS LLAVE DEL VÉRTIGO

MEDIANTE HIPOGLOSA

señora cogió el galope

silbido en la frontera

limpia simple propio alma estenografiada

acompaña a las raras colecciones de asesinatos con entrada libre

debajo de la mesa y en la nuez

ciervo

busquemos el pulmón empapado de tinta negra

ascensor para animales entrañas de veleros

muelle plátanos cuba

vas

vienes – y siempre es el evangelio frágil oreja

pero creer en el alma orden de correo interno

en el cerebro-cuartel de ágiles instintos

reducir siempre reducir

recibo respuesta él te ama buena voluntad etc

esperamos agotados el brillo entre los dedos

infección satánica amarillea el astro de los calores tropicales

esperamos amigos y otras cosas

tan reprochadas en las vocaciones gramaticales de los equilibristas en

frascos

CRYLOMINE BÉMOL / FRANCIS PICABIA

ágrafa pipa pipi pompon de corazolina

en el camión por la mañana manzanilleaba estrellalito y gravoniza

el porqué translazo de baño señor

vendaje la bisexualidad de los paisajes cardenal amette

con pompón pescado

en los dedos ribemont-dessaignes g r d lubricante

lanza un puño en la cara del balcón tormenta cochecito

¿té o gasolina? esto me es completamente dada

LA COLA DEL DIABLO ES UNA BICICLETA / ELUARD

mordisco ecuatorial en roca azulada

abruma la noche aroma íntimo de cunas amoniaco

la flor es una farola muñeca escucha el mercurio que sube

que muestra el molino de viento colgado del viaducto

anteayer no es la cerámica de los crisantemos quien

vuelve la cabeza y el frío

sonó la hora en tu boca

aún un ángel roto cae como un excremento de buitre

extiende la llave tipográfica en el desierto ajado

jirones de orejas roídas lepra hierro

CASA ARAGON

arp y el árbol con barba

resucitan en la noche libre

en la edición especial australiana para bolsillos del canguro

arp y la barca en el arco

se enmarcan para semiramis

arp el arco y la barca con barba de árbol

cruje-cronómetro

GUÍA DE CAMINOS DEL CORAZON – TZARA

TRISTAN TZARA

INDICADOR DE CAMINOS DEL CORAZON

(1.928)

Versión : Manuel Puertas Fuertes

Esta exigua plaquette fue compuesta entre 1924-25 sin embargo fue publicada tres años después, con tres aguafuertes de Louis Marcoussis. Aun cuando perteneciente por tanto al período dadaista de Tzara, está no obstante impregnada de un aire melancólico y sentimental, plasmado por la dirección hacia el tú, esto es a Greta, a la que dedicaría por completo su posterios libro “El árbol de los viajero”, como señaló Hugnet en el número 48 de la revista “Las hojas libres” : ”Es éste un libro humano, que surge del cerebro, del corazón, de las entrañas, de los pies y de las manos…… cuando la poesía nace de todo el cuerpo, el ritmo que arrastra las palabras se convierte en un himno….»

VÍA

qué camino es este que nos separa

a cuyo través tiendo la mano de mi pensamiento

hay una flor escrita en la punta de cada dedo

y el final del camino es una flor que marcha contigo

TONIFICANTE

el hastío de las lentas crecidas se deposita sobre tu pecho

muelle ampliamente abierto a indecencias claras

adoquinado por gruesos pedazos de sol

sol destrozado en los cruces de las aguas

de las aguas venas sonrientes

venas de viento inconstante

los mástiles se alzan hacia la carne de las nubes

amenazas multiformes ocultas bajo la ropa de los ángeles

el cielo es azul en el trabajo de los marineros

las cuerdas de los siglos tensas entre sus manos

las arriesgadas partidas hacia tartamudos lenguajes

entre sus manos que siembran señales en lengua extranjero

rechinad ruedas dentadas en la boca de los mares

a lo largo de la cadena que nos amarra a la costa

en los olores adolescentes de los productos de exportación y de amor

te espero a la puerta de la sonrisa a la puerta del día

la luz del día se enciende en tus labios

pintados por el sonriente beneficio de este día

y tus labios se encienden con el resplandor de las sílabas

que se escapan en las luminosas debilidades de tus labios

BIFURCACIÓN

no quiero abandonarte

mi sonrisa esta arraigada en tu cuerpo

y el beso del alga en la roca

dentro de mi edad llevo un niño alegre y ruidoso

solo tu sabes hacerle salir de la concha

como al caracol de voces delicadas

existen entre la hierba

manos frágiles de flores que se estiran hacia mí

y solo tu voz es delicada

como tu mano delicada como el anochecer intacto como el descanso

PENDIENTE

enfermedad de noches demasiado amargas

sombras amargas

en la pared crecida aumentándose la puja en las subastas

los perros ladran a la esquiva distancia

vino del sueño en la jarra del cráneo

y en la alfombra puesta por tus manos huesudas

manos que se tropiezan con otras manos de ramas muertas

encienden los aluviones en las vidas sin salida

manos que acercan la palabra a la boca del niño

conducen al niño a la boca del día

día tapizado de fuego que roza la osadía de las primeras veladas

o se agarra nervioso a la cuerda de salvamento

tu cantas unas nanas en el idioma de tu luz

en los frescores nocturnos présbitas en lenguas de viento envueltos

madre de cantos guturales en la ola ahogados

tu mano sabe agitar tan débil lenguaje

como adoquines los recién nacidos sobre las eternidades del sueño

a su vez acunan el mundo en el hueco de la ola cantarina

mientras en el fondo nevado ya de tu juventud

tus ojos renacen en la sangre de las preguntas tibias

ACCESO

mágico proceso de noches incompletas

noches tragadas deprisa de bebidas amargas tragadas deprisa

noches hundidas bajo el felpudo terroso de nuestras pasiones lentas

sueños secos por largas miradas de cuervos picoteados

hemos levantado sucios húmedos jirones de noche

en nosotros cada uno de nosotros una torre de color tan altanera

que la vista no se aferra más allá de montañas y mares

que el cielo ya no se aleja de nuestras redes de pescar estrellas

que las nubes se acuestan a nuestros pies como perros de caza

y que podemos mirar el sol de frente hasta el olvido

y sin embargo mi descanso no encuentra su motivo

como en el nido de tus brazos la marea vespertina

tras el resplandor de las estridentes tormentas la muerte gotea

es el cuerpo descosido de una panoplia de la tierra

que se desgrana en el collar de nuestros sueños de olvido

SEÑAL

entre las tramas limitadas de una sólida leyenda

mi verso vacila más allá de los pasos

el camino me atrapa en su giro deslumbrante

en los puntos que se saltan donde la malla mala

se traga la llave de mi razón errante

caja vacía abandonada en la pensión nublada del destino

en las carreteras – he de recorrerlas todas acaso-

quién todavía no encontró su gaznate regadera de la tristeza

por qué te abandoné – de la prodiga tristeza a fuego impresa

que tu curas tan rápido igual que la palabra del luminoso es cierta

pájaro con tu huella sujeto por la noche constituido

punta de flecha deslizó arco lastimero a lo largo del raíl

la noche anuló la gran distancia a media asta

derramando cubos de tierra entre nuestros despertares de fuego se

eleva

no puedo escribirte

estoy demasiado sucio por la mezcla de sueño de hollín

que el tren removió durante toda la noche

dentro de la botella de la noche

y sin embargo los paisajes yuxtapuestos en las solemnes indecisiones

de las caderas

mediante mil rodeos de tallados estancados te harían comprender

que entre el amor y la maldita coincidencia

planté la semilla de tu sabrosa tristeza

pero estamos tan lejos del abrazo canoro

que une la amistad con la carne flexible de destinos

los colores del vagón están sucios

las almohadas se hunden bajo nuestras cabezas igual que nuestras

cabezas

y el poder de aquel que nos envía a través del mundo

en largas filas de migrantes tormentas

en sus barcos y sus trenes de carbonizados conjuros

anuncia el eclipse de las voces en el termómetro de nuestras venas

veo nuestras venas

sobresaltos interrumpidos volcados que ocasiona la balanza

pero aquella oscuridad repentina quita los colores como camisas

en las voluptuosos colinas

sus camisas

la luz de tus cabellos ahoga en el túnel

y el túnel

PIRUETA

las torres inclinadas los cielos diagonales

los coches cayendo en el vacío de las carreteras

los animales por los linderos de los caminos rurales

con ramas cubiertas por hospitalarias cualidades

y por pájaros con forma de hoja sobre sus cabezas

tu caminas y otro lo hace sobre tus pasos

esparciendo su despecho entre fragmentos de memoria y aritmética

rodeada por un vestido casi sorda por el ruido cuajado de las capitales

la ciudad burbujeante y masiva de luces y orgullosos reclamos

desborda fuera de la cacerola de sus párpados

sus lágrimas fluyen por arroyos de barrios bajos

sobre la llanura estéril hacia la carne y la lava suaves

por montañas peligrosas apocalípticas tentaciones

perdido en la geografía de un recuerdo y de una oscura rosa

ruedo por calles estrechas a tu alrededor

mientras tú también ruedas por otras calles más amplias

alrededor de cualquier cosa

DEMARRAJE

el barco se separa de la muerte tupida de claraboyas

una lágrima una sola es la yesca

que nos conecta rostro pintado de sol taciturno

y prende fuego tu estas lejos

mi lágrima es el cielo tu la ves

lo que tu adivinas lo que llega a ser

en la neblina trémula de sal de atlas

agito el pañuelo nevado de única alma

sobrecogida por corriente conectada a la santa preocupación

sin juntas sin nerviaciones tu estas lejos

de mí mismo me separo pero soy yo

un conglomerado verbal de órganos de recuerdos fingidos

el barco se separó del labio de tierra

un fruto mordido en las medias noches que se aglomeran

salieron las ortigas los destinos se llenaron de ellas

bastante

FUGA

pies desnudos y garganta áspera en el centinela

sequé mis lágrimas del lagar hasta la planta de la cabeza

aunque las vivas huellas suenan en el cerrojo

y los estornudos de la luz sangran el cielo bajo el puente de los truenos

pusimos en la cascada los sollozos a hurtadillas

cuyo invierno se abastece y se mortifica en nosotros hacia los

ciclámenes

ceniza de las tierras el codo de la garganta adornada de hierro

y de bisutería de aguas repercutiendo reúne pastores con cordones de

diálogo

y el músculo de la rama exagera despecho y vision

pero todo cuelga dolorosamente afuera por la ventana puerta

la clavícula de la montaña se rompió en harapos de nieve

y pesan mis ojos encargados de esperar la tormenta

los aulladores a la muerte los ponis comedores de chispas y tintineos

conducen eléctricamente aéreos conflictos confundidos por trances

tantos hilos de lluvia tantas riendas para dirigir de la cima mejilla en

fuego

y cada puño que cae sobre la eternidad es una flor cerrada en la noche

el apósito surge de violines volcánicos

y el mar masca la viga amarga

y sin embargo hierba tan a menudo pasada por el peine del viento

que sabe cuándo vendrán a juntarrse tus miradas de clorofila con las

mías

tu ves a la abeja recoger sus bailes a la luz de una vida efervescente

el mirlo picotea alfabetos en los giros de los ojos

el mulo cuenta arrugas en los reflejos de medianoche

en las gotas de vitriolo existe el jaguar que no sabe

así se persiguen los números a la caza de loterías

y te encontrará un día en el perímetro de las cosas

corriendo sobre el horizonte en una maldición de química extirpada

abriendo los bolsillos de tu ser a los deseos meteorológicos yo qué sé

TZARA – VEINTICINCO Y UN POEMAS

VEINTICINCO POEMAS / VEINTICINCO Y UN POEMAS

La segunda obra publicada por Tzara, tras «La Primera Aventura Divina del Señor Antipirina, tuvo una primera edición de tan solo diez ejemplares en Zúrich en 1918. Dada su escasa tirada hubo una segunda edición de750 ejemplares, publicada en 1946 por Ediciones de la revue Fontaine; sin grandes variantes con la primera, como Tzara nos tenía acostumbrados, solamente con un poema añadido y cambios en los grabados de Han Arp. Perteneciente por tanto a la primera época dadaista del autor, aunque éste renegara de tales marbetes, conserva toda la frescura, osadia, novedad y anticipación vanguardista de esos inolvidables años de juventud. Como señaló Aragon esta declaración de guerra que solo fue apreciada por unos pocos tiene el mismo tono inconfundible de sus ensayos y manifiestos. Los poemas fueron escritos entre los años 1916-18 y algunos se publicaron por primera vez en revistas francesas e italianas. El uso de sonidos y onomatopeyas tenían un claro precedente en sus poemas negros nunca publicados, excepto en sus obras completas basados en su su interés por el arte y la poesía africana y de Oceanía y son un referente para la posterior evolución hacia lo que en la actualidad se llama arte sonoro o poesía fonética.


EL GIGANTE BLANCO LEPROSO DEL PAISAJE


la sal se agrupa en una constelación de pájaros en el tumor de guata

en sus pulmones estrellas marinas y chinches se balancean
los microbios se cristalizan en las palmas de músculos hamacas
buenos días sin cigarrillo tzantzantza ganga
bouzdouc zdouc nfoùnfa mbaah mbaah nfoùnfa
macrocystis perifera abrazar los barcos cirujano de los barcos cicatriz húmeda limpia
pereza de luces brillantes
los barcos nfoùnfa nfoùnfa nfoùnfa
le hundo las velas en las orejas gangànfah helicon y boxeador en el balcón el violín
del hotel en baobabs de llamas
las llamas se desarrollan en formación de esponjas


las llamas son esponjas ngànga esponjas y golpead
las escalas suben como la sangre gangà
los helechos hacia las estepas de lana mi azar hacia las cascadas
las llamas esponjas de vidrio los colchones lesiones colchones
los colchones caen wancanca aha bzdouc las mariposas
tijeras tijeras tijeras y sombras
tijeras y nubes tijeras navíos
el termómetro mira el ultra-rojo gmbabàba
berthe mi educación mi cola es fría y monocromática nfoua alquiló la
las setas naranjas y la familia de sonidos más allá de estribor
en el origen en el origen el triángulo y el árbol de los viajeros en el origen
mis cerebros se van hacia la hipérbole
el caolín hormiguea en su caja craneal
dalibouli obok y tombo y tombo su barriga es un bombo
aquí interviene el tambor mayor y la castañuela
porque hay zigzags en su alma y un montón de rrrrrrrrrrrr aquí el lector comienza a
gritar
comienza a gritar comienza a gritar y luego en ese grito hay flautas que se multiplican
por corales
el lector quiere morir tal vez o bailar y comienza a gritar
es un delgado idiota sucio no entiende mis versos grita
es tuerto
hay zigzags en su alma y mucha rrrrrrr
nbaze baze baze mirad la tiara submarina que se desata en algas doradas
hozondrac trac
nfoùnda nbabàba nfoùnda tata
nbabàba

MOVIMIENTO
gargarismo astronómico
vibra vibra vibra vibra en la garganta metálica de las alturas
tu alma es verde es emperador meteorológico
y mis orejas son antorchas vegetales
escucha escucha escucha me trago mbampou y tu buena voluntad
toma baila escucha ven vuelve bebe gira ouhou ouhou ouhou
halcón halcón de tus propias imágenes amargas
ñoño o mi amigo me provocas por la mañana en panamá
porque sea yo dios sin importancia o colibrí
o el feto de mi criada sufriendo
o traje explosión color nutria
vestido de cascada circular cabellera interior carta que se recibe en el hospital larga
muy larga carta
cuando peinas concienzudamente tus intestinos tu cabellera interior
eres para mí insignificante como un pasaporte falso
los deshollinadores están tristes al mediodía
ladrido de mi última claridad se precipita en el abismo de medicinas verdes querida
mía mi paraguas
tus ojos están cerrados los pulmones también
por el chorro de agua escuchamos el pis
deshollinadores

EL GRAN LAMENTO DE MI OSCURIDAD UNO
frío torbellino zig zag de sangre
estoy inánime cascada sin amigos y sin talentos señor
no recibo con regularidad las cartas de mi madre
que deben atravesar rusia por noruega e inglaterra
recuerdos en espirales rojas queman el cerebro en los pasos del anfiteatro
es como un anuncio luminoso de mi alma desgracia surgida de la esfera
torre de luz la rueda fertiliza hormigas azules
nimbo sequía sobreaguda de los dolores
acércate a mí como la oración no te molesta ella baja a la tierra como las escafandras
que inventaremos
entonces la oscuridad de hierro en vino y sal mudará
simplicidad pararrayos de nuestras plantas tened cuidado
los pararrayos que se agrupan en tela araña
así me convierto en la corona de un cristo enorme
país sin forma arco voltaico
las águilas de nieve vendrán a alimentar la roca
donde la arcilla profunda cambiará a leche
y la leche perturbará la noche las cadenas sonarán
la lluvia formará cadenas
pesadas
formará en el espacio unas ruedas de rayos
el cetro en medio entre las ramas
los viejos periódicos los tapices
un paralitico
nimbo sequía
rueda fertiliza hormigas azules
señor dedo dorado horno de esfingería
por qué estrangularlo por qué
después del golpe del relámpago la marcha militar estallará
mi desesperado tubo de estaño de hierro pero por qué por qué entonces
así así siempre y el camino
tu debes ser mi lluvia mi circuito mi farmacia desnudo deja de llorar deja de llorar
quieres?

EL GRAN LAMENTO DE MI OSCURIDAD DOS
mira mis cabellos han crecido
los resortes del cerebro son lagartos amarillos que se licuan
a veces
el ahorcado
perforado
árbol
el soldado
en las regiones pantanosas donde los pájaros se pegan en silencio
caballero astral
tapices desteñidos
ácido que no quema como unas panteras en las jaulas
la manguera se escapa y se eleva hacia los otros colores
temblores
sufriendo mi hija de la nada azul y lejana
mi cabeza está vacía como un armario de hotel
dime lentamente los peces de los humildes tiemblan y se rompen
cuando quieres irte?
la arena
pasaporte
deseo
y el puente se rompe en tercera resistencia
espacio
policías
el emperador
pesado
arena
qué mueble qué lámpara inventar para tu alma
septiembre de papel gas
en la imprenta
te amo los limones que se hinchan en el hielo nos separan mi madre mis venas a lo
largo del señor
mi madre
mi madre mi madre esperas en la nieve acumulada electricidad
fabuloso
disciplina
las hojas se agrupan en construcciones de alas nos tranquilizan en una isla y suben
como el orden de arcángeles
fuego blanco

ATRAVESAR CRISTAL PACÍFICO
la alegría de las líneas viento a tu alrededor calorífera del alma
humo velocidad humo de acero
geografía de bordados de seda
colonizada por floraciones de esponjas
canción cristalizada
en el
jarrón corporal con flor de humo
vibración del negro
en tu sangre
en tu sangre de inteligencia y de sabiduría nocturna
un ojo arrugado azul en un cristal transparente
te amo te amo
una vertical desciende en mi fatiga que ya no me ilumina
mi corazón abrigado en un viejo periódico
puedes morderlo: silbar
vayámonos
las nubes recogidas en la fiebre de los oficiales
los puentes rasgan tu pobre cuerpo es muy grande ver estas tijeras de vía láctea y
recortar el recuerdo en formas verdes
en una dirección siempre en la misma dirección
expandiéndose siempre expandiéndose


FARMACIA – CONCIENCIA
de la lámpara de un lirio nacerá un príncipe tan grande
que las fuentes ampliarán las fábricas
y la sanguijuela convirtiéndose en árbol de la enfermedad
busco la raíz señor inmóvil señor inmóvil
porque entonces sí aprenderás
ven en espiral hacia la lágrima inútil
periquito mojado
cactus de lignito hínchate entre los cuernos de la vaca negra
el periquito cava la torre el muñeco santo
en el corazón hay un niño – una lámpara
el doctor declara que no pasará de esta noche
luego se va en líneas cortas y agudas silencio formación silícea
cuando el lobo atrapado descansa sobre el blanco
el elegido atrapa sus reclusos
mostrando la flora resultante de la muerte que causará
y el cardenal de francia aparecerá
los tres lirios luz fúlgida virtud eléctrica
carmín largo seco peinando peces y letras bajo el color
el gigante el leproso del paisaje
se detiene entre dos ciudades
tiene corrientes cadencia y las tortugas de montaña se amontonan pesadamente
escupe arena amasa sus pulmones de lana iluminarse
el alma y el ruiseñor se arremolinan en su risa – girasol
él quiere coger el arco iris mi corazón es una estrella de papel
en missouri en brasil en las antillas
si crees que si eres un lector feliz te conviertes por un instante transparente
tu cerebro esponja transparenta
y en esta transparencia habrá otra transparencia más distante
distante cuando un nuevo animal se volverá morado en esta transparencia


JUBILACIÓN
pájaros infancia arados deprisa
albergues
combate en las pirámides
I8 brumario
el gato el gato es rescatado
entrada
llora
valmy
raudo ponerse rojo
lloras
en el agujero trompeta lentos cascabeles
lloro
manos agrietadas por ordenar árboles
llora
le
puestos
hacia el blanco hacia el pájaro
lloremos
llorais
resbalo
llevas clavados en tus cicatrices proverbios lunares
luna curtida despliega sobre los horizontes tu diafragma
luna ojo curtido en un líquido negro viscoso
vibraciones lo sordo
animales pesados huyendo en círculos tangentes
de músculos alquitrán calor
los tubos se doblan trenzan
los intestinos
azul


SANTA
formación marina pedregosa ascendencia arborescente
multiplicación mi recuerdo en las guitarras de álamos mi recuerdo
el cafre el payaso el ñu riñen al engranaje
el ángel se licua en un droga y disonancias
suben por el pararrayos convertir panteras naves engranaje arco iris les aspira
los sonidos todos los sonidos y los sonidos imperceptibles y todos los sonidos se
coagulan
querida si estas enferma por los sonidos debes tomar una pastilla
concentración interior crujido de palabras que revientan crepitan las descargas
eléctricas de los gimnotes el agua desgarrada
cuando los caballos cruzan los apareamientos lacustres
todos los armarios crujen
la guerra
allá lejos
oh el recién nacido que se transforma en piedra de granito que llega a ser demasiado
duro y demasiado pesado para su madre el canto del litotomista tritura la piedra en la
vejiga y hunde allí lilas y periódicos
silencio flor de azufre
fiebre tifoidea silencio
el corazón reloj microbios arena mandrágora
al viento lo agitas como la antorcha de mercurio hacia el norte
la hierba lagartos podridos oh mi sueño atrapar las moscas camaleón astronómico
oh mi sueño de anilina y zoología
tu cabeza cortada podría silbar hermosos colores
antaño por la noche jardín químico ponía a las órdenes del embajador
la luz circular limpia verdecía en el corazón de los iconos
cuando caminas en el agua los peces multicolores se sitúan alrededor de los pies en
forma de flor
los rayos solares del parto el oniromántico en el corazón boreal
la gran antorcha en el pozo
las frutas los huevos y los juglares se colocan en nuestras noches alrededor del sol
gelatinoso para nuestra luz que es una enfermedad

SABIO DANZA MARZO
el hielo se rompe una lámpara huye y la trompeta amarilla es tu pulmón y cuadrado
los dientes de estrella sello de Jesús-flor-camisa el reloj gira d girad piedras
nocturnas
en el alma fría estoy solo y sé que estoy solo y bailo señor sabes que me gusta verde
y delgado porque le amo ruedas grandes muelen mucho oro éste que siempre hiela
camina sobre las puntas de mis pies
vacía tus ojos y muerde la estrella
que puse entre tus dientes
silba
príncipe violín silba blanco de pájaros


SABIO DANZA DOS
aumento de una niebla de hélices inesperadas
arco voltaico impasible tornillo
corredores espalda de las casas y humo
gradación del viento que rasga la ropa
en un cajón la tabaquera cáscaras de naranjas y unos hilos
oh válvula de mi alma vacía
la ampollita atada al cuello
los trenes se callan de repente


PELÁMIDE
a e o ou youyouyou i e ou o
youyouyou
drrrrrdrrrrdrrrrgrrrrgrrrr
pedazos de tiempo verde revolotean en mi habitación
a e o i ii i e a ou ii ii vientre
muestra el centro quiero cogerlo
ambran bran bran y hacer centro de los cuatro
beng bong beng bang
dónde vas iiiiiiiiupft
maquinista el océano a o u ith
a o u ith i o u ath a o u ith o u a ith
gusanos luminosos entre nosotros
entre nuestras entrañas y nuestros rumbos
pero el capitán estudia las indicaciones de la brújula
y la concentración de colores se vuelve loca
cigüeña litofanía existe mi memoria y la ocarina en la farmacia
sericultura horizontal de edificios pelagoscópicos
la loca del pueblo incuba bufones para la corte real
el hospital se convierte en canal
y el canal se convierte en violín
en el violín hay un barco
y a babor la reina entre los emigrantes a méjico


EL GRAN LAMENTO DE MI OSCURIDAD TRES
entre nosotros las flores de los péndulos se iluminan y las plumas rodean la luz
en la lejana mañana de azufre las vacas liban los lirios de sal
hijo mío
hijo mío
pasemos el tiempo siempre por el color del mundo
que se diría más azul que el metro y la astronomía
estamos muy flacos
no tenemos boca
nuestras piernas están torpes y se tropiezan
nuestras caras no tienen forma como las estrellas
cristales puntos sin fuerza fuego quemada la la basílica
loco: los zigzag crujen
teléfono
morder las cuerdas licuarse
arco
escalar
astral
la memoria
hacia el norte por su doble fruto
como carne cruda
hambre fuego sangre


FRÍO AMARILLO
marchamos nubes entre los esquimales
embellecer la convalecencia de nuestras ideas botánicas
bajo los crepúsculos torcidos
basura verdecida vibrante
blan
coloqué las promesas de mi pastelería de hotel en su tienda
paulownias definitivas
el alejamiento se desarrolla glacial y cortante como una diligencia
alejamiento lluvioso
adolescente
en otro lugar sonoro
peatón con fiebre y podrido y
roto y bordados reparables
pensaba en algo muy escabroso
calendario de otoño en cada árbol
mi órgano amoroso es novato
soy mortal señor novatonovato
y del cadáver sube un país extraño
sube sube hacia las otras astronomías


EL DOMADOR DE LEONES RECUERDA
mírame y sé color
más tarde
tu risa come sol para liebres para camaleones
aprieta mi cuerpo entre dos líneas anchas para que el hambre sea luz
duermes duermes sueño ves pesados antílope azul en el glaciar oreja en las piedras
bellas fronteras – escucha la piedra
viejo pescador frío enorme en nueva carta aprende las niñas en alambre y azúcar
regresan mucho tiempo los frascos sean largos son grandes como sombrillas blancas
escucha rueda rueda rojo
en las colonias
recuerdo olor a farmacia limpia vieja criada
caballo verde y cereales
cuerno grita
flauta
equipajes zoológicos oscuros
muerde sierra quieres
ver horizontal


PRIMAVERA
a h arp
colocar al niño en el jarrón al fonde de la medianoche
y la herida
una rosa de los vientos con los dedos de uñas hermosas
trueno en plumas ver
el agua no potable fluye de los miembros del antílope
sufrir abajo acaso encontraste vacas de pájaros
la sed la hiel del pavo real en la jaula
el rey en el exilio por la claridad de los pozos lentamente se momifica
en el huerto de legumbres
sembrar saltamontes rotos
plantar corazones de hormigas la niebla de sal una lámpara tira la cola en el cielo
pequeñas metrallas de cristalería en el vientre de los ciervos en espantada
en los puntos de las cortas ramas negras por un grito


AMARGA ALA TARDE
por revolución astronómica nocturna me diste conocimiento
papel
amigo
arquitectura
sueca
espera
telefoneo alas y tranquilidad de un instante límite construir columnas de sal :
lámparas de nubes de nieve y linternas de música zig zag proporciones
anillos montes amarillo amarillo amarillo amarillo oh el alma que silbó
la estrofa de tubería amarillada con sudor de incensario
la hermana de la memoria negra espejo
los tubos se rompen y se elevan
y estallan erupciones que separan el aire en zigzag
en los pulmones oscuros el sueño profundamente es rojo
duro
rejas de esqueletos pesados
las aguas adoran la dirección hacia la que ala iluminada de ébano acaso te fuiste
madre
marchitarse
cruza
por qué
sangrando
rey
origen
vela
mis pensamientos se van – al pastoreo de las ovejas- hacia el infinito
simétricamente
doméstico
los pesados collares de luz
negra
delgada
superficie
piedra


SOL POR LA NOCHE
su rey de hielo y su nombre baja
y aparece en el mar en el pez el tiburón su cuerpo
guardián marítimo
nacer
voracidad abierta a los sonidos de las lanzas y de la puerta verde
seas mi hermana en larga marcha planetaria
demasiado tiempo vi esqueleto los
maniquíes con paraguas en la mina blanca
caliente
y dibujo el país y tus joyas son ojos vivos
la vaca dio a luz a un gran ojo vivo de dolor o hierro
en el borde del mar en espiral la esfera
la tormenta
la virgen aplastó su carne y murió en el desierto
el fuego dentro de grandes rocas volcánicas
su imagen y los frutos
la lluvia será flor de la hambruna de la sequía
abrigo impermeable de nuestros corazones facilítanos la fuga y la embarcación del
señor cubierta de plantas


TÓCAME TÓCAME A MI SOLAMENTE
fumas la pipa amarga en la noche mis dientes son más blancos estrella en la caja
fuerte agita con viveza digiere en la piedra fuego amarillo mi hermano
gimnasia en la otra habitación
tuberías tuberías arregláos
corte vertical
interrumpir
mecanismo drrrrr rrrrrrrr barras eliminadas
sacudida de los rayos atraviésanos encuentra el camino a la ciudad
nuestras raíces nuestras colillas encendidas establecidas en pequeñísimos
champiñones en el cerebro mojado
barco rojo atascado encima del agua
no puedes dormir a mi lado
soy tranvía va y viene a alguna parte en el amor
el ruido en la garganta de los enormes gatos en metal vacío
mis venas están cubiertas de pulseras
mordidas
en mi cuerpo masas oscuras cojines que se hinchan
en el agua de la amargura verdecido está el corazón
la explosión
sin saber cómo ni por qué
apretadas cortas
muestran el camino
de una vez
pudrirse en oro de piedra grande
densa


DANZA CAUCHO CRISTAL
enfermedad oscuridad florecer en cerillas en nuestros cuerpos
congelar
tócame a mi
solo tócame
caracol sube en el eje país blanco
viento quiere
incoloro
quiere quiere
álamos
quiere
quien quién sí quiere
señor
tzacatzac
sombrilla
rompe rompe
hielo resbala
señor
señor
nuez de tinta hace un ruido la flor sello de corréos

PAÍS VER BLANCO
a maya chrusecz
los oros de las 10 en punto destrozaron la muerte
quemada la ventana en arcilla y oro
separa lo bueno del agua en cuadrados de cuero
y el pez alerta pinchado con un alfiler
cocinar unos ojos de oro de insecto
soy la mala vibración del calor
en los latidos del corazón estriado
para tu alma los huesos también son cucharas
pero queremos reconstruir
sonido verde bajo porcelana
duerme en el cerebro
y persigues a los hombrecillos en su vocal
cortalos por el tren durante el pitido
y persigues a los hombrecillos en su vocal
el pequeño fuego en el cáliz
y persigues a los hombrecillos en su vocal
persigues a los pequeños los a los hombrecillos en su vocal

SALTO BLANCO CRISTAL
a m ianco
en un clavo
máquina de coser descompuesta en altura
molestar a las piezas negras
ver amarillo fluir
tu corazón es un ojo en la caja de goma
pegarse a un collar de ojos
pegar sellos en tus ojos
dejar noruega caballos apretar
joyas para secarse
acaso quieres sollozo
lamer el camino que sube hacia la voz
abraham empuja en el circo
tabaco en sus huesos fermenta
abraham empuja en el circo
orina en los huesos
los caballos giran tienen luces eléctricas en lugar de cabezas
sube sube sube sube
arzobispo azul eres un violín de hierro
y se ríe se ríe
verde
cifras


PUEBLECITO EN SIBERIA
una luz azul que nos mantiene juntos aplastados contra el techo
es como siempre mi camarada
como una etiqueta de puertas infernales pegadas en una botella de medicina
es la casa silenciosa tiembla mi amigo
y luego el baile pesado encorbado ofrece la vejez dando saltos de hora en hora en el
reloj
el collar intacto de las lámparas locomotoras cortadas baja algunas veces entre
nosotros
y se desinfla tú llamas a esto silencio beber techos de hojalata fulgor de lata de
arenque y mi corazón decente en casas bajas más bajas más altas más bajas sobre
las en el que quiero galopar y frotar la mano contra la mesa dura con migajas de
pan dormir oh sí solamente si pudiéramos
el tren de nuevo el ternero espectáculo de ternero de la torre de la belleza me quedo
en el banco
qué importa el ternero el hermoso el periódico lo que va a seguir hace frío espero
habla más alto
corazones y ojos ruedan en mi boca
en marcha
y niños pequeños en la sangre [¿es el ángel? Estoy hablando del que se aproxima]
corramos aún más rápido
siempre en todas partes nos quedaremos entre ventanas negras
ESTACIÓN
danza grita rompe
rueda espero en el banco
de todos modos, ¿qué? los nervios son silencios
de instantes cortados
leo en silencio
curvas
¿el periódico
está mirando qué ocurre?
no sé
si estoy totalmente solo
la luz escucha pero de qué
lado y por qué
el vuelo de un pájaro que quema
es mi fuerza viril debajo de la bóveda
busco asilo en el fondo flamígero
volante del rubí
di mi alma
a la piedra blanca
dios sin publicidad
preciso y sabio
orden en amistad
decir: el dolor del fuego
ennegreció mis ojos
y los tiré a la cascada
marcharse
veo mi rostro
en el círculo de la tarde o en la maleta
o en la jaula nieve
me voy esta noche
la chispa llora
en mi cama en la fábrica
aúllan perros y jaguares
acaso también diste tu alma
con pulsera de piedra
acróbata con una calavera oblonga
mi hermano sube
fui honesto
hermana infinita
fin por esta
noche
corazones de farmacias plantas
se abren a los fulgores esferoidales
y a los licores de la religión es cierto
leones y payasos


INSTANTE NOTA HERMANO
nada sube nada baja ningún movimiento lateral
se levanta
nada se mueve ni el ser ni el no ser ni la idea ni el prisionero encadenado ni el tranvía
él solo se oye a sí mismo
sólo entiende las sillas la piedra el frío el agua – sabe pasa pasar a través de la materia
dura
necesitando ya ojos los arroja a la calle
último estallido de sangre en las tinieblas
ultimo saludo
se arranca la lengua – llama atravesada por una estrella
tranquilizada
otoño muerto como una hoja de palmera roja
y reabsorbe lo que ha negado y disuelto proyecto en el otro hemisferio segunda
temporada de existencia
como las uñas y el cabello crecen y vuelven


OBSERVACIONES
mujer extraña con doble máscara
contoneo blanco de una danza obscena
acércate a mí único acuerdo
de miembros cansados
opiniones sin importancia especial
azul equívoco sangre de ébano
y la propina
esconde tu deseo
frente a la muerte a las ocho y veinte
si pudiera volver a empezar la noche esta mañana
dieci soldi esta es
mi alma
no tendrás esta noche en absoluto
el último refinamiento de mi virilidad
durante mucho tiempo superé la industria engañosa
donde arrastras ene este instante tu ser de sol putrefacto
así paso como tu pasas por madre del niño
despacio más rápido despacio
uno tras otro o todos juntos
ojo de chulo de oro de tímida eternidad
desaparece
campana de un sentimiento del arrastracueros
reina sabia-mujer
y está totalmente desprovisto de interés


SAL Y VINO
sal y vino plantas y grandes aullidos
estando de pie por la noche secreto estudio
llama
broce
soledad
el sexo en medio plantado en medio de las ramas
en sus abrigos vertimos el remolino
espirales blancas y rojas sosteniendo la voz
y los barcos avanzaron como la deidad en la carne
ampliamente
las alas de las antorchas dividen las tuberías de soledad los tímpanos de bronce
y los campanarios
el viento contrario
las venas solares vendadas con pergamino y los esclavos gritan
morir ver su fruto muerto

PRIMEROS POEMAS – TZARA

PRIMEROS POEMAS(Rumanos)

TRITAN TZARA

Edición : Claude Sernet

Paris – 1965

Traducción, en desagravio, por la de Darie Novaceanu, de Manuel Puertas Fuertes

BREVE INTRODUCCION

Dada no había sido aún concebido ni imaginado, no se había producido fecundación entre contrarios, zigoto futuro. Existían los balbuceos líricos del poeta adolescente Samuel Rosenstock (Samyro), proto-tzara. Surgía en Bucarest un grupo de poetas de influencia simbolista, de hecho la revista que publicaban se llamaba Simbolul, a reseñar Ion Vinea y Marcel Iancu, quien acompañaría a Tristan en el inicio de la aventura dadaista.

Entre estas influencias cabría destacar los nombres de Eminescu, Minulescu, etc…todavía con el modernismo a sus espaldas y sobre todo en lo que respecta a sus inquietudes vanguardistas destaca la obra del desconocido Urmuz (Demetru Dametrescu Bazau).

De esta época y escritos en rumano son estos primeros poemas del futuro Tristan Tzara. Publicados por primera vez con la anuencia, que no permiso, del autor, por, Sacha Pana en Bucarest en 1934, fueron vertidos al francés por Claude Senet y Claude Voroca y publicados en 1965 tras la muerte de Tzara. Independiente de que renegara de éstos sus incipientes versos juveniles, observamos ya en estos textos un sentido intuitivo, provocador prevanguardista e iniciático de la futura revolución antiliteraria que supondría toda la vorágine de la actividad dadaista.

Ya aparece en estos poemas un imperio de la metáfora más osada, un individualismo internacionalistas, una alteracíón de la ortografía signada, el tema de la guerra y de la fraternidad universal, la asunción de la duda y del absurdo como fuentes creativas, en definitiva los pilares fundamentales que no abandonaría a lo largo de toda su vida.

Por no dar una mucho más amplia bibliografía, se han consultado fundamentalmente para la elaboración de ésta introducción, las Obras Completas editadas por Flammarion al cuidado de Henri Behar, la biogafría de François Buot en la editorial Grasset y la publicación de las Prensas Universitarias de Zaragoza con traducciones muy deficientes, rayando en la perversión poética, de Darie Novaceanu, que pulula por Internet. Como esta edición bilingüe es en rumano y español, nadie percibe el delito intelectual del traductor – embajador. No voy a hacer una exhaustiva enumeración de las barbaridades cometidas, solo un botón : en el último verso de Introducción a D. Quijote, tergiversa totalmente el sentido del poema al confundir libro (livre) con libre (libre). Tristan Tzara merece más respeto.

PRIMA EN EL INTERNADO

Te quiero por ingenua y soñadora,

Por tu bondad y porque lloras y rompes las cartas que carecen de sentido

Y porque te entristeces al estar lejos de los tuyos estudiando

En Monjas* donde falta el calor por la noche.

Cuentas continuamente los días que faltan hasta las vacaciones

Y recuerdas un grabado español

En el que una infanta o duquesa de Braganza

Se sostiene dentro de su amplio vestido como mariposa sobre corola,

Y se divierte dando de comer a los gatos y espera un caballero.

Encima de la alfombra hay loros y otros animalitos

Pájaros caídos del cielo

Y tendido cerca del sillón de luto,

Allí – delgado y temblando – se ve un podenco

Como un manto de armiño resbalado de algún hombro.

Ella quiere recogerlo pero

Algo recuerda acariciando el collar que lleva alrededor de su cuello

Porque ve al caballero – y eso es todo :

Se acerca al pupitre la hermana Beatriz o Evelina

Profesoras de historia o de griego y latín

O porque cuando se acercan las vacaciones

O porque pasan los días tan despacio …

Caen hojas y flores como arrancadas de un calendario;

¡Es triste la vida, pero no lo es menos un jardín!

Y la infanta o la duquesa de Braganza

Se vuelve a dormir o pierde su linaje – porque cuentas

Los días que quedan – desde mañana hasta las vacaciones.

Comienzo mi carta y te escribo : Mi querida prima,

Ayer creía escuchar en mi habitación tu voz tierna y cariñosa.

* Polisemia que redunda en el poema : Monjas es una región rumana cercana a Moinesti,

VACACIONES EN PROVINCIAS

En el cielo pájaros quietos

Como restos de moscas

Unos criados cotillean delante de la puerta de la cuadra

Restos de animales, excremento y estiércol florecieron en el sendero

Pasan por la calle el señor de negro con su hija pequeña

Alegría de los mendigos en el crepúsculo vespertino

Y yo tengo en casa una marioneta con cascabeles

Para distraer mi tristeza cuando me engañas

Mi alma es un albañil que regresa del trabajo

Recuerdo con olor a farmacia limpia

Dime vieja criada lo que había antaño y que ya nunca volverá a existir

Y tu prima avísame cuando cante el cuco

Bajemos por el barranco

Que es Dios bostezando

Mirémonos en el lago

Lleno del fresco verde de las ranas

Seamos pobres al regresar

Y llamemos en la puerta del extraño

Como el pico de los pájaros en la corteza de la primavera

O mejor no vayamos a ningún sitio

Luto blanco en casa de la hija del vecino

LA TORMENTA Y LA CANCIÓN DEL DESERTOR

Estalló la luz de los obuses

Y se rompió relámpago en nuestra mano

Igual que la mano de Dios se partió en cinco dedos

Alcanzamos a las tropas y las abatimos

Pisoteamos los cadáveres abandonados en la nieve

Abrimos una ventana a las tinieblas ahogadas

Por valles que aspiraron enemigos como ventosas

Y los mataron hasta en la más azul lejanía.

El frio : pulveriza los huesos, roe la carne

Dejemos al corazón que llore.

¿Por qué nos deslizamos por la montaña eviscerada?

Rugiendo la tormenta desencadenó sus leones

En el bosque destrozado

Penetra el viento oscuro hasta el fondo del corazón

Y esperamos timbales dispersos

Clara y simple una sagrada palabra

Entre leprosas colinas, en un barranco

Como en la órbita de un cráneo

Abrigamos nuestro miedo a las tormentas

Y uno de nosotros empezó a pontificar sin parar

Allá abajo.

Recogí sus palabras – aquellas

Que me atravesaron como licántropos las calmas lunares

Para hacerte collares de dientes de tiburón

Que suscitan torbellinos de pesadillas.

El ojo roído por óxido lanza su fuego

Entramos en la boca de la lejanía

Y en la hilera de enormes colmillos, los demás

Esperan.

Está tan oscuro que sólo las palabras iluminan.

II

Bajo el hollín del abeto, apartado,

Se oye el lamento del desertor

¿Qué rama se convierte en flauta comenzando a llorar?

La espuma del agua helada cristaliza en ramos de sal.

Pulveriza los huesos, roe la carne.

“Con los puños cerrados, el cuello tenso,

Alcanzo la seducción de la noche callada;

Al llorar carámbano de acero en quietud de constelaciones

Afila las espadas del alma.

Amarilleó la luz como en una tulipa

¿De qué sábanas arrancaron las nubes tinieblas azules

Dónde me mordieron las serpientes de la lluvia

Para que mi luz llegue a las lejanías iluminadas?

Bajo las inmensidades de la tristeza

Así como trueno asfixiado bajo bóvedas

soy un viajero con el alma nublada,

Nublada.

Es aquí cruel la añoranza;

Pero observa también como floreció, muy sensato

En sus estelares lenguas de plata,

El niño de los libros sagrados.

Únicamente para mí la noche no es hermosa.

Lúgubre, la canción del esclavo se petrifica encima del regimiento

Se diría que unos murciélagos trajeron de un claustro jirones de noche

Únicamente para mí la noche no es hermosa.

Únicamente para mí.

Observa : en polvo y alma se va mi cuerpo,

porque languidezco por tí tras la tormenta y el aullido de las sirenas,

Más alto que las nubes contra las que se estrellaron los furiosos obuses.

Si los pueblos continúan combatiendo,

¿Por qué cuelga aún tan roja la luna,

Sello de Dios sobre el libro de la paz?

Las granadas despedazan el cielo, pálidos trozos de escudo,

Muerden el cristal de las nubes y, chapas de acero, se hunden en la niebla,

Los árboles se balancean como barcos al tirar de sus amarras,

Los murciélagos deshojan la blanca margarita de la luna,

El viento rompe y dispersa sus pétalos,

Únicamente para mí la noche no es hermosa,

Únicamente para mí.”

La canción -pensamiento interrumpido :

El frio pulveriza los huesos, roe la carne

Dejemos al corazón que llore.

VEN CONMIGO AL CAMPO

Edificio en obras con ramas secas como arañas en los andamios

Levántate hacia el cielo con total serenidad

Hasta que las nubes te sirvan como cortinas

Y las estrellas emulen la satisfacción de las lámparas en los balcones en plena noche.

Entre dos castaños llenos como la gente que sale del hospital

El cementerio judío ha crecido entre las piedras;

Más allá de la ciudad, sobre la colina

Como gusanos se arrastran las tumbas.

El remolque de perros amarillo nos espera delante de la estación de tren

En mi se rompen unos juncos con ruido de papel arrugado

Querría desaparecer despacio a lo largo del país

Y ver mi alma vacilar como al funambulista.

Vagan por los bosques

Unos mendigos gitanos con barba cenicienta

Y tenemos miedo al cruzamos

Cuando el sol frota los senderos con su párpado

Cabalgaremos jornadas enteras,

Nos detendremos en grises posadas,

Allí se hacen muchas amistades

Y por la noche nos acostamos con la hija del posadero.

Bajo los nogales – donde sopla un viento pesado como un jardín con fuentes

Jugaremos al ajedrez

Como dos viejos farmacéuticos

Y mi hermana leerá la prensa en la hamaca.

Nos desnudaremos sobre la colina

Para que el cura se escandalice y las chicas se diviertan

Nos pasearemos como agricultores con grandes sombreros de paja

Nos bañaremos junto a la rueda del molino

Nos tumbaremos sin vergüenza al sol

Se nos volarán los vestidos

Y ladrarán los perros detrás nuestro.

CANTO DE GUERRA

Crecieron en los campos unos espantapájaros

Allí donde se atan surcos cobrizos

¿Qué vas a arrastrar a los establos

Al oír la corneta de los guardias forestales?

El estiaje

Quemó la hierba en mi alma

Madre,

Tengo miedo

– Como andas por aquí te quema

El viento otoñal.

Corremos hacia las fronteras

Ante las iglesias no nos santiguamos;

Aunque nuestras enamoradas

Podían convertirse en agua de manantial, en fantasma de ahogados

Para que nos detuviéramos …

Madre,

No dejo de llorar como un final de escala

Es tan duro el camino

Tanto nos apremia.

Y tanto, tanto daño nos hacen las rodillas

Y otras partes …

El viento nos clava las uñas en los ojos

Para hacer estallar nuestras pupilas como granadas.

Aquí hicieron un alto las tropas al mediodía

Y se dispersaron como el arroyo en un pantano

La tierra está quemada, así pensamos con dolor en su hogar,

Fermenta a fondo como el pecado en un pecho de jovencita

Pero no sacia nuestra sed y huele bien a pan caliente.

Sobre nuestro campamento

Se abatíó la ira de las nubes

Arrastró las carroñas hacia el arroyo

Multiplicada la fuerza de las aguas a la vez que la huida de los pueblos

Azotada nuestras penas, nuestras angustias

Fueron molidas como trigo.

Viejo álamo erguido al borde de la trinchera

Abre tu vientre, derrama tus entrañas

Cuán rubia es la hija del posadero de Hirsoveni

¿Cuántas horas tenemos aún?

Me dormí con las tristezas del bosque

Descubrí en mí un estanque con suave canto

En cuyo fondo lloro con voz de santo;

– Hunde más profundamente el clavo del sufrimiento que no estoy muerto.

VOZ

Lado de pared hundido

me pregunté

hoy porqué

no se ahorcó.

Lía la muy rubia

con una cuerda …

Hubiera colgado

Hermosa pera madura

Hubieran ladrado

Los perros callejeros

Y hubieran venido

Gentes a verla

Hubieran gritado

“Se va a caer”

Yo hubiera cerrado

Puerta y candado

Hubiera puesto la escalera

La habría desatado

Hermosa pera madura

Hermosa chica muerta

Y la hubiera acostado

En una cama bien hecha

[ LETANIAS]

Cuento en el jardín

El destino que tuviste

Y ladran los perros

Y se burlan los vecinos

Hace frío

Afuera nieva

Como el viento aúlla

Un lobo acosado

Campanas de bronce

Paralizan viejos dolores

El tiempo se deshace

En párpados invernales

Lia rubia Lia

Lástima que no puedas ver

Al mar envolverse

En nieblas grises

Lástima que no puedas oír

Cómo las sierras de la luz

En la cuna del mar lejano

Golpean la madera de los barcos desguazados

Lástima que no puedas sentir

Cómo los árboles se inclinan para abrazarte

Y cómo los labios de las olas perdidas

Se unen para conocer tu rostro

Algo se ha caído

Sollozando se ha caído una estrella

Buena gente rezad

Por ella

CAE EL DÍA

Regresan de las aguas los pescadores con estrellas

reparten comida entre los pobres, ensartan para los ciegos rosarios,

salen entre los parques los emperadores a esa hora que parece la pátina de los grabados

y bañan los criados a los perros de caza

la luz se pone unos guantes

ábrete ventana -consecuentemente

y sal del cuarto noche como el hueso del melocotón,

como el cura de la iglesia,

Dios : carda la lana de los sumisos enamorados

pinta pájaros con tinta, renueva la imagen en la luna

– vayamos a coger escarabajos

para encerrarlos en la caja

– vayamos al arroyo

para hacer vasijas de barro

– vayamos a la fuente para besarte

– vayamos al parque local

hasta que cante el gallo

para que se escandalice la ciudad

-o al desván del establo para acostarnos

el heno pincha allí y se oye el rumiar de las vacas

que luego añoran a sus terneros

marchémonos, marchémonos.

DOMINGO

El viento llora en las chimeneas con toda la desesperación de un orfanato

Acércate a mi como una barca a los matorrales

Dispón las palabras como las sábanas blancas de las camas de la enfermería

Porqué allí abajo podemos llorar tranquilamente y olemos los membrillos y el abeto.

Háblame de lejanos países

De gente extranjera

De la isla de los loros

Mi alma está contenta y sorprendida

Como un amigo que acaba de volver del hospital.

En tu voz hay mujeres viejas y buenas

Tu brazo recorre mi pecho como un arroyo

Me gustan los animales domésticos

En el zoológico de tu alma.

Un hombre inclinado sobre el puente, silba al agua sin pensar en nada

En nuestra casa hace calor, hay alegría como cuando en el redil nacen corderos

Tu historia se duerme como un niño que mece un elefante de lana

En nuestra casa todo está tranquilo cuando cuando los caballos beben en la fuente.

Y los chicos del internado pasan en largas filas por la calle

Y en cada mirada hay un hogar paterno

Con buena comida y hermanas menores

Con macetas de flores en la ventana.

Cuando anochece el frío se cuela por los pasillos

Como una serpiente larguísima arrastrando su cola sobre las baldosas

El lago esta cosido con hilo blanco

Los ahogados suben a la superficie – los patos se alejan de ellos.

En casa de los vecinos el padre besa a su hija indiferente.

La reprende cuando se va

El lago está encerrado como tras una muchacha las puertas del convento

El gorgoteo de la suicida da miedo – las ranas se afligieron un momento.

Me voy a encontrar un poeta triste y sin talento.

FUERA DE LA CIUDAD

El esqueleto que cuelga del mimbre frío

Rechinando los dientes, lo mece el viento

Amigo, silba el viento entre tus huesos

Unas extrañas melodías, vibra la cuerda.

En el corazón, en la oscuridad llorona

Por la noche los lobos te huyen, se congregan las mariposas

Entran en la caja de las miradas como dentro de una flor

La noche se disuelve a tu alrededor como las mariposas.

Si las cuerdas del corazón todavía vibran

Es por que yo soy el arco del violín :

Los caballos relinchan sobre la colina de los molinos de viento

Cae la noche

Desaparecen los corderos como ángeles de la guarda.

Del hospicio salen gritos

Como serpientes amaestradas del baúl de un zoológico,

En el hogar de mi enfriada alma fría te hice menos salvaje,

Eres blanca como la calma de un águila real.

-Querrías romperme, columna sagrada

Verme crecer, rosa de invierno

Sentirme en el rezo, roca

En las noches de estío, simple jardincillo.

Te dormí sobre almohadas císneas

Sobre el lago de mis caricias

Arrojé el frágil esqueleto con olor de vergel

Te dormí como la luz de las flores en un búcaro.

TRISTEZA DOMÉSTICA

En semilla de lirio

te enterré tranquilo

nosotros nos quisimos en viejos campanarios

se deshilachan los años

como viejos encajes

por todas partes te busco Señor

pero sabes que es demasiado poco

te enterré en noviembre

cuando los colegiales iban a comer

y no supieron que ibas en la carreta

porque hubiesen llorado

así como se derriban las barricadas conquistadas

el dolor se derrumbó sobre los padres

de papel, ¿tu carne anciana

cómo sería? – triste y amarilla

y te amé en el violín de la decencia

extendió su herida el otoño por el país

se desabrochó el pecho despacio

y se va a desabrochar más su vestido

como el violín de la barca quitada a sus dueños

va a desabrochar la carne de su cuerpo sangriento

que me reclama

nos hemos paseado tantas veces por el rompeolas

entre el viento que impulsa los barcos blanqueados con cal

y hunde un gancho en la ceniza de los pulmones

y el rompeolas es un sendero de caracol

en el corazón del Señor

mis pensamientos se van – como las ovejas a la dehesa – hacia el infinito

tristes fragmentos de biografía sobre los campos lloran en los caramillos

me ahogo en una desesperación de fenómenos sísmicos

y por las calles corre el viento como un perro perseguido

* * *

los astrólogos tienen citas secretas

en una de las habitaciones del emperador que son como una colmena

donde elaboran para el futuro acontecimientos preparados

para convertir el amor en dolor

* * *

el caballo come serpiente nocturna

el jardín se puso sus decorados imperiales

traje estrellado de novia – deja

que mate tu carne fiel oh noche en el infinito

la loca del pueblo incuba bufones para el palacio

DUDAS

Saqué el viejo sueño de la caja como tú sacas un sombrero

Cuando te pones el vestido de muchos botones

Como tú sacas el conejo por las orejas

Cuando regresas de la caza

Como tú elijes la flor entre las malas hierbas

Y el amigo entre los aduladores

Esto es lo que me pasó

Cuando llegó la noche despacio como un insecto

El remedio que muchos necesitan

A la hora en que enciendo en mi alma un fuego con ramas secas

Me acosté. El sueño es un jardín cercado por la duda

No sabemos lo que es verdad, ni lo que no lo es

Pensamos que es un ladrón y le disparamos con el fusil

Corre el rumor después de que era un soldado

Para mí es totalmente parecido

Por eso te llamé para que me digas – sin error

lo que es verdad- lo que no lo es.

INSCRIPCIÓN SOBRE UNA TUMBA

Y yo sentía tu corazón puro y tristeza

Como sentimos la luna flotando silenciosa

Detrás de las cortinas bajadas.

Y yo sentía tu corazón tímido y amargado,

Como un mendigo, con la mano extendida delante de la puerta.

Sin atreverse a llamar y entrar,

Y yo sentía tu corazón humilde y delicado

Como una lágrima que no se atreve a traspasar el umbral de los párpados,

Y yo sentía tu corazón afligido y húmedo por el dolor

Como en la mano un pañuelo regado por lágrimas

Y hoy cuando mi corazón ansía perderse en la noche

Sólo tu recuerdo lo retiene

Con invisibles dedos fantasmales.

LLAMADA

Cuando te ví, llevabas un collar; en los brazos empolvados

Unas pulseras, y unas serpientes se enrollaban en tus minifaldas, – en los dedos

Unos anillos falsos que brillaban como los ojos de los búhos por la noche

Y tu madre había muerto hace tres o cuatro semanas.

Y las serpientes subían y bajaban como un chorro de agua

Y se arremolinaban alargadas, para mamar con una lengua inocente

Algo prohibido o su propia cola

(En tu alma silencio pero tus ojos lloraban un verdadero dolor).

Noté cómo tu voz pagada

– cantabas obligada por la borrachera –

Quería llenar el vacío de tu alma

Con la melodía de las horas retrasadas.

Y tu baile de turbias intenciones

Se precipitaba insistente – maravilla (los adolescentes preguntaban : ¿cuánto cobras?

Maduros y grandes eran tus pechos

Y locas nuestras miradas.

Cantante, bailarina con talento

Deja que se venda el amor, maldita flor marchita,

Vuelve a ser como antes : de buen comportamiento

Así piensa tu madre con una sencillez de nieve.

Tú quisiste, María, atarte una cuerda al cuello

Porque tu madre te había amado

El llegó con vestido de domingo

Y limpió las lágrimas de flores de tu rostro.

La luna está roja, María, cómo sería la noche – gris

Ven al campo conmigo

Llorarás primero todo tu dolor con total calma

En una antiguo cuarto oscuro. En un cuarto tranquilo limpio.

Donde podrás desnudarte por completo

Para dar el consuelo que necesita tu sufrimiento

Quizás quieras libros con ilustraciones para olvidar

O una muñeca con su cuna y cuidados de enferma.

Nos pasearemos en trineo sobre la llanura nevada

Y jugaré con tu corazón de gata

En primavera invitaremos a unos amigos

Y pasaremos día y días de alegría.

ELEGÍA

Amada, vieja alma, la quisieras flores estivales

Los pájaros durante el invierno permanecen en su jaula

Tal la colina llama al cuerpo del valle acogedor

Así te amo, o como la tierra a la lluvia densa y fecunda

Te espero cada tarde en la ventana desengarzando perlas

Colocando los libros, recitando mis versos

Y sonrío cuando en el patio los perros ladran, ladran

cuando vienes a quedarte en mi casa hasta el alba, hasta el alba

Y mi corazón es más feliz porque solo nuestro cuarto no es caluroso

Cuando fuera sé que nieva y que las calles están blancas

ELEGÍA POR LA LLEGADA DEL INVIERNO

Amada, (escucha) los álamos se quejan porque te vas

Y yo pienso : espero que no tengas frío

Leva ropa gruesa y muchos libros para leer

(Una noche encontrarás un lirio marchito)

Sé cómo ocurrirán las cosas : (comedia) cogeré un pañuelo limpio

En el que lloraré todo mi dolor, también toseré en él cuando me resfríe

Lo agitaré al aire cuando marches lejos – pensamiento sincero

Y recordaré otros tiempos cuando buscaba otra joven por las calles

Piénsalo : quizás nadie te espere allá abajo

Y llorarás, y tendrás remordimientos, la vida es triste, triste

Te acordarás siempre del pañuelo que agitabas

Y que desencadenará en tu jardín un viento terrible

Destrozando las avenidas, erradicando el pensamiento que te lleva a tu casa.

Escucha mis consejos sabios

Permanece cerca de la mesa y callada haz tu labor

Aún no terminaste tu vestido de seda

Escucha mis sabios consejos

+* * *

Amada – llega el invierno y tú te alejas

Y el viejo caballo podrido en el jardín

No tiene crines ni orejas; yo espero la luna llena

Para lanzarme sobre la silla y galopar detrás tuyo, luz (Comprendes…)

VIAJE

Se hunde casa retrasada

Sobre una tumba de jovencita, lentamente desteñida por el humo

Por el cielo manchado y las gallinas apresuradas, la lluvia nos envía señales

Nos gustaría encontrar pobres con cabellos grises, darles limosna

Tus ojos son demasiado grandes, demasiado fríos tus labios

Y con menos frecuencia preguntas al espejo si agradas

Hay aquí cuatro hombres razonables

A punto de irse en cuatro direcciones diferentes

En la carretera hay plantaciones de amapolas, chopos alcanzados por rayos

Hay puentes lanzados sobre aguas reales

Sobre arena amarilla como el azufre donde ni siquiera crecen las malas hierbas

Al pie de las montañas hay pueblos nuevos y limpios

Con aves en los corrales, con árboles llenos de frutos

Campanarios, molinos de viento, residencias señoriales

En el límite de tierra hay colinas despedazadas

Hay trilladoras y graneros llenos.

En la pequeña estación donde sólo nosotros nos apearemos

Nos estará esperando el viejo cochero

Tú me harás preguntas sobre los pueblos, los albergues del camino

Sobre cosas a las te responderé que no sé

Viviremos en una casa con tejado de paja

Allí anidarán las cigüeñas

Recibiremos invitados, iremos a casa del alcalde, a la escuela

Coleccionaremos insectos del lugar

Viven en nuestro bosque osos, ardillas, ciervos

Está deshabitada la cabaña del guardia

Desde allá abajo se puede divisar el pueblo entero

Y allí esperaremos al cartero de Dumbraveni

Viajo, sin fin, en este tren, con los nervios alterados

Como si ya no pudiese salir de las profundidades, de los pantanos y de las malas hierbas

CANCIÓN ANTIGUA

Compuse esta canción cerca del mar

Escuchadla – y cantádsela a ella si la encontráis

Ella es alta, su mirada buena y serena

Y es rubia como la hierba que notó el estremecimiento de la guadaña

Oh tú te fuiste, te fuiste, querida, era un atardecer de invierno

Y mi corazón es ahora una flor marchita

Un trozo de papel – viejo poema arrugado hace mucho tiempo

Y tirado en una caja debajo de la mesa

Quise defender tu rostro de la tristeza vespertina

Y colgarlo de un clavo con cuidado cerca de la pintura

Para poder rezarle cuando llueva en el jardín

O cuando me parezca escuchar por la noche las canciones del olvido

Los pollitos, querida, se amontonaban a tu alrededor sin haber sido llamados

Como alrededor de una madre, y tu los acariciabas con tiernas palabras

Ya no los alimentarás, no los acostarás más

Solo en este instante el viento apila hojas muertas en círculos alrededor de árboles secos

Oh querida, me duele que te hayas marchado al extranjero

Los pollitos no tendrán ya qué comer, tú estás lejos

Leo en un libro cuán desgraciado soy

Por una vieja calle que viene del hospital pasan enfermeras

Si supieses cuánto siento que no estés en este momento a mi lado

Para preguntarte : Y dónde te duele, has cogido frío, te sientes ya mejor….

CANCIÓN DE LA NOVIA

Mi enamorado atraviesa el desierto

Separa jadeando la arena ardiente

En el azulado peñasco del alma

Siento congelarse las garras de la quemadura

Oh, amado mío junta tus manos en oración

Escucha zumbar en tus oídos el final de todo

Paciencia que tu mano fluya del crepúsculo de la boca

Que te muerdan el cuerpo los recuerdos

Recuerdos a olores familiares de viejos refugios

En los sollozos del atardeces se acaba la luz de tu boca

Vibra la sombra del bosque

Abro el sendero de tu dolor, muñeca

Sobre mi corazón como hermosas marcas

Con bordes de heridas como vestidos de jovencitas

En arcoiris cenicientos

Se marchitó la flor del farol

Se rompió su tallo en la humedad de las tinieblas

Se escondió la luz de la luna encima de las nubes

Como el corazón de una abadesa en la antigüedad de un convento

Y yo te encerré en la noche del cementerio

Donde vuelan pájaros de hierro

Frágil amor arrancado en silencio de una lápida de tímido lirio

Los árboles son crisantemos de hielo

Y tú en el cielo eres glaciar junto a una hermosa canción.

INTRODUCCIÓN A DON QUIJOTE

Trote de indómito caballo fue mi vida

Supe recorrer todo el orbe

Amé a una sola joven

Y fui un dormilón por las mañanas

El caballo ya viejo se desplomó hecho pedazos

Mañana roídos por ratones y gusanos

Amor mío : esto no es lo que se enseña en los libros

Quédate sentada silente junto a la mesa y cose.

Luego te contaré lo que te espera

Cose mi idea en un vestido de seda

Hasta que te duelan los ojos –y la novia seas

Y hasta que se convierta en libro mi idea.

LAS ALMAS POR AHÍ

Las almas por ahí

Son diminutas

Tus ojos

Demasiado endiablados

Chica con cara jovencita

Enmarcada por

Rizos de luciérnagas

Y lazos de albahaca

Hastío

Rueda de molino

Se precipita por el caz

Todo el pedregal

Su alma estaba

Por la noche en el hospital

Durante el día daba

Clases de piano

Páginas amarillentas

Manos de árboles temblando

Acariciaron en el internado

Su carne

Amarilla como la espuma

De hielo en la celda

Que l viento grite

El aullido de la tormentas

Árbol sin flores

Tus brazos secos

Amaron demasiado

Los frutos que cuelgan

Extiendes como la muerte

Tus dientes por la calle

Para que revoloteen

Alrededor

Te veo a través de la ventana

Cómo mueves la cabeza

Tu cuerpo sudoroso

En la nieve blanda

UN HOMBRE SE AHORCA

Un hombre se ahorca y pasea su mirada

Balancea sus piernas

Se divierte con sus piernas

Se burlaría con sumo placer de su estupidez

Aunque le abandona la vida

Con sumo placer intentaría

Hacerse un nombre y foruna

Y pantalones a rayas y un sombrero

Es demasiado tarde debe maldecir

Aunque la soga no es deslizante

Señor Wedking

Cerca aún alumbra la lámpara

Pero no está maduro para eso

Mira esto con angustia

Entoces desaparece su infancia

De repente entonces surgen ternura y distancia

Todo se deshace y se realiza, oh Aurelia

DA VUELTAS ALREDEDOR

Da vueltas alrededor del faro la aureola de los pájaros azulados

En medio de las tinieblas atravesando la lejanía de los barcos

Cayeron en el agua como restos de arcángeles

Se pudrieron el pan y las flores

En los barracones yacen nuestros amigos como gavillas

Sola ru coses para tus hijos pensamientos diversos

Solitario el tren arrastra su vapor

Cual huida de animal herido, destripado

HERMANA DE LA CARIDAD

Hermana de la caridad eres buena y rezas ante la imagen

Reza también una oración por mí

Es malo estar enfermo y llega el otoño

Cuíadame bien porque viene al hospital mi novia

Con tiernas palbras y pasteles, me espera

En casa puso flores en la mesa para mí

Oh, estoy débil y soy Jesús

Mi corazón se eleva, y leo un libro de sabiduría.

Hermana de la caridad,

Mi novia como ves es tan bella, me ha dicho

Qu eres buena y que te invitará a nuestra casa

Yo tocaré el piano, leeré poemas y te volveré a invitar

Soy pobre (es verdad) y me callo porque el médico no me permite hablar

Y cuando me cure te regalaré flores y te amaré

(No me estás escuchando) Soy cristiano ortodoxo

Estoy tumbado en mi cama y me pregunto si fuera hará buen tiempo

Mi dolor está ordenado por filas

Divididas en imágenes que se convertirán en ideas

Si esta noche fuese parecida a la de ayer

Voy a llorar despacio en mi almohada, quizás voy a morir y sufriré

Un nocturno termina en la naturaleza como un pájaro canoro

Y Hamlet tiembla en mi corazón porque hace frio y sopla el viento.

INSOMNIO

I

Exprime, Señor, el limón lunar

Para que exista la inocencia del cielo

Anúncianos el milagro

Como el pájaro de trapo de la luz

Para la felicidad del alma

Cuando ya no se vean más ciudades, cuando la fortuna de los armadores de barcos se hunda

Cuando amaine la tormenta como un corderos

Cuando la oración se arrodille como el ordeño de vacas

Bajan los ángeles con lentos movimientos de nadadores

Apartando la oscuridad

Así protegí de los mosquitos la miel de tu piel

Yo era el jardinero con regadera de frescor

Te deseaba con la nostalgia del marinero

Llamé

La luna cabeza de muñeca rota

Y no te despertaste – y por mi sangre galopaban sementales

Yo era un mendigo, tú pan caliente

Yo estaba tras la enfermedad, en el hospital, era una carta

Estaba la casa vacía y yote esperaba con las ventanas abiertas

Como brillantes figuras de porcelana

Edifiqué durante la noche torres de nieve

Y unos trémulos Hamlets por un chrrido de puerta

Con la ropa colgada de las cuerdas

Forcejeé – lobo enjaulado –

Me torturé grité pero no morí

Y llegó el amanecer como el arrecife de leche en el este

II

Te observo desde hace mucho tiempo con tierna mirada de borriquillo

Que los insecto de mis ojos te hacen daño

Tus cabellos están atados como perritos caseros

Y tu cuerpo tenso como la piel de los guantes

Duermes a mi lado como un arriate de flores

Eres el silencio de médanos submarinos

Que sueñan encuentros clandestinos con escafandras

De mar penetrados por ballenas para el amor

Y pececillos de colores que circulan como cartas

Abrigo de piel de zorro tirado a la salida del sol

Se extienden por el aire los blancos halcones de la felicidad

Me gusta el amor entre el heno fresco con ortigas

Y la amistad en las habitaciones con pequeños muebles antiguos

Mañana

pasearemos por el jardín público

Sé muñeca

para entender tu mecanismo

Sé gata

Para jugar contigo de otra manera

Sé hermana pequeña

Para cuidarme

Para que no sospeches engañarte

Para que sea tu Polichinela con música

NOCTURNO

Si observas en medio del parque la luna la ves apoyada contra la pared del hospital

Tía delicada ovillo de hilo para los inmortales

Maúlla dolor un gato con eclosiones de niño que se mata

Marineros desde hace mucho tiempo sin amor andan en su búsquerda, dado que estamos en

un puerto comercial

Recuerdos de atardecer : en el prado pesados frutos colgaban de los árboles

La criada recogía manzanas en una canasta – la pera del sol tenía sueño

En la ventana : las mujeres que me vieron nacer cosían bondad terrestre

Yo pensaba en nuestra alcurnia de antigua estirpe

Salgo para morir en una posada lejana

De una ciudad donde nadie me conozca

Que solo me acompañe la vieja canción del recuerdo

Como un viejo amigo y como un perro al final de una novela

Amor fraterno de hermana -como cuando bebes leche

Hermanita hermanita con olor a naranja

Vienes a resituar mi alma que está colgada afuera en los matorrales

Allí donde encima de la valla el pajarillo, canta por la noche donde el pajarillo canta a la

noche.

NOCTURNO

(variante)

Pobre músico que lloras sin instrumento

Ves la luna en la espalda del hospital

Tía delicada que llama muy familiarmnente a los ahorcados

Un gato maúlla su dolor con la premura de un niño que se mata

Merodean silenciosos los marinos enormes gritos

En el bosque del puerto comercial

A través del prisma

Atardece ángeles humildes entre frutos colocados en la caja

La criada lleva ropa húmeda

Amigo mío

En la ventana aguas luminosas cosían las que me vieron nacer

Acariciar los mantones de las praderas sobre animales dormidos

Yo pensaba en nuestra vieja y noble alcurnia

Me marcho a morir lejos, en una pensión, desconocido

El pueblo lúgubre como el vestido de una chica (lluvia)

Solo, cerca de mí cama, entre cirios paralelos se inclinará

Semejante a mi amigo y al perro del libro de grabados

El recuerdos

Mi hermna, espera la voz de la orilla que será tu corazón en el metal oscuro

Mi hermana, mi hermana de color naranja

Ven a enhebrar mi alma en su sitio en la pulsera

Porque fuera se la comen las zarzas

Donde pájaro nocturno canta sobre la reja

Donde pájaro nocturno canta con el arcángel

Donde pájaro nocturno canta para los apaches.

YAYA, AMIGA

Yaya, amiga tú no me comprenderás, pero escucha

No puedo llorar el dolor en un pañuelo

Las palabras son serias como una procesión de reyes

Por tu alma en los lagos secos, tristes

Te llamé con gran ternura

Tus senos son flores cortadas

Y lanzas de frambuesa con gusto a leche

Almohada nube treguas nocturnas

En tus cabellos existen cortezas de naranjas, en el deseo manadas de caballos

En tus ojos, sol, en tus labios, ganas de comer

La carne con olor a heno húmedo

Duraznos maduros, miel de mayo y frescor

Te compraré incondicionalmente unos pendientes

En joyerias judías

Te daré la simiente de flores exóticas

Para que amplíes tus gustos literarios

¿Quieres? Acaríciame, acúname

Murió mi prometida

Pregúntame : quién era

Y dime cuando te marcharás

Yaya, tú no me entenderás

Pero es hermosa existir en una poesía

Entraste insecto florido dentro de

Mi cuerpo con moho y restos de herrería

CANTA, CANTA TODAVÍA

Canta, canta todavía- solo existe un muro que nos separa

Y és mejor así – no entendemos los erores

Te acompañaré al violoncelo con mi alma

Y apagaré la luz porque me gusta la oscuridad

Mi vecina es rubia y

Va vestida con un traje color ceniza

Vecina mía, no seas mala – vamos a interpretar una sonata

(Escribí una poesís porque no poner a las palabras melodía)

“Oh, te fuiste, te fuiste hermosa mía durante una tarde de invierno

Nuestro amor de antes es como una ramo de novia marchito

Hoy me encontré en una calle donde vive una chica

Dependienta en un gran almacén o modista

Le dije que la amaba y me acompañó a casa

Le dije que era hermosa y mis ojos enrojecían por las lágrimas

Soy pobre pero le compraré una preciosa tela para sus vestidos

Y le conté, querida mía, cómo durante es tarde de invierno …”

Se ruega al lector hacer una pausa aquí

Y reflexionar sobro lo leído

Porque mi vecina se enfada, sin morivo

Va a comer una golosina y a acostarse.

POEMA MUNDANO

Poema mundano, qué hacer con nuestra vida – problema –

Me aburro; soy la labranza del campo en otoño

Y la literatura es el gusano que roe el camino subterráneo

Por donde fluirá el agua para que en verano se haga la cosecha

Fotografía empolvada encima del piano recuperada viva luego

En la provincia donde los padren impartían clase

Para conservar la fe – y el pensó que sería mejor ir

A la gran ciudad – con diversiones que hacen perder la conciencia

Alma mía, una mujer casquivana que se va con cualquiera

Las jovencitas no son fieles, tampoco verdaderos los violines

Bailarinas flores volcadas bailarinas regadas

Mostradnos el secreto dershojado de la guata

Silencio en el escenario mujer desnuda, en la sala vergüenza, pero ningún

pensamiento sincero y doloroso, ningún actor en peligro de muerte

Lo negro de la luna desciende (deliciosamente) como el gorrón sobre el violín

Y si quieres amor mío si quieres te compraré un capricho.

NUBES COLADA LIMPIA

Nubes colada limpia y en la esquina es rosa la luna

Te fuiste de casa me das pena – casa del dolor abandonado

Muchacha bien educada y humilde, no siempre va bien aburrirte

Vas a cafeterias cerradas, prometes demasiado en cierto sentido

No sabes donde se encuentra el hijo que tuviste

Es un cuento para entristecer a alguien

De vez en cuando te quiere tu primo

Se lo preguntaste una vez. Es verdad que falleció.

Los rizos tras las orejas como zarcillos de viña

Los labios vino añejo medicina para la anemia

Tu voz con un chirrido de llave

Guarda encerrado tu pensamiento, mujer

Te fuiste, jugaste, cervatilla, aún no te busqué

Tu regreso es un signo de interrogación

El aire fresco me da en la cara, siento batidas de caza

Se soltaron los perros de la locura.

SI HUBIESES SIDO MODISTA

Que hayas sido modista o no no me afecta

Amor provincial al tanto de las escuelas literrias

Tu alma es ingenua y bien asesorada – eso es

Lo importante para el canto sentimental

Amor compartido entre las visitas con debates y conversaciones

Tru esperabas que declamara mi declaración

Para encontrar el momento propicio para comparaciones favorables

Versificadas según la regla antigua y colocadas como flores en arriates

Te confundiste, te confundiste, incomprensión :

Pensaste que tenías vergüenza de de empezar con un trémolo de mandolina,

Sabías lo que pasó – solo estoy enamorado de tí

No busqué y soy feliz por nuestro amor sin principio ni fin

La primacera completó su paseo en coche y yo voy a caballo

Cantante en nuevas cuerdas de los campos y traigo el ladrido del perro por la noche

Que recibe a su rey venceddor con flores y nieves

DISGUSTO

Estas son las orillas del mar muerto

Bosques de betún nubes de piedra

El horizonte aquí esta vacío de navíos

Aguas de algas de ballenas de corales

No hay peces en las aguas ni serpentean perezosamente las algas

Y me duele me duele como los cantos de sirena

Sobre las colinas amarillas

Pululan numerosas especies de animales

En las ciénagas verdes

En las fábricas abandonadas con fantasmas de humo

Alma completamente enferma

¿Querrías perderte?

Laderas de arcilla

Bebieron la nieve de muchos inviernos

Y yo quiero besarte, besarte

Con caricias larvadas

SEMBRÉ EN TU CUERPO

Sembré en tu cuerpo, muy querida mía, la flor

Que esparcirá pétalos sobre el cuello, las mejillas, las manos

Y mañana hará germinar tus senos – primavera

Me gustan tus cejas, tus ojos con destellos metálicos

Y tus brazos que ondulan como serpientes, olas, el mar

Con tu cuerpo querría construir palacios, jardines arquitectónicos

Y monumentales paraísos terrenales

Y enterrarme en tu carne cuando muera

Y en su tierra cuando muera

En tu melena respiro el olor de racimos de naranjas

En tu mirada ojerosa veo el sol y en los labios las ganas de comer

Con tus dientes querría separar el alma de la carne

Y transformar tus uñas en garras

Querría morder tus senos como muerden el pan

Los hambrientos que recogen monedas en las calles asfaltadas

Querría que floreciese tu mirada con jardines arquitectónicos

Y aumentar tu pensamiento con sueños terrenales, yaya.

EN LOS AGUJEROS HIERVE VIDA ROJA

Titule

Titule

tu hermano

grita

y le dices

con la mano entre las hojas del libro

píntame con cal la fe

arde sin cirios en el alambre

Titule

Tu hermano grita

Tú le dices

entre las páginas del libro húmeda

la mano

píntame con cal la fe

arde sin luz en el alambre

entre dolores

hay organismos y lluvia

en los troncos hierve la vida

roja

En los agujeros hierve vida roja

se quiere que compute felicidades por silenciosa

Me dijiste que tuviese piedad de tí

y yo no lloré tanto porque estabas en mi casa, pero hubiese querido llorar en el tranvía

Me dijiste quiero irme

las perlas de la torre de tu garganta me eran fría tambor resbalando sobre los corazones

Los insectos de los pensamientos no me pican, oh

y si quieres, me reiré como una cascada y como un incendio

diselo : pensamiento desértico

me callo y lo sé

quisiera

ser violoncelo

Cuando sostengo tu abrigo para salir, se diría que no eres mi hermana

en el acero del hielo

suena

¿duermes cuando llueve?

Los criados, en la hacienda, bañan los perros de caza

y el rey se pasea seguido por los cortesanos que parecen bobos

la torre tapada (con prisionero patético) también le vi en el mar

en las zanjas abrid la electricidad al séquito

Dios Dios

Perdonadme

jueves octubre

titzule, compondré un poema pero no te rías

nos rodean cuatro ruedas y las llamamos luz sobre lámparas de oración

y tu hablabas con los elefantes en el circo, como la luz

no quiero que estés enferma, sabes

esta mañana De por qué quieres silbar teléfono

para mi no quiero no quiero y esto me oprime Demasiado Mucho

esta mañana

de bronce tu voz temblaba sobre el hilo

el amarillo se encerraba en el pabellón como la Sangre

la dueña se convirtió en verde verde y se extendió como niebla en cascabeles

mira, una luz que podría ser negra

llora

sobre lirios de acero y de sal me dirás una vez más lo buena que era tu madre

soy línea que se dilata quiero creer en un tubo de hojalata

digo esto para entretenerte

no podría parecer en absoluto un ángel de cera

o lluvia nocturna y catálogo de automóviles

unas cortinas deslizan LÁGRIMAS INMENSAS

cabezas equinas sobre el asfalto

así se rompen los juguetes de cristal entre estrellas encadenadas a los animales

y querría seguir en los glaciares

con raíz

con mi enfermedad

con la arena que hormiguea en el Cerebro

porque soy muy inteligente

y en lo oscuro

De PORCELANA la canción al piano

andando – la canción en pensamiento

el árbol se rompe por alimento como una lámparas

LLORO querría elevarme hasta el cielo, más alto que el manantial

que serpentea alto porque no hay más

la gravitación de la tierra en la escuela

mi mano fría y seca pero acarició la explosión del agua

y todavía vi algo (también en el cielo) como

se bloquea el agua en frutos y en el pegamento

y me pongo serio cuando pienso en lo que me ocurrió

titule

titule

titule

TITULE

EL JOVEN TZARA
EL JOVEN TRISTAN TZARA

TZARA: LA ROSA Y EL PERRO -POEMA PERPETUO-


Penúltima obra publicada por uno de los padres del dadaismo, este original libro de artista o poema-objeto se debió a la conjunción de tres personas : editor, poeta y pintor, a saber Pierre André Benoit, Tristan Tzara y Pablo Picasso. Estos dos últimos se profesaban amistad y adoración desde el primer viaje de Tristan a Paris a principios del siglo XX.


“La rose et le chien – poème perpetuel” es una obra exquisita y casi desconocida dado que su limitada tirada (22 ejemplares) impide una amplia repercusión. Hubo, un año después en 1959, otra edición de Bosquet y Seghers, pero era una copia de peor calidad dado que las planchas de los grabados de Picasso fueron inutilizadas después de la publicación en Marzo de 1.958, según constata Henri Béhar al que debemos la recopilación de las obras completas de Tristan Tzara en seis tomos de la Editorial Flammarion.

Ejemplo de poesia permutativa o combinatoria, abrió los caminos a experimentos posteriores como la obra de Raymond Queneau, “Mil millones de poemas”, sonetos cuyos versos son intercambiables o el “Ciclo de Bronwyn” del español Juan Eduardo Cirlot.
Parece obvio que Tzara conociese los experimentos de Duchamp y fuese una de sus fuentes de inspiración.


Su composición en círculos concéntricos rotatorios le otorgaban ese carácter que el subtítulo le otorga de “poema perpetuo”, como asunto por dilucidar en el tercero de los discos aparece una nota secreta de Picasso. La obra diseñada en forma de discos de diferentes texturas, permite muchísimas, casi perpetuas, combinaciones, quiere esto decir que la presente transcripción al castellano es de absoluta responsabilidad del traductor, que se ha basado en el manuscrito de Tzara según la obra citada de Béhar.

LA ROSA Y EL PERRO -POEMA PERPETUO-

Es una naranja
donde todo se junta
es la gran puerta
en un santiamén
sol o mentira
molino de inocencia
en la frente de la tormenta
reloj interminable
en la tierra navega
tierra sin retorno
cenizas en las cabezas
palabras sin recuerdo


de todo un poco,
es la sombra
de arriba abajo
es el árbol
agua y fuego
a pesar de todo
quien mejor dice
trémulo verano
hombre sin sitio
el norte perdido
memoria
puente sangrante
aire conveniente
para siempre


sí van las cosas
de las que nada sabemos
no ya hoy ni
menos que mañana
oh rosas oh perros
Girad girad las cabezas
Cabezas de hombres o de árboles
robles verdes o hayas
serpientes ráfagas
en la espalda de la inocencia
nuestra multiplicada
en unas fuentes imaginarias
agua de la
mentira y ciencia


es una tormenta donde todo se junta
es un santiamén sol o mentira
en la frente de la tormenta reloj interminable
es la gran puerta
molino de inocencia

Nota del traductor : Al traducir correctamente por en un santiamén la expresión francesa “en un tournemain”, se pierde el juego de palabras , aun así y todo lo prefiero al libérrrimo “con una vuelta de mano”, que sería más exacto con el sentido de la obra, realizada en discos giratorios.

VERSIÓN EN CÍRCULOS CONCÉNTRICOS

1

es el árbol
de todo de nada de agua y fuego
de arriba abajo
quien dice mejor
es la sombra
trémulo verano

es una naranja
interminable reloj
es la gran puerta
donde todo se junta sol o mentira en un santiamén
en la frente de la tormenta
molino de ciencia

oh perros oh rosas no ya hoy oh rosas oh perros ni menos
que mañana oh perros oh rosas así van las cosas oh rosas oh
perros de las que no sabemos nada

2

es el árbol el norte perdido

de agua y fuego de memoria siempre ligera

hombre por poco es la sombra invierno de presa

en la frente de la tormenta reloj interminable es una naranja
donde todo se junta es la gran puerta
en un santiamén sol o mentira molino de ciencia

oh perros oh rosas ya no hoy oh rosas oh perros ni menos
que mañana oh perros oh rosas así van las cosas oh rosas oh
perros de las que no sabemos nada


3

es el árbol
de todo de nada de agua y fuego
de arriba abajo

siempre ligero quien dice mejor verano trémulo
palabras sin recuerdo donde todo se junta velas a tierra
en un santiamén tierra sin retorno
molino de ciencia cenizas en la cabeza reloj interminable


oh perros oh rosas ya no hoy oh rosas oh perros ni menos
que mañana oh perros oh rosas así van las cosas oh rosas oh
perros de las que no sabemos nada



4
el norte perdido es la sombra
de memoria es el árbol hombre por poco
de agua y fuego invierno de presa siempre ligero

es la gran puerta reloj interminable
sol o mentira
donde todo se junta en la frente de la tormenta
en un santiamén es una naranja molino de ciencia

oh perros oh rosas ya no hoy oh rosas oh perros ni menos
que mañana oh perros oh rosas así van las cosas oh rosas oh
perros de las que no sabemos nada


5
el árbol conveniente es el árbol para siempre
de agua y fuego puente sangrante siempre ligero
incandescente es la sombra

las velas a tierra reloj interminable
tierra sin retorno
donde todo se junta cenizas en la cabeza
en un santiamén palabras sin recuerdo molino de ciencia

oh perros oh rosas ya no hoy oh rosas oh perros ni menos
que mañana oh perros oh rosas así van las cosas oh rosas oh
perros de las que no sabemos nada

TZARA – CINE CALENDARIO DEL CORAZÓN ABSTRACTO-

«Expresión del delirio verbal de Tzara, representa la forma más perfecta de improvisación dadaista»   Michel Sanouillet Dada à Pariss, pag 189. Publicada en la mítica editorial de Hilsum, Au sans Pareil, donde se publicaron la mayoria de textos y revistas dadaistas, vió la luz  en el año 1920 recién llegado Tzara a París  y fue lustrado por grabados en madera de Arp,

CINE CALENDARIO DEL CORAZÓN ABSTRACTO

                                     (1920)

                          1

frasco con las alas de cera candente en flor

mi calendario brinca medicamento astral de inútil mejoría

se disuelve en la bujía encendida de mi nervio principal

amo los accesorios de oficina por ejemplo

a la pesca de diosecillos

don del color y de la farsa

para el capítulo flagrante donde da todo lo mismo

sobre la pista consuelo del alma y del músculo

pájaro grazna

2

con tus dedos crispados alargándose y vacilantes como los ojos

la llama llama para apretar

estás allí bajo cubierta

las tiendas escupen empleados al mediodía

la calle los lleva

las campanillas de los tranvías cortan la frase alta

3

viento deseo sótano sonoro de insomnio tempestad templo

cascada

y salto brusco de las vocales

en las miradas que establecen los lugares de los abismos

para llegar a superar vivencias por imaginar

claman cuerpos humanos ligeros como cerillas

en todos los incendios del otoño de las vibraciones y de los árboles

sudor de petróleo

4

tus dedos sobre el clavijero cabalgan

puedes ofrecerme acaso la gama de hipos

me incliné hacia ti como un puente tenso

cuyos pilares zarandeados por el oleaje no crujen

y existe incertidumbre en forma de decisión helada

desencadenándose en el movimiento soportado por las ruedas

ese es el músculo de mi corazón que se abre y grita

5

bajo la escalera

agazapados en el calor motriz de este aeroplano crucifijo

sombra rosa

familiar en el vaho

acercándose como barco un cigarrillo

y el ácido humo de gasolina sobre el lago

oh manecillas atravesando el reloj peces estriados

suben como ascensores

y el oro de las moscas trabajadoras :

otro

6

la bruma inyectó el ojo

que pone color en nuestra vista

de liviana sangre y de licor opaco fatigado

se mecaniza la danza de los ataúdes

o de las páginas multicolores inesperadas dentro de las venas

rueda gris petrificada despojada de ramas

saltando a través de la distancia

vi los intervalos de la muerte subterránea

7

eximidos consentimientos completamente sinceros sobre el diván

fresca cuerda que engarza las piedras de las ideas

o arena de indefinidas formaciones blancas

la menta rodeó tu alma bajo el abrigo

maliciosamente

isótropo luz sentada sobre tejo y diversión

8

las baldosas de tela y de hojarasca acentúan

la excusa de los cuatro paisajes y la diversidad

entre los botes de betún en construcción discurren

por encima de público interrumpido por la naturaleza

jardinero de jaspes de sangre

aquí hay un globo

cervecería con danza del vientre inesperada se suicidó

un enorme pez

otro

los colores son cifras que matamos y saltan

tiovivo

como todo el mundo

9

las fibras se someten a tu calor estelar

una lámpara se denomina verde y ve

prudente penetración en temporada de fiebre

el viento barrió la magia de los ríos

y yo perforé el nervio

en el límpido lago helado

rompió el sable

y la danza de las mesas redondas de las terrazas

rodea el golpe del mármol escalofrío

nuevo moderado

10

coktail de ginebra del amanecer

el saldo de cuente de las sombras atrofiadas

luchan los clarines al ritmo del fox-trot

animales muestran la conjuntivitis de acero las rejas

y los empleados del servicio marítimo

como oportunidades en fútbol

se arrojan al agua

vestidos de satélites azules y culpables

11

viento por el caracol vende plumas de avestruz

vende sensaciones de avalancha

la autoflagelación trabaja bajo mar

y desiertos desvanecidos al aire libre en jarrones decorativos

la rueda de transmisión trae una mujer demasiado gorda

campos de pergamino agujereados por pastillas

que comprendió el remedio de los abanicos para intestinos

leve circulación del dinero por las venas del reloj

aparece la obligación del deseo de marchar

12

picores en la garganta de letritas ardientes

algunas gotas de luz fracaso bastan en el espejo

y el mejor cine es el espejo del diafragma

telegrama que llega de cada grado de fría seco

telegrafíame la densidad del amor

para llenar la canción del rabel con tinta china

13

cenicero interino para fumadores de algas y filtros

de istmos inventarios inventos artificio crimen

lixiviación

los dadaístas al timón de la corriente del golfo cerbatana

llevan bigotes legítimos y latinos

curan las fístulas con lapislázuli

lapislázuli lapislázuli

que trepa el capicornio atracción de la vacuna fervor tetrarca

y abastece de fisuras fósiles

de erecciones filtradas por el tórax de jesús

pronósticos ataques Shckelton del subcerebro

14

signo de la cruz y salud función gimnástica memoria

emana autómata respiratoria inevitable cortesía

la hora avanza en los huesos y deja huellas de silencio

vendaje cuidado por defectuosas máquinas cuarteles mandíbulas

sal acero yeso tabaco antracita menta

me demostraron las nuevas leyes del corazón abstracto

coche de caballos febril y cuatro crujidos acres y macabros en la casucha

bajo los puentes de parís”

15

en las cuerdas blancas de la media noche atrofiadada

recibes impermeable emisario lunático

bombilla mujer de caucho verde por kilómetros

el engranaje subterráneo del sentido del tacto

16

alto color de deseos marítimos fría proyección

en diagonal celeste noble y corregida

sobre tu cuerpo grabado por cruces heridas

arrojadas en el cesto de la redacción

mide la elegancia calculada en dólares

gran humareda araña metal feto

17

somnífero profundo que cuece el cuco caqui

campana autodidacta y templada con sudor de humedad cacao

otros licores cerebrales perturban la osa mayor

dentro de los crisoles

estremecerse como bramantes cultivados en el ecuador

el aparato guillotina la marcha familiar de los vagones

18

purgatorio anuncia la gran época

el policía amor que se orina tan deprisa

gallo y hielo se acuestan bajo el ojo galante

gran lámpara se traga virgen maría

calle santiago se van los pequeños bonitos

hacia los sellos de la aurora blanca aorta

agua diabólica llora sobre mi razón

19

entre dos tuberías y la rosa diagonal

abierto el grifo para luz brandy de cereza

la cruz sube desde un cristal guardarropa

violoncelo cocido azul hipermanganato

engranaje embrionario

y las huellas del lapicero tridente

20

lámparas hipnotizadas por la mina de sal

hacen palidecer el escupitajo en la boca prudente

vagones fijados al zodiaco

un monstruo muestra su cerebro de vidrio calcinado

es la verdad que huye del saludo cordial

y recuerda a la tórtola del rag-time

sin oposición al perfume inicial a las especulaciones hípicas

las vocales de sal dientes parados sobre los raíles

retiramos las escaleras

señal

21

el fútbol en el pulmón

rompe las ventanas (insomnio)

en los pozos hacemos hervir enanos

para el vino y la alegría

picabia arp ridemont-dessaignes

buenos días

TZARA – PRIMERA AVENTURA DIVINA DEL SR ANTIPIRINA –

Corría el mes de Julio de1.916, dada aún dormía en su cunita uy se aliemntaba de leche materna, cuando Tzara publica Primera Aventura Divina del Sr. Antipirina, una de las primeras obras de la protohistoria del dadaismo. La ilustración es de Marcel Janco.

PRIMERA AVENTURA DIVINA

DEL SEÑOR ANTIPIRINA

(1916)

Sr. NOVATONOVATO

penetra el desierto

excavan gritando el camino en la arena movediza

escucha la vibración

la sanguijuela y el escarabajo errante

Mataoi Lounda Ngami con la avidez de un

niño que se mata

Sr. GRITOCRITO

máscaras y nieves putrefactas circo Pskow

empujo fábrica en el circo Pskow

el órgano sexual es cuadrado es de plomo es más grande

que el volcán y vuela sobre Mgabati

procedentes de las grietas las montañas remotas

portugal desembarcadero tropical y partenogénesis

largas cosas de plomo que se esconden

Dschilolo Mgabati Bailunda

LA MUJER EMBARAZADA

Toundi-ha-consagrado

Soco Bgai Affahou

Sr. NOVATONOVATO

Farafamgama Soco Bgai Affahou

PIPI

amargura sin iglesia vamos vamos carbón camello

sintetiza amargura en la iglesia isisise las cortinas

dodododo

Sr. ANTIPIRINA

Soco Bgai Affahou

Zoumbai Zoumbai Zoumbaï Zug

Sr. GRITOCRITO

no queda humanidad sólo las farolas y los

perros

dzin aha dzin aha bobobo Tyao oahiii hii hii heboum

iéha iého

Sr. NOVATONOVATO

indudablemente

Sr. ANTIPIRINA

puerta cerrada sin fraternidad estamos amargados fel

echar escolopendra de la torre Eiffel

vientre enorme piensa y piensa pienso

mecanismo sin dolor 179858555 iého bibo fibi aha

Dios mío oh Dios mío a lo largo del canal

fiebre postparto encajes y SO2H4

Sr. NOVATONOVATO

Tombo Matapo los virreyes de las noches

perdieron los brazos Moucangama

perdieron los brazos Manangara

perdieron los brazos polígono irregular

en Matzacas la mariquita es más grande que el hemi

sferio

cerebral

pero donde están las casas los virreyes de las noches

LA MUJER EMBARAZADA

cuatrocientos caballos sesenta camellos

trescientas pieles de cibelina quinientas pieles de armiño

su esposo está enfermo

veinte pieles de zorro amarillo tres pieles de chelizun

cien pieles de zorros blancos y amarillos

un gran pájaro vivo Tyao

ty a o ty a o ty a o

y cuatro hermosos rifles

Sr GRIPOGRITO │zdranga zdranga zdranga zdranga

Sr NOVATONOVATO│di di di di di di di

PIPI │zoumbaï zoumbaï zoumbaï zoumbaï

Sr. ANTIPIRINA │dzi dzi dzi dzi dzi dzi dzi dzi

el gran nombre Novatonovato aumenta su desesperación

y caga allí sus reuniones del último día

no quiere nada lateral y se enclaustra como unos

ángelus en su campanario intestinal a la llegada de la

la policía está disgustado y se muestra muy enfadado

Sr. GRITOGRITO

casas flauta fábricas cabeza rapada

107 cuando la noche llega muy silenciosamente como un

escarabajo

los conejos que rodean la catedral dral dral

y giran hasta que se conviertan en luz H2O

como las partes septentrionales que envuelven

Ndjaro

EL DIRECTOR

el ha muerto diciendo que la farsa es un elemento po-

ético, como -por ejemplo- el dolor

luego cantaron

Sr. GRITOGRITO

crocrocrocrocrocrodril

LA MUJER EMBARAZADA

crocrocrocrocrocrocrodrel

PIPI

crocrocrocrocrocrocrocrodrol

Mr ANTIPIRINA

crocrocrocrocrocrocrocrocrodral

al final no tardó nada en iluminarse sin la ayuda del

cubista y Kintampo y Crans y Begnins y Nicolas

asistieron y fueron doseles las longitudes des

mesuradas de su encantamiento se llamarán en adelante

mganoni

PIPI

tengo en el pecho 5 tan hermosas pecas

en los bordes 16 heridas las 7 túnicas de los ángeles

en arco iris de ceniza 4

Sr. ANTIPIRINO

aves embarazadas que cagan sobre el burgués

la caca es siempre un niño

el niño siempre es un ganso

la caca es siempre un camello

el niño siempre es un ganso

y cantamos

oi oi oi oi oi oi oi oi oi oi oi oi oi oi oi oi oi oi

EL DIRECTOR

soy histórico

llegas desde Martinica

somos muy inteligentes

y no somos alemanes

Sr. GRITOGRITO

la energía del movimiento interno

gira violín sube sube negro baln

y mañana estaré enfermo – en el hospital

Sr. ANTIPIRINA

Soco Bgai Affahou

las calmas de los pantanos petrolíferos

desde donde los jerseys mojados y amarillos se levantan al mediodía

Farafangama los moluscos Pedro Ximenez de Batumar

inflan los cojines de pájaros Ca204SPh

la dilatación de los volcanes Soco Bgai Affahou

un polígono irregular

repugnancia al sonido saltarín y al buen clima

Sr. NOVATONOVATO

Borkou Mmbaz gimnasia Mmbaz 20785

bajo estos escombros allá yace Jerez Amontillado

Sr. ANTIPIRINA

los paralelepípedos más angostos circulan entre los microbios

autos y patos nadan en el petróleo

quiero hacernos justicia

Erdera Vendrell

Sr. BOUMBOUM

las canciones de los acróbatas se reunen familiar

mente antes de

la partida

el acróbata escondió un escupitajo en el vientre

hacer tomar entre hacer tomar tomar tomar

endran drandre

iuuuuuuuuupht

allí donde el pájaro nocturno 1000 canta sobre la lambrada

donde el pájaro nocturno canta con el arcángel

donde el pájaro nocturno canta para los apaches

y te congelaste al cielo cerca de mi hermosa canción

en una cristalería

NPALA GARROO

se enrolla el arco iris los ahorcados se evaporan

el ombligo el sol se encogen

y el estudiante medirá su última intensidad

estaba a pesar de todo enamorado y rompió

TRISTAN TZARA

Dada es nuestra intensidad; quien erige las bayonetas sin consecuencia cabeza de sumatra del bebé alemán; Dada es arte sin zapatillas ni paralelo; que está en contra y a favor de la unidad y decididamente contra el futuro; sabemos sabiamente que nuestros cerebros se convertirán en cojines mullidos que nuestro anti-dogmatismo es tan exclusivista como el funcionario que no somos libres y que clamamos libertad Necesidad rigurosa sin disciplina ni moral y escupimos sobre la humanidad. Dada permanece dentro del marco europeo de las debilidades, toda es de la misma mierda, pero en adelante queremos cagar en varios colores, para adornar el jardín zoológico del arte, con todas las banderas de los consulados clo clo bong hiho aho hiho aho. Somos directores de circo y silbamos entre los vientos de las ferias, entre los conventos prostituciones teatros realidades sentimientos restaurantes Hohohohihihioho Bang Bang. Declaramos que el automóvil es una sensación que nos ha mimado lo suficiente en la lentitud de sus abstracciones, y los transatlánticos y los ruidos y las ideas. Sin embargo, exteriorizamos la facilidad buscamos la esencia central y somos felices de poder ocultarla; no queremos contar las ventanas de la maravillosa élite porque Dada existe para nadie, y queremos que todos entiendan esto porque este es el palco de Dada, os lo aseguro. Desde donde podemos escuchar las marchas militares y bajar cortando el aire como un serafín en un baño popular, para mear y entender la parábola Dada no es locura -ni sabiduría– ni ironía fíjate en mí buen burgués.

El arte era un juego, los niños juntaban las palabras que tienen un cascabeleo al final y luego gritaban y lloraban la estrofa, y le ponían los zapatos de las muñecas y la estrofa se convertía en reina para morir un poco, y la reina se convertía en ballena y los niños corrían hasta quedarse sin aliento. Luego vinieron los grandes Embajadores del sentimiento

que exclamaron históricamente en coro

psicología psicología hi hi

Ciencia Ciencia Ciencia

viva Francia

no somos ingenuos

somos sucesivos

somos exclusivos

no somos simples

y sabemos muy bien cómo discutir a la inteligencia

Pero nosotros Dada, no somos de su opinión porque el arte no es serio, os lo aseguro, y si le mostramos al Sur para decir doctamente : el arte negro sin humanidad es para daros placer, queridos, os amo tanto, os amo tanto, os lo aseguro y os adoro

LA PARAPOLA

si podemos preguntarle a una anciana

la dirección de un burdel

oi oi oi oi oi oi oi pájaro

que canta sobre la joroba del camello

los elefantes verdes de tu sensibilidad

tiemblan cada uno en un poste de telégrafo

los cuatro pies clavados juntos

él ha mirado tanto al sol que cara se aplastó

oua aah oua aah oua aah

señor el poeta tenía un sombrero nuevo

de paja que era tan bello tan bello tan bello

parecía un halo sagrado

porque realmente el poeta era arcángel

este pájaro vino blanco y febril como

¿de qué regimientos viene el reloj? de esta música húmeda como

El Sr. GRITOGRITO

recibe la visita de su prometida en el hospital

en el cementerio israelita las tumbas se levantan como

serpientes

Sr. El poeta era arcángel, realmente

decía que el boticario se parece a la mariposa y al

Señor y que la vida es simple como un boum-

boum como el boumboum de su corazón

la mujer construida en globos cada vez más pequeños co

menzó a gritar como un desastre

ouiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

el idealista ha mirado tanto al sol que su rostro

se aplastó

taratatatatatatata

Sr. ANTIPIRINA

En Ndumba en Tritriloulo en Nkogunlda

hay un gran halo donde los gusanos circulan en silencio

porque los gusanos y otros animales también tienen penas

dolores inspiraciones

mira las ventanas que se curvan como jirafas

giran se multiplica hexágonos escalan tortugas

la luna se hincha marsupial y se convierte en perro

el guacamayo y las cacatúas admiran al perro

un lirio recién nacido en el agujero de su culo

es el rebaño de montañas en camisa en

nuestra iglesia que es la estación del Oeste los caballos

se ahorcaron en Bucarest mirando a Mbogo que monta

en sus bicicletas mientras los cabellos telegráficos se emborrachan

de orejas del ventrílocuo desbordan cuatro deshollinadores

que estallan enseguida melones

el fotógrafo sacerdote dio a luz a tres niños estriados

parecidos a violines en la colina empujan unos pan

talones un histrión de hojas lunares se balancea

en mi armario

– mi hermosa niña con pechos de vidrio con brazos pa

ralelos de ceniza,

arréglame el estómago hay que

vender la muñeca

un chico malo murió en algún lado

y dejamos que los cerebros continúen

el ratón corre diagonalmente por el cielo

la mostaza fluye de un cerebro casi triturado

nos convertido en luces de la calle

luces de la calle

luces de la calle

luces de la calle

luces de la calle

luces de la calle

luces de la calle

luces de la calle

luces de la calle

luces de la calle

luego se fueron

,